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El jurado tomó asientos
en el tribunal donde se
realiza el juicio de
Luis Posada Carriles a
las 10 de la mañana.
Todos que estábamos en
la corte nos paramos al
escuchar el sonido del
mazo que anunció la
entrada de las doce
personas que decidirán
si Posada Carriles es
culpable de haberle
mentido a las
autoridades
estadounidenses en
varios ocasiones.
Llegaron a escuchar los
prólogos del caso Posada
que los mantendrá en el
Tribunal Federal de El
Paso hasta el mes que
viene. Las
declaraciones iniciales
de los abogados en un
juicio ofrecen al jurado
una idea de lo que la
evidencia demostrará
durante el curso del
proceso legal contra el
acusado. Son como
promesas al jurado.
Peligrosas, porque si
los abogados no cumplen
y no logran convencer
con esas “pruebas” a las
doce personas que darán
el veredicto, el jurado
puede argumentar que el
caso estuvo débil.
El peso de la prueba en
un caso penal en los
Estados Unidos lo tiene
la fiscalía. Tiene que
demostrar que el acusado
cometió los delitos que
se le impugnan y tiene
que probarlo sin duda
razonable alguna. Por
eso, siempre le toca la
primera palabra al
fiscal.
El fiscal principal del
caso se llama Timothy
Reardon III, un hombre
elegante y sobrio. Con
voz pausada le dio los
buenos días al jurado.
“Este es un caso
esencialmente sobre
mentiras”, dijo. Antes
de detallar para el
jurado las mentiras que
Posada Carriles le hizo
a las autoridades
inmigratorias de los
Estados Unidos en
diferentes ocasiones,
Reardon dijo: “Esta es
la historia de un hombre
extraordinario. Es la
historia de como llegó
ilegalmente a los
Estados Unidos y lo que
dijo después que llegó”.
“Posada llegó a los
Estados Unidos el 18 de
marzo de 2005″ a bordo
de una embarcación
llamada Santrina”, dijo
Reardon, “y solicitó
asilo”. “La evidencia
mostrará que mintió
repetidas veces”.
Mostrará, también, que
“cuando un juez de
inmigración le preguntó
a Posada si había
solicitado individuos
para que lo ayudaran a
hacer explotar bombas en
Cuba o para llevar
explosivos a Cuba, dijo
que no. Mintió,” afirmó
el abogado del gobierno
de los Estados Unidos.
Un oficial del Servicio
de Inmigración lo
entrevistó. Posada dijo
que entró a los Estados
Unidos. “Mentira”, dijo
Reardon. Posada dijo
que nunca había estado
en Cancún. “Mentira”.
Posada dijo que nunca
había visto al Santrina.
“Mentira”. Posada dijo
que nunca había visto a
Santiago Álvarez.
“Mentira”. Que nunca
había visto a Osvaldo
Mitat. “Mentira”. Que
nunca había visto a José
Pujol. “Mentira”,
enfatizó Reardon.
Santiago Alvarez,
Osvaldo Mitat y José
Pujols eran parte de la
tripulación del Santrina.
La fiscalía afirma que
fueron a México a
recoger a Posada
Carriles para traerlo
ilegalmente a los
Estados Unidos. Ayudar
a un terrorista a
ingresar ilegalmente a
los Estados Unidos es
severamente sancionado
por las leyes
estadounidenses.
Reardon levantó en sus
manos un pasaporte
guatemalteco. El
pasaporte tiene la foto
de Posada pero otro
nombre. Un alias.
“Ustedes podrán examinar
este pasaporte,” dijo.
“También escucharán de
un miembro de la
tripulación del Santrina
que recogió a Luis
Posada Carriles en
México”. Reardon se
refiere a Gilberto
Abascal, un agente
encubierto del FBI que
testificará durante el
juicio.
Prometió que la
evidencia mostrará que
Posada utilizó ese
pasaporte para viajar
desde Guatemala a
México, a través de
Belice, y que una
persona le llevó el
pasaporte desde Miami
hasta Guatemala para
entregárselo a Posada.
El fiscal dijo tener
fotos del Santrina en
México y de Posada
Carriles en una barbería
en Isla Mujeres.
“La otra serie de
mentiras de Posada
Carriles”, dijo Reardon,
“tiene que ver con las
bombas en La Habana”.
Le contó al jurado de
las bombas que
estallaron entre la
primavera de 1997 y
septiembre de 1997. En
el Copacabana, el
Chateau Miramar y la
Bodeguita del Medio.
