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En EE.UU., donde una de
cada diez personas nació
fuera de las fronteras
nacionales,
Patricia Boero impulsa
la organización Latino
Public Broadcasting (LPB).
El número creciente de
los no-nacionales en ese
territorio, podría ser
apoyatura para el
desenvolvimiento fácil
de dicha organización,
que tiene el propósito
de estimular el
desarrollo, la
producción, adquisición
y distribución de filmes
no comerciales
representativos del
pueblo latino. Sin
embargo, la misión cobra
otros matices en un
contexto donde los
inmigrantes sufren el
doble de la pobreza de
los nacidos en ese
territorio, y donde las
políticas migratorias
pocas veces han logrado
coherencia entre lo que
enuncian y lo que
cumplen.
Boero, quien actualmente
funge como directora
ejecutiva de LPB,
intercambió con La
Jiribilla sus puntos
de vista sobre el
fenómeno, a partir de su
experiencia como
realizadora, abogada y
periodista emigrada, que
ha trabajado en cadenas
como CNN y BBC y ocupado
responsabilidades en la
dirección del
Hispanics in
Philanthropy's
Transnational Program y
el Sundance Institute's
International Program.
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Mientras la LPB, fundada
por el actor Edgar James
Olmos en 1998, sedimenta
la práctica de “llevar
más voces latinas a los
media”, en
EE.UU., se dan
contradicciones como la
reciente entrada en
vigor —aunque disfrazada
en sus aspectos más
polémicos— de la ley
antiinmigrantes del
estado de Arizona. El
“ruido” que provocaron
las protestas en
diferentes niveles de la
escala social y
política, instigó la
respuesta del presidente
Barack Obama,
aparentemente
condenatoria de la ley
racista, y promisoria en
cuanto a las
posibilidades de
mejoras. Pasado ya el
tiempo de aquella
preocupación a partir de
la cual se escuchara
expresar al vocero del
Departamento de Estado,
Philip Crowley, que se
enrumbaba la proa hacia
la reforma nacional de
emigración, corren las
noticias de que en
Florida,
acaba de introducirse un
proyecto similar al de
Arizona, ante la
legislatura estatal.
“Los inmigrantes se
sienten acosados,
discriminados,
inseguros, aun si tienen
`papeles´ legales, ya
que corren el mismo
riesgo de ser detenidos
para que las autoridades
averigüen su estatus
legal”, afirma Patricia
Boero, sobre el estado
de ánimo actual de esa
comunidad. “Esto le
puede suceder a
cualquiera, por el solo
hecho de tener `aspecto´
latino. Es una medida
represiva, que busca
chivos expiatorios para
los serios problemas
sociales y económicos
que enfrenta el país.
Ahora, el presidente
Obama intenta introducir
una ley (‘Dream Act’)
que permita permanecer
en el país a los
estudiantes destacados
que no tengan documentos
de residencia; pero
existe una férrea
oposición a esa ley de
parte de las fuerzas
conservadoras del
partido republicano”.
Presencia social,
nulidad política
Lamentablemente, no
puede hablarse de la
existencia de una
comunidad organizada de
latinos en EE.UU. En el
plano político, la
población
hispanohablante, diversa
y fragmentada, no ha
logrado apropiarse del
capital simbólico
necesario para poner
sobre la mesa de
negociaciones una carta
de objetivos que plantee
reivindicaciones para un
bloque social
medianamente
identificado como
potencial fuerza de
cambio.
No obstante, la
presencia cultural de
este segmento
poblacional dentro de la
sociedad norteamericana,
sí se vislumbra como
factor determinante para
encaminar la lucha por
su reconocimiento
social. Es imposible
desconocer, además, la
importancia de las
artes, el cine y los
medios de comunicación
en el proceso de
reconfiguración
identitaria individual
por el que atraviesan
los que algunos han dado
en llamar “latinounidenses”.
