La Habana. Año IX.
18 al 24 de DICIEMBRE
de 2010

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Pancho Amat:

Tres en uno

Mabel Machado • La Habana

Andaba soneando Pancho Amat con la orquesta de Adalberto Álvarez, cuando Félix Baloy lo bautizó como “El rápido de Güira de Melena”. Mejor que si un narrador deportivo hubiera apodado un atleta, el cantante describió al guajiro en toda su sencillez y con sus más sobresalientes atributos. Para Pancho no ha habido mejor acierto al nombrarlo: “aquello me gustó porque se mencionaba mi lugar de origen, porque no se estaba haciendo una presentación grandilocuente y porque en esa manera de presentarme se transparentaba el hecho de que en mi forma de tocar están también el laúd y el tres del punto cubano”.

El intérprete, compositor y arreglista habanero no se siente “rey ni doctor de nada”. No ha pretendido ambiciosamente llegar a la fama, sino hacer perdurar los valores de la música cubana para el mundo y para el futuro. Por ello nació en los años 2000 su grupo El Cabildo del Son, “con la intención de difundir la cultura y mantenerla viva”. Y, con sentimiento recíproco, por motivo casi idéntico ha recibido este año el Premio Nacional de Música. Aunque a Pancho le parezca “increíble”, aunque aún al rato de conocer la noticia, el anonadamiento no pasara y los ojos se le quedaran fijos en el techo de su cuarto, su calidad como músico no deja espacio a la duda.

La prestigiosa musicóloga María Teresa Lineres da fe del alto nivel de Amat como compositor y ejecutante: “es hacedor de una nueva línea, donde el instrumento vuela a altos niveles. Lo conocí en Santiago de Cuba junto a la diva Omara Portuondo y confieso que no supe cuál de los dos exhibía un talento más prodigioso”. La directora del Coro Nacional de Cuba, Digna Guerra, recuerda que conoció a Pancho recién llegado de Güira a la capital, y que desde ese momento “se destacó por su imaginación e impulso creativo. He visto venir a este hombre desde abajo, superándose vertiginosamente. Ha sobrepasado las expectativas de todos”.

El Premio Nacional 2010 “es un galardón muy significativo” y representa “un compromiso enorme” para el tresero, porque se le concede “en un país donde la música tiene mucho peso, grandes figuras y aportes inigualables al lenguaje universal”. Al comentar sobre su significado se viste de campesino y habla en tono anecdótico, como si estuviera evocando la felicidad sentado a la sombraa de una yagruma: “Hace unos días, en el Instituto de la Música, me detuve a mirar las fotografías de quienes habían sido reconocidos con este Premio, y me sentí muy honrado de estar entre ese grupo de personas tan venerables. Pero cuando miro hacia los lados y veo la cantidad de músicos cubanos a los cuales admiramos, es desbordante la satisfacción de saber que he sido yo el favorecido, entre tantos que también se lo merecen. Lo asumo con mucha alegría, pero también con humildad. Conmigo se premia a Arsenio Rodríguez, al Niño Rivera, a Isaac Oviedo, quienes, con su forma de hacer música nutrieron lo que es ahora mi estilo. Creo que incluso se premia a los que van a venir después, una manera de que los jóvenes sepan que con un instrumento humilde también se puede hacer buena música si hay empeño, interés, entusiasmo, si hay un poquito de talento”.

“En este reconocimiento confluyen muchas manifestaciones de la música cubana –continúa Pancho. Si yo no hubiera nacido en Güira de Melena, tocaría de otra manera; porque cuando niño me vinculé allí con tres vertientes de la música: el son –a través de un septeto de una fábrica de tabaco, dirigido por un tresero pinareño al cual llamábamos Lucumí-; el guaguancó –con un conjunto del pueblo liderado por el rumbero Sixto Sotolongo, uno entre la pléyade de rumberos apellidados así en La Habana; y la música campesina –junto al grupo de Marcelino Díaz, quien construía también instrumentos y había reclutado a  grandes poetas como El Indio güireño y José Marishal. En ese ambiente, al calor de una casa de cultura -que fue mi primer centro de enseñanza- comencé a conocer los secretos de cada uno de esos géneros”.

De Güira al Cabildo

“La suerte de que se creara Manguaré” puso a Pancho Amat en el camino de música profesional. Las dificultades económicas en el hogar lo habían obligado a abandonar los instrumentos que le dio el campo para formarse como profesor de Física y Química en el Instituto Enrique José Varona. Cuando ya casi le había dicho adiós a una posible carrera musical, el charango y la música latinoamericana de Manguaré, sus estudios de guitarra clásica y el consejo del trovador Martín Rojas, lo hicieron tomar para siempre en sus manos el tres: “A mí no me había pasado por la mente, pero Rojas me insistía diciéndome que no tocaría mejor el charango que el boliviano Ernesto Cabú, o mejor la guitarra que Leo Brower, o mejor la tumbadora que Tata Güines, pero que sí podía tener futuro en el tres. Me recomendó acercarme a un grupo de tresistas mayores que yo, entre ellos Niño Rivera y Mongo Huerta”.

