La Habana. Año IX.
11 al 17 de DICIEMBRE
de 2010

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

Alberto García Ferrer
Dejación de responsabilidades…
ciudadanos como víctimas
M. G. Lavandero • La Habana
Fotos: Abel

¿Por qué Drácula habla español solamente de noche?, se pregunta Alberto García Ferrer. Y explica: “en 1931, el cine sonoro daba sus primeros signos vitales y las versiones del clásico se filmaban en EE.UU., por la mañana, en inglés y por la noche, en español. Inmediatamente, se produjeron los debates en torno a cuál de las dos versiones podía ser mejor y uno de los elementos a favor de la hablaba en español era el hecho de que había sido filmada de noche, el ambiente natural de los vampiros. Ese mismo año se hizo el primer Congreso Iberoamericano de Cinematografía. En las actas de aquel congreso, se advierten las complicaciones que existen para enfrentar la diversidad de naciones frente al nuevo arte. O sea, mientras en nuestra región se discutía cómo se hablaría en el mundo del cine iberoamericano, los norteamericanos estaban haciendo en español la mejor versión de su serie del vampiro”.  

Quien de tal manera acierta en el coqueteo con la coincidencia de fenómenos, en los albores del cine sonoro, se desempeña como Secretario General de la Asociación de las Televisiones Educativas y Culturales Iberoamericanas: el punto de encuentro entre más de 80 televisoras en la región —tanto autonómicas como públicas— y unas 100 universidades que trabajan en la producción de contenidos para el medio. Entre los proyectos que coordina, sobresale por la amplitud del empeño el Noticiero Cultural Iberoamericano, que puede verse en más de 20 países del área.

García Ferrer no olvida el hecho de que en 1931 la televisión no era siquiera un embrión. Sin embargo, el cineasta y crítico argentino-español-cubano percibe en aquel momento la génesis de un fenómeno hoy mucho más visible: el idioma español ha ido constituyéndose como una fortaleza cultural de la región en términos de creación audiovisual, al punto de ser tomado en cuenta incluso por los más grandes emporios. No obstante, Alberto García Ferrer considera que sin la intervención de académicos, intelectuales, artistas, gobiernos y audiencias en la creación de un verdadero soporte cultural, el desarrollo tecnológico no es más que una serpiente que se muerde la cola.

¿Por qué ha comenzado por el cine, cuando se va a referir a la televisión?

Hay una historia que puede ayudar a explicarlo: a principios de los años 60, en Argentina, un director de periódicos muy conocido estaba creando la revista Primera Plana, a imagen y semejanza del Times. Quería que fuera una revista política; pero los cronistas políticos eran poco reconocidos en aquella época en Argentina. El se preguntaba cómo darles prestigio a los periodistas políticos y la respuesta era obvia: poniendo al frente de la información política a los periodistas más cultos y de mayor prestigio. ¿Y quiénes eran?: los críticos de cine. El cine expresaba la confluencia de todos los caminos de la cultura.

Hoy, si nos hacemos esa pregunta también en relación con el mundo del cine, vemos que ha tenido una transformación. Se es consciente de que ahí hay un instrumento que ha cambiado: llega a las personas de otras maneras. La televisión juega un papel fundamental en el momento en que se pasa de lo analógico a lo digital y pueden existir mucho más canales. De ahí la oportunidad de tener diversidad en ellos, de concebir al medio como un instrumento creativo.

No se trata de decir que la televisión es lo que Dios nos dio y que nunca cambiaremos. Tenemos posibilidades inéditas desde el punto de vista creativo y, ante Internet, tenemos un desafío: es un instrumento muy poderoso, pero las personas pueden hacerse su propia programación. Internet construye también autopistas hacia la nada. El gurú de toda esta historia, Nigroponte, decía al inicio: la fibra óptica no va a salvarnos, lo hará la creatividad.

Pero en EE.UU., incluso, la televisión a veces se plantea formas y conceptos más arriesgados y creativos que el propio cine comercial que se produce en ese país…

Exactamente. Desde EE.UU., toda la información que nos llega indica que el riesgo y la creatividad se han trasladado del cine a la televisión, pues el cine de Hollywood es como un parque de atracciones. Esa televisión está cobijando a los creadores norteamericanos más creativos. Son puentes que también habría que considerar en el campo de la televisión.

La televisión se desarrolla tecnológicamente a la vez que mantiene intacto el modelo comercial, transmisivo en el sentido de la comunicación. En este contexto, ¿cómo se explica que la cultura iberoamericana sea una “potencia global” y, sin embargo, reproduzca en el medio televisivo los mismos esquemas, los mismos procesos?  

En las horas de atraso que tuvo mi vuelo, leí la intervención de Alfredo Guevara cuando lo nombraron Doctor Honoris Causa en la Universidad de Las Villas. Subrayé el momento en que hablaba de la realidad cubana, iberoamericana, mundial. Es una realidad que no es ni remotamente la misma que nos planteábamos hace apenas diez años y ni siquiera hace un lustro.