Por ello, a pesar de las
limitaciones en los
presupuestos, proliferan
encuentros como el
Latino International
Film Festival (LALIFF)
de Los Ángeles, o el
propio Festival de Cine
de La Habana, que
convoca cada año al
seminario Puentes y más
puentes, para
pensar las culturas
latinas establecidas en
EE.UU. como fuente de
ganancias espirituales
para la propia sociedad.
Boero entiende que “es
importante mantener este
tema vigente; todos
estos encuentros ayudan
a dar a conocer los
filmes, y establecer un
diálogo de solidaridad y
comprensión mutuas”.
La realidad, ¿real?
En el terreno del cine y
el audiovisual, el
panorama sobre la
cuestión latina se
presenta, en un extremo,
a través de la
programación colmada de
estereotipos en algunos
canales comerciales y
por otro, a partir de
pequeñas experiencias
comunitarias que
fomentan la conciencia
de la diversidad
étnico-cultural dentro
de la población hispana.
La inquietud por la
construcción discursiva
de los procesos
migratorios en la
pantalla, ¿expresa,
entonces, la realidad
social de los migrantes?
La ejecutiva de LPB
responde en positivo
esta interrogante: “Sí,
creo que la refleja
desde los diversos
puntos de vista de los
realizadores y
personajes de las
películas. Nosotros
traemos tres ejemplos de
ese tipo de materiales:
Nación de Inmigrantes
narra la historia de
Elvira Arellano, una
mexicana que se refugia
en una iglesia de
Chicago con su hijo; al
final terminan los dos
deportados pero logran
movilizar a millones de
personas que claman por
amnistía para los
indocumentados. Cruz
Reynoso: sembrando las
semillas de la justicia
narra la vida del primer
juez hispano de la corte
suprema de California.
Reynoso obtuvo
importantes mejoras en
la vida y derechos de
los trabajadores
agrícolas y, sin
embargo, el expresidente
Reagan logró derrocarlo
a través de una
furibunda campaña
mediática. 2501
inmigrantes describe
el impacto que tiene la
migración en un pueblito
de Oaxaca, México, que
se ha ido vaciando
debido a la emigración.
Un escultor reemplaza a
cada habitante perdido
al ‘Norte’ con estatuas
de barro que expresan el
dolor y el vacío de su
patria”.
LPB, en efecto, posee
cien títulos como estos
en archivo, ha
programado alrededor de
120 horas en el Public
Broadcasting System, y
ha recaudado varios
millones para apoyar el
trabajo de los
productores
independientes. Pero una
iniciativa de este tipo,
aunque fuerte, queda
aislada en un país donde
la vorágine mediática es
avasalladora. La misma
Boero entiende que “se
hace muy importante la
creación de una red de
televisoras públicas de
contenido inteligente.
Queremos lograr unidad,
pero con conciencia de
nuestras
diferenciaciones. Se
hace necesario saber
quién está de nuestro
lado y quién no”.
La realizadora uruguaya,
quien dirigió varias
películas documentales
mientras vivía en
América Latina en la
década de los 80
—parte
de ellas con la agencia
cubana Prensa Latina—,
asegura tener confianza
definitiva en el género
documental, como manera
efectiva para reflejar
apoyar causas sociales,
aun cuando se globaliza
el modo de vida de la
“generación Y” y la
visión del mundo como el
“ciberentorno”.
El acercamiento al tema
migratorio desde este
género cinematográfico,
sobre todo, es
“absolutamente” efectivo
a juicio de Boero,
porque “contrarresta los
estereotipos negativos
que muestran los medios
masivos en EE.UU.”. Más
que la mirada lastimosa,
la directora ejecutiva
de LPB, explica que el
cine sobre este asunto
“asume una postura de
denuncia y orgullo; la
compasión la deben poner
los legisladores que
controlan el destino de
los inmigrantes”.
Al cine, a los artistas,
corresponde
—así
lo asume Boero—
actuar sobre una
realidad que también
ante los ojos de los
latinos se presenta como
“escenario de
oportunidades; pero que
en esencia es muy
selectiva y se maneja
desde intereses
egoístas”. |