Narró cómo ocurrió la
explosión en el lobby
del Copacabana que mató
a Fabio DiCelmo.
“Posada Carriles le dio
una entrevista al New
York Times en Aruba en
1998. ¿Por qué”, se
preguntó Reardon.
“Porque Posada
consideraba que las
bombas no estaban
recibiendo suficiente
publicidad. Él haría
cualquier cosa para
cambiar las cosas en
Cuba”, dijo el fiscal.
Entonces Reardon le leyó
parte de la
transcripción de la
entrevista que Posada le
dio al New York Times en
1998, en la cual admite
ser el autor intelectual
de la campaña de bombas
del 97. En respuesta a
una pregunta de la
periodista del Times
sobre la muerte de
DiCelmo, Posada
respondió: “Es una
pena. Estaba en el
lugar equivocado, en el
momento equivocado. Yo
duerme como un bebé”.
Reardon contó que le
mostrará al jurado un
fax que fue
interceptado, fechado el
25 de agosto de 1997,
que tiene que ver con
cuatro giros de Western
Union de $800. Reardon
entonces citó a Sir
Walter Scott: “Oh, what
a tangled web we weave,
when first we practice
to deceive!” -¡Oh, qué
enmarañada red tejemos,
cuando practicamos el
engaño por primera vez!
Y terminó diciendo, “lo
que destruye a un hombre
no son los cualidades
que le faltan, sino las
que tiene”.
Llegó entonces el turno
de Arturo Hernández, el
abogado principal de
Luis Posada Carriles.
Comenzó mal. Derramó un
vaso de agua sobre su
ropa, sus espejuelos,
sus papeles y el podio.
Un vaso que el Fiscal
Reardon había olvidado
sobre el podio. Después
de varios minutos
trasteando un trípode en
el cual quería montar un
mapa de National
Geographic para poder
enseñarle al jurado de
El Paso donde está
ubicado México
-territorio que, por
cierto, se ve desde
cualquier edificio en
esta ciudad que tenga
más de dos pisos-,
Arturo Hernández comenzó
su presentación.
“Buenos días. Soy ‘Art’
Hernández”. La H de
Hernández pronunciada
como una J. Pidió que
se parara Posada
Carriles, para que el
jurado lo viera.
Posada, con traje,
cuello y corbata, miró
incómodamente al
jurado. Su boca
entreabierta, debido a
un balazo en la quijada
que recibió en Guatemala
en el año 1990, movía su
lengua de lado a lado,
mientras miraba con
perplejidad al jurado.
“Luis Posada Carriles ha
sido un aliado de los
Estados Unidos toda su
vida. Siempre al lado
de nuestro país”, dijo
“Art” Hernández. “Es
inocente, porque
sustancialmente dijo la
verdad, y porque la
evidencia que presenta
el gobierno contra él es
intrínsicamente mala
evidencia”, continuó.
Le mostró el mapa que
había traído al jurado,
y le informó donde está
México, Guatemala y los
Estados Unidos. Dijo
que Posada Carriles
había afirmado la verdad
cuando dijo que había
entrado a los Estados
Unidos por Matamoros,
una ciudad fronteriza
mexicana. Que había
dicho la verdad cuando
aseguró que no había
solicitado a nadie poner
bombas en Cuba o llevar
explosivos a la Isla.
Que el Santrina había
ido a Isla Mujeres para
llevarle a Posada
Carriles $10,000 para
ingresar ilegalmente a
los Estados Unidos por
la frontera.
Que aunque existe un
pasaporte guatemalteco
con la foto de Posada
Carriles, él nunca ha
tenido y nunca ha usado
ese pasaporte.
Hernández se pasó la
próxima media hora,
atacando la credibilidad
de ciertos testigos
claves de la fiscalía:
especialmente a Gilberto
Abascal. “Es una
persona con una seria
enfermedad mental”, dijo
Hernández. “Padece de
psicosis, paranoia y
depresión. Ha estado
hospitalizado por eso”.
“Es un criminal. Un
fraude. Dice que está
deshabilitado, pero
trabaja debajo de la
mesa”. Irónicamente,
Hernández tilda a
Abascal como un
mentiroso para así
desestimar su testimonio
y proteger a su cliente,
a quien acusan de
mentiroso. “Abascal
dijo que pagó sus
impuestos, pero no los
pagó”, se quejó
Hernández. Además,
“Abascal es un espía de
Cuba”.
