La Habana. Año IX.
18 al 24 de DICIEMBRE
de 2010

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Mi Pogolotti querido

Una familia y un barrio en la pantalla

         Anelore Barros • La Habana

Fotos: Alain Gutiérrez

De muy humano y hermoso calificó el ministro cubano de Cultura, Abel Prieto, el documental Mi Pogolotti querido, de la italiana Enrica Viola, estrenado en la 32 edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, ante la mirada atenta y emocionada de un grupo de vecinos de ese barrio habanero.

Al estreno del filme asistieron, además de Abel Prieto, el presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Miguel Barnet, y la destacada intelectual de la Isla Graziella Pogolotti, última descendiente de esa familia italiana que llegó a Cuba a principios del siglo XX. También estuvo presente, entre otros, Víctor Casaus, director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, institución que ha sido la contraparte cubana en la producción del filme. El Centro participó también en la elaboración del cartel de la cinta, realizado por la diseñadora Katia Hernández el cual contó con el apoyo del fotógrafo Alain Gutiérrez, productor del proyecto. El cartel fue impreso en el taller de serigrafía Portocarrero, en la capital cubana.

Sobre el documental y la historia narrada en él, conversamos con su autora: 

¿Cómo ha sido su trayectoria como realizadora?

Mi Pogolotti querido es mi último trabajo, pero no el primero. Comencé en 1998, después de terminar mis estudios sobre documentales de corte social en Turín, una ciudad al norte de Italia, donde vivo actualmente. Luego comencé a trabajar para la televisión nacional, donde hice algunos sobre el performance o arte de acción y música. Este documental es para mí como un regreso a mis primeros estudios. Es creativo, es la historia de la familia Pogolotti, una familia italiana que emigró a Cuba a principios del XX.

¿Podría relatarnos sobre la historia que muestra el documental?

El primero de los Pogolotti de los que hablo, emigró a finales del siglo XIX de Italia a Nueva York y, posteriormente, a Cuba. En aquella ciudad de EE.UU. había trabajado como profesor de francés y contraído matrimonio con una de sus alumnas, con quien, más adelante, a principios del siglo XX, llegó a Cuba como asistente y traductor del cónsul norteamericano. La Habana necesitaba en esos momentos que se construyeran nuevos barrios y casas, pues había mucha emigración del campo a la ciudad. Alrededor de 1900 se había promulgado una ley relativa a la construcción de barrios para obreros. Dino Pogolotti adquirió en esos momentos unas tierras cercanas a Marianao, en la zona donde se planificaba extender la urbanización, es decir, la ciudad. Así se inició el proyecto en el que se edificaron, inicialmente, mil casas para obreros.

La historia narrada es la de ese barrio que aún existe: muy vivo, con muchos colores y ritmos. Cuando vine aquí por primera vez para contar la historia de la familia Pogolotti, quería ir a ese lugar, y lo que encontré está en el documental: una mixtura entre la historia de la familia Pogolotti y la de las personas encontradas allí. La principal protagonista es la señora Graziella Pogolotti, quien es la última de estas tres generaciones; el primero fue Dino Pogolotti, fundador del barrio; luego Marcelo Pogolotti, quien fuera un pintor vanguardista en Cuba y, finalmente, su hija, Graziella Pogolotti, una personalidad de la cultura y la intelectualidad en este país. Ella narró la historia de la familia y además añadimos la de las personas del barrio.

Comenzamos a preparar el documental en 2008, después hicimos las grabaciones en abril y mayo de 2009, y lo finalizamos en Italia, en 2010.

¿Por qué se decidió a hacer un documental acerca de esta familia y este pequeño barrio de La Habana?

La emigración italiana hacia Cuba fue muy pequeña. Fue mayor hacia EE.UU. y otros países de América como Argentina. Es una emigración que debe ser estudiada. En Italia sabemos muy poco o nada de las familias que se desplazaron a este país. No sabíamos que hubo un italiano que llegó aquí y fundó un barrio; ni un pintor como Marcelo Pogolotti, importante exponente de la vanguardia artística en el continente, descendiente de italianos; ni que su hija Graziella aún estaba en Cuba, y es además una personalidad en la vida cultural cubana.

Todo ello fue muy interesante. En el documental, la historia de la familia es un vínculo para contar las historias de las personas que viven ahora allí, ellos te hablan sobre la historia de Cuba y las suyas propias; todo está relacionado.

¿Contó usted con la ayuda de instituciones cubanas para hacer el documental? 

Cuando llegamos aquí, teníamos muy poco en producción; pero encontramos el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y a su director Víctor Casaus, que accedieron a ser nuestra contraparte en la producción, pues no era fácil para nosotros venir aquí y hacerlo todo solos. Nos encantó trabajar con el Centro, pues Víctor Casaus entendió las condiciones en que nosotros trabajábamos (éramos un equipo de tan solo cinco personas, con muy pocos recursos); él nos dio la bienvenida y una gran ayuda, incluyendo el apoyo de la asistente de producción Yuslemis Escobar. El Centro Pablo no es una institución grande, sino un pequeño centro cultural, pero nos era mucho mejor y más práctico trabajar con ellos, con una pequeña estructura, pues cualquier problema que tuviéramos era fácilmente solucionado por Víctor o Yuslemis, con seriedad y profesionalidad.

¿Tiene planes de hacer nuevos documentales en Cuba? 

Me encantaría. Este documental no es el final y podría ser desarrollado aún más, de hecho pienso en la historia del pintor Marcelo Pogolotti, que es muy peculiar, y al que le dedico una pequeña parte en el documental; la historia de Marcelo, como ser humano y como pintor es muy interesante. Igual puedo decir de las historias de todas las personas que conocí en el barrio Pogolotti, que podrían hacer un documental por sí mismas, y Graziella Pogolotti, una extraordinaria mujer de este país. Cuba es un lugar maravilloso para eso, puedes encontrar historias en todas partes.

¿Qué opinión le merece el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano?

Estoy muy impresionada por la riqueza de todos los productos cinematográficos que hay en Latinoamérica, por el realismo con que exponen. Hay mucho que aprender y tomar de las personas que vienen aquí. He podido ver el panorama completo de lo que es hoy el cine latinoamericano.

En Europa no puedes encontrar fácilmente muestras de cine latino, excepto en las grandes ciudades como Londres o París. En Italia, por ejemplo, solo llega lo que podría decirse que es “la punta del iceberg” de lo que pasa hoy en Latinoamérica, y los festivales que existen están dedicados más bien a especialistas, conocedores del séptimo arte, estudiantes de cine y personas que de alguna manera tienen vínculos con el trabajo cinematográfico

El Festival es muy participativo en su concepto, todos participan: la ciudad entera, la gente en las calles va hacia los cines y notas además que tienen cultura cinematográfica, están preparados para ello. Es impresionante y me encanta.

Espero venir al próximo, pues estar aquí ha sido la mejor oportunidad para mí y para mi documental. Por otra parte, estar aquí con mi trabajo significa además entregar algo a las personas que me ayudaron y me apoyaron en este trabajo, los que me entregaron mucho y siento que les dejo algo. Ese momento de estar todos en el cine y ver el documental es importante, siento que devuelvo algo que todos ellos me dieron.      

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2010.