La Habana. Año IX.
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de 2010

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Estereotipos de naturaleza en
la iconosfera contemporánea*
José Albelda y José Saborit • Valencia

La utilización y diversificación iconográfica de estereotipos de naturaleza comienza en los años 70 con las primeras campañas ecologistas, y se ve rápidamente respaldada por el creciente interés social sobre el tema. En un contexto en el que la imagen a través de los medios de comunicación y, especialmente, la televisión, demuestra una gran capacidad para influir en la opinión pública, las narraciones iconográficas se convierten en un instrumento crucial tanto para los grupos que defienden la conservación del medio ambiente, como para los sectores interesados en lavar una imagen corporativa inevitablemente relacionada con el deterioro medioambiental. Pero serán sobre todo estos últimos, junto con numerosos grupos comerciales que han descubierto el valor legitimatorio de las imágenes o los mensajes que hacen alusión a alguna idea de naturaleza, los que priorizarán conscientemente este campo semántico, ya que resulta impreciso y fácilmente adaptable a casi cualquier cosa, frente a otros como ecología, mucho más concreto, o medio ambiente, más amplio pero menos equívoco.

Una vez priorizada la idea de naturaleza como lema de acompañamiento, se relaciona principalmente con imágenes pertenecientes al mundo vegetal; también llamado, en el ámbito publicitario, universo de “lo verde”. Se trata generalmente de modelos de naturaleza que excluyen la influencia antrópica evidente el bosque, la selva, paisajes pintorescos..., y que se relacionan iconográficamente con la idea de cultura el ser humano y sus extensiones, con fines de legitimación de ideologías o productos o, por el contrario, para explicar modelos sistémicos y denunciar actitudes[1].

Principales estereotipos de naturaleza

Sin ningún afán de agotar las posibles clasificaciones, apuntamos algunos de los principales estereotipos que hemos ido localizando[2], así como sus principales usos en los distintos medios y géneros.

Una de las más exitosas simplificaciones de la idea de naturaleza será su reducción a escenografía paisajística, considerándola como una óptima representación de lo natural espontáneo. Una vez más, los términos “campo”, “monte” o, incluso, “medio ambiente”, que resultarían mucho más adecuados para referirse a un paisaje rural, tienden a ser sustituidos por la idea más generalizada y equívoca de “naturaleza”. Así, vinculada a escenografías paisajísticas, se utiliza en campañas publicitarias como elemento de refuerzo moral y estético de todo tipo de empresas e ideologías que por inmersión en el medio paisajístico de sus productos, artífices o marcas, se contagian de las pretendidas cualidades de verdad, salud o belleza, atribuidas a esta primera escenificación de “naturaleza”.

La idea de naturaleza representada como paisaje se expresa principalmente siguiendo dos modelos del género paisajístico en pintura: el estereotipo de lo pintoresco  prados verdes, colinas con bosquetes, vacas y ovejas pastando, pueblos pequeños, riachuelos..., encarnado en vistas amables y acogedoras, que nos comunican principalmente la idea de equilibrio entre naturaleza y cultura. Dicha escenificación se utiliza frecuentemente para legitimar productos alimenticios —“naturaleza” como origen saludable, así como en la oferta del sector turístico, con sus correspondientes variantes exóticas, dependiendo de los destinos. El otro modelo que ejerce influencia será el que se vincula a la idea de lo sublime, de tradición romántica. A su través, la naturaleza también paisaje se nos presenta en estado salvaje, no intervenida, no domesticada, como la antítesis de nuestra cultura. Es interesante constatar que dicho modelo, con sus correspondientes adaptaciones, se utiliza desde campañas antagónicas. Encontramos el estereotipo de lo sublime en las imágenes de destrucción del medio natural o de las catástrofes falsamente naturales propiciadas por el cambio climático- que utilizan los grupos ecologistas y, en un sentido diametralmente opuesto, en la publicidad comercial vinculado a la idea de riesgo que será finalmente controlado gracias a la tecnología, o a la conquista de lo natural indómito; estereotipo muy utilizado en publicidad de coches o deportes de aventura.

Atendiendo no ya tanto a la escenificación estética en cuanto a su intención semántica, se pueden definir algunos estereotipos muy estables[3], como los que siguen:

Naturaleza como fábrica (y origen)

Aquí se utiliza la idea de naturaleza vinculada a productos que quieren justificar su calidad, salubridad y sentido moral, precisamente insistiendo en su origen o procesamiento “natural”. Se trata de un estereotipo muy frecuente en publicidad de productos para el cuidado o la higiene corporal y alimentos, sobre todo los destinados a la infancia[4]. Pero también se expresa la idea de naturaleza como lugar metafórico de explotación, como materia prima que nos brinda generosamente los bienes que contiene. Es el caso de algunas escenas y algunos lemas de anuncios de compañías petroleras o eléctricas, que aluden a una naturaleza que ellas transforman en energía asequible para nuestra sociedad de consumo.

