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La Galería Estudio del
pintor, grabador,
dibujante, escultor y
ceramista Nelson
Domínguez, ubicada en la
calle de Los Oficios, en
el Centro Histórico de
La Habana Vieja, está
por estos días en franca
revolución: el artista
trabaja incesantemente
en su próxima muestra
que se me ocurre
calificar de “mega
exposición”.
Durante el primer
cuatrimestre del próximo
año —aún no se tiene
fijada la fecha con
exactitud—, Nelson (y
sus colaboradores) se
apropiarán del Pabellón
Cuba, una espaciosa
instalación ubicada en
pleno corazón del
Vedado, y será la manera
como el creador —nacido
en Baire, Santiago de
Cuba, 1947— celebre el
Premio Nacional de Artes
Plásticas, que el pasado
año le confirió el
Consejo Nacional de las
Artes Plásticas y el
Ministerio de Cultura de
nuestro país.
En una reciente mañana,
irrumpí en el taller del
artista —medularmente
cubanísimo— para conocer
los detalles de su
venidera propuesta que,
según comentó, lo tiene
“muy entusiasmado”
porque será una visión
bastante completa de su
trabajo e incluirá obra
de gran formato,
dibujos, una
colección de esculturas
y una representativa
muestra de su obra
gráfica. Pero, ¿por qué
se hará en el Pabellón
Cuba que no es el lugar
acostumbrado para este
tipo de homenaje?
“He hecho dos
exposiciones personales
en el Museo Nacional de
Bellas Artes, que es
donde habitualmente se
realizan las de los
Premios Nacionales, y
como ya he estado en ese
espacio no me parecía
interesante volver a
repetir. No le veía
mucho sentido.
“Prefiero
compartir el
premio y que muchas
gentes se involucren.
Será una exposición con
todos los requerimientos
profesionales, pero a la
vez dará al espectador
marcado protagonismo.
También aglutinará la
obra que he hecho en los
últimos tiempos:
cerámica, pintura y una
colección grande de
esculturas utilitarias
cuya base son muebles
antiguos, es decir,
muebles coloniales
manipulados y trabajados
como esculturas.
“Dentro de la exposición
habrá una sala que será
de ‘Homenajes’ al doctor
Rodríguez de la Cruz
—que fue mi maestro de
cerámica— y a la familia
Moisés Santander, de
Trinidad, e igualmente a
Ramírez Corría; ellos
conformaban un
verdadero equipo.
“Me voy a instalar en el
Pabellón, y abriré un
taller de pintura para
que la gente vea cómo
nace una obra, porque
quiero contribuir a
desmitificar el tema del
misterio del artista
metido en su cúpula.
Habrá, también, algunos
tornos de cerámica y
allí, el que lo desee,
podrá intervenir y hacer
algunas formas aunque
después el resultado se
destruya… si apareciera
un horno, quizá, esa
obra se podría quemar
para exponer después.
“Al llegar a un
determinado número, ese
visitante afortunado
recibirá un presente,
pues será tomado al
azar, y eso le dará a la
exposición un matiz de
participación hermoso…
Mercy Nodarse organizará
un desfile de modas con
ropas que ella diseña y
que yo intervengo. Será
algo poco habitual y que
no es lo que normalmente
se hace cuando se recibe
un Premio Nacional.”
El proyecto tendrá una
zona comercial y de ello
se ocupará el Fondo
Cubano de Bienes
Culturales. Volverá el
proyecto Bolsillo flaco,
que no es solo mío sino
en el que se han
involucrado otros 50
artistas, y que pone a
disposición del público
la posibilidad de
adquirir una obra de
arte de pequeño y
mediano formato (en
moneda nacional).
Además de esos
“Homenajes”, ¿habrá
algún reconocimiento a
otros artistas que han
trabajado contigo?
Por supuesto, habrá una
sala dedicada
exclusivamente a mis
impresores.
