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Somos la voz de una
nueva generación que
surge en un momento
en que la violencia, la
desesperación y la
muerte
quieren tomarse como
únicas soluciones.
Nos definimos por el
hombre,
que nunca está en
crisis,
y por su obra,
que es su esencia
permanente.
Manifiesto de la
Sociedad Cultural
Nuestro Tiempo, 1951.
La expresión abstracta,
al igual que la
objetiva, registra la
sensibilidad de la época
y no solo constituye un
estado de ánimo
privativo del artista.
La abstracción es, por
sobre todas las cosas,
una traslación
recreativa de la
realidad.
La realidad entra en el
artista como la savia
por la raíz, el follaje
no ha de ser como las
raíces, y de ahí la
diferencia entre la
realidad propuesta o
“referida” y la realidad
reconocible. El arte, en
su situación de piedra
de toque de lo
maravilloso, despierta
las analogías de la
vitalidad máxima del
hombre para ofrecer a lo
exterior el impulso de
una relación entre lo
mágico y lo que
acontece.1
La revalorización que ha
experimentado el arte
abstracto cubano durante
los últimos años no
resulta aún del todo
suficiente en tanto
requiere de un espacio
definitivamente
restituido que coexista,
sin miramientos ni
objeciones, junto con
las manifestaciones
figurativas.
Con
más de 50 años de
existencia, la “escuela”
abstracta cubana ha
luchado contra el
olvido, las valoraciones
injustas y la
incomprensión derivados
de la política cultural
oficial que, en
determinados momentos,
rigió la aceptación del
público y de un
determinado sector de la
crítica.
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"El gran juego",
1956, Mario
Carreño |
Para procurar un mejor
análisis y,
consecuentemente, una
total comprensión del
asunto, es preciso
liberarnos de ciertos
prejuicios,
lamentablemente
preponderantes durante
mucho tiempo, que aluden
a supuestos facilismos
técnicos y a una
posición evasiva ante la
realidad. Muy por el
contrario de lo que
algunos piensan, el
hecho de pintar o
esculpir una obra
abstracta demanda altas
dosis de oficio,
entrenamiento y, sobre
todo, sensibilidad. No
resulta tarea fácil
alcanzar la síntesis que
supone su discurso, por
cuanto el arte abstracto
trasciende las
apariencias para llegar
justamente a las
esencias. Solamente
superando tal esquema de
pensamiento podremos
apreciar la verdadera
dimensión de un
movimiento que significó
a escala internacional
una auténtica revolución
plástica. En ese
sentido, Cuba no
constituyó una excepción
y su irrupción en el
contexto artístico
nacional supuso grandes
transformaciones en la
manera de ver y concebir
el arte.
Su
proyección de
continuidad confiere a
la abstracción carácter
de “fenómeno”, lo que
suscita
una profunda reflexión
acerca de su presencia y
resistencia dentro de
nuestro contexto
sociocultural y en los
medios artísticos
exteriores. Nuestra
vanguardia abstracta se
gestó en los años 30 y
se estableció como
lenguaje en los 50. A
partir de la tercera
década del siglo XX
algunos artistas
coquetearon con la
abstracción antes de
definir los lenguajes
que los caracterizaría
personalmente. Me
refiero, entre otros, a
Marcelo Pogolotti,
Amelia Peláez y Enrique
Riverón, beneficiados
con estancias europeas
que los pusieron en
contacto con lo más
avanzado de la creación
artística de ese
continente. Amelia se
interesó por el cubismo;
en cambio, Pogolotti
realizó obras abstractas
con rasgos surrealistas.
Riverón, el más
convencido, desarrolló
una amplia gama de
pinturas, collages
y esculturas ejecutadas
generalmente dentro de
los códigos no
figurativos.
Asimismo, destacó el
nivel de experimentación
alcanzado por el
fotógrafo José Manuel
Acosta, quien procuró
“nuevas realidades”,
exponiendo directamente
sobre el papel
emulsionado objetos de
la vida cotidiana.