Naturaleza como modelo

Es una de las principales instrumentalizaciones históricas de la falacia naturalista, adaptada ahora a la iconografía mediática. En síntesis, se trata de mostrar procesos o escenas del mundo natural como modelo de recto proceder o garantía de calidad, en relación con las ideas o los productos con los que se comparan. En su uso publicitario, encontramos constantemente el recurso de atribuir características sobresalientes de algunos animales a las manufacturas tecnológicas que pretenden igualarlas; por ejemplo, la carrera de un leopardo y la alta velocidad de un coche.

Ser verde

Reduccionismo de corte supuestamente ecologista, vinculado al color dominante en las escenificaciones mediáticas de naturaleza. Color moralmente positivo por redundancia de uso, que se atribuye prácticamente a cualquier cosa, dignificando el producto, el logotipo, la escena, la persona. Esta utilización intencionada del verde legitimador la encontraremos en publicidad de aire acondicionado, alimentos, productos de limpieza doméstica, política ecologista y, por supuesto, en todo tipo de logotipos de marketing verde. Una variante sería el empleo de elementos vegetales —verdes— utilizados como logo o imagen de marca, pretendiendo expresar así la voluntad de defender o vincularse a la gaseosa idea de naturaleza.

Superación, domesticación o perfeccionamiento de la naturaleza

Se trata de un uso muy vinculado a la idea de “progreso” y a la defensa de las tecnologías como el mejor instrumento para perfeccionar la naturaleza y, supuestamente, ofrecernos una mejor calidad de vida. Lo encontramos, una vez más, en automoción, eléctricas y anuncios de productos de alta tecnología. En una reciente campaña publicitaria, una compañía eléctrica se ofrecía a sí misma “como una pequeña ayuda para mejorar un mundo casi perfecto”. También entra en este apartado la idea de sustitución del aspecto natural de un ecosistema por su diseño ajardinado y vendido como naturaleza. Sería el caso de la naturalización del artificio que encontramos con frecuencia en la publicidad de urbanizaciones, que destruyen el paisaje campestre para vendernos un conjunto de adosadas, viales, centros comerciales y reducidas zonas verdes presentando todo ello como “vivir en plena naturaleza”, pero sin los inconvenientes de su versión más agreste.

Naturaleza como amenaza

Vinculado al modelo anterior, nos ofrece las posibilidades tecnológicas de dominio o defensa ante una naturaleza incontrolada que puede causarnos algún perjuicio. La idea de naturaleza como amenaza viene compensada por las bondades del producto, del artificio, que nos salva de un azar que debe ser controlado o corregido. Aquí, la naturaleza amenazante puede expresarse en formas muy diversas, ya sea como bacterias, envejecimiento de la piel, cambio climático, catástrofes naturales. Una vez más, en un anuncio, el automóvil representará el alto grado de control tecnológico que nos defiende de la inesperada lluvia o de las traicioneras hojas secas otoñales que tapizan una curva de la calzada.

Naturaleza como destino

Como fin, liberación última, retorno al orden natural a modo de redención. Se expresa generalmente a través del desplazamiento físico, mental o ideológico a escenografías típicas de naturaleza, según los modelos paisajísticos descritos, y el acompañamiento de lemas de anclaje específico que se vinculan con la idea de reintegrarse en la naturaleza, de volver al ansiado Todo del que fuimos disgregados. Se utiliza mucho en publicidad de automoción, sobre todo en anuncios de vehículos todoterreno, que nos permiten llegar a los lugares más inaccesibles, a la naturaleza primigenia en la que podemos sumergirnos solo gracias al coche imprescindible.

Usos de “naturaleza” en los medios de comunicación dominantes

Los principales modelos iconográficos que hemos ido revisando, los encontramos sobre todo en el género publicitario, que suele utilizar campañas mixtas incluyendo tanto publicidad estática —vallas, anuncios en periódicos y magazines... —, como dinámica —televisión. Interesa detenerse algo más en dicho género por ser el más señalado en lo que respecta a la construcción de estereotipos de naturaleza y también por su alto nivel de redundancia y mantenimiento de modelos a lo largo de los años.

