Año IX
La Habana
2010

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Nelson Domínguez:

“Mi obra es resultado de muchos”

Estrella Díaz • La Habana

Fotos: Alexis Rodríguez

 

La Galería Estudio del pintor, grabador, dibujante, escultor y ceramista Nelson Domínguez, ubicada en la calle de Los Oficios, en el Centro Histórico de La Habana Vieja, está por estos días en franca revolución: el artista trabaja incesantemente en su próxima muestra que se me ocurre calificar de “mega exposición”.

Durante el primer cuatrimestre del próximo año —aún no se tiene fijada la fecha con exactitud—, Nelson (y sus colaboradores) se apropiarán del Pabellón Cuba, una espaciosa instalación ubicada en pleno corazón del Vedado, y será la manera como el creador —nacido en Baire, Santiago de Cuba, 1947— celebre el Premio Nacional de Artes Plásticas, que el pasado año le confirió el Consejo Nacional de las Artes Plásticas y el Ministerio de Cultura de nuestro país.

En una reciente mañana, irrumpí en el taller del artista —medularmente cubanísimo— para conocer los detalles de su venidera propuesta que, según comentó, lo tiene “muy entusiasmado” porque será una visión bastante completa de su trabajo e incluirá obra de gran formato, dibujos, una colección de esculturas y una representativa muestra de su obra gráfica. Pero, ¿por qué se hará en el Pabellón Cuba que no es el lugar acostumbrado para este tipo de homenaje?

“He hecho dos exposiciones personales en el Museo Nacional de Bellas Artes, que es donde habitualmente se realizan las de los Premios Nacionales, y como ya he estado en ese espacio no me parecía interesante volver a repetir. No le veía mucho sentido.

“Prefiero compartir el premio y que muchas gentes se involucren. Será una exposición con todos los requerimientos profesionales, pero a la vez dará al espectador marcado protagonismo. También aglutinará la obra que he hecho en los últimos tiempos: cerámica, pintura y una colección grande de esculturas utilitarias cuya base son muebles antiguos, es decir, muebles coloniales manipulados y trabajados como esculturas.

“Dentro de la exposición habrá una sala que será de ‘Homenajes’ al doctor Rodríguez de la Cruz —que fue mi maestro de cerámica— y a la familia Moisés Santander, de Trinidad, e igualmente a Ramírez Corría; ellos conformaban  un verdadero equipo.

“Me voy a instalar en el Pabellón, y abriré un taller de pintura para que la gente vea cómo nace una obra, porque quiero contribuir a desmitificar el tema del misterio del artista metido en su cúpula. Habrá, también, algunos tornos de cerámica y allí, el que lo desee, podrá intervenir y hacer algunas formas aunque después el resultado se destruya… si apareciera un horno, quizá, esa obra se podría quemar para exponer después.

“Al llegar a un determinado número, ese visitante afortunado recibirá un presente, pues será tomado al azar, y eso le dará a la exposición un matiz de participación hermoso… Mercy Nodarse organizará un desfile de modas con ropas que ella diseña y que yo intervengo. Será algo poco habitual y que no es lo que normalmente se hace cuando se recibe un Premio Nacional.”

El proyecto tendrá una zona comercial y de ello se ocupará el Fondo Cubano de Bienes Culturales. Volverá el proyecto Bolsillo flaco, que no es solo mío sino en el que se han involucrado otros 50 artistas, y que pone a disposición del público la posibilidad de adquirir una obra de arte de pequeño y mediano formato (en moneda nacional).

Además de esos “Homenajes”, ¿habrá algún reconocimiento a otros artistas que han trabajado contigo?

Por supuesto, habrá una sala dedicada exclusivamente a mis impresores.

Eso es importantísimo porque cuando se hace la obra, los aplausos por lo general se los lleva el artista, pero el trabajo del impresor es indudablemente de gran relevancia…

Ese es el sentido, la esencia de esa exposición: mostrar que en esta época el artista no puede trabajar solo, tiene que hacerlo en equipo y en colaboración con otros especialistas. Eso quiero: mostrar que mi obra es resultado de muchos. 
 

Incluyendo a tus hijos, ¿cuánto de ti hay en ellos y viceversa?

Así es, y una de las cosas que más me satisface de esta exposición es que dedicaremos una sala a exhibir una o dos obras de ellos; quizá una de Flora (Fong), con quien laboré mucho cuando éramos muy jóvenes y con quien he mantenido una relación de trabajo toda la vida. Esta muestra lleva mucha bomba (corazón) y un enorme deseo de que todos los involucrados tengan su protagonismo.

No me lo he propuesto, pero con el paso del tiempo me he dado cuenta de que en el arte no vale el egoísmo: cuando muestro una obra puedo decir si soy o no el autor intelectual, pero el autor material en cuanto a la confección es otra u otras personas. En una creación tienen que haber varias manos. Cuando se abra el Pabellón Cuba al público, todo el mundo se va a dar cuenta de que es imposible que solo yo haya concebido todo eso. 

¿Ese marcado interés de relacionarte con la gente está también en la obra?

¿Te refieres a los temas…? Hay una obra llamada “Tribulaciones en el malecón” y es que el tema del malecón quiero retomarlo porque estoy soñando con hacer una tira larga que lo refleje y en la que se registren todo lo que allí pasa. Con anterioridad he trabajado esa idea, pero no soy un artista que tenga temas muy determinados ni que haga hincapié en una línea específica. Para mí los temas —a veces— son secundarios; pero de todos modos, los asuntos cotidianos están presentes.

