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Conocí al escritor
peruano, hoy español,
Mario Vargas Llosa en la
Semana del Autor,
realizada en el
Instituto de Cooperación
Iberoamericana de Madrid
en el mes de mayo de
1984. En ese entonces
con toda solemnidad fue
presentado por el
director del centro Luis
Yáñez Barnuevo, como uno
de los más connotados
escritores de la lengua
hispana. Vargas Llosa
iba vestido de punta en
blanco, mancuernas de
oro, corbata a la moda y
zapatitos de cafiche
italiano. El público
desde tempranas horas
abarrotaba el recinto
ansioso por escuchar las
palabras de uno de los
profetas del boom
latinoamericano.
Mario hablaba de manera
pausada con ese acento
de pituco limeño tan
característico, un
tonito de formalidad y
seriedad que revelaba un
carácter a prueba de
balas. Con maestría fue
diseccionando una a una
sus novelas: La tía
Julia y el escribidor,
La casa verde,
Los cachorros,
Conversaciones en la
Catedral, La
guerra del fin del mundo,
La ciudad y los
perros, Pantaleón
y las visitadoras,
sin duda, algunos libros
brillantes en los que
demuestra sus grandes
dotes de narrador. Al
acabar las conferencias,
su fanaticada se le
lanzaba encima presa de
un ataque de histeria.
Las becarias, las
primeras ¡Mario, Mario,
queremos un hijo tuyo! y
él con ínfulas de divo
inflaba el pecho cual
pavo real firmando
autógrafos a diestra y
siniestra. Mario el
seductor, el Donjuán al
que las musas jamás
abandonan.
El mismo día que se
cerraba el ciclo de
conferencias aconteció
un hecho inaudito. Tras
agradecer su presencia y
pronunciar unas palabras
de despedida, el
Presidente del ICI abrió
el turno de preguntas.
De repente, como tocado
por un rayo, se puso en
pie un personaje tosco
de pelos enmarañados
quien señalándolo con el
dedo índice le espetó:
"eres un lameculos de
los norteamericanos" ¡Oh,
Dios mío qué insolencia!
En el salón de actos se
hizo un silencio
sepulcral. Pero, ¿quién
es este energúmeno que
osa mancillar la
reputación de un
escritor tan laureado? A
quemarropa el
francotirador seguía
disparando sus
acusaciones, lo llamó,
si la memoria no me
falla, de "bastardo",
"sátrapa" y "fariseo".
La audiencia murmuraba
indignada, incluso
algunos quisieron
silenciarlo, pero no
hicieron más que
enfurecer la fiera. Este
tipo no era otro que el
polemista y escritor
chileno León Canales,
quien más tarde se
convertiría en uno de
mis mejores amigos.
Desde luego que hay que
tener agallas para
plantarle cara a cara a un ser
tan arrogante y
pretencioso.
Sabotear un acto de
tantos quilates no tenía
precedentes. A Mario le
dio el patatús. Un
mequetrefe lo insultaba
en público, lo retaba a
duelo a él toda una
eminencia extratosférica,
¡qué humillación! Con
soberbia y altanería se
alisó el pelo e intentó
mantener el tipo, pero ya
no le dio tiempo a
reaccionar. Mientras
tanto don Luis Yáñez
Barnuevo les hacía señas
a los bedeles para que
cortaran el micrófono.
Se armó tal alboroto que
tuvo que suspenderse el
acto de clausura. Vargas
Llosa arropado por su
corte de aduladores se
retiró por la puerta
falsa, al tiempo que
León Canales no paraba
de fustigarlo escupiendo
epítetos de grueso
calibre.
Qué gran lección recibí
ese día: ¿por qué
quedarnos callados cual
mansas ovejitas ante el
ídolo intocable? Nuestro
diosecillo cayó del
pedestal y se hizo
trizas contra el suelo.
En todo caso los
revolucionarios tenemos
el deber y el derecho de
reventar estos actos que
no son más que meros
escaparates de vanidad y
egocentrismo. No hay que
dejar títere con cabeza,
no podemos tolerar que
estos impostores se
apoderen del espacio
público y monopolicen
los foros culturales.
