|
Al periodista francés
Bernard Cassen,
generalmente se le ubica
junto a las más diversas
iniciativas de los
movimientos sociales.
Quien también se ha
convertido en uno de los
más destacados
intelectuales dedicados
al análisis del fenómeno
de la globalización,
figuró entre los
promotores de los
primeros Foros Sociales
Mundiales y hasta hace
poco dirigió junto con
su colega Ignacio
Ramonet el periódico
Le Monde Diplomatique.
No es raro, entonces,
que Cassen responda ante
las invitaciones de Cuba
para asistir a eventos
teóricos como el que
este año promovió el
Festival de Nuevo Cine
Latinoamericano bajo el
título “Los
intelectuales y el
planeta”.
Durante la edición anterior del
evento cinematográfico,
el también presidente de
honor de la Asociación
por una Tasa sobre las
Transacciones
especulativas para la
Ayuda a los Ciudadanos (ATTAC),
espetó la frase con la
cual llamaba a mirar el
mundo desde el prisma de
la supervivencia del
planeta. “No creo en el
capitalismo verde”,
dijo. Su tesis, sobre
los cambios necesarios
para la preservación de
la existencia de la
Tierra se construye
sobre la idea de que
cada uno de sus
habitantes debe tener la
misma impronta
ecológica. Pero la
crisis climática,
advierte, “más que un
carácter ambiental, es
la crisis de la
dominación sobre toda la
vida social y política”.
Para Cassen, la crisis global
contemporánea no se
relaciona de manera
única con el cambio
climático; es
multifacética y revela
una profunda crisis
ecológica donde las
organizaciones se
conciben independientes
de los ecosistemas y
donde la competencia
entronizada supone una
dinámica depredadora.
Al referirse a este panorama sin
referentes en la
historia de la
humanidad, el teórico
francés cita al
presidente ecuatoriano
Rafael Correa:
“asistimos a un cambio
de época”. Lo indica, el
cuestionamiento a gran
escala de la forma de
desarrollo capitalista,
aunque la voluntad
legítima de algunos
países de salir de la
pobreza, se confunda
enceguecida por el
tradicional modelo de
consumo que pondera el
crecimiento económico al
costo del saqueo de los
recursos naturales.
“América Latina:
where the action is”
En la cima de los
esfuerzos por el rescate
de la justicia social,
la recuperación de los
bienes públicos y el
mejoramiento de las
relaciones Norte-Sur, se
ubican los procesos
políticos de América
Latina, según estima
Bernard Cassen. “Es la
única región del mundo
donde ocurren eventos
positivos de los cuales
se pueden sacar
lecciones. Nosotros
tenemos que
aprovecharnos al máximo
para introducir estas
temáticas en el ambiente
político francés
mediante coloquios y
conversaciones con
dirigentes, incluso
socialistas”.
América Latina, el escenario de las
más grandes
movilizaciones sociales
actuales, ha
experimentado el éxito
de los Foros Sociales
Mundiales, que, como
señala Cassen, ofrecen
la posibilidad de que
“alguien de la India o
de cualquier otro país,
un campesino, un
ecologista ecuatoriano,
un obrero
norteamericano, se
percataron de que
tenían más elementos en
común que diferenciantes,
porque las políticas
discriminatorias y
opresivas eran las
mismas para todos. En
estos espacios se crean
alianzas,
articulaciones, para
formar un frente común
que cada vez se hace más
grande”.
El movimiento altermundista
experimenta, sin
embargo, algunas
fracturas: “se compone
de una gama muy extensa,
reúne a todo tipo de
gente: sindicatos, ONG,
iglesias, organizaciones
de solidaridad, etc.
Cada una de estas
organizaciones tiene su
propia célula, el papel
de un sindicato no es el
mismo que el de una red
de solidaridad con una
causa. Ellos participan,
pero individualmente
representan actividades
o procesos distintos.
“La carta de principios de los Foros
Sociales Mundiales
establece que el foro no
es una entidad, que
nadie puede hablar en
nombre del foro, no se
emite un comunicado
final; sino que es a la
vez un espacio y un
proceso. Pero esta carta
de principios fue
redactada en una época
durante la cual había
una muralla muy grande
sin fisuras por parte de
casi todos los gobiernos
del mundo. Últimamente,
gobiernos de izquierda
en Venezuela, Bolivia y
Ecuador han lanzado
políticas de
transformación muy
importantes. En
particular,
transformaciones que
nosotros estábamos
demandando en los foros
a nuestros gobernantes.
