La Habana. Año IX.
11 al 17 de DICIEMBRE
de 2010

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ROMÁN DE LA CAMPA
Latinos en EE.UU: pensar las afonías
Marianela González • La Habana
Foto: Alexis Rodríguez

Román de la Campa nació en Cuba, en 1948 y reside hace años en EE.UU. El ensayista Ambrosio Fornet lo ubica dentro de una pequeña muestra de pensadores que al llegar a ese país “eran personas con un nivel cultural o al menos un nivel profesional alto, con un mundo de relaciones y con protección por parte del país receptor. De manera que esas generaciones de emigrantes estudiaron en las universidades, se hicieron profesores universitarios y empezaron a escribir muy rápidamente sobre literatura cubana o sobre la propia problemática de la literatura de los cubanos en la diáspora”.  

Sin embargo, las indagaciones de De la Campa han hurgado más allá de las márgenes de la literatura y el grupo cubano dentro de EE.UU., convencido de que “el desafío a esa tradición viene ahora de otras imágenes: la fuerza externa de la performance visual mediática, que ya produce su propia antología multicultural, y ese “otro burocrático" (de que habló Fredric Jameson) que parece poner en jaque al profesor de Letras”. Su obra incluye, por tanto, títulos como América Latina y sus comunidades discursivas (1999) y Latin Americanism (1999). Fue coeditor del volumen Late Imperial Cultures. De visita esta vez en Cuba para integrarse al seminario Puentes y más puentes, convocado por el intelectual cubano Alfredo Guevara en el contexto del 32 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, Román de la Campa advierte en este llamado un doble signo: el fenómeno de la latinidad en EE.UU. no solo ha puesto en jaque al academicismo tradicional, sino a las propias bases sobre las que esa nación ha intentado siempre erigir sus fundamentos; mientras el arte y la literatura dan cuenta de posibilidades inéditas de aprehensión de una realidad difícil de explicar y, mucho menos, de cuantificar. Aun cuando a muchos convenga.  

Migraciones latinas-cultura en EE.UU. ¿Qué relaciones se establecen entre ambos procesos?

El tema de la latinidad en EE.UU. hay que verlo como capas históricas para poder vislumbrar la forma en que las migraciones generan cultura. Las migraciones son un flujo humano que pasan de un estado a otro; pero cuando se habla de cultura, estamos hablando de algo que requiere más tiempo. En el caso de EE.UU., estamos hablando de un país que no es latino y que ya empieza a generar un rasgo latino dentro de sí mismo.

Por ejemplo, las latinidades históricas en EE.UU. las migraciones que han creado culturas, son los grupos minoritarios históricos: los mexicano-americanos, flujo que empieza en el siglo XIX con el tratado de Guadalupe-Hidalgo —o antes, si se quiere— y que durante el siglo XX va aumentando hasta ir generando una cultura mexico-americana que a veces se llama chicana. Se convierte en un grupo minoritario ya que tiene un matiz racial, étnico. El segundo grupo sería la migración puertorriqueña. Como sabemos, en 1898, cuando queda trunca la independencia puertorriqueña y pasan a ser una especie de agregado-país, ese grupo empieza a generar un grupo minoritario. Va aumentando y junto con los mexico-americanos conforman una migración de trabajadores o trabajadores que han quedado sin trabajo. Ambos, constituyen un exceso de mano de obra que entra a EE.UU. y forma las dos grandes culturas minoritarias, hasta que llega la Revolución Cubana.

1959: se produce un tipo de agrupación que tiene otros matices. Podríamos hablar de ello según las diferencias dentro de esos mismos matices: está el llamado exilio histórico, las olas migratorias de los 60 y 70; las olas de los 80 y los 90; hasta el siglo XXI. Ahí entran matices económicos, raciales… La cultura cubana en EE.UU. no se identifica siempre como minoritaria racial, sino que suele verse como una especie de nacionalismo que no abandona sus nexos con el pasado. La pregunta que habría que hacerse es si, luego de 50 años, el grupo cubano junto con el chicano, el puertorriqueño y los otros grupos de latinoamericanos que ahora emigran hacia EE.UU., conforman una especie de etnicidad de lo latino en ese país que a veces no especifica nada de lo que te acabo de decir.

Sin embargo, tengo entendido que los cubanos no se reconocen en ese concepto de “latinos”…

Sí, pero los cubanos llegan a ser incluidos en estos grupos, por ejemplo, por los políticos o los medios de comunicación. Estos factores tienden a homogeneizar al grupo mientras cada uno de ellos, en su interior, tiende a hacer distinciones.