Que escarmienten y si
quieren organizar sus
mascaradas que lo hagan
en clubes privados bajo
la atenta vigilancia de
policías y guardias de
seguridad.
Hace unos días León
Canales, quien se
encuentra retirado en
Peguerinos, un
pueblecito de la sierra
de Ávila, me llamó por
teléfono —¿cachai? a ese
concha de su madre del
Vargas Llosa le han dado
el premio Nobel de
literatura. ¡Qué
repugnante! Habrase
visto tal desfachatez
premiar a un individuo
de tan baja calaña.
Desde luego que la
Academia sueca debe
estar infiltrada por
miembros de la
ultraderecha y la mafia
de las editoriales. Años
después y por azares del
destino vine a coincidir
nuevamente con Vargas
Llosa en Puno, a orillas
del lago Titicaca.
Resulta que el susodicho
se encontraba allí de
gira política ya que se
postulaba a la
presidencia de la
república por el Fredemo
(un partido afín a la
ideología de Ronald
Reagan y Margareth
Tatchert). Justo ese día
se celebraba en Puno la
fiesta de la Virgen de
la Candelaria, y Mario
junto a su séquito
quisieron aprovechar la
ocasión para repartir
propaganda electoral ¡El
gran cambio! Vargas
Llosa presidente
1990-1995. Ellos creían
que iban a ser recibidos
en olor a multitudes,
pero calcularon mal la
jugada, y el tiro les
salió por la culata. Los
indígenas y campesinos
en el momento en que lo
identificaron
arrebatados comenzaron a
lanzarles toda clase de
objetos: piedras, palos,
botellas, mazorcas de
maíz, hasta el punto que
Mario cayó de bruces
víctima del despiadado
bombardeo. La
muchedumbre le gritaba
de todo: waqrasapa (cornudo),
rosquete, allqo (perro)
qanra (sucio) y el
célebre escritor no tuvo
más remedio que escapar
con el rabo entre las
piernas escoltado por la
policía. Claro, esos
bárbaros no
comprendieron su noble
propósito de trasformar
el país en la Suiza
sudamericana. Mario el Tarzán de la selva que
guía a la indiada por el
camino de la salvación.
Vargas Llosa para muchos
es un referente
indiscutible en el mundo
de la literatura, algo
que no vamos a refutar.
Lo que le reprochamos
son sus declaraciones
oficiales y
extraoficiales que dejan
mucho que desear. Mario
no hace más que caer
en contradicciones y
ambigüedades, pues lo
escrito con la mano lo
borra con el codo. A
priori hay que
distinguir entre el
autor y su obra, y el
autor, en este caso, es
un farsante, un soberano
hipócrita que sin
compasión le clava una
puñalada trapera a su
pueblo al mejor estilo
de Judas o Bruto.
Este individuo
perteneciente a la
pequeña burguesía
peruana, cuya máxima
virtud es imitar los
patrones importados de
Europa o EE.UU., bien
hubiera podido ser un
banquero, un obispo o un
eminente doctor, pero
por caprichos del
destino se inclinó por
la vocación literaria.
Algo que no contó con el
beneplácito de su
familia, pues una
profesión de ese tipo no
les garantizaba un futuro
acorde a sus
expectativas.
Pero, ¿cuál es el
secreto del éxito y la
singularidad de sus
escritos se preguntarán
ustedes? Mario construyó
el eje de su obra
gracias a los filones
creativos que se
esconden en el Perú
profundo. Conjugó la
magia indígena, las
tradiciones y costumbres
mestizas, la viveza
criolla y la
irreverencia africana
para hilvanar la trama
de sus novelas. Gracias
al hábil uso de técnicas
narrativas y su
incansable espíritu
investigador rompió con
los moldes establecidos
imprimiéndole un nuevo
aire a la literatura
contemporánea. Mario
realmente es un guaquero
que se ha apropiado de
un incalculable tesoro:
los modismos y la
picaresca de la jerga
andina, costeña o
selvática.
