La Habana. Año IX.
18 al 24 de DICIEMBRE
de 2010

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Dora en mi recuerdo
Ana María Muñoz Bachs (Cuca) • La Habana
Foto: Cortesía Casa de las Américas

La niña no era agraciada. Sus compañeros de aula —crueldad de la infancia— se lo hicieron saber. Y eso dolía. Desgarbada y pecosa, trenzas al viento, corría por los campos que la vieron nacer. Y amó la naturaleza, todo aquello que la rodeaba se le ofrecía, generoso y amigo, la saludaban cada mañana los árboles, a los que se subía, niña ágil, la saludaban los cantos de los pájaros, que rápida aprendió a distinguir, las mariposas, las flores, la tierra toda. La madre no gustaba de verla siempre vestida como quiera (Doralina, aquí te tengo la batica y los zapatos de charol, déjame ponerte unos lazos), pero ella no le daba tiempo, corría a buscar libertad y dicha en su espacio matancero.

La niña leía mucho también. Cuando regresaba de sus correrías, buscaba el libro de turno que la hacía soñar, viajar en tiempo y espacio sin moverse del sillón, conocer a tantos seres, tantas historias fascinantes… Y de pronto se topó con Andersen. Y leyó El patito feo. Y tan sensible y hermosa historia parecía haber sido escrita para ella. Y aunque nunca habría de convertirse en cisne, ya sabía de cuántas maneras se puede alcanzar la belleza. ¡Cuánto bien recibimos todos de Hans Christian!

En Dora se unieron la inteligencia natural, la cultura, recibida casi toda de sus incesantes lecturas, el conocimiento del ser humano, la sensibilidad extrema, la bondad, la cubanía… Con todas esas armas llegó a ser creadora, con ese instrumental surgió la Dora Alonso que todos conocemos, que prodigó bondad, que supo ser amiga leal, que siempre abrazó todo lo justo. Esa es la Dora que para mi suerte conocí en mi más temprana infancia, a quien tanto quise y siempre querré, quien tanto bien me hizo hasta el último minuto de su vida. Ella me consideró —a Cuca— su hija de elección, y fue mi familia aunque nuestras sangres —las que son materia— no fueran las mismas.

Siempre estará en nosotros, en la Cuba que tanto amó, en el follaje que nos rodea, en las montañas, en los valles…, como ese de Viñales, donde por expresa voluntad fueron esparcidas sus cenizas.

 
 
 
 


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Dora Alonso (1910-2001)
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2010.