De hecho, según la tesis doctoral de Fernando Olivares Delgado[5], se demuestra la permanencia constante de los estereotipos de naturaleza en medios de comunicación durante dos décadas —la de los 80 y la de los 90—, constatando un interesante pico estadístico de aumento de inserciones en 1992, coincidiendo con la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro; y un cierto descenso a partir de 1994, atribuido, según el autor, a un cierto agotamiento publicitario del concepto de naturaleza y del universo publicitario verde en general. Pero parece que comienza un nuevo repunte en este último año, probablemente vinculado a la nueva Cumbre de Johannesburgo.

Según afirma Olivares, y según hemos podido comprobar a través de nuestro propio muestreo, la mayor parte de los usos de “naturaleza” vinculados a publicidad tienen que ver con fines legitimatorios de productos comerciales; ocupando un segundo nivel el lavado verde —greenwashing— de la propia marca o de las instituciones que se anuncian. Sin embargo, la publicidad de carácter educativo-ambiental es proporcionalmente mucho menor que los dos sectores anteriores, directamente vinculados a intereses económicos o políticos muy concretos. La estrategia narrativa de los anuncios de instituciones como el Ministerio de Medio Ambiente o las respectivas Consejerías autonómicas utilizan, en la misma línea de algunos programas televisivos de Medio Ambiente de canales públicos, la falacia de la restauración sencilla de los desequilibrios ecosistémicos a través, principalmente, de la concienciación y el cambio de actitud de los ciudadanos —evitar hacer fuego en el monte, no consumir pescado inmaduro, ahorro de agua evitando que los grifos goteen... — enmascarando los motivos reales del deterioro de la biosfera, íntimamente ligados a complejas estructuras socioeconómicas y procesos productivos que dependen mucho más de las poderosas multinacionales y de los gobiernos que del ciudadano individual. Dicha publicidad suele utilizar escenificaciones de destrucción de ecosistemas similares a los empleados por la iconografía ecologista en algunas campañas específicas —bosques calcinados, tierras cuarteadas por la sequía, etc. —, que se vinculan posteriormente a imágenes de restauración o a eslóganes de solución positiva.

Publicidad de producto/empresa

Es la más habitual en el iconoespacio publicitario. Interesa destacar que las escenografías de naturaleza entendidas como paisajes arquetípicos y los anclajes en texto de “natural” y “ecológico”, vienen siendo utilizadas mayoritariamente por aquellas empresas y aquellos productos que más daño causan en el medio ambiente —petroleras, eléctricas, químicas, automoción... Amparándose en la escasa normativa deontológica vigente sobre la llamada publicidad verde, diseñan campañas de lavado de imagen a través de la apropiación de la iconografía de aquello que degradan, haciéndonos creer que lo defienden. En algunos casos, la argumentación de la defensa se concreta en el lanzamiento de productos algo más respetuosos con el medio pero también contaminantes —gas natural, en lugar de carbón en las centrales térmicas, por ejemplo—; o en la publicitación de divisiones minoritarias dentro de empresas de alto impacto medioambiental. Sería el caso del programa de energía solar en la empresa BP, ampliamente difundido, pero que solo representa un sector muy pequeño en una compañía dedicada principalmente a la explotación y distribución petrolífera. El simplismo y la teatralidad de algunas campañas llega a extremos insultantes, mostrándose a sí mismas, como es el caso de algunas compañías eléctricas, como adalides de la lucha por la naturaleza, todo ello ambientado en idílicos paisajes con aerogeneradores que se recortan en el horizonte —nunca incluirán dichos paisajes las centrales nucleares o las humeantes térmicas también propiedad de las mismas compañías. Este sería un buen ejemplo de la frecuente escenificación redentora, la vuelta a la naturaleza como lugar o concepto preservado o recuperado gracias a los productos —el caso del coche es paradigmático— o las mejoras tecnológicas que las empresas dicen desarrollar.

Según el estudio de Olivares, los sectores que más utilizan referencias a ecología y estereotipos de naturaleza en publicidad son los siguientes: automoción, industria/energía, turismo, hogar, alimentación, higiene y salud. Destacando sobre todo los anuncios de coches, un sector de gran impacto tanto por sus emisiones contaminantes y la contribución al efecto invernadero, como por la muerte de especies animales —incluidos los humanos— y las agresiones que las infraestructuras viales causan en los ecosistemas naturales.

