La Habana. Año IX.
11 al 17 de DICIEMBRE
de 2010

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entrevista con el fotógrafo español Héctor Garrido
Agua: el oro del futuro
Estrella Díaz • La Habana
Fotos: cortesía del artista

Agua es el título de la exposición del fotógrafo español Héctor Garrido, que hasta fines de diciembre está abierta en la sede de la ONG Patrimonio, Sociedad y Medio Ambiente, con sede en La Habana Vieja, y que incluye una veintena de instantáneas aéreas que son —en alguna medida— una suerte de recorrido-evaluación-inventario del estado de las masas de agua en nuestro planeta.  

En entrevista exclusiva para La Jiribilla, comentó Garrido que esas instantáneas las realizó auxiliado de un avión o de un helicóptero y de inmediato apuntó que no son, precisamente, las aguas que todos soñamos.

“¿Cómo es el agua? —se preguntó el artista—, inodora, incolora e insípida, pero tristemente no siempre es así. Gran parte de las aguas que encontramos en el planeta no podemos beberlas y ese conjunto de condiciones no se cumplen la mayoría de las veces. Sin embargo, el no cumplir esos preceptos las hacen espectacularmente bellas y también espectacularmente tristes. La cantidad de contaminación que tienen esas aguas es un horror, pero visualmente son hermosas y dan la posibilidad de un desarrollo artístico en el terreno de la fotografía.

¿En qué puntos de la geografía planetaria ha retratado esas masas de agua?

Ese es uno de los atractivos de la exposición: he querido desubicarlas, descontextualizarlas,  para darle al problema la escala planetaria que tiene. El espectador no se da cuenta de dónde fueron tomadas esas fotos; he viajado por todo el planeta: la Antártida, Australia, África, el Amazonas, todos los desiertos… pueden ser imágenes de cualquiera de esos sitios. Esa es la parte del juego artístico de la exposición: no importa dónde porque el agua es universal.

Un juego muy serio al tiempo que es un llamado a que cuidemos nuestra casa común.

Exactamente. Detrás de la exposición ha estado un equipo de prestigiosos científicos planificando dónde se iban a hacer las fotos y luego estudiando los componentes químicos de cada masa de agua fotografiada. Junto a cada imagen uno puede saber qué contiene esa agua.

En cuanto a colores, vemos aguas maravillosas, sin embargo, son ¡terribles bellezas! porque cuando se lee el texto, uno se entera de que están compuestas por elementos radioactivos, por venenos contaminantes, por todo lo que uno no desearía que estuviera en el agua. Estamos maltratando nuestra propia esencia. Si del planeta desapareciera el petróleo, se sustituirá por otro elemento, si no tuviéramos oro tampoco importaría demasiado; pero si no hay agua, el planeta se destruye inmediatamente.

El agua es el oro del futuro, de hecho en muchos sitios del mundo las grandes corporaciones internacionales están comprando —me he encontrado el mismo problema repetido una y otra vez— los más grandes manantiales de agua potable porque ahora se adquieren por poco dinero y muy pronto, van a costar cantidades millonarias. Actualmente, esa es una de las estrategias que siguen las multinacionales y, como siempre, los países más afectados serán los más pobres.

¿Cómo llega al mundo de la fotografía?

Soy heredero de una tradición familiar: mi madre fue una excelente fotógrafa y mi padre un realizador de documentales para Televisión Española y filmó materiales que tuvieron gran impacto en España relacionados con temas de etnografía y sobre las tradiciones de nuestros distintos pueblos. En su momento, sus trabajos tuvieron mucho “tirón”, como decimos en mi país para significar que fueron muy bien acogidos. En mi casa el tema de la fotografía estaba en cada rincón y formó parte de mi niñez y de las conversaciones que a diario escuchaba.

Cuando mi madre dejaba en algún lugar de la casa las cámaras, mis hermanos y yo jugábamos con ellas, y para nosotros era muy fácil cargar la cámara con un carrete —porque estaban ahí y eran abundantes— y todo era muy natural. El olor a la química del laboratorio fotográfico me retrotrae inmediatamente a mi niñez: recuerdo que jugaba junto a la puerta del laboratorio mientras mi madre, encerrada allí, se pasaba horas.  Fue cómodo con corta edad empezar en el mundo de la fotografía porque todo lo tenía a la mano y empecé a hacer mi propio trabajo y a revelar en blanco y negro, que me apasiona. El blanco y negro es capaz de expresar más que el color porque va justo a lo esencial, mientras que el color nos enturbia la visión de lo importante. Aunque es útil, a veces, el color enmascara la fotografía. El blanco y negro es concreto y ofrece un mensaje limpio.

