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Con el triunfo con el
máximo premio Coral,
inesperado pero
merecido, para La
vida útil, de
Uruguay, segundo
largometraje de Federico
Veiroj, se puso fin a
diez jornadas de
diciembre destacadas por
los cines inundados como
nunca de público, y la
fuerte competencia entre
películas
latinoamericanas de
altísima calidad, como
reconocieron en su
momento los jurados, la
prensa especializada
acreditada y el público.
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De Uruguay procede
también la aterrorizante
La casa muda, que
alcanzó mención en el
concurso de Óperas
Primas, en el cual fue
demarcada la mayor
contribución artística
en la argentina
Rompecabezas, de
Natalia Smirnoff, muy
realzada por la
actuación protagónica de
María Onetto, quien
salió de La Habana
desprovista de premios
solo debido a que esta
sección de la
competencia no entrega
premios por
especialidad. Debe
añadirse que uno de los
premios más ansiados del
evento, el de guión
inédito (porque consiste
en importe económico que
tal vez permite iniciar
la realización de la
película) también
correspondió a Uruguay,
con Clever,
escrito a dos manos por
Federico Borgia Stagnaro
y Guillermo Madeiro
Bonelli.
Si bien La vida útil,
y su sensible
descripción del cine de
arte y ensayo tal y como
se entendió hasta
finales del siglo XX, se
hizo del Coral máximo
—aparte de un único
premio por especialidad
(a la mejor banda
sonora)— la chilena
Post Mortem, de
Pablo Larraín se llevó
la mayor cantidad de
galardones, además del
enardecido favor de los
críticos y del público
en general: ganó el
segundo premio Coral,
las mejores actuaciones
masculina y femenina
(para Alfredo Castro y
Antonia Zegers), mejor
guión y el premio de la
prensa internacional
acreditada en el evento.
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Post Mortem |
El cine argentino y el
chileno estuvieron
marcando el paso en
cuanto a calidad y
cantidad. En la recta
final, alcanzó el Premio
Especial del Jurado la
argentina La mirada
invisible, de Diego
Lerman, mientras que la
muy polémica Por tu
culpa, de Anahí
Berneri, fue reconocida
como la mejor edición
del evento. En
coproducción con
Colombia, el argentino
Nicolás Entel ganó el
máximo galardón de la
competencia documental
por Pecados de mi
padre, con el
testimonio del hijo de
Pablo Escobar, el capo
de la droga.
Chile, además de
presentar uno de los
largometrajes más finos
y conmovedores del
evento, con La vida
de los peces, de
Matías Bize (totalmente
ignorada por el jurado,
que evidentemente
menosprecia las
películas “de amor”),
alcanzó el segundo
premio Coral en la
competencia de
documentales con El
edificio de los chilenos,
y el Premio Especial del
Jurado, de esa misma
competencia por El
tesoro de América: el
oro de Pascua Lama,
de Carmen Castillo, la
destacada autora de
La flaca Alejandra y
Calle Santa Fe.
Para acabar de confirmar
la vocación austral en
los Corales de este año,
alcanzó mención entre
los documentales, el
paraguayo Cuchillo de
palo, mientras que
la animación entregó sus
principales premios a la
brasileña Sambatown,
el segundo lugar a la
argentina Marcela,
y el tercero a la
también chilena El
alicanto y la veta de
cobre. A todo ello
se añadió el hecho de
que el filme elegido
para el premio de
postproducción en el
segmento Latinoamérica
primera copia recayó en
la argentina Las
acacias, de Pablo
Giorgelli.
En cuanto a otras
cinematografías,
localizadas en latitudes
geográficas más cercanas
a la nuestra, México
acaparó el tercer premio
Coral y el de mejor
música original por
Las buenas hierbas,
de María Novaro, en
tanto la épica
Chicogrande se hizo
del importante galardón
a la mejor fotografía, y
la muy intimista y cuasi
documental Alamar
presidió la competencia
de óperas primas. En
este rubro alcanzaron el
segundo y el tercer
lugar, respectivamente,
la peruana Octubre,
y la
costarricense-colombiana
Del amor y otros
demonios. El Premio
Especial del Jurado, en
cuanto a las Óperas
Primas, fue para la
multipremiada Hermano,
de Venezuela. La
competencia de cineastas
debutantes absorbió como
nunca el interés de los
críticos y del público,
en igual o mayor medida
que la llamada
competencia principal.
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Y finalmente, los
premios de Cuba, que
también los hubo, y de
gran importancia, aunque
tal vez no llegaron los
Corales en el número ni
la jerarquía que
esperaban algunos, de
acuerdo con el número y
la calidad de nuestra
embajada fílmica. Entre
las cubanas, la película
más premiada resultó,
como era de esperarse,
José Martí, el ojo
del canario, que
alcanzó galardones como
mejor dirección, mejor
dirección de arte,
cartel, y premio Signis,
además de ocho
colaterales, entre los
cuales se destacó la
elección de la UNEAC,
del Centro Martin Luther
King, de la Asociación
Cubana de la Prensa
Cinematográfica, UNICEF,
Radio Habana Cuba y la
Federación Nacional de
Cineclubes. De esta
manera, Fernando Pérez
se convierte en uno de
los cineastas más
premiados en estos
eventos, desde
Clandestinos hasta
Madrigal, pasando
por La vida es
silbar,
Madagascar y
Hello Hemingway,
todas premiadas en este
Festival.
Casa vieja,
de Lester Hamlet fue
elegida por el público
cubano como el filme más
popular del evento, y el
jurado oficial le otorgó
una mención del jurado
oficial. El mejor corto
fue el humorístico
Los bañistas, del
joven Carlos Lechuga,
mientras que Chamaco,
de Juan Carlos Cremata
alcanzó el premio Alba
Cultural primera copia.
La coproducción
cubano-brasileña
Memoria cubana, de
Alice de Andrade e Iván
Nápoles fue elegida para
el tercer premio Coral
en la competencia de
documentales y el
animado Nikita Chama
Boom, del clásico
Juan Padrón, escaló
hasta el Premio Especial
del Jurado en la
correspondiente
competencia.
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Pero aparte de las
sorpresas cubanas,
premiadas o no, el
descubrimiento luminoso
de este año provino de
las calidades fomentadas
por el más joven cine
chileno y uruguayo.
Aunque por supuesto las
cinematografías
tradicionales del área,
México y Argentina,
Brasil en menor medida,
se las arreglaron para
acaparar algunos premios
principales, y siempre,
la atención de los
cinéfilos cubanos. Al
final, cada espectador
recordará el Festival
por sus películas
preferidas,
independientemente de
que recibieran el
beneplácito de los
jurados vía Coral.
En mi opinión, sin
entrar en odiosas
jerarquías de ordenar
numéricamente mis
preferencias, y
excluyendo las cubanas,
recordaré durante mucho
tiempo las chilenas
Post Mortem y La
vida de los peces,
las argentinas
Carancho, Los
labios y La
mirada invisible, la
peruana Octubre,
la costarricense Del
amor y otros demonios,
las mexicanas Alamar
y Las buenas hierbas,
la venezolana Hermano,
y la brasileña Sueños
robados. Contienen
imágenes que me
acompañarán durante
mucho tiempo. |