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"Aguamarina",
1931, Marcelo
Pogolotti |
A finales de los 40
aparecieron nombres como
los de Sandu Darie,
Carmen Herrera o Pedro
Álvarez, pioneros al
desarrollar en la Isla
una sólida obra
abstracta. Los catálogos
de la época refieren,
por ejemplo, la temprana
presencia de Álvarez en
distintas ediciones de
los Salones Nacionales,
con obras de factura
geométrica. Sandu se
reafirmó desde el
principio como uno de
nuestros creadores más
genuinos y
revolucionarios y
también como uno de los
primeros que se acercó a
su campo teórico. La
obra de Carmen Herrera
tuvo su desarrollo
mayoritariamente fuera
del país y por años se
ha mantenido discursando
sobre la abstracción
hasta llevarla a su más
“minimal” expresión.
El arte de la Isla había
mostrado hasta ese
momento un desfasaje
crónico con relación a
las manifestaciones
artísticas foráneas. Por
fortuna, la plástica
abstracta cubana de los
50 tuvo una respuesta a
tiempo con los
acontecimientos que la
incrementaron en Europa,
los EE.UU. y
Latinoamérica. Alejados
de toda mímesis,
nuestros pintores y
escultores supieron
imprimir rasgos de
peculiaridad e
idiosincrasia a sus
creaciones, como
consecuencia de la
atmósfera vital del
espacio geográfico
nacional.
La de los 50 fue esa
generación rebelde,
laboriosa y
transformadora que se
opuso a la Escuela de La
Habana y que halló en la
abstracción un auténtico
medio para canalizar sus
inquietudes estéticas y
los conflictos
espirituales del hombre
contemporáneo. Dos
grupos polarizaron esta
década:
Los Once y Diez
Pintores Concretos,
defensores del
expresionismo abstracto
y la corriente
geométrica,
respectivamente. Junto a
ellos advertimos otros
notables artistas que
trabajaron
individualmente y no
intentaron formar
terceros grupos ni
acogerse a los ya
existentes como Mario
Carreño, Zilia Sánchez,
Julio Matilla o Agustín
Fernández, en la
pintura; Alfredo Lozano,
Roberto Estopiñán y
Rolando López Dirube, en
la escultura.
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"La joven parca", 1954,
Roberto
Estopiñán |
A pesar de la descrita
efervescencia
experimentada en nuestro
país por el arte
abstracto a mediados del
pasado siglo, su final
sería públicamente
diagnosticado a finales
de esos años. En la
“conversación” sostenida
con nuestros pintores
abstractos, Juan
Marinello afirmó: “...el
arte abstracto está
herido de muerte. No
habrá que lamentar su
desaparición física sino
que haya vivido tanto”.
A juicio del destacado
intelectual cubano
nuestros artistas debían
ofrecer una obra que
reivindicara el
verdadero papel de la
pintura; igualmente
debía ser capaz de
responder a las
circunstancias del
momento.
El triunfo
revolucionario de 1959
cambió radicalmente el
paisaje político, social
y cultural de nuestra
nación. Las conocidas
como “Palabras a los
intelectuales” así como
el Primer Congreso de
Educación y Cultura
celebrado diez años
después en La Habana,
trazaron las pautas a
seguir en materia de
política cultural:
...que cada cual se
exprese en la forma que
estime pertinente, y que
exprese libremente el
tema que desea expresar.
Nosotros apreciaremos su
creación siempre a
través del prisma y del
cristal revolucionario.3
Las nuevas exigencias
contextuales motivaron
cambios en el panorama
plástico de aquellos
tiempos. Si bien es
cierto que en términos
artísticos a partir de
los 60 se inició un
indetenible regreso a la
figuración, la
abstracción continuó
discreta, pero
felizmente, su
itinerario de
desarrollo. Una nueva
hornada de pintores y
escultores trabajaron
desde entonces y de
consuno con los
representantes de la
vanguardia anterior del
arte abstracto,
salvaguardando así la
validez de todo un
movimiento.