Hasta aquí todo es
lícito y correcto porque
de alguna u otra manera
todos participamos de la
herencia de ese
patrimonio intangible,
un arquetipo colectivo
que por añadidura nos
pertenece. Lo criticable
en Vargas Llosa es que
agravie y desprecie de
una manera tan mezquina
a su pueblo y por otro
lado incline paciente la
cerviz ante los
poderosos.
Si analizamos con
atención los
protagonistas de sus
novelas nos daremos
cuenta de que la mayoría
son cholos, mestizos,
sambos, mulatos, indios aguarunas, quechuas,
machiguengas,
prostitutas, maricones,
delincuentes o
soldaditos, es decir,
los marginados,
personajes que tienen
algo que contar y que
reflejan con todo el
realismo la
idiosincracia peruana.
Mal que le pese, Mario es
un mestizo que sufre un
tremendo complejo de
inferioridad, ese
estigma lo martiriza y
por eso reniega de tan
noble origen. No acepta
una parte de su ser, él
es un híbrido, un bastardo fruto de la
unión de un conquistador
español con alguna
concubina indígena. En
sus genes lleva escrita
la sentencia: tiene
rasgos andinos que lo
delatan ¡qué desgracia!
a él le hubiera gustado
ser químicamente puro
pero la cigüeña se
equivocó de cuna. Una
verdadera maldición que
inútilmente intenta
exorcizar.
Para Vargas Llosa la
historia de América
comienza en 1492. Hágase
la luz y la luz fue
hecha. Los españoles nos
han legado su cultura,
su lengua, su religión y
aunque hayan cometido
algunos desmanes,
tenemos que sentirnos
orgullosos de tamaña
herencia. El imperio
inca, en minúscula, se
dedicó a sojuzgar
pueblos, a esclavizarlos
sin piedad. La cultura
indígena no dejó más que
algunas piedras,
ceramios, guacos, momias
y telas apolilladas. En
la historia del Perú no
representa más que
período cavernario de
nula productividad. Sus
avances técnicos son
irrelevantes y ni
siquiera desarrollaron
la escritura o
descubrieron la rueda.
Esa “utopía arcaica”
como bien la definió en
uno de sus ensayos,
donde impunemente
escupió la memoria del
amauta José María
Arguedas, está condenada
al fracaso, es un
obstáculo que nos impide
integrarnos de pleno
derecho en la
civilización occidental.
Esos salvajes
analfabetos todavía no
han superado ese estadio
primitivo que lo relega
a un papel meramente
folclórico o artesanal.
Algo completamente
incompatible con la idea
de modernidad.
Nadie se explica cómo un
autor que ha recorrido
el Perú de palmo a
palmo, que lo ha
novelado de manera
ejemplar, sienta ese
odio fratricida ¡qué
paradoja! En un análisis
psicológico diríamos que
Mario sufre un síndrome
de ambivalencia, o sea,
un estado en el que
coexisten
simultáneamente
tendencias y actitudes
opuestas, como, por
ejemplo, los
sentimientos de amor y
de odio. En el campo
intelectual el individuo
enuncia al mismo tiempo
una proposición y su
contraria. Él sostiene
que la escritura y la
lectura nacen de un
sentimiento de
inconformidad, “toda
buena literatura es un
cuestionamiento radical
del mundo en que
vivimos” y por otro lado
pregona la sumisión y la
mansedumbre “por encima
de todo deben primar los
valores democráticos
reñidos con cualquier
amago revolucionario”.
La metamorfosis de este
“cipayo” es muy curiosa,
pues en su época
estudiantil se declaró
abiertamente
marxista-leninista, un
rebelde comprometido con
la causa de los más
pobres y oprimidos.
Anticlerical,
antimilitarista y
antisocial, así lo
describieron algunos
críticos literarios. Y
al final vean ustedes en
lo que se trasformó el
engendro: un burguesito
amante de los lujos y la
buena vida. Mario el
oligarca, el patrón, el
gamonal que se codea de
tú a tú con la crema y
nata del poder
establecido. Mario
sostiene que novelar es
una forma de mentir.
