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La iconografía de Julio
Antonio Mella posee un
sello de identidad muy
fuerte a partir del
célebre retrato que le
hiciera su compañera, la
artista italiana Tina
Modotti. Ese joven
atlético, sonriente,
desafiante, con
facciones que revelan
poderosas convicciones,
ha pasado a ser el
símbolo vivo de una de
las más recias
personalidades
revolucionarias de Cuba
y el continente.
De manera que es todo un
reto para los artistas
cubanos que sostienen el
peso de nuestra
visualidad al final de
la primera década del
siglo XXI, apresar la
mítica figura del héroe,
asesinado en la flor de
su juventud en México, a
manos de un sicario
enviado por la tiranía
de Gerardo Machado el 10
de enero de 1929.
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"Julio Antonio
en Obispo",
Servando Cabrera
Moreno |
Alfredo Guevara fue el
principal promotor de la
galería de nuevas
imágenes de Mella que se
han desplegado en medio
del 32 Festival del
Nuevo Cine
Latinoamericano en la
sede de la organización
de la cita fílmica. (En
realidad, nos hubiera
gustado más que la
exposición, curada por
Dominica Ojeda, se
hubiese mostrado en un
lugar más accesible, por
ejemplo, el Pabellón
Cuba, donde se han
expuesto otras valiosas
colecciones por estos
mismos días). Es sabida
la fascinación que Mella
ejerce sobre Guevara,
por considerarlo fuente
indispensable de los
ímpetus revolucionarios
del presente, por la
forma en que aunó
dialécticamente teoría y
acción, profunda
comprensión marxista y
raigal vocación
martiana, vitalidad y
antidogmatismo.
La exposición Rostros
de Mella
exhibe iconos plasmados
en la segunda mitad del
siglo XX. Los retratos
de Tomás Sánchez y
Servando Cabrera Moreno
responden a las poéticas
de sus autores donde la
carga lírica es
explosiva y evidente. La
alusión erótica de
Alexis Esquivel,
desenfadada y atrevida,
canto a la pasión entre
Mella y Tina, se
resiente por explícita.
Entre el encargo y la
motivación personal se
mueven las piezas de
reciente factura. En
algunas el espectador
tropieza con un
acercamiento
circunstancial del
héroe. O con la
intención del retrato
lastrado por
indefiniciones técnicas,
o con el obstáculo que
representa el pie
forzado de la
composición.
Pero habrá que detenerse
en la limpidez y
concentración del dibujo
de las obras de Nelson
Domínguez y Ernesto
García Peña, que parten
del mismo modelo
fotográfico; y en la
precisa miniaturización
episódica de Eduardo
Abela.
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"El viaje",
Eduardo Abela
Torrás |
Está por ver, y ojalá
que así sea, la obra que
nacerá cuando el mandato
de pintar a Mella nazca
de la legitimidad
expresiva y no de una
convocatoria. |