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Asistir a un
concierto en la hermosa
sala del Oratorio San
Felipe Neri puede ser
una experiencia
edificante.
Pareciera que su razón
de ser hubiera sido
siempre la de
“congregar” a los
amantes de la música.
Pero la propia historia
del edificio demuestra
que la vida sigue su
transcurso y toma los
giros que los humanos
menos esperan.
Un tanto apartado del
trasiego habitual de
viandantes, el edificio
que alberga a la sala de
concierto del Oratorio
de San Felipe Neri
parece esconderse del
mundanal ruido, si eso
fuera posible.
Ubicada en la misma
esquina de Obrapía y
Aguiar era, según el
arquitecto cubano
Joaquín Weiss, una
fachada sencilla con un
“remate decorativo muy
barroco (…) bien
calculado para elevar
las proporciones de
conjunto hacia arriba y
proveer un adecuado
contrapunto a la torre”.
Lamentablemente la torre
ya no está.
El destino primigenio
del oratorio fue, como
su nombre lo indica, el
de servir de sede a
la Congregación
de los Oratorianos,
orden religiosa fundada
en La Habana en 1666,
por el obispo Juan de
Santo Matía Sáenz de
Mañozca y Murillo.
Al momento de la
fundación de la orden,
sus miembros tuvieron
como diócesis la vieja
y en mal estado
Parroquial Mayor de la
ciudad, hasta que el 13
de noviembre de 1693,
después de varios años
de peregrinar por
“intramuros” por fin
tuvieron casa propia
cuando se les fabricó un
nuevo templo.
La situación de la
Parroquial Mayor era tan
precaria ―razón por la
que los oratorianos en
su momento se movieron
de allí con sus
“cheles”—, que los
enterramientos de
ilustres, que comúnmente
se hacían dentro de la
parroquial, se
diseminaron en otros
templos de La Habana.
La nueva iglesia de San
Felipe Neri ahora
sede de la Congregación
de los Oratorianos, se
convirtió también en
cementerio, con el mayor
número de inhumaciones
(406) registradas entre
el 27 de octubre de 1775
hasta 1783.
Segundo destino
Lo verdaderamente
curioso comienza un poco
antes porque los
Oratorianos fueron
desalojados de allí en
1762, durante la
ocupación inglesa, pues
los “casacas rojas la
solicitaron” al obispo
católico español para
realizar sus cultos
protestantes.
De modo que los
oratorianos solo
vivieron 69 años en la
edificación, pues se
afirma que tras la
partida británica nunca
más volvieron a poner un
pie en ella dejando a un
síndico la
administración del
inmueble.
Tercer destino
La iglesia fue luego
baluarte de 29 miembros
de la Orden de los
Capuchinos, quienes la
ocuparon el 12 de junio
de 1784, luego de
desembarcar y,
directamente desde el
muelle, ir en procesión,
con sus estandartes,
crucifijos y demás
ornamentos. Cuentan que
los frailes encontraron
demasiado lujoso el
edificio para el estilo
de vida espartana que
preconizaban.
Con todo y a pesar de
eso y de que el Rey, el
Gobernador y las propias
autoridades
eclesiásticas
prometieron construirles
una sede apropiada, los
Capuchinos vivieron en
el Oratorio de San
Felipe Neri nada más
y nada menos que ¡103!
años.
En 1841 se comienzan a
aplicar las leyes para
suspender las órdenes
religiosas y la
confiscación de sus
bienes, de lo cual
resultó que de 19
conventos que había en
toda la isla, quedaron
ocho, uno por cada orden
religiosa existente.
La iglesia de San Felipe
Neri fue a partir de
entonces solo iglesia, y
quedaba abierta al
culto, atendida por
grupos de sacerdotes
secularizados o
congregados de la Orden
de los Capuchinos.
Cuarto destino
El 26 de abril de 1887,
la Congregación de los
Padres Carmelitas
Descalzos se hace cargo
de la iglesia y el
edificio recibe
su
primera reparación
capital ya que con cada
cambio de dueño,
inquilino y condición,
cada quien agregaba o
suprimía un detalle.
Treinta y siete
años después,
el 20 de julio de 1924,
los Carmelitas oficiaron
una misa rezada para
anunciar el fin de su
permanencia en el
oratorio, y su traslado
a la nueva parroquia de
Nuestra Señora del
Carmen, ubicada en la
calle Infanta esquina a
Neptuno.
Poco después anunciaban
que vendían la
edificación al Banco del
Comercio S.A. por la
suma de $ 268 000.
Destinos quinto, sexto,
séptimo
Desde agosto de 1926
hasta abril de 1928 y
bajo la dirección del
señor Manuel Couto,
comenzó la remodelación
del inmueble con el
objetivo de adaptar un
edificio religioso a las
necesidades del Banco de
Comercio S.A. que
presupuso eliminar la
torre campanario,
colocar una caja fuerte
en el lugar que ocupaba
el presbiterio, ajustar
espacios para oficinas
mostradores, ventanillas
y baños que obligaron a
cambiar el espacio
interno.
A partir de 1952, el
oratorio, convertido
francamente en
“recaudatorio” pasó a
ser sucursal bancaria
del The Trust Company of
Cuba.
Luego, en 1959, la
revolución nacionalizó
la banca, y el edificio
fue sucursal del Banco
Nacional y finalmente
fue la Casa de Acuñación
de la Moneda de Cuba,
hasta finales de la
década de los 80.
¿Último destino?
A partir del año 2003,
el Oratorio de San
Felipe Neri se destinó
por la Oficina del
Historiador de la Ciudad
a sala de concierto del
arte lírico, luego de
una reparación capital
que le ha dado esplendor
y una función social que
nunca sospecharon
Oratorianos, Capuchinos,
Carmelitas Descalzos,
soldados ingleses,
bancarios y hacedores de
monedas. |