Mentir, claro, eso es lo
que es un mentiroso
compulsivo, un
hipócrita, o sea, que
todo lo que ha escrito
es una mentira, que
todos los personajes que
ha creado son
caricaturas grotescas
capricho de sus
masturbaciones mentales.
Como un ventrílocuo que
les pone la voz a sus
muñecos utilizándolos en
una burda comedia. No es
más que un estafador
cuyas palabras carecen
de autenticidad, “quien
sabe mentir puede llegar
a ser un gran autor”. En
efecto, él es consciente
de este juego
maquiavélico de
ficciones y espejismos
con el que ha triunfado.
Ese Perú mestizo donde
se amalgama la cultura
popular, el Perú,
indígena, criollo,
negro, zambo, chino,
japonés, gringo, como lo
definiera magistralmente
el poeta Nicomedes
Santacruz:
“indio-blanqui-negro/blanqui-negrindios.
Y negrindoblancos” un
crisol de razas con
infinidad de matices,
mezclas, músicas,
bailes, trajes
regionales, platos
gastronómicos: el
cebiche, la chicha de
jora, la chicha morada,
el cau cau , la papa a
la huancaina, el ají de
gallina, el rocoto, la
pachamanca y mil y un
platillos que nos
cansaríamos de enumerar,
el Perú dotado de un
folclor majestuoso: el huayno, el yaraví, el
vals criollo, el landó,
el sikuri, la marinera,
el Perú de infinita
diversidad con sus 43
lenguas y dialectos, un
país dotado de una
naturaleza prodigiosa,
que va desde los
desiertos costeros a las
cumbres andinas pasando
por las selvas
tropicales, a ese Perú
es al que esta
sanguijuela con toda su
concha basurea y
desprecia. Nuestro
adalid de los derechos
humanos, el demócrata
consumado no es más que
un vil impostor que
cambia de máscara según
la conveniencia. Su
postura no admite medias
tintas: aprueba la
explotación y el expolio
de nuestros países,
defiende el
neoliberalismo y sus
políticas
privatizadoras, defiende
los intereses de los
empresarios y
especuladores. Las
grandes mayorías deben
someterse a las leyes
del sistema capitalista,
único camino posible
para salir de la pobreza
y el atraso inmemorial.
Mario estaba
predestinado a triunfar
y por tal motivo se
marchó a París para
levantar los cimientos
del mito. A Europa se
fue a buscar el
reconocimiento, pues en
ese paisito tan guachafo
y mediocre se sentía un
incomprendido. Ese Perú
provinciano no era digno
de una inteligencia
superior, pues un
intelectual de su talla
merecía tocar el cielo
con las manos.
Este caballero de fina
estampa que reluce la
acera al andar, es un
racista y xenófobo de
primera categoría, este
mestizo apitucado ni
siquiera se ruboriza al
confesar tan sórdidos
pensamientos, un Llosa
de los Llosas de
Arequipa, el gamonal al
que le rinden pleitesía
sus vasallos, “Porque
solo se puede hablar de
sociedades integradas en
aquellos países en los
que la población nativa
es escasa o inexistente,
donde los aborígenes
fueron prácticamente
exterminados”. Aunque
parezca mentira son
tesis sustentadas por el
nuevo premio Nobel de
literatura 2010, don
Mario Vargas Llosa.
Mario es partidario de
la eugenesia, el
magistral escritor tan
preocupado por los
derechos humanos es uno
de los más firmes
defensores de la
limpieza étnica y el
apartheid. Algo que no
nos sorprende, pues ya
desde finales del siglo XIX los gobiernos
criollos estaban muy
preocupados por
incentivar la emigración
europea y repoblar el
país con una nueva raza
de pioneros.
La eugenesia es una
filosofía que defiende
la pureza racial. Existe
una raza superior,
evidentemente blanca,
católica y apostólica, a
la que Dios otorgó el
privilegio de dominar la
Tierra. La eugenesia
pretende mejorar los
rasgos hereditarios
humanos mediante la
exclusión y la
progresiva desaparición
de las razas inferiores.
