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Andaba soneando Pancho
Amat con la orquesta de
Adalberto Álvarez,
cuando Félix Baloy lo
bautizó como “El rápido
de Güira de Melena”.
Mejor que si un narrador
deportivo hubiera
apodado un atleta, el
cantante describió al
guajiro en toda su
sencillez y con sus más
sobresalientes
atributos. Para Pancho
no ha habido mejor
acierto al nombrarlo:
“aquello me gustó porque
se mencionaba mi lugar
de origen, porque no se
estaba haciendo una
presentación
grandilocuente y porque
en esa manera de
presentarme se
transparentaba el hecho
de que en mi forma de
tocar están también el
laúd y el tres del punto
cubano”.
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El intérprete,
compositor y arreglista
habanero no se siente
“rey ni doctor de nada”.
No ha pretendido
ambiciosamente llegar a
la fama, sino hacer
perdurar los valores de
la música cubana para el
mundo y para el futuro.
Por ello nació en los
años 2000 su grupo El
Cabildo del Son, “con la
intención de difundir la
cultura y mantenerla
viva”. Y, con
sentimiento recíproco,
por motivo casi idéntico
ha recibido este año el
Premio Nacional de
Música. Aunque a Pancho
le parezca “increíble”,
aunque aún al rato de
conocer la noticia, el
anonadamiento no pasara
y los ojos se le
quedaran fijos en el
techo de su cuarto, su
calidad como músico no
deja espacio a la duda.
La prestigiosa
musicóloga María Teresa
Lineres da fe del alto
nivel de Amat como
compositor y ejecutante:
“es hacedor de una nueva
línea, donde el
instrumento vuela a
altos niveles. Lo conocí
en Santiago de Cuba
junto a la diva Omara
Portuondo y confieso que
no supe cuál de los dos
exhibía un talento más
prodigioso”. La
directora del Coro
Nacional de Cuba, Digna
Guerra, recuerda que
conoció a Pancho recién
llegado de Güira a la
capital, y que desde ese
momento “se destacó por
su imaginación e impulso
creativo. He visto venir
a este hombre desde
abajo, superándose
vertiginosamente. Ha
sobrepasado las
expectativas de todos”.
El Premio Nacional 2010
“es un galardón muy
significativo” y
representa “un
compromiso enorme” para
el tresero, porque se le
concede “en un país
donde la música tiene
mucho peso, grandes
figuras y aportes
inigualables al lenguaje
universal”. Al comentar
sobre su significado se
viste de campesino y
habla en tono
anecdótico, como si
estuviera evocando la
felicidad sentado a la
sombraa de una yagruma:
“Hace unos días, en el
Instituto de la Música,
me detuve a mirar las
fotografías de quienes
habían sido reconocidos
con este Premio, y me
sentí muy honrado de
estar entre ese grupo de
personas tan venerables.
Pero cuando miro hacia
los lados y veo la
cantidad de músicos
cubanos a los cuales
admiramos, es
desbordante la
satisfacción de saber
que he sido yo el
favorecido, entre tantos
que también se lo
merecen. Lo asumo con
mucha alegría, pero
también con humildad.
Conmigo se premia a
Arsenio Rodríguez, al
Niño Rivera, a Isaac
Oviedo, quienes, con su
forma de hacer música
nutrieron lo que es
ahora mi estilo. Creo
que incluso se premia a
los que van a venir
después, una manera de
que los jóvenes sepan
que con un instrumento
humilde también se puede
hacer buena música si
hay empeño, interés,
entusiasmo, si hay un
poquito de talento”.
“En este reconocimiento
confluyen muchas
manifestaciones de la
música cubana –continúa
Pancho. Si yo no hubiera
nacido en Güira de
Melena, tocaría de otra
manera; porque cuando
niño me vinculé allí con
tres vertientes de la
música: el son –a través
de un septeto de una
fábrica de tabaco,
dirigido por un tresero
pinareño al cual
llamábamos Lucumí-; el
guaguancó –con un
conjunto del pueblo
liderado por el rumbero
Sixto Sotolongo, uno
entre la pléyade de
rumberos apellidados así
en La Habana; y la
música campesina –junto
al grupo de Marcelino
Díaz, quien construía
también instrumentos y
había reclutado a
grandes poetas como El
Indio güireño y José
Marishal. En ese
ambiente, al calor de
una casa de cultura -que
fue mi primer centro de
enseñanza- comencé a
conocer los secretos de
cada uno de esos
géneros”.
De Güira al Cabildo
“La suerte de que se
creara Manguaré” puso a
Pancho Amat en el camino
de música profesional.
Las dificultades
económicas en el hogar
lo habían obligado a
abandonar los
instrumentos que le dio
el campo para formarse
como profesor de Física
y Química en el
Instituto Enrique José
Varona. Cuando ya casi
le había dicho adiós a
una posible carrera
musical, el charango y
la música
latinoamericana de
Manguaré, sus estudios
de guitarra clásica y el
consejo del trovador
Martín Rojas, lo
hicieron tomar para
siempre en sus manos el
tres: “A mí no me había
pasado por la mente,
pero Rojas me insistía
diciéndome que no
tocaría mejor el
charango que el
boliviano Ernesto Cabú,
o mejor la guitarra que
Leo Brower, o mejor la
tumbadora que Tata
Güines, pero que sí
podía tener futuro en el
tres. Me recomendó
acercarme a un grupo de
tresistas mayores que
yo, entre ellos Niño
Rivera y Mongo Huerta”.