Y ahora que trabaja lo digital, ¿aún apuesta por el blanco y negro?

¡Por supuesto! Por falta de sitio, durante muchos años guardé el laboratorio pero ahora tengo un espacio, y estoy muy contento porque poseo un laboratorio para jugar y digo jugar porque hoy en día todo se puede hacer con el digital: ya lo he dicho, soy como un adicto a la química del laboratorio.

Cuando hablo de este tema con otros colegas, primero les asalta la curiosidad y después ven la posibilidad de liberarse de aquellos laboratorios viejos que tienen en sus casas y que ya no utilizan. Ahora tengo un nuevo problema y es que me regalan los trozos de laboratorio —ampliadoras, lentes que ya no quieren porque no los van a usar nunca más— y hay un momento en que tengo que parar y decir ¡no! Lo cierto es que en ninguna parte del mundo la gente quiere hacer fotografía química y es que, al final, lo digital es más barato; hoy es un problema conseguir carretes y los líquidos de revelado, y cada vez es más complicado porque las empresas no los fabrican. Ya no es rentable y pertenece al mundo del pasado.

¿Hasta qué punto considera que la alta tecnología facilite el mensaje?  

La técnica hace que el artista se relaje, quiero decir que mientras menos complicada y eficiente sea la técnica, más posibilidades de expresión va a tener el creador porque va a poder llegar a profundizar más en sus sentimientos, es decir, que se ocupará de cosas más importantes y dejará a un lado las banales. Al fin y al cabo, la técnica es un medio no una finalidad.

A veces me entristezco cuando participo en reuniones con otros fotógrafos y después de una conferencia, por ejemplo, en los turnos de palabra las preguntas que se hacen están relacionadas con la técnica y, raramente, se habla del mensaje. Lo importante no es la técnica sino el mensaje, el equilibrio de la acción dentro de la fotografía o del color o de los elementos. Es triste porque ahí está la verdadera fotografía que no reside en la marca o en la tecnología.

Cuando uno hace una revisión de la historia de la fotografía, probablemente, en lo que menos se repara es en cómo se hizo —que es una visión técnica—; en lo que hay que concentrarse es en los elementos artísticos y preocuparse de transmitir lo que se necesita.

En Cuba existen muchos fotógrafos que utilizan la fotografía en función de la ciencia, algo muy válido. Usted se autodefine como un “fotógrafo científico”…

Lo explico rápido: trabajo para un organismo que se llama Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y mi contenido de trabajo es producir material que surge de cubrir expediciones. El CSIC envía a sus investigadores y yo los acompaño y fotografío lo que ellos necesiten. Eso quiere decir que puedo estar hoy captando la luz ultravioleta que emiten unos elementos de colecciones científicas en el Museo de Londres y mañana puedo estar fotografiando el movimiento de un glacial en la Antártida.

La fotografía científica también incluye la realización de inventarios de biodiversidad —que hago en el Parque Nacional de Doñana, área natural protegida situada en las provincias de Huelva y Sevilla al suroeste de España, en la comunidad autónoma de Andalucía. Doñana fue declarado Parque Nacional en 1969 y dentro de él se encuentra la estación biológica del CSIC.

Con ese trabajo, digamos, me gano la vida y, paralelamente, desarrollo mi obra artística, pero no me puedo alejar de la ciencia porque vivo inmerso en ella. Por ejemplo, esta exposición que traigo a Cuba está compuesta de estas imágenes que tienen un alto contenido científico.

La exposición anterior —que ha tenido un éxito rotundo en España— se llama Armonía fractal en Doñana. Y trato lo fractal como el lenguaje geométrico con que se expresa la naturaleza. Es un tema apasionante que fotográficamente nadie había tratado y ha despertado mucho interés y curiosidad. Es una muestra que está, constantemente, viajando por las diferentes ciudades de España como Madrid, Sevilla, Granada, Huelva, Gerona, entre otras, y ha ido cosechando éxitos. Esta exposición, Armonía fractal de Doñana, también es como un equilibrio entre arte y ciencia.

Y en este constante acercamiento a la naturaleza, ¿solo retrata lo bello?    