Porque nuestro rancio
abolengo hay que
conservarlo intacto y
libre de asperezas. En
otras palabras, si el
Perú quiere salir del
atraso atávico no le
queda otra alternativa
que blanquear la
sociedad.
Algunos simpatizantes de
dicha filosofía
califican al indio como
un raza autóctona
emparentada con los
cuyes y guanacos, el
chino una raza importada
que en la demografía del
país no puede ser más
activa y peligrosa, los
negros semihumanoides
vagos y perezosos y la
raza blanca, más o menos
acriollada, no hace
valer su superioridad
étnica y se ve impotente
para vertebrar la
nación.
Existen métodos eficaces
para exterminar las
“razas inferiores” y
reemplazarlas por
emigrantes europeos, a
ser posible arios,
sanos, bellos e
inteligentes. La
eugenesia aconseja la
esterilización de las
personas defectuosas o
especímenes indeseables
que representan una
onerosa carga social.
Sin ninguna
consideración se debe
aplicar el aborto
selectivo, pues los altos
índices de fertilidad de
los nativos son
contraproducentes. Lo
fundamental es que esta
plaga no se reproduzca,
pues son portadores de
taras genéticas como el
enanismo, el cretinismo
y su coeficiente
intelectual es casi
nulo. Los indígenas son
una raza degenerada por
el alcoholismo y la
adicción a la coca e
incompatibles con la
idea de prosperidad y
desarrollo. El hombre
nuevo debe ceñirse al
canon europeo o
americano: 1.80 metros
de estatura, rubios, de
ojos azules y piel
blanca más blanca que la
leche, ¡carajo! Como
comprenderán este es un
proceso doloroso pero,
que a largo plazo, dará
sus frutos.
Históricamente la costa
peruana ha tenido un
desarrollo superior
gracias al protagonismo
de la raza criolla,
mientras que la sierra
poblada por indígenas se
ha visto relegada a la
miseria absoluta. Cuando
los "cholos" comenzaron
a emigrar a la capital,
no hicieron más que
ensuciarla, invadieron
los terrenos baldíos
levantando sus tugurios
de cartón y esterilla
donde fundaron sus
antros de prostitución y
la delincuencia. Los
serranos son unos
resentidos sociales que
necesitan recuperar su
estima.
Y en el colmo del
cinismo la academia
sueca anuncia que le
otorga el premio Nobel
2010 a Mario Vargas
Llosa por “la
cartografía de las
estructuras del poder y
sus mordaces imágenes de
la resistencia
individual, la revuelta
y la derrota del
individuo” ¡a este
mercenario lo catalogan
como un escritor
comprometido!
Me imagino a Mario el
prestigioso profesor de
universidades como Queen
Mary College, Kings
College of London,
Cambridge,Washignton
State, University of
Columbia, Smitshionan
institution, Siracusa,
Princenton, Georgetown,
Destuche Akademischer,
adoctrinando a sus
cachorros, dictando
cátedra a sus anchas y
exponiendo sus geniales
teorías. Quién va a
dudar de la palabra de
un genio renacentista
que domina las artes y
las ciencias, la
historia, la literatura,
la poesía, los derechos
humanos, la ecología, la
filosofía, la política;
quién va a dudar de una
lumbrera que habla siete
idiomas y que ostenta un
deslumbrante currículo.
En el año 1983 Mario fue
designado por el
gobierno y el estado
mayor del ejército como
jefe de la comisión
investigadora para
esclarecer el crimen de
los ocho periodistas en
Uchuraccay (un suceso
que conmocionó a la
sociedad de la época).
Este es otro ejemplo más
de su ineptitud, pues
Mario se limitó a
suscribir el informe
redactado por las
fuerzas armadas que
exculpaba a los ronderos
o paramilitares,
instruidos por ellos
mismos, de la masacre.
En conclusión, los únicos
responsables de tan
horroroso crimen fueron
los miembros de la
comunidad quechua
parlante —indígenas
sanguinarios que dieron
rienda suelta a sus más
bajos instintos
ensañándose con las
víctimas—. “Todos los
peruanos somos culpables
de la tragedia, pues no
supimos civilizarlos”.