Lo que se escucha demasiadas veces es que el mundo iberoamericano es una potencia global únicamente en la cultura. Ciertamente, lo somos. Por eso, quizá, la forma de abordar este fenómeno es desde una comunidad de países que incluye a Brasil, España… y compone una fuerza importante que trasciende la lengua. El concepto iberoamericano tampoco me importa demasiado, solo que existe ese conjunto de países que desarrollan una visión cultural integradora y múltiple.

Tal vez se trate de una apuesta mayor: somos parte de un universo mayor. He recordado mucho en estos tiempos unos versos de Borges: “En el espejo de la noche encuentro/ mi insospechado rostro eterno”. Después de 20 años de crecimiento económico, a España le toca ver que forma parte de un conjunto de sociedades, colectivos, países… un colectivo muy grande cuyo poder se centra en lo específico de la cultura.

Una de las estrategias de mercado en relación con la televisión ha sido la de homogeneizar ese público latino como un mismo destino. ¿Cómo se enfoca entonces un proyecto como el del Noticiero Cultural Iberoamericano para abarcar esa amplitud geográfica sin borrar las particularidades culturales que la componen?

Lo más importante ha sido que su programación se estructure no a partir de un centro en España, sino por medio de corresponsales en cada país que nos transmitan sus reportes. Pero no son españoles que han sido enviados de corresponsales, sino periodistas de cada uno de los distintos países que seleccionan los temas de sus trabajos y los enfoques que consideran pertinentes. Es la única manera en que luego, cuando el público de sus países lo vea, pueda reconocerse en esas inquietudes.

Se ve incluso en Rumania… ¿el gancho de “lo exótico” puede funcionar también en el interés por los productos culturales latinos?

Funciona. Y precisamente por eso, creo que hay que insistir en la forma en que el mundo de “lo latino” se vincula al mundo iberoamericano: ese que va desde México hasta la Tierra del Fuego, y luego hasta España y Portugal. Verlo de otra manera sería excluyente. El mercado identifica sectores, grupos; pero el mercado no puede organizar las ideas en torno a la cultura. Al menos, no debemos permitir que suceda.

¿Cuánto pueden obstruir o asistir las políticas culturales de cada país o incluso internacionales a esa televisión cultural, educativa e incluyente que usted defiende?

Las normativas internacionales han definido el conjunto de la cultura y esta se ha desarrollado al tiempo de ocupar espacios académicos. Recuerdo aquella de 2004 acerca del rol de la cultura: no es la cultura la guinda del pastel, sino el pastel mismo. Sin embargo, no es un mundo al que podamos definir, sino un ámbito que compartimos todos, y habría que valorar la inclusión de un enorme colectivo en un campo más amplio: la cultura iberoamericana. Pero la televisión es muy diversa y las políticas son distintas.

Creo que esta es una oportunidad para que los países de América Latina —que con el tema de la televisión han dado libertad al mercado, no han intervenido y las televisiones privadas han definido las reglas del juego— y sus gobiernos amplíen las posibilidades de los seres humanos de acercarse a la televisión. Les corresponde otro modelo mucho más participativo y las nuevas tecnologías lo permiten. Si no están a su alcance, al menos puede ser un modelo más creativo.

Sin embargo, sucede también que los intelectuales suelen alejarse de los medios masivos en lo que respecta a aportar ideas que mejoren su proceso de producción, sus conceptos de fondo, su valor estético y cultural. En otras palabras, la dan como un caso perdido…

Eso pasa en todas partes. Históricamente, incluso los cineastas habían visto a la televisión como algo menor, hasta que advirtieron su potencial como fuente de financiamiento de las propias películas y empezaron a valorarla. Jesús Martín Barbero, teórico latinoamericano, ha dicho: “¿cómo los intelectuales, académicos y políticos van a tener alguna propuesta en relación con la televisión, si lo único que les nace es apagarla?”. No es más que una dejación de responsabilidades. Eso tiene que ver con que la televisión mueve mucho dinero y las corporaciones les dicen: no te metas, esto es mío. Y desisten.

Pero el paso de lo analógico a lo digital implica que por donde antes pasaba un canal, ahora pasan seis. Eso debe ser aprovechado por los gobiernos para buscar alternativas de sostenibilidad y de creación de nuevas propuestas. Dejar la responsabilidad a otros hace que se mantenga el fabuloso negocio que están haciendo otros y que las víctimas sigan siendo los ciudadanos. La televisión tiene mucho más que ofrecer y tenemos que apropiarnos todos de ella. Al menos, esa es la función de una televisión pública, donde participen ciudadanos, profesionales del medio, gobiernos, intelectuales, artistas… Si no, es una serpiente que se muerde la cola.

 
 
 
 
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2010.