La Habana. Año IX.
11 al 17 de DICIEMBRE
de 2010

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Patricia Boero
Minorías en el cine:
la compasión corresponde a los legisladores
M. M. López • La Habana
Foto: Abel

En EE.UU., donde una de cada diez personas nació fuera de las fronteras nacionales,  Patricia Boero impulsa la organización Latino Public Broadcasting (LPB). El número creciente de los no-nacionales en ese territorio, podría ser apoyatura para el desenvolvimiento fácil de dicha organización, que tiene el propósito de estimular el desarrollo, la producción, adquisición y distribución de filmes no comerciales representativos del pueblo latino. Sin embargo, la misión cobra otros matices en un contexto donde los inmigrantes sufren el doble de la pobreza de los nacidos en ese territorio, y donde las políticas migratorias pocas veces han logrado coherencia entre lo que enuncian y lo que cumplen.

Boero, quien actualmente funge como directora ejecutiva de LPB, intercambió con La Jiribilla sus puntos de vista sobre el fenómeno, a partir de su experiencia como realizadora, abogada y periodista emigrada, que ha trabajado en cadenas como CNN y BBC y ocupado responsabilidades en la dirección del Hispanics in Philanthropy's Transnational Program y el Sundance Institute's International Program.

Mientras la LPB, fundada por el actor Edgar James Olmos en 1998, sedimenta la práctica de “llevar más voces latinas a los media”, en EE.UU., se dan contradicciones como la reciente entrada en vigor —aunque disfrazada en sus aspectos más polémicos— de la ley antiinmigrantes del estado de Arizona. El “ruido” que provocaron las protestas en diferentes niveles de la escala social y política, instigó la respuesta del presidente Barack Obama, aparentemente condenatoria de la ley racista, y promisoria en cuanto a las posibilidades de mejoras. Pasado ya el tiempo de aquella preocupación a partir de la cual se escuchara expresar al vocero del Departamento de Estado, Philip Crowley, que se enrumbaba la proa hacia la reforma nacional de emigración, corren las noticias de que en Florida, acaba de introducirse un proyecto similar al de Arizona, ante la legislatura estatal.

“Los inmigrantes se sienten acosados, discriminados, inseguros, aun si tienen `papeles´ legales, ya que corren el mismo riesgo de ser detenidos para que las autoridades averigüen su estatus legal”, afirma Patricia Boero, sobre el estado de ánimo actual de esa comunidad. “Esto le puede suceder a cualquiera, por el solo hecho de tener `aspecto´ latino.  Es una medida represiva, que busca chivos expiatorios para los serios problemas sociales y económicos que enfrenta el país.  Ahora, el presidente Obama intenta introducir una ley (‘Dream Act’) que permita permanecer en el país a los estudiantes destacados que no tengan documentos de residencia; pero existe una férrea oposición a esa ley de parte de las fuerzas conservadoras del partido republicano”.

Presencia social, nulidad política

Lamentablemente, no puede hablarse de la existencia de una comunidad organizada de latinos en EE.UU. En el plano político, la población hispanohablante, diversa y fragmentada, no ha logrado apropiarse del capital simbólico necesario para poner sobre la mesa de negociaciones una carta de objetivos que plantee reivindicaciones para un bloque social medianamente identificado como potencial fuerza de cambio.

No obstante, la presencia cultural de este segmento poblacional dentro de la sociedad norteamericana, sí se vislumbra como factor determinante para encaminar la lucha por su reconocimiento social. Es imposible desconocer, además, la importancia de las artes, el cine y los medios de comunicación en el proceso de reconfiguración identitaria individual por el que atraviesan los que algunos han dado en llamar “latinounidenses”.

Por ello, a pesar de las limitaciones en los presupuestos, proliferan encuentros como el Latino International Film Festival (LALIFF) de Los Ángeles, o el propio Festival de Cine de La Habana, que convoca cada año al seminario Puentes y más puentes, para pensar las culturas latinas establecidas en EE.UU. como fuente de ganancias espirituales para la propia sociedad. Boero entiende que “es importante mantener este tema vigente; todos estos encuentros ayudan a dar a conocer los filmes, y establecer un diálogo de solidaridad y comprensión mutuas”.

La realidad, ¿real?

En el terreno del cine y el audiovisual, el panorama sobre la cuestión latina se presenta, en un extremo, a través de la programación colmada de estereotipos en algunos canales comerciales y por otro, a partir de pequeñas experiencias comunitarias que fomentan la conciencia de la diversidad étnico-cultural dentro de la población hispana.

La inquietud por la construcción discursiva de los procesos migratorios en la pantalla, ¿expresa, entonces, la realidad social de los migrantes? La ejecutiva de LPB responde en positivo esta interrogante: “Sí, creo que la refleja desde los diversos puntos de vista de los realizadores y personajes de las películas.  Nosotros traemos tres ejemplos de ese tipo de materiales: Nación de Inmigrantes narra la historia de Elvira Arellano, una mexicana que se refugia en una iglesia de Chicago con su hijo; al final terminan los dos deportados pero logran movilizar a millones de personas que claman por amnistía para los indocumentados. Cruz Reynoso: sembrando las semillas de la justicia narra la vida del primer juez hispano de la corte suprema de California. Reynoso obtuvo importantes mejoras en la vida y derechos de los trabajadores agrícolas y, sin embargo, el expresidente Reagan logró derrocarlo a través de una furibunda campaña mediática. 2501 inmigrantes describe el impacto que tiene la migración en un pueblito de Oaxaca, México, que se ha ido vaciando debido a la emigración. Un escultor reemplaza a cada habitante perdido al ‘Norte’ con estatuas de barro que expresan el dolor y el vacío de su patria”.

LPB, en efecto, posee cien títulos como estos en archivo, ha programado alrededor de 120 horas en el Public Broadcasting System, y ha recaudado varios millones para apoyar el trabajo de los productores independientes. Pero una iniciativa de este tipo, aunque fuerte, queda aislada en un país donde la vorágine mediática es avasalladora. La misma Boero entiende que “se hace muy importante la creación de una red de televisoras públicas de contenido inteligente. Queremos lograr unidad, pero con conciencia de nuestras diferenciaciones. Se hace necesario saber quién está de nuestro lado y quién no”.

La realizadora uruguaya, quien dirigió varias películas documentales  mientras vivía en América Latina en la década de los 80 parte de ellas con la agencia cubana Prensa Latina, asegura tener confianza definitiva en el género documental, como manera efectiva para reflejar apoyar causas sociales, aun cuando se globaliza el modo de vida de la “generación Y” y la visión del mundo como el “ciberentorno”.

El acercamiento al tema migratorio desde este género cinematográfico, sobre todo, es “absolutamente” efectivo a juicio de Boero, porque “contrarresta los estereotipos negativos que muestran los medios masivos en EE.UU.”. Más que la mirada lastimosa, la directora ejecutiva de LPB, explica que el cine sobre este asunto “asume una postura de denuncia y orgullo; la compasión la deben poner los legisladores que controlan el destino de los inmigrantes”.  

Al cine, a los artistas, corresponde así lo asume Boero actuar sobre una realidad que también ante los ojos de los latinos se presenta como “escenario de oportunidades; pero que en esencia es muy selectiva y se maneja desde intereses egoístas”.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2010.