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Siempre he tenido la certeza de que
mucho más allá del universo de la salsa
o del reggaetón como aparentes contextos
musicales de gran expectativa entre los
jóvenes, existen otras propuestas que
nos convencen definitivamente de cuán
diversa y compleja es nuestra música.
En la noche del pasado sábado, en El
Diablo Tun Tun de la Casa de la Música
de Miramar en coordinación con el sello
discográfico EGREM, se presentó por
primera vez una peña bautizada con el
nombre de La Utopía. Conducida por Fidel
Díaz Castro, trovador y director de la
revista cultural El Caimán Barbudo,
compartimos la presentación de videos
clip de una línea alternativa al
engendro de la omnipresente música
comercial con videos lo mismo de Silvio
Rodríguez que Charly García o Joaquín
Sabina, compromiso cómplice dirigido a
la sensibilidad de quienes aceptamos
pasar un buen rato en esta reconocida
locación para la buena música. Sin
embargo, el momento estelar estuvo a
cargo de interpretaciones del propio
Fidelito acompañado por el grupo
Infusión entre otros invitados.
Independientemente de que de acuerdo a
nuestra experiencia podamos avalar las
diferentes calidades, jóvenes
trovadores como Ihosvany Bernal y Pedro
Beritán con sus canciones, se han ganado
el derecho de sorprendernos, al hacernos
sentir culpables de no saber por dónde
andaba uno que no los conocía a estas
alturas, cuando un público también muy
joven, ya se los sabía de memoria.
Esta circunstancia me hizo meditar en lo
que sucedía con Los Beatles en La
Caverna, famoso club de Liverpool, que
los acogió mucho antes de que fueran
famosos. Cada músico toca,
fundamentalmente, para su generación
aunque la euforia de sus canciones
alcance a todos los que allí nos
encontrábamos. Y uno de los responsables
de esta sensación fue el mencionado
grupo Infusión. Absoluta satisfacción
desbordó nuestra sensibilidad al
constatar que los cuatros integrantes de
Infusión eran capaces de deleitarnos lo
mismo por un excelente trabajo vocal que
por el dominio de ese punto preciso que
distingue el sabor del son para lograr
ponernos de pie como al resto del
público y no sentarnos más hasta que
terminaran su actuación.
No solo los turistas, sino nosotros
mismos a veces, somos prisioneros de
nuestra propia conciencia, al ser
repetidores de esquemas que distorsionan
el concepto de lo que es la música
cubana contemporánea en toda su
amplitud. Momentos como este, claman a
todo pulmón, que en cualquier calle y
rincón de nuestra querida Habana, como
en la peña La Utopía, existen propuestas
musicales que bien puede ser el caso de
la trova de hoy, cuyos cultores merecen
una mayor atención. Nos hacen sentir
orgullosos al demostrar que faltaría
mucho para extraviarse entre los caminos
de la música, porque jóvenes como estos
ofrecen su corazón desde la más profunda
tradición de nuestras raíces culturales. |