A partir de entonces se mezclaron entre las cuerdas de Pancho, las enseñanzas de estos y otros maestros como Isaac Oviedo, que se combinaron con el componente rumbero, guajiro y septetero que traía de su tierra natal. Y luego, apareció lo que él define como una segunda gran oportunidad: la creación del Movimiento de la Nueva Trova. “Me permitió relacionarme con Silvio, Pablo, Noel, Vicente, Sara, Amaury, Lázaro García, Augusto Blanca, entre otros. Ellos, que hacían canciones donde el tres se necesitaba, y quizá antes no habían podido utilizarlo por no tener a alguien a la mano, empezaron a contar conmigo. Así, yo pude incorporar sus esencias a mi saco de aprendizajes”.

En el universo del jazz se introdujo Pancho gracias Emiliano Salvador, y su vínculo con este le hizo estrechar las manos de otros grandes como Miguelito Cuní y Chapotín. El trabajo en los Estudios Fílmicos de la Televisión Cubana le dio la posibilidad de escribir para orquesta, incorporando al tres y al laúd en roles principales dentro de la música.

“El tres era considerado antes como acompañante. Cuando comencé a preocuparme  por el instrumento, las únicas referencias las encontraba en el pasado. En los años de mi iniciación, a los jóvenes no les interesaba el instrumento, pocos se dedicaban a él. Poco a poco con dedicación, el tres empezó a figurar en otros paisajes sonoros ya  tomar cada vez más carácter protagónico. Siendo absolutamente franco, digo que no me lo propuse. Yo accedía a hacer los solos, los arreglos, y así le iba otorgando espacio al instrumento. Quienes permanecían en mi entorno pudieron ver en él sus posibilidades de solista.”

Son por tres, el primer disco de Amat, fue una exploración del terreno sobre el cual debía regarse su destino. Después de ese primer esfuerzo discográfico, que obtuvo Premio de la Crítica, un giro en su carrera le abrió aún más el espectro de los géneros. Grabó junto al antiguo líder del grupo Radio Futura un disco de algo muy sui géneris que finalmente recibió el denominativo de “rock montuno”. Cuatro años más tarde, Pancho regresaría de España con el deseo de formar un grupo propio, que bebería del concepto minimalista del rock y saldaría la deuda con un público que esperaba escuchar un tres con brillo independiente.

Hasta hoy, los dos discos de El Cabildo del Son han obtenido sendos Premios Cubadisco y sus colaboraciones con otros artistas como Miriam Ramos y María Victoria, han recibido igualmente lauros en el más importante certamen fonográfico de la Isla. “Me siento muy feliz del trabajo que se ha logrado con un grupo de instrumentistas que eran casi todos recién graduados de las escuelas de arte para el momento de la fundación del conjunto. Ha cumplido con el propósito de ser un proyecto defensor de una idea musical capaz de prender entre los más jóvenes”.

El Pancho de ahora

En el año que termina Pancho Amat celebra el décimo aniversario de su grupo y el Gran Premio Cubadisco (Mis raíces, Bis Music). Pero además de estos reconocimientos, sus logros se extienden a la grabación del primer proyecto discográfico del ALBA junto al grupo venezolano Cuatro por cuatro y la culminación exitosa de una gira por todas las provincias del país.

“Terminé la gira con la satisfacción de encontrarme en cada sitio, muchachos que venían a vernos desde municipios apartados y me entregaban sus maquetas, con proyectos que de alguna manera tomaban como referencia al Cabildo y a Pancho como tresero. Sentía alegría al ver que cuando ellos tocaban el tres, podía percibirse tal referencia a nuestro trabajo, que ha sido, en definitiva, la referencia a los recursos empleados por Arsenio, El Niño, Oviedo y muchos otros. Pero todas no son `panchadas´, sino la traspolación de elementos anteriores que nosotros incluimos en nuestra música. Siento la alegría de ser polea trasmisora de lo que fue el tres y la música que me antecedió.

“Siempre insisto en que hay que beber de todo y buscar la forma de ser uno mismo. Creo que tengo personalidad propia precisamente por la manera en que mezclo todos los nutrientes que he tenido a mi alcance. Aquel laúd pequeñito de Güira, aquel punto cubano que de niño escuché y que dio pie a que Valoy me llamara “el rápido”, o cuando me enfrasco en esos tumbaos tan rítmicos que parece que estoy quinteando con el tres…, la manera de combinarlo todo, es lo que dan como resultado el Pancho de ahora”.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2010.