Años después utilizó los
archivos del proceso
para escribir su novela
Lituma en los Andes,
ganadora, por encargo de
la mafia editorial, del
premio Planeta 1993.
Mario goza de un extenso
prontuario plagado
de inmoralidades y plagios,
(La fiesta del chivo,
La guerra del fin del
mundo, El paraíso
en la otra esquina)
evasión de impuestos y
lavado de dinero.
Perseguido por el
gobierno de Fujimori,
quien lo acusó de
traición a la patria, se
autoexilió en España. De
inmediato, la monarquía
y el gobierno socialista
encabezado por Felipe
González le otorgaron la
nacionalidad española.
Por las venas de Mario
corre la sangre azul de
un viejo hidalgo pero
nuestro viejo hidalgo no
hace más que
sorprendernos, pues está
implicado en la trama de
corrupción del Partido
Popular, mejor conocida
como “el caso Gurtel”
donde tuvo una estrecha
relación con el
exalcalde de Boadilla
del Monte, el señor
Arturo González Panero
acusado por el juez
Garzón como uno de los
cabecillas de la mafia
inmobiliaria.
Vargas Llosa no es
cualquier guevón y se ha
rodeado de amigos, de
“patas”, de “yuntas” de
reconocido prestigio
entre los que caben
destacar el expresidente
del Salvador Francisco
Flores, miembro del
derechista ARENA; el expresidente checo
Václav Havel quien entregó
su país a las multinacionales y está
acusado de corrupción; el expresidente español
José María Aznar,
criminal de guerra y
fiel lacayo de George
Bush; el derechista
Sebastián Piñera,
heredero del
pinochetismo; de Uribe
Vélez, el genocida
colombiano; el Rey de
España y la reina doña
Sofía, a quien las malas
lenguas señalan como su
amiguito secreto;
miembro de la fundación
ultraderechista Faes
donde desempeña el cargo
de consejero, padre
putativo de la fundación
hispano-cubana; compadre
de Carlos Alberto Montaner y Mas Canosa,
patrono de honor del
Partido ultraderechista
Unión Progreso y
Democracia de Rosa Díez
y una extensa lista de
personalidades e
instituciones. Mario el
poeta cortesano, el tenterillo palaciego que
les hace las gracias a
los banqueros, a los
reyes, a los oligarcas.
Por otro lado, nuestro
paladín se ha convertido
en un crítico acérrimo
de la Revolución Cubana,
la Revolución
Nicaragüense o cualquier
forma de resistencia que
amenace el orden
establecido. Incansable
detractor de los
gobiernos izquierdistas
latinoamericanos a los
que califica de
“despóticos y
autoritarios”: el
presidente venezolano
Hugo Chávez es un
“abominable
dictadorzuelo”; Evo
Morales, el presidente
de Bolivia, “un pobre
pastor de llamas”; a
Correa, del Ecuador,
“demagogo populista”; a
Fidel Castro “el satán
caribeño”. “Toda esta
banda de forajidos
hunden a sus pueblos en
el fango de la miseria”.
“La ideología
izquierdista es muy
perniciosa para la
juventud, pues siembra en
sus corazones la semilla
del odio y la violencia.
La utopía no existe, la
revolución es un mito, y
gústeles o no les guste
tras la caída del muro
de Berlín y el fin de la
Guerra fría la única
potencia hegemónica es
los EE.UU. Y menos mal
porque ellos garantizan
la paz, la libertad y la
pervivencia del sistema
democrático”. Aunque
todo se derrumbe, vive
feliz, no luches, el
destino ya está escrito;
mira la televisión,
carga tu teléfono
celular y conéctate a
Internet.