Si los temas son secundarios, ¿qué es lo primario?, ¿qué es lo más importante?   

Lo primero es la pintura: los temas no son lo que hacen la importancia de un cuadro. El asunto más elemental se puede convertir en trascendental en cuanto a realización, en cuanto a obra artística. Puedes hacer una pieza sobre una batalla muy importante o sobre un hecho histórico súper relevante, pero si eso no está avalado por una técnica fuerte ¡mejor ni lo pintes! porque no va a servir. Lo mismo dibujo un perro que una persona caminando por la calle o cualquier cosa; esos elementos me motivan; pero no quiere decir que sean los más importantes.

Me da la impresión de que en los últimos tiempos estás pintando en espacios muy grandes, ¿es así?

Desde que empecé en la escuela, siempre aposté por los formatos grandes porque te permiten proyectarte con otra dimensión, quizá, más suelto, más libre. He hecho cuadros de seis metros por más de dos como el que está en los Estudios de Animación del ICAIC el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, que tiene casi diez metros por tres. Pero, volviendo a la exposición, en ella se incluirán cuadros grandes y cuadros chicos. Estos últimos los empezaré a hacer en breve y serán obras más de cámara, es decir, más íntimas.

Cuando llevas pintando sobre telas grandes, ¿te cuesta regresar a un formato reducido?  

No, porque estoy acostumbrado a ir saltando de cosas chiquitas a cosas grandes, y viceversa.
 

¿Crees que el Pabellón Cuba tenga todas las condiciones para acoger tu obra en el sentido del cuidado y la preservación?  

Existe un antecedente y una experiencia: en el Pabellón Cuba se hizo el Salón de Mayo de París y allí se exhibieron obras de Pablo Picasso y de otro grupo importantísimo de artistas de reconocimiento internacional, y no hubo ningún problema. Recuerdo que se exhibieron esculturas valiosísimas, y se tomaron todas las medidas.

Soy de los que piensa que a esos lugares hay que ir dándoles el cuidado y la importancia que tienen por estar ubicados en sitios de privilegio en la ciudad, y la incidencia de esos espacios en las gentes que vive en los alrededores o los que transitan… esos lugares no solamente tienen que ser donde se realicen ferias de artesanías que son muy válidas, pero los artistas tienen que pensar en la conveniencia de utilizarlos como plataforma para exhibir su obra. No obstante, es muy cierto que hay que dotarlos de condiciones y de requerimientos imprescindibles.

Después de esta exposición, ¿crees que tu obra será más participativa, más democrática?       

Llevo mucho tiempo compartiendo mi obra. No soy carpintero y lo que me corresponde es hacer el diseño, realizar las plantillas, y luego el carpintero es quien tiene que cortar por aquí y por allá a partir de lo que le diga. Esta exposición tiene mucho que ver con el compartir: no trabajo solo sino con muchas gentes.

Si miraras al Nelson que fuiste 20 años atrás y al que eres hoy, ¿en qué crees que has cambiado?

Sobre todo en la confianza. Puede que los temas hayan variado algo, pero sí he cambiado en la conciencia del conocimiento del oficio: hago lo que quiero hacer y eso es algo que solamente te lo da el trabajo.

¿Cuáles son tus rutinas de trabajo?, ¿trabajas de noche?

No tengo muchas rutinas, y trabajar de noche ¡por nada de la vida!, sobre todo, por el cuidado de la vista, porque por muy buena que sea una luz artificial, la oscuridad es fatal; quizá, hago algún dibujo ligero o un boceto, pero que no requiera de fijar demasiado la vista.

En estos momentos —como ando en los preparativos de la exposición—, pinto aquí, en mi taller, a partir de las nueve de la mañana hasta las cinco o seis de la tarde. En tiempos normales, voy primero a mi taller de gráfica —dibujo las piedras que tengo en mente y luego se las dejo a mis impresores—, regreso a Los Oficios y aquí trabajo un poco. En la noche me pongo a ver televisión o sencillamente hago algún boceto menor.

También viajo mucho a provincia —parte de esta exposición la estoy concibiendo en Ciego de Ávila y la otra parte en Trinidad— donde estoy haciendo la obra escultórica.
 

El Premio Nacional de Artes Plásticas es el reconocimiento a la obra…

El tema de los premios y los reconocimientos es algo en lo que no creo mucho. En el año 1972 —me acababa de graduar de la Escuela Nacional de Arte— obtuve un premio en un concurso en Francia y recuerdo que estaba convencido de que era otra persona que se llamaba igual que yo. Pienso que los premios tienen que ver con el jurado que lo otorga y con la coyuntura y otra serie de cosas; por eso, un artista no debe creerse mucho lo de los premios, sino que debe estar convencido de lo que ha hecho y de lo que sabe. Y, sobre todo, debe creerse muy a pecho que sabe menos que lo que debe de saber. Ese es mi criterio: es más lo que no sabemos, que lo que sabemos. Entonces, uno no tiene de qué vanagloriarse.

De todas maneras, este Premio Nacional de Artes Plásticas no tiene que ver con un Salón o con un concurso puntual, sino que es el reconocimiento a la obra de toda la vida. Tiene que ser una responsabilidad porque te pone en…

Me pone en el punto rojo del colimador y cuando se haga esta exposición, los francotiradores y los banderilleros van a estar listos. Pero, solo espero que los banderilleros no me claven las banderillas, sino que me las regalen. 

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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