Informativos y documentales

La presencia del término “naturaleza” en los informativos —telediarios e informativos especiales— se equilibra bastante con el término “medio ambiente”, vinculados ambos a imágenes y reportajes que siguen incidiendo en el carácter dicotómico naturaleza/cultura. Se combinan, principalmente, dos usos contrapuestos y ambos espectaculares: la naturaleza desatada que se revela ante nuestros intentos de control, y la escenificación de una naturaleza frágil: la devastación de los ecosistemas a manos de la técnica o de la acción humana irresponsable. Todo ello, en el género de informativos, desde la tendencia dominante de identificar iconográficamente naturaleza con la idea de territorios escasamente antropizados y ecosistemas poco alterados; así como los efectos de los meteoros, de expresión azarosa y generalmente representados en su interacción catastrófica con nuestro modelo de cultura.

El tercer género en importancia en el medio televisivo dominante lo constituyen los llamados reportajes de naturaleza, los canales temáticos sobre el tema y los programas de medio ambiente de cadenas estatales o autonómicas. Es evidente que su auge actual proviene de la revalidación de la idea de una naturaleza amenazada, que se convierte en tema de interés para el telespectador. Los reportajes utilizan sobre todo un enfoque científico-divulgativo, centrándose en el comportamiento de especies animales y sus interacciones ecosistémicas. Su estructura permite acercar al espectador el conocimiento televisivo de la vida salvaje, una experiencia de “lo otro”, la antítesis de nuestro modelo urbano o de los espacios altamente antropizados en los que solemos habitar. La mirada y la escenificación serán siempre respetuosas, de corte conservacionista y positivo, sin incidir excesivamente en modelos de argumentación propios del ecologismo mediático.

Modelos de naturaleza en el medio cinematográfico

Mención aparte tendría el tratamiento de estereotipos de naturaleza en el cine. Por su complejidad y diversificación merece un estudio más específico. Tan solo señalar aquí que permanecen los principales modelos de naturaleza que encontramos en los otros medios y géneros, adaptados al discurso fílmico. Podemos señalar el género cinematográfico de animación —actualmente ya sería incorrecto hablar de “dibujos animados”, dado su proceso infográfico—, en el que se sigue empleando con gran éxito la personificación de animales y la presentación de un orden natural totalmente adaptado a las narraciones culturales —generalmente maniqueas, continuando con la tradición de la factoría Disney— que desde la más tierna infancia van conformando la visión del mundo de los espectadores. Pero quizá lo más interesante que se debe destacar sería las películas que plantean una superación de los estereotipos clásicos de naturaleza a través de avances tecnológicos —diseño genético en humanos, biorrobots, cibercuerpo, supresión de los límites ente vida física y vivencia del ciberespacio... En este sentido, podemos citar desde el ya clásico Blade Runner o el más cercano Gattaca en relación con la ingeniería genética; o Matrix y Existenz en lo relativo a la fusión entre experiencia física y vivencia de mundos virtuales. En todos estos temas se combinan películas tecnoescépticas con otras claramente favorables a las promesas de la progresiva artificialización del mundo y de nosotros mismos; pero, comparativamente, tienden a ser más abundantes estas últimas que las que desarrollan argumentos críticos al respecto.

Notas:

1- Es interesante destacar que el empleo de simplificaciones y falacias naturalistas lo encontramos tanto en campañas de empresas que solo buscan publicitar interesadamente sus productos, como en las diseñadas por algunos grupos ecologistas empeñados, estos sí, en defender el medio ambiente.
2- El muestreo iconográfico al que se remite este trabajo fue iniciado con vistas a la redacción del apartado “Media y naturaleza” en: Albelda, J., Saborit, J.; La construcción de la naturaleza, Generalitat Valenciana, Valencia, 1997, y recientemente actualizado en el contexto de un Proyecto de Investigación sobre ecosistemas visuales financiado por la Universidad Politécnica de Valencia.
3- Ver al respecto la clasificación de Saborit en “Espejismos naturalistas”, Ibídem, pp. 222-277, de la que aquí extraemos un breve resumen.
4- En ocasiones se fuerza de forma sorprendente la vinculación del producto comercial al pretendido origen legitimador “natural”. Es el caso de una marca de zumos en tetrabrick, que en el anuncio se ven literalmente arrancados directamente del naranjo —los tetrabricks—, listos para ser ingeridos, sin más procesos antinaturales que puedan mediar entre el “natural” origen del zumo y el confiado consumidor.
5- Olivares, F.: Publicidad y ecología, la publicidad verde en España 1980-1999, Universidad de Alicante, Alicante, 2002.

*Fragmento del artículo del mismo nombre publicado en ILE, Anuario de Ecología, Cultura y Sociedad No. III, 2003.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2010.