La Habana. Año IX.
11 al 17 de DICIEMBRE
de 2010

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32 festival internacional del nuevo cine latinoamericano
Principales Corales se fueron de paseo
al cono sur
Joel del Río • La Habana

Con el triunfo con el máximo premio Coral, inesperado pero merecido, para La vida útil, de Uruguay, segundo largometraje de Federico Veiroj, se puso fin a diez jornadas de diciembre destacadas por los cines inundados como nunca de público, y la fuerte competencia entre películas latinoamericanas de altísima calidad, como reconocieron en su momento los jurados, la prensa especializada acreditada y el público.

De Uruguay procede también la aterrorizante La casa muda, que alcanzó mención en el concurso de Óperas Primas, en el cual fue demarcada la mayor contribución artística en la argentina Rompecabezas, de Natalia Smirnoff, muy realzada por la actuación protagónica de María Onetto, quien salió de La Habana desprovista de premios solo debido a que esta sección de la competencia no entrega premios por especialidad. Debe añadirse que uno de los premios más ansiados del evento, el de guión inédito (porque consiste en importe económico que tal vez permite iniciar la realización de la película) también correspondió a Uruguay, con Clever, escrito a dos manos por Federico Borgia Stagnaro y Guillermo Madeiro Bonelli.

Si bien La vida útil, y su sensible descripción del cine de arte y ensayo tal y como se entendió hasta finales del siglo XX, se hizo del Coral máximo —aparte de un único premio por especialidad (a la mejor banda sonora)— la chilena Post Mortem, de Pablo Larraín se llevó la mayor cantidad de galardones, además del enardecido favor de los críticos y del público en general: ganó el segundo premio Coral, las mejores actuaciones masculina y femenina (para Alfredo Castro y Antonia Zegers), mejor guión y el premio de la prensa internacional acreditada en el evento.


 Post Mortem

El cine argentino y el chileno estuvieron marcando el paso en cuanto a calidad y cantidad. En la recta final, alcanzó el Premio Especial del Jurado la argentina La mirada invisible, de Diego Lerman, mientras que la muy polémica Por tu culpa, de Anahí Berneri, fue reconocida como la mejor edición del evento. En coproducción con Colombia, el argentino Nicolás Entel ganó el máximo galardón de la competencia documental por Pecados de mi padre, con el testimonio del hijo de Pablo Escobar, el capo de la droga.

Chile, además de presentar uno de los largometrajes más finos y conmovedores del evento, con La vida de los peces, de Matías Bize (totalmente ignorada por el jurado, que evidentemente menosprecia las películas “de amor”), alcanzó el segundo premio Coral en la competencia de documentales con El edificio de los chilenos, y el Premio Especial del Jurado, de esa misma competencia por El tesoro de América: el oro de Pascua Lama, de Carmen Castillo, la destacada autora de La flaca Alejandra y Calle Santa Fe.

Para acabar de confirmar la vocación austral en los Corales de este año, alcanzó mención entre los documentales, el paraguayo Cuchillo de palo, mientras que la animación entregó sus principales premios a la brasileña Sambatown, el segundo lugar a la argentina Marcela, y el tercero a la también chilena El alicanto y la veta de cobre. A todo ello se añadió el hecho de que el filme elegido para el premio de postproducción en el segmento Latinoamérica primera copia recayó en la argentina Las acacias, de Pablo Giorgelli.

En cuanto a otras cinematografías, localizadas en latitudes geográficas más cercanas a la nuestra, México acaparó el tercer premio Coral y el de mejor música original por Las buenas hierbas, de María Novaro, en tanto la épica Chicogrande se hizo del importante galardón a la mejor fotografía, y la muy intimista y cuasi documental Alamar presidió la competencia de óperas primas. En este rubro alcanzaron el segundo y el tercer lugar, respectivamente, la peruana Octubre, y la costarricense-colombiana Del amor y otros demonios. El Premio Especial del Jurado, en cuanto a las Óperas Primas, fue para la multipremiada Hermano, de Venezuela. La competencia de cineastas debutantes absorbió como nunca el interés de los críticos y del público, en igual o mayor medida que la llamada competencia principal.

Y finalmente, los premios de Cuba, que también los hubo, y de gran importancia, aunque tal vez no llegaron los Corales en el número ni la jerarquía que esperaban algunos, de acuerdo con el número y la calidad de nuestra embajada fílmica. Entre las cubanas, la película más premiada resultó, como era de esperarse, José Martí, el ojo del canario, que alcanzó galardones como mejor dirección, mejor dirección de arte, cartel, y premio Signis, además de ocho colaterales, entre los cuales se destacó la elección de la UNEAC, del Centro Martin Luther King, de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica, UNICEF, Radio Habana Cuba y la Federación Nacional de Cineclubes. De esta manera, Fernando Pérez se convierte en uno de los cineastas más premiados en estos eventos, desde Clandestinos hasta Madrigal, pasando por La vida es silbar, Madagascar y Hello Hemingway, todas premiadas en este Festival.

Casa vieja, de Lester Hamlet fue elegida por el público cubano como el filme más popular del evento, y el jurado oficial le otorgó una mención del jurado oficial. El mejor corto fue el humorístico Los bañistas, del joven Carlos Lechuga, mientras que Chamaco, de Juan Carlos Cremata alcanzó el premio Alba Cultural primera copia. La coproducción cubano-brasileña Memoria cubana, de Alice de Andrade e Iván Nápoles fue elegida para el tercer premio Coral en la competencia de documentales y el animado Nikita Chama Boom, del clásico Juan Padrón, escaló hasta el Premio Especial del Jurado en la correspondiente competencia.

Pero aparte de las sorpresas cubanas, premiadas o no, el descubrimiento luminoso de este año provino de las calidades fomentadas por el más joven cine chileno y uruguayo. Aunque por supuesto las cinematografías tradicionales del área, México y Argentina, Brasil en menor medida, se las arreglaron para acaparar algunos premios principales, y siempre, la atención de los cinéfilos cubanos. Al final, cada espectador recordará el Festival por sus películas preferidas, independientemente de que recibieran el beneplácito de los jurados vía Coral.

En mi opinión, sin entrar en odiosas jerarquías de ordenar numéricamente mis preferencias, y excluyendo las cubanas, recordaré durante mucho tiempo las chilenas Post Mortem y La vida de los peces, las argentinas Carancho, Los labios y La mirada invisible, la peruana Octubre, la costarricense Del amor y otros demonios, las mexicanas Alamar y Las buenas hierbas, la venezolana Hermano, y la brasileña Sueños robados. Contienen imágenes que me acompañarán durante mucho tiempo.  

 
 
 
 

COBERTURA ESPECIAl del 32 festival de cine

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2010.