Salvo la existencia del
denominado Grupo Cubano
de Arte Óptico, creado
en 1979 e integrado por
Ernesto Briel, Jorge
Fornés, Helena Serrano y
Armando Morales, entre
1960 y 1980 fue notorio
el despunte de figuras
aisladas sin
asociaciones. Valga
mencionar a Carlos
Trillo, Raúl Santoserpa,
Juan Vázquez Martín,
Gilberto Frómeta, José
Villa, Minerva López,
Julia Valdés, Carlos
Alberto García, Eduardo
Rubén,
Flavio Garciandía,
Tomás Lara, Eliseo
Valdés, Jorge William
Cabrera, Ángel Rivero,
Andy, y Rigoberto
Mena.
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S/T (Díptico),
1988, Eduardo
Rubén García |
Nuevas generaciones de
creadores mantienen vivo
el espíritu abstracto
desde los 90 y hasta la
actualidad, sumando así
una larga lista de
hacedores. Las obras de
artistas muy jóvenes
como Ronaldo
Encarnación, Danilo
Vinardell, Bárbaro
Reyes, Pango, o
Reynier Ferrer, nos
hablan, precisamente, de
esa compensación con los
audaces tiempos de la
primera vanguardia
abstracta. Para mayor
suerte, también nuestro
panorama plástico se ha
visto paulatinamente
enriquecido en los
últimos tiempos con la
realización de algunas
exposiciones colectivas
que han intentado
redimensionar, en mayor
o menor medida, la
presencia abstracta.
Hoy día nuestros
abstractos se enfrentan
a los retos que supone
la visualidad
contemporánea. La
aplicación de nuevas
técnicas expresivas así
como el uso de otros
materiales y soportes
menos tradicionales,
hacen de la abstracción
un universo
infinitamente renovable.
Aunque no siempre
apreciados como merecen,
los artistas abstractos
cubanos, muchas veces
incomprendidos,
rechazados y hasta
olvidados en
determinados momentos,
trabajaron y trabajan
incesantemente por
mantenerse, imponerse y
actualizarse dentro de
un medio que no resulta
del todo
condescendiente. Por
supuesto, mucho queda
aún por recorrer en este
legítimo acto de
justicia. La actual
confluencia entre viejas
y nuevas generaciones
confirma la fuerza y
vigencia que cobra la
abstracción en nuestro
país.
Es la eterna y
apasionada lucha, la que
este grupo de pintores y
escultores […], ha
tomado para sí, la de
encontrarle sentido al
mundo, a la vida, al
espíritu, y sobre todo
expresarse con la
libertad que solo el
arte ofrece, felizmente
lejos de toda
representación
naturalista, lo que les
permite ser y estar en
su tiempo y en su futuro.4
Los abstractos cubanos
han corrido con su
propia suerte, pero creo
que el tiempo les irá
dando, poco a poco, su
justo valor. “El que
persiste, triunfa”, reza
un viejo refrán. Así lo
corrobora esta
exposición con que el
Museo Nacional de Bellas
Artes rinde homenaje al
movimiento abstracto a
través de los artistas
de ayer y de hoy. Pese a
todo, con su obra, ellos
afirman: “la
abstracción cubana
continúa viva”.
NOTAS
1. Citado por Hugo
Consuegra en su libro
Elapso Tempore,
Ediciones Universal,
Miami, Florida, 2001,
p.138.
2. Marinello, Juan:
“Conversación con
nuestros pintores”,
Comentarios al arte,
Editorial Letras
Cubanas, La Habana,
1983, p.69.
3. Discurso pronunciado
por Fidel Castro Ruz,
entonces Primer Ministro
del Gobierno
Revolucionario y
Secretario del PURSC,
como conclusión de las
reuniones con los
intelectuales cubanos,
efectuadas en la
Biblioteca Nacional, los
días 16, 23 y 30 de
junio de 1961.
4. Texidor, Jorge:
Palabras al catálogo de
la muestra Once
pintores y escultores,
exhibida en la Galería
La Rampa, Centro
Comercial Infanta y 23,
entre el 18 y el 28 de
abril de 1953.
Palabras para el
catálogo de la
exposición La otra
realidad. Una historia
del arte abstracto
cubano (septiembre
de 2010 a enero de 2011,
Museo Nacional de Bellas
Artes). |