Pero los activistas
sociales no se
involucran, porque
existe la sacrosanta
idea de que el
movimiento social debe
quedarse fuera de la
política”.
El
posaltermundialismo
El cambio de las realidades del
continente americano, ha
provocado la
reconceptualización de
los fenómenos alrededor
de las alternativas a la
dominación hegemónica
imperialista: “Hemos
lanzado el concepto de
posaltermundialismo
—explica el periodista
francés—, que se traduce
en que debe continuar lo
que el movimiento
altermundialista está
haciendo, porque el
proceso de aglutinación,
lejos de ser infalible,
tiene divisiones en todo
el mundo y otras fuerzas
sociales de países como
China, Rusia o el Medio
Oriente no están
incorporadas.
“Pero simultáneamente, se deben
imaginar formas de
articulación entre
algunos movimientos
sociales, partidos
políticos y gobiernos,
alrededor de temas
particulares. No se
trata de subordinación,
sino que sobre algunas
cuestiones podemos
construir un frente
común, donde cada uno
conserve su autonomía.
“Las cumbres y los foros son pasos
positivos, pero los
cambios concretos se
hacen en cada país, con
demandas diferentes. No
hay dos situaciones
iguales, incluso en
países desarrollados. No
veo solución a los
grandes problemas sin
una alianza selectiva
entre los movimientos
sociales, partidos y
gobiernos, por alcance
que pude tener la
totalidad de sus
acciones. Se pueden
compartir criterios en
cuanto a determinados
asuntos y divergir en
otros, pero lo
importante es permanecer
juntos”.
Warning
Mientras la derecha
asume una actitud
pragmática respecto a
los gobiernos
progresistas, solo en
función del dinero,
desde la desteñida
izquierda se lanzan los
más crudos ataques. Lo
que inquieta a estos
grupos, según ha
estudiado Cassen, es que
“que dirigentes
políticos con coraje
pueden cambiar el curso
de la historia, pueden
decir `No´ a la
socialdemocracia. Los
socialdemócratas, cuando
ven que otra parte de la
izquierda está
levantando cambios
estructurales muy
fuertes, se consumen en
la vergüenza, aunque la
realidad es que ellos
han renunciado
completamente a todo
cambio profundo”.
Por otra parte, en un
contexto donde los
procesos políticos
acaecen a ritmos
acelerados casi sin
precedentes, el
acortamiento del tiempo
histórico es otro de los
enemigos potenciales de
la acción de las fuerzas
populares en pos de la
sobrevivencia del
planeta: “No hay otra
opción que presionar por
todos los métodos.
Formar un gran
movimiento de ideas, un
gran consenso no
solamente superficial,
sino profundo, que debe
motivar cuando es la
propia vida de la gente
la que está en juego.
Únicamente una multitud
de acciones puede hacer
cambiar la sociedad, o
la aparición de un país
grande que decida
cambiar radicalmente, a
un precio alto,
quebrando su sistema
comercial y financiero”.
El rol de los
intelectuales
Para Cassen queda claro que
enfrentamos una
situación que obliga al
cambio y que “para
salvar el planeta no hay
otra opción que salir
del capitalismo”. Pero,
¿ir hacia dónde?: “La
pregunta es abierta y se
extiende a cómo
movilizar las fuerzas
potenciales que son los
movimientos sociales,
las organizaciones
políticas que están en
esa lucha. En el
trayecto van apareciendo
las herramientas que se
perfilan más como
preguntas que como
respuestas.
“Ahí entra en escena el intelectual.
El cineasta, el
investigador, el
profesor, científico, el
periodista o el
sindicalista debe
proponerse contribuir a
contestar la pregunta
general sobre cómo
cambiar la relación
actual de fuerzas.
Primero, ha de pensarse
en el dominio de las
ideas, porque las ideas
son el motor de los
cambios. La revolución
francesa fue producto de
las ideas, como la
ilustración de las
mentes de Voltaire o
Rousseau. Fidel Castro
tuvo el revés del Granma
en que sobrevivieron
unos pocos compañeros,
pero el avance de sus
ideas finalmente
desembocó en la
Revolución. Todo pasa
primero en las mentes y
después en la realidad.
Seguro la lucha va a ser
feroz, y por ello, hemos
de formar gente bien
armada teórica, política
y moralmente. Ese es el
papel que nos
corresponde como
intelectuales”. |