A partir de entonces se
mezclaron entre las
cuerdas de Pancho, las
enseñanzas de estos y
otros maestros como
Isaac Oviedo, que se
combinaron con el
componente rumbero,
guajiro y septetero que
traía de su tierra
natal. Y luego, apareció
lo que él define como
una segunda gran
oportunidad: la creación
del Movimiento de la
Nueva Trova. “Me
permitió relacionarme
con Silvio, Pablo, Noel,
Vicente, Sara, Amaury,
Lázaro García, Augusto
Blanca, entre otros.
Ellos, que hacían
canciones donde el tres
se necesitaba, y quizá
antes no habían podido
utilizarlo por no tener
a alguien a la mano,
empezaron a contar
conmigo. Así, yo pude
incorporar sus esencias
a mi saco de
aprendizajes”.
En el universo del jazz
se introdujo Pancho
gracias Emiliano
Salvador, y su vínculo
con este le hizo
estrechar las manos de
otros grandes como
Miguelito Cuní y
Chapotín. El trabajo en
los Estudios Fílmicos de
la Televisión Cubana le
dio la posibilidad de
escribir para orquesta,
incorporando al tres y
al laúd en roles
principales dentro de la
música.
“El tres era considerado
antes como acompañante.
Cuando comencé a
preocuparme por el
instrumento, las únicas
referencias las
encontraba en el pasado.
En los años de mi
iniciación, a los
jóvenes no les
interesaba el
instrumento, pocos se
dedicaban a él. Poco a
poco con dedicación, el
tres empezó a figurar en
otros paisajes sonoros
ya tomar cada vez más
carácter protagónico.
Siendo absolutamente
franco, digo que no me
lo propuse. Yo accedía a
hacer los solos, los
arreglos, y así le iba
otorgando espacio al
instrumento. Quienes
permanecían en mi
entorno pudieron ver en
él sus posibilidades de
solista.”
Son por tres,
el primer disco de Amat,
fue una exploración del
terreno sobre el cual
debía regarse su
destino. Después de ese
primer esfuerzo
discográfico, que obtuvo
Premio de la Crítica, un
giro en su carrera le
abrió aún más el
espectro de los géneros.
Grabó junto al antiguo
líder del grupo Radio
Futura un disco de algo
muy sui géneris que
finalmente recibió el
denominativo de “rock
montuno”. Cuatro años
más tarde, Pancho
regresaría de España con
el deseo de formar un
grupo propio, que
bebería del concepto
minimalista del rock y
saldaría la deuda con un
público que esperaba
escuchar un tres con
brillo independiente.
Hasta hoy, los dos
discos de El Cabildo del
Son han obtenido sendos
Premios Cubadisco y sus
colaboraciones con otros
artistas como Miriam
Ramos y María Victoria,
han recibido igualmente
lauros en el más
importante certamen
fonográfico de la Isla.
“Me siento muy feliz del
trabajo que se ha
logrado con un grupo de
instrumentistas que eran
casi todos recién
graduados de las
escuelas de arte para el
momento de la fundación
del conjunto. Ha
cumplido con el
propósito de ser un
proyecto defensor de una
idea musical capaz de
prender entre los más
jóvenes”.
El Pancho de ahora
En el año que termina
Pancho Amat celebra el
décimo aniversario de su
grupo y el Gran Premio
Cubadisco (Mis
raíces, Bis Music).
Pero además de estos
reconocimientos, sus
logros se extienden a la
grabación del primer
proyecto discográfico
del ALBA junto al grupo
venezolano Cuatro por
cuatro y la culminación
exitosa de una gira por
todas las provincias del
país.
“Terminé la gira con la
satisfacción de
encontrarme en cada
sitio, muchachos que
venían a vernos desde
municipios apartados y
me entregaban sus
maquetas, con proyectos
que de alguna manera
tomaban como referencia
al Cabildo y a Pancho
como tresero. Sentía
alegría al ver que
cuando ellos tocaban el
tres, podía percibirse
tal referencia a nuestro
trabajo, que ha sido, en
definitiva, la
referencia a los
recursos empleados por
Arsenio, El Niño, Oviedo
y muchos otros. Pero
todas no son `panchadas´,
sino la traspolación de
elementos anteriores que
nosotros incluimos en
nuestra música. Siento
la alegría de ser polea
trasmisora de lo que fue
el tres y la música que
me antecedió.
“Siempre insisto en que
hay que beber de todo y
buscar la forma de ser
uno mismo. Creo que
tengo personalidad
propia precisamente por
la manera en que mezclo
todos los nutrientes que
he tenido a mi alcance.
Aquel laúd pequeñito de
Güira, aquel punto
cubano que de niño
escuché y que dio pie a
que Valoy me llamara “el
rápido”, o cuando me
enfrasco en esos tumbaos
tan rítmicos que parece
que estoy quinteando con
el tres…, la manera de
combinarlo todo, es lo
que dan como resultado
el Pancho de ahora”. |