Cuando terminó de
fustigar la reputación
de Abascal, Hernández le
habló al jurado de otro
testigo de la fiscalía:
Tony Alvarez. Un cubano
que le contó al New
York Times en 1998 de
los vínculos entre
Posada Carriles y otros
cubanos en Union City,
New Jersey, que le
enviaron dinero para
financiar la campaña de
bombas en Cuba en 1997.
Para desacreditar a Tony
Alvarez, el abogado de
Posada le dijo al jurado
que éste conoce
personalmente a Fidel
Castro. “Hasta tuvo un
romance con su hija”,
dijo. También dio que
Alvarez había estado
involucrado en el lavado
de dinero a través de
bancos en Colombia y en
México.
La periodista que
entrevistó a Posada
Carriles en 1998 es Anne
Louise Bardach. El
gobierno la traerá como
uno de los más
importantes testigos
para el caso. “Está
preenjuiciada contra el
exilio cubano”, dijo
Hernández. “Art” afirmó
con toda certeza que el
New York Times está
prejuiciado a favor de
Cuba. No sabemos qué
pensaban en ese momento
los doce tejanos del
jurado de esa
afirmación.
“Art” Hernández terminó
su presentación con una
frase de Fidel Castro.
Sin citarlo. Quizás no
sabe que fue Fidel quien
primero dijo que “Luis
Posada Carriles es una
papa caliente política
para el gobierno de los
Estados Unidos”, pero
con esa frase concluyó
su presentación. Quizás
Posada Carriles vio
alguna vez el animado
cubano titulado “La
patata ardiente”.
Mañana escucharemos el
testimonio del primer
testigo.
AL MARGEN
Antes de las
declaraciones de
apertura, los abogados
ventilaron unas pequeñas
escaramuzas legales
sobre algunos temas
preliminares. Primero,
los abogados defensores
de Luis Posada Carriles
trataron de convencer a
la Jueza Cardone de que
los autorice a decirle
al jurado esta mañana
que Cuba falsifica
récords, tergiversa
evidencia y fabrica el
testimonio de los
testigos.
A nombre de Posada
Carriles, su abogada
Rhonda Anderson dijo que
quería que le jueza le
permitiera “informarle”
al jurado que Cuba
falsificó la evidencia
durante el caso de los
Cinco para demostrar que
el derribo de los
aviones de Hermanos al
Rescate había ocurrido
en aguas territoriales
cubanas, sabiendo que el
derribo pasó en aguas
internacionales.
“Gerardo mismo dijo el
mes pasado que la
evidencia había sido
falsificada”, dijo
Anderson.
La referencia es al
recurso legal que los
abogados de Gerardo
Hernández, uno de los
cinco cubanos presos en
los Estados Unidos,
presentaron el 12 de
octubre de 2010.
Anderson se equivoca de
fecha y de hechos. El
recurso legal de Gerardo
fue presentado el 12 de
octubre de 2010 por sus
abogados, y no dice que
Cuba falsificó evidencia
alguna. Simplemente
dice que el abogado
anterior de Gerardo,
Paul McKenna, se
equivocó al concentrar
su defensa en el lugar
donde ocurrió el derribo
de las avionetas en vez
de enfocarle la atención
del jurado en el hecho
que Gerardo no participó
en plan alguno para
derribar aviones. Ni en
aguas internacionales o
en aguas cubanas.
Anderson también dijo
que quería decirle al
jurado esta mañana que
Cuba asesinó al General
Abrahantes y al General
Ochoa porque “sabían
demasiado”. La condena
del General Ochoa fue,
dijo ella, porque Cuba
había falsificado la
evidencia.
La contraparte de
Anderson fue Bridget
Behling de la fiscalía.
Aseguró que los abogados
de Posada no han
mostrado que los
testigos y los
documentos procedentes
de Cuba han sido
falsificados. Dijo que
los testigos cubanos
testificarían que
ocurrió una campaña de
bombas contra Cuba, y
que una de las bombas
mató a una persona. “Ni
siquiera testificarían
sobre el involucramiento
de Posada Carriles en el
asesinato de Fabio
DiCelmo o sobre las
bombas en La Habana”.
La Jueza Cardone no
aceptó los argumentos de
Anderson. Dictaminó que
el equipo legal de
Posada no tiene el
derecho de hacerle ese
tipo de argumento al
jurado antes de que el
gobierno presente la
evidencia que quiere
utilizar contra Posada,
y entonces tendría que
mostrar un vínculo entre
esa evidencia y las
denuncias que ella
quiera hacer sobre Cuba.
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Infografía realizada por Alejandro Seguí,
estudiante del Instituto Superior de Diseño Industrial (Cuba) |
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