Eso es importantísimo
porque cuando se hace la
obra, los aplausos
—por
lo general—
se los lleva el artista,
pero el trabajo del
impresor es
indudablemente de gran
relevancia…
Ese es el sentido, la
esencia de esa
exposición: mostrar que
en esta época el artista
no puede trabajar solo,
tiene que hacerlo en
equipo y en colaboración
con otros especialistas.
Eso quiero: mostrar que
mi obra es resultado de
muchos.
Incluyendo a tus hijos,
¿cuánto de ti hay en
ellos y viceversa?
Así es, y una de las
cosas que más me
satisface de esta
exposición es que
dedicaremos una sala a
exhibir una o dos obras
de ellos; quizá una de
Flora (Fong), con quien
laboré mucho cuando
éramos muy jóvenes y con
quien he mantenido una
relación de trabajo toda
la vida. Esta muestra
lleva mucha bomba
(corazón) y un enorme
deseo de que todos los
involucrados tengan su
protagonismo.
No me lo he propuesto,
pero con el paso del
tiempo me he dado cuenta
de que en el arte no
vale el egoísmo: cuando
muestro una obra puedo
decir si soy o no el
autor intelectual, pero
el autor material en
cuanto a la confección
es otra u otras
personas. En una
creación tienen que
haber varias manos.
Cuando se abra el
Pabellón Cuba al
público, todo el mundo
se va a dar cuenta de
que es imposible que
solo yo haya concebido
todo eso.
¿Ese marcado interés de
relacionarte con la
gente está también en la
obra?
¿Te refieres a los
temas…? Hay una obra
llamada “Tribulaciones
en el malecón” y es que
el tema del malecón
quiero retomarlo porque
estoy soñando con hacer
una tira larga que lo
refleje y en la que se
registren todo lo que
allí pasa. Con
anterioridad he
trabajado esa idea, pero
no soy un artista que
tenga temas muy
determinados ni que haga
hincapié en una línea
específica. Para mí los
temas —a veces— son
secundarios; pero de
todos modos, los asuntos
cotidianos están
presentes.
Si los temas son
secundarios, ¿qué es lo
primario?, ¿qué es lo
más importante?
Lo primero es la
pintura: los temas no
son lo que hacen la
importancia de un
cuadro. El asunto más
elemental se puede
convertir en
trascendental en cuanto
a realización, en cuanto
a obra artística. Puedes
hacer una pieza sobre
una batalla muy
importante o sobre un
hecho histórico súper
relevante, pero si eso
no está avalado por una
técnica fuerte ¡mejor ni
lo pintes! porque no va
a servir. Lo mismo
dibujo un perro que una
persona caminando por la
calle o cualquier cosa;
esos elementos me
motivan; pero no quiere
decir que sean los más
importantes.
Me da la impresión de
que en los últimos
tiempos estás pintando
en espacios muy grandes,
¿es así?
Desde que empecé en la
escuela, siempre aposté
por los formatos grandes
porque te permiten
proyectarte con otra
dimensión, quizá, más
suelto, más libre. He
hecho cuadros de seis
metros por más de dos
como el que está en los
Estudios de Animación
del ICAIC
—el
Instituto Cubano del
Arte e Industria
Cinematográficos—,
que tiene casi diez
metros por tres. Pero,
volviendo a la
exposición, en ella se
incluirán cuadros
grandes y cuadros
chicos. Estos últimos
los empezaré a hacer en
breve y serán obras más
de cámara, es decir, más
íntimas.
Cuando llevas pintando
sobre telas grandes, ¿te
cuesta regresar a un
formato reducido?
No, porque estoy
acostumbrado a ir
saltando de cosas
chiquitas a cosas
grandes, y viceversa.
¿Crees que el Pabellón
Cuba tenga todas las
condiciones para acoger
tu obra en el sentido
del cuidado y la
preservación?
Existe un antecedente y
una experiencia: en el
Pabellón Cuba se hizo el
Salón de Mayo de
París y allí se
exhibieron obras de
Pablo Picasso y de otro
grupo importantísimo de
artistas de
reconocimiento
internacional, y no hubo
ningún problema.