Este es un fenómeno muy complejo, pero muy contradictorio. Se dice, por ejemplo, que ahora en EE.UU. hay más latinos que negros, lo cual es cierto, pero solo si sumas estos grupos que acabo de mencionar. Ahora, ¿cuáles son las características que tienen en común?: no está claro. Se dice entonces que son una fuerza política, una fuerza que tiende a votar un poco más como demócratas que como republicanos… lo cual es cierto, aunque de manera general no se aplique a los cubanos. De manera que si preguntamos ¿qué relación hay entre migración y cultura?, podemos decir que las migraciones se vuelven culturas y las culturas poco a poco integran agrupaciones políticas.

¿Qué hay dentro de lo latino?: el idioma, la religión, el concepto de la familia… y aun ahí hay diferencias. El catolicismo de los latinos, por ejemplo, ha pasado por diferentes cambios y ahora se ve la influencia del protestantismo. En EE.UU., la religión se ve como algo más formal, más abstracto que como se practica en América Latina. No hay una relación comunitaria, es un país más suburbano. Y el idioma es un gran debate: ¿hasta qué punto, después de pasada una generación, los latinos en EE.UU. se vuelven monolingües? Mantienen una especie de cariño por el español, pero la mayoría adquieren un bilingüismo difícil de definir. Eso es lo que dan los datos; pero ahí es donde viene el complejo tema de la forma en que se produce el saber sobre lo latino.

¿Cómo participan los centros académicos e intelectuales en la conformación de esa latinidad?

Los centros académicos —las ciencias sociales, sobre todo— se encargan de medir las migraciones, el impacto, son estudios que tienden más hacia lo cuantificable. Con el tiempo, ha habido un énfasis en darles más recursos a estos estudios y han surgido especialistas en estos temas. Pero cuando pasamos a lo que llamamos la dimensión simbólica de la cultura, se hace difícil definirla. Por ejemplo, lo que hace un momento te decía: ya para la segunda generación, muchos latinos hablan más inglés que español. Sin embargo, ¿cómo se explica que la estación de radio más escuchada en Nueva York transmita en español? Es difícil de explicar. La única explicación sería que con la entrada del siglo XXI, la cultura latina se está latinoamericanizando. Es decir, las migraciones legal e ilegal han crecido tanto, que se ha conformado una especie de transmisión cultural con los antiguos grupos migratorios históricos de los que te hablaba. El grupo de los primeros emigrantes cubanos en EE.UU de la década del 60, se recubaniza con las olas migratorias más recientes de cubanos. Es interesante verlo en Miami: personas de más edad que empiezan a tener relaciones con esa cubanidad que solo conoció la cultura de la Revolución. Los resultados de eso son difíciles de medir y esos centros académicos, con sus teorías, se vuelven insuficientes.  

¿Y el arte, la literatura?

Son las expresiones más capaces de definir esos procesos, difíciles de medir con cifras. Es interesante, sobre todo, en el terreno literario y te pongo un ejemplo: en el año 2007, la novela más galardonada en inglés la escribió Junot Díaz, de ascendencia dominicana. ¿Qué ocurre entonces? Cuando la mejor novela en inglés de EE.UU. ha sido escrita en español, ¿qué significa para la disciplina literaria del inglés? Es un choque.

Es interesante el tema de las disciplinas, los saberes. En EE.UU., desde mi puesto como docente universitario, insisto en que la literatura norteamericana debería ocuparse de la literatura latina aun si está escrita en inglés. La literatura latina escrita en inglés, ¿a qué pertenece? ¿Cómo lo explicas si, aunque esté escrita en inglés y desde EE.UU., culturalmente pertenece a Latinoamérica o al Caribe? La latinidad en EE.UU. está provocando un cambio disciplinario, desafíos dentro del campo disciplinario.

Entonces, ¿hasta qué punto podemos decir que los latinos se están “integrando” o que la latinidad responde a los modelos de “asimilación” históricos que han existido en EE.UU. —esa que contempla la llegada a sus tierras de personas de otros lugares del mundo y conforman la nación americana? Estamos viendo un fenómeno de un público que cultiva una especie de nacionalismo múltiple, de lenguaje múltiple y de cultura múltiple; pero eso es difícil de definir y mucho más difícil de aceptar.

Para el científico social —y me voy a referir a este tema, pues he leído sobre ello, aunque yo mismo no sea un científico social—, la preocupación primordial es intentar responder la pregunta de si el latino se va a integrar. En muchos sentidos, las ciencias sociales en EE.UU. están más ancladas en los saberes de la nación; mientras que las disciplinas artísticas se preocupan más por las trasgresiones.  