Vargas Llosa nació para
ser un triunfador, su
fama le precede; dinero,
viajes, damas de honor,
reconocimiento público,
cenas en los mejores
restaurantes, mansiones
en Londres, Madrid,
París, New York, San
Juan, Lima y un
multimillonario
patrimonio que se
reparte entre los
negocios inmobiliarios y
cuentas secretas en
paraísos fiscales. ¡A la
orden de vuecencia! al
peruanito se le ha
puesto cara de momio y
ya pronuncia
correctamente las c y
las z. Todo un
aristócrata de la
Moraleja que les tira las
orejas a los
inmigrantes: “portaos
bien que la madre patria
os brinda cobijo
¡hostia!”. Con el
pasaporte español en la
mano, el pasaporte
europeo, el pasaporte
diplomático que le
regaló el rey de España
“la ley de extranjería
debería aplicarse con
mayor rigor porque
España con tantos
intrusos corre el riesgo
de perder su esencia.
Aunque a regañadientes
tenemos que aceptarlos,
pues si no quién limpiará
nuestras casas, quién
cocinará, quién cortará
la yerba del jardín,
quién sacará nuestros
perros a pasear”.
La derecha española lo
esgrime como su glorioso
timonel, todo un premio
Nobel en sus filas ¡qué
distinción! un serrano
arequipeño o “characato”
se ha convertido por
arte de magia en el sumo
pontífice del
nacionalismo español,
superando incluso a José
Antonio Primo de Rivera.
¡Ver para creer! Un
converso enfundado en la
armadura de Pizarro que
con ardor guerrero grita
¡arriba España! “Los
nacionalismos han
inundado el mundo de
sangre. Los separatismos
vasco, catalán o gallego
son perniciosos e
incompartibles con la
idea de la España una
grande y libre. Nuestra
patria está en peligro.
Elegid entre el orden o
el caos”. Este agente a
sueldo del imperialismo
norteamericano y del
sionismo internacional
no se muerde la lengua y
condena a todo aquel que
ame su tierra. El amor
por el terruño es un
delito, quien hable una
lengua distinta y con
coraje defienda sus
señas de identidad es un
terrorista en potencia.
Los sabios doctores
reunidos en Estocolmo
han elegido a Vargas
Llosa como el caudillo
de las letras
universales, su nombre
pasará a la posteridad
grabado en letras de oro
junto con el de Cervantes, Shakespeare o Dante.
Mario Vargas Llosa en
mayúsculas, ¡loado seas,
mi señor! la verdad de
las mentiras ha
triunfado, el superventas, el best-seller
con millones de libros
publicados y traducidos
a más de 50 idiomas,
ganador del premio
Príncipe de Asturias de
las letras 1986, del
premio Cervantes 1994,
con birretes de Doctor Honoris
Causa por ni se
sabe cuantas
universidades,
condecorado con todas
las medallas habidas y
por haber; el sol del
Perú, la cruz de
diamantes, el tisón de
oro, la legión de honor
de Francia, miembro
numerario de la Real
Academia Española de la
Lengua. ¡Qué más quieren
panda de envidiosos!
Pero quizá su obra
cumbre sea el haber
procreado a su hijo
Alvarito, el heredero al
trono. Alvarito Vargas
Llosa el clon perfecto,
la ovejita Dolly, un
niñito neoliberal y
anticomunista como papi,
el young global leader y
actual presidente del
Center on global
Prosperity in Washington
DC (to bring together
the intellectual, moral,
and practical analyses
necessary to shed ligth
on the viability of
market). De tal palo tal
astilla.
En su discurso de
aceptación del Nobel se
vestirá con su disfraz
favorito, pondrá cara de
mojigato y pronunciará,
con el mismo acentico
pituco de la conferencia
en el ICI hace
veintitantos años, un
sermón plagado de
metáforas poéticas, un
canto a la libertad, la
justicia, la democracia
y todas esas pendejadas.
Versos floridos que
hieden, tanta verborrea
nos produce náuseas. El
profeta de la utopía
capitalista donará su
premio a los niños
pobres y desnutridos.
Seguro se le caerán las
lágrimas cuando en el Konserthuset de
Estocolmo, el rey Carlos
Gustavo de Suecia ciña
sus sienes con la corona
de laurel. Entonces, se
desatarán los aplausos y
las ovaciones por un
traidor, por una ruin
cucaracha que renegó de
su origen y vilmente
humilló a su pueblo.
* Investigador de
Colombia La Haine |