La Habana. Año IX.
18 al 24 de DICIEMBRE
de 2010

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Casa de hondas raíces culturales

Marcos Alfonso • La Habana

Fotos: Roberto Chile

En la barriada de La Hata, en Guanabacoa, existe una casa que irradia luz propia: la enclavada en la calle Central 77, de hondas raíces en la cultura local y nacional, sede de la Asociación Religiosa Afrocubana Hijos de San Lázaro, fundada del 22 de junio de 1957 por su presidente, el nonagenario Enriquito Hernández Armenteros. 
 

No revelo secreto alguno si asevero que Babalú Ayé es de los santos más venerados por los cubanos cada diciembre 17. Sin embargo, este último viernes —fecha de la celebración— en la humilde localidad guanabacoense trascendió cierta información que, a mi juicio, hace justicia a los empeños del fundador de esa casa-templo.

María Cristina Peña, directora del Museo de Guanabacoa, poco antes de iniciarse la procesión del santo patrono de La Hata —única de las religiones cubanas de origen africano que tienen lugar en la Isla y que este diciembre 17 arribó a su décima edición— daba a conocer la noticia: la propuesta de que este sitio sea considerado Monumento Local.
 

Cientos de pueblerinos de humilde origen aplaudieron de corazón la iniciativa de las autoridades de la Villa de Pepe Antonio, anunciada por María Cristina, dado “el alto significado que, en el orden cultural, posee esta Asociación, la cual ha trascendido los marcos de la comunidad”.

Cabría preguntarse, para quien dude, ¿qué es cultura? La propuesta del Museo de Guanabacoa ofrece diáfana respuesta: “es el conjunto de rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos caracterizadores de una sociedad o grupo social, y abarca además de las artes y las letras, los modos de vida, la convivencia, los valores, tradiciones y creencias”.

Tales peculiaridades, aderezadas de diversas formas, se encuentran en La Hata: amor, sentido de pertenencia, hermandad, patriotismo, religiosidad… se trata de singular comunidad la cual ha trascendido sus naturales fronteras para derramarse por toda Guanabacoa, la ciudad y Cuba.


Eje de esa comunión, sin dudas, ha constituido la casa-templo en cuyo portal se enclava el altar de San Lázaro, sitio en el que cada 16 de diciembre, al caer la tarde, cientos de fieles rinden su tributo ante el icono tallado en cedro. 

Disímiles son las ofrendas: desde velas y tabacos… hasta centavos, flores, aguardiente… Feligreses de todas las edades rinden pleitesía al Santo Patrono de La Hata, nominado así por voluntad popular.
 

Sin dudas, eje de todo ese devenir que trasciende el medio siglo, lo es el Tata Enriquito, el de La Hata, como popularmente se le conoce. Religioso de acerada voluntad y respeto notable quien, con su esfuerzo personal y el apoyo de las autoridades locales, aún a la estatura de sus 92 años, ha propiciado el reconocimiento a esa entidad de las religiones cubanas de origen africano.
 

Entre sus argumentaciones para declarar este sitio como monumento local el Museo de Guanabacoa reconoce “los valores que encierran el conjunto de la casa-templo, la imagen del San Lázaro y de la procesión por las calles de La Hata”. Esta última, según declaró la directora de la institución cultural de la Villa, “año a año ha ganado en reconocimiento popular y a ella ya no solo acuden los vecinos locales, sino otras muchas personas de lugares distantes”.
 

Este munanso (sitio de recogimiento) se inserta en el corazón de toda Cuba y trasciende fronteras en tanto espacio de paz y fe, abierto para todos quienes busquen sostén sano y limpio a su espiritualidad. Enriquito y Nica, la esposa (María Nicasia Jova Aguerrido) así lo han demostrado desde hace más de medio siglo. ¡Aché por siempre!   

 
 
 
 

GALERÍA DE imágenes
Peregrinación en la víspera del día de San Lázaro

Fotorreportaje: Roberto Chile

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2010.