Las representaciones acerca de “lo latino” que llegan a las personas, sin embargo, no son aquellas generadas en los centros académicos, sino las que provienen de expresiones como el cine, la televisión, la literatura…

Correcto. Las ciencias sociales son importantes, pero usualmente no pasa al llamado conocimiento del pueblo… ni siquiera de los más educados. No obstante, sí pasa a las organizaciones gubernamentales que se alimentan muchas veces de sus investigaciones para tomar medidas. En ese sentido, por un lado, hay una relación entre las ciencias sociales y el discurso oficial, el de la organización de la sociedad; por otro, una relación entre las disciplinas simbólicas y el imaginario del pueblo.

Para decirlo en términos de mercado, la “demanda” de capital simbólico ha ido aumentando a medida que cada uno de esos sectores —políticos, entidades gubernamentales, empresas— se han ido percatando de los beneficios que puede tener la identificación de “lo latino”: ya usted hablaba de la potencia electoral. Los medios de comunicación, ¿cómo se insertan en este proceso?

Esa demanda de la que hablas es total, y los medios tienen un impacto sin límites. Uno ve programas de televisión latinos en todas las ciudades de EE.UU.… sin hablar de Miami, donde se estandarizan imágenes de la latinidad de las formas más convenientes posibles.

Y el caso específico de la televisión es más complejo, porque hablamos de un “capital simbólico” que se exporta y llega a Latinoamérica misma, de modo que el conflicto cultural de la migración vuelve e incide sobre el lugar en que se origina… 

Ahí viene la complicación del tema. Los neoyorricans (grupos puertorriqueños asentados en Nueva York) se quejan de que las imágenes sobre los puertorriqueños que transmite la televisión son modelos humanos europeos. Los latinoamericanos dicen que es una televisión latina que proyecta imágenes y valores que no provienen de América Latina; los latinos, que esa tampoco es una televisión latina. Sucede que no es ninguna de las dos cosas. La televisión se ha convertido en una especie de género autorreferencial: lo único que tiene, en concreto, es que se habla en español. Es un fenómeno trascendental.

¿Usted cree que EE.UU. es un país “multicultural”?

Yo diría que sí, a pesar de que el discurso no quiera aceptarlo e, incluso, intente rechazarlo en este período de crisis económica. Pero hay que aceptarlo porque en EE.UU. el español es ya la segunda lengua nacional. Al menos, es un país bilingüe, aunque el español no tenga el mismo estatus que el inglés. Pero ahí entra el conflicto de la identidad política del país y, ante la amenaza, el rechazo a esta realidad ha adquirido con la crisis una expresión represiva. Hay que pensar la nación de un modo múltiple en términos de cultura… ¿pero hasta qué punto ese país está en condiciones de admitirlo? La pregunta primordial en todo este debate gira en torno a eso: la latinidad presenta un reto a EE.UU., a las bases de su concepto-nación y a los países desde los cuales emigran los latinos. ¿Y cómo van a conjugar sus definiciones como naciones? Eso es lo fundamental.

Para responderla, ¿funcionan las categorías que hasta hoy manejan las academias?

No funcionan o, al menos, no dicen mucho. Son palabras burocráticas para encubrir los fenómenos.

“Lo latino”, históricamente, ha servido para identificar procesos de discriminación, marginación o segregación; pero, ¿coincide usted en que “lo latino” también se está esgrimiendo hoy en la oposición, en la resistencia?

Totalmente. Y es más complejo de lo que muchos piensan. Te digo más: el reconocimiento de “lo latino” por parte de la política, de la televisión, del mercado que abre lo latino, es lo que más defienden los propios latinos. A la vez que se amplía la ola represiva —por el trasfondo que implica a los problemas de identidad—, el “mercado de lo latino” y la oportunidad de que ese voto latino pueda ayudar a un político a ganar o perder, es lo que empodera a los latinos. Es una especie de fenómeno esquizofrénico: pasiva por un lado y agresiva por el otro.

Lo que hay que apuntar, en ese sentido, es que la nación es la forma que da el ser humano a su relación con la universalidad. Y el tema de la latinidad en EE.UU. comprende una serie de afonías históricas que no se resolverán con racionalizar o limitar ese cordón hemisférico de capital humano que busca capital financiero. ¿Cómo pensar esa solución?, es la pregunta. Ahí es donde al arte y a la literatura —más que a las academias— les compete una responsabilidad que va más allá del solo intento de sugerir.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2010.