Lo bello y lo feo lo tengo que retratar porque forma parte de mi trabajo, es decir, que tengo que cumplir una serie de objetivos, pero siempre que me planto frente a un elemento de trabajo —una vez que he terminado de fotografiar ese elemento como fotógrafo de ciencia—, intento sacarle un provecho personal, colateral y artístico. A veces son cosas terriblemente feas. Algunas de las aguas contaminadas que he traído a La Habana son, en verdad, aterradoras, pero poseen esa belleza indiscutible que tiene la muerte. Es decir, el erotismo de la muerte, la belleza inconmensurable de lo terrible. Cuando uno está viendo esas aguas y sabe que detrás de esos colores fantásticos se esconde una radiación nuclear capaz de matar personas, inmediatamente, se produce un impacto y uno dice: ¡qué bello, pero qué peligroso! En esta exposición he querido ir desde la peor de las aguas hasta la mejor porque también traigo algunas que he ido a fotografiar a manantiales de montaña buscando el agua más pura que pude existir en el planeta.

¿Cómo sopesa la fotografía joven española? 

España tiene una tradición fotográfica magnífica y ha dado artistas  que han sido rompedores y maestros indiscutibles, conozco a algunos de ellos y siento que me encuentro entre el punto intermedio entre los que ya casi no hacen fotografías y los que están empezando ahora: conecto con los dos sitios.

Están surgiendo fotógrafos muy buenos y en campos muy diversos. En naturaleza, por ejemplo, hay gente de gran calidad como José Benito Ruiz o como Marina Cano, y otros más experimentales.

El problema del fotógrafo español es que se encasilla demasiado, es muy concreto. Es decir, un fotógrafo de la naturaleza es un retratista de animales, y me pregunto: ¿por qué uno tiene que encajarse solo en esa pequeña porción de la luz cuando hay tanto que fotografiar? Una cosa que discuto mucho con otros fotógrafos de la naturaleza —y que me ha causado varias enemistades—, es que intentan obviar la presencia del hombre en la naturaleza y no se dan cuenta de que, probablemente, ese Parque Nacional es como es porque el hombre lo ha hecho así.

Tiene la suerte de estar en lugares de privilegio, ¿cuál es la fotografía que le gustaría hacer y que no ha logrado?   

Justamente unas horas antes de viajar a La Habana recibí una encuesta-entrevista que tuve que contestar muy rápido y que me envió la empresa NIKON. A ese tipo de encuesta llaman “entrevista de tercer grado” porque agarran a un fotógrafo y lo exprimen: en esa entrevista me hicieron esa misma pregunta. Uno ha dejado por hacer muchas fotografías porque, por ejemplo, no llevas la cámara encima y ocurrió algo irrepetible y aquello tan maravilloso, lo perdiste. Ese momento quedará en tu mente y lo recordarás por siempre, pero dejaste pasar la oportunidad.

¿Cuál es la fotografía que aún no habiéndola visto quisiera hacer? Te digo que me obsesiona el ser humano, la persona, sin embargo —a pesar de que tengo colecciones muy renombradas de retratos—, siento que no he terminado de aprender a fotografiar al ser humano. En lo más íntimo creo que en ese sentido me falta mucho.

¿Cree que domina, capta, mejor a la naturaleza que al hombre?   

Creo que sí. Cuando me mandan a hacer —como fotógrafo científico— un inventario de animales, uno ve la lista de animales y sabe que tiene que fotografiar digamos, el águila imperial, el lince ibérico. Hay un momento en que pasas a la siguiente especie porque ya has obtenido la foto del lince ibérico; ya has conseguido la mirada, la postura, la luz y pasas a otra especie. Pues la especie ser humano aún no la he completado. Siento que no he conseguido decir: ¡esta es la fotografía que retrata al ser humano! Y ese sentimiento me genera muchas dudas y ganas de trabajar.

Esta es su primera visita a La Habana y ha dicho que es “una ciudad inspiradora”. ¿Qué le inspira de nuestra capital?

La Habana me ha sorprendido muchísimo; es enormemente bella, está llena de detalles, de rincones, me produce muchas sensaciones encontradas y curiosas. Cuando se ha viajado mucho —como es mi caso—, a veces los sitios, por muy sorprendentes que sean, suenan siempre a eco.

Hace poco me enviaron a hacer un trabajo a una ciudad de Alemania, hice la foto que tenía que hacer y me fui, pero no hay sensación profunda, fuerte, algo que te llame después a volver. Con La Habana me ha sucedido todo lo contrario: sorpresa tras sorpresa, sobre todo en el trato con las gentes. La Habana es inspiradora en sí misma. Esta es mi primera vez y seguro que no será la última porque ya hemos cerrado algunos proyectos de cooperación mutua y posiblemente regrese en el mes de mayo y, sinceramente, creo que me hacía mucha falta una bocanada de aire fresco que me sacudiera: una sensación que me ha regalado esta ciudad.     

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2010.