Recuerdo que se
exhibieron esculturas
valiosísimas, y se
tomaron todas las
medidas.
Soy de los que piensa
que a esos lugares hay
que ir dándoles el
cuidado y la importancia
que tienen por estar
ubicados en sitios de
privilegio en la ciudad,
y la incidencia de esos
espacios en las gentes
que vive en los
alrededores o los que
transitan… esos lugares
no solamente tienen que
ser donde se realicen
ferias de artesanías
—que
son muy válidas—,
pero los artistas tienen
que pensar en la
conveniencia de
utilizarlos como
plataforma para exhibir
su obra. No obstante, es
muy cierto que hay que
dotarlos de condiciones
y de requerimientos
imprescindibles.
Después de esta
exposición, ¿crees que
tu obra será más
participativa, más
democrática?
Llevo mucho tiempo
compartiendo mi obra. No
soy carpintero y lo que
me corresponde es hacer
el diseño, realizar las
plantillas, y luego el
carpintero es quien
tiene que cortar por
aquí y por allá a partir
de lo que le diga. Esta
exposición tiene mucho
que ver con el
compartir: no trabajo
solo sino con muchas
gentes.
Si miraras al Nelson que
fuiste 20 años atrás y
al que eres hoy, ¿en qué
crees que has cambiado?
Sobre todo en la
confianza. Puede que los
temas hayan variado
algo, pero sí he
cambiado en la
conciencia del
conocimiento del oficio:
hago lo que quiero hacer
y eso es algo que
solamente te lo da el
trabajo.
¿Cuáles son tus rutinas
de trabajo?, ¿trabajas
de noche?
No tengo muchas rutinas,
y trabajar de noche ¡por
nada de la vida!, sobre
todo, por el cuidado de
la vista, porque por muy
buena que sea una luz
artificial, la oscuridad
es fatal; quizá, hago
algún dibujo ligero o un
boceto, pero que no
requiera de fijar
demasiado la vista.
En estos momentos —como
ando en los preparativos
de la exposición—, pinto
aquí, en mi taller, a
partir de las nueve de
la mañana hasta las
cinco o seis de la
tarde. En tiempos
normales, voy primero a
mi taller de gráfica
—dibujo las piedras que
tengo en mente y luego
se las dejo a mis
impresores—, regreso a
Los Oficios y aquí
trabajo un poco. En la
noche me pongo a ver
televisión o
sencillamente hago algún
boceto menor.
También viajo mucho a
provincia —parte de esta
exposición la estoy
concibiendo en Ciego de
Ávila y la otra parte en
Trinidad— donde estoy
haciendo la obra
escultórica.
El Premio Nacional de
Artes Plásticas es el
reconocimiento a la
obra…
El tema de los premios y
los reconocimientos es
algo en lo que no creo
mucho. En el año 1972
—me acababa de graduar
de la Escuela Nacional
de Arte— obtuve un
premio en un concurso en
Francia y recuerdo que
estaba convencido de que
era otra persona que se
llamaba igual que yo.
Pienso que los premios
tienen que ver con el
jurado que lo otorga y
con la coyuntura y otra
serie de cosas; por eso,
un artista no debe
creerse mucho lo de los
premios, sino que debe
estar convencido de lo
que ha hecho y de lo que
sabe. Y, sobre todo,
debe creerse muy a pecho
que sabe menos que lo
que debe de saber. Ese
es mi criterio: es más
lo que no sabemos, que
lo que sabemos.
Entonces, uno no tiene
de qué vanagloriarse.
De todas maneras, este
Premio Nacional de Artes
Plásticas no tiene que
ver con un Salón o con
un concurso puntual,
sino que es el
reconocimiento a la obra
de toda la vida. Tiene
que ser una
responsabilidad porque
te pone en…
Me pone en el punto rojo
del colimador y cuando
se haga esta exposición,
los francotiradores y
los banderilleros van a
estar listos. Pero, solo
espero que los
banderilleros no me
claven las banderillas,
sino que me las
regalen. |