La Habana. Año IX.
15 al 21 de ENERO
de 2011

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100 años de arte abstracto
La espiral infinita: diálogo entre generaciones
Elsa Vega Dopico • La Habana

Somos la voz de una nueva generación que surge en un momento
en que la violencia, la desesperación y la muerte
quieren tomarse como únicas soluciones.
Nos definimos por el hombre,
 que nunca está en crisis,
 y por su obra,
que es su esencia permanente.

                                                                           Manifiesto de la Sociedad Cultural
Nuestro Tiempo, 1951.

La expresión abstracta, al igual que la objetiva, registra la sensibilidad de la época y no solo constituye un estado de ánimo privativo del artista. La abstracción es, por sobre todas las cosas, una traslación recreativa de la realidad.

La realidad entra en el artista como la savia por la raíz, el follaje no ha de ser como las raíces, y de ahí la diferencia entre la realidad propuesta o “referida” y la realidad reconocible. El arte, en su situación de piedra de toque de lo maravilloso, despierta las analogías de la vitalidad máxima del hombre para ofrecer a lo exterior el impulso de una relación entre lo mágico y lo que acontece.1

La revalorización que ha experimentado el arte abstracto cubano durante los últimos años no resulta aún del todo suficiente en tanto requiere de un espacio definitivamente restituido que coexista, sin miramientos ni objeciones, junto con las manifestaciones figurativas. Con más de 50 años de existencia, la “escuela” abstracta cubana ha luchado contra el olvido, las valoraciones injustas y la incomprensión derivados de la política cultural oficial que, en determinados momentos, rigió la aceptación del público y de un determinado sector de la crítica.


"El gran juego", 1956, Mario Carreño

Para procurar un mejor análisis y, consecuentemente, una total comprensión del asunto, es preciso liberarnos de ciertos prejuicios, lamentablemente preponderantes durante mucho tiempo, que aluden a supuestos facilismos técnicos y a una posición evasiva ante la realidad. Muy por el contrario de lo que algunos piensan, el hecho de pintar o esculpir una obra abstracta demanda altas dosis de oficio, entrenamiento y, sobre todo, sensibilidad. No resulta tarea fácil alcanzar la síntesis que supone su discurso, por cuanto el arte abstracto trasciende las apariencias para llegar justamente a las esencias. Solamente superando tal esquema de pensamiento podremos apreciar la verdadera dimensión de un movimiento que significó a escala internacional una auténtica revolución plástica. En ese sentido, Cuba no constituyó una excepción y su irrupción en el contexto artístico nacional supuso grandes transformaciones en la manera de ver y concebir el arte.

Su proyección de continuidad confiere a la abstracción carácter de “fenómeno”, lo que suscita una profunda reflexión acerca de su presencia y resistencia dentro de nuestro contexto sociocultural y en los medios artísticos exteriores. Nuestra vanguardia abstracta se gestó en los años 30 y se estableció como lenguaje en los 50. A partir de la tercera década del siglo XX algunos artistas coquetearon con la abstracción antes de definir los lenguajes que los caracterizaría personalmente. Me refiero, entre otros, a Marcelo Pogolotti, Amelia Peláez y Enrique Riverón, beneficiados con estancias europeas que los pusieron en contacto con lo más avanzado de la creación artística de ese continente. Amelia se interesó por el cubismo; en cambio, Pogolotti realizó obras abstractas con rasgos surrealistas. Riverón, el más convencido, desarrolló una amplia gama de pinturas, collages y esculturas ejecutadas generalmente dentro de los códigos no figurativos. Asimismo, destacó el nivel de experimentación alcanzado por el fotógrafo José Manuel Acosta, quien procuró “nuevas realidades”, exponiendo directamente sobre el papel emulsionado objetos de la vida cotidiana.


"Aguamarina", 1931, Marcelo Pogolotti

A finales de los 40 aparecieron nombres como los de Sandu Darie, Carmen Herrera o Pedro Álvarez, pioneros al desarrollar en la Isla una sólida obra abstracta. Los catálogos de la época refieren, por ejemplo, la temprana presencia de Álvarez en distintas ediciones de los Salones Nacionales, con obras de factura geométrica. Sandu se reafirmó desde el principio como uno de nuestros creadores más genuinos y revolucionarios y también como uno de los primeros que se acercó a su campo teórico. La obra de Carmen Herrera tuvo su desarrollo mayoritariamente fuera del país y por años se ha mantenido discursando sobre la abstracción hasta llevarla a su más “minimal” expresión.

El arte de la Isla había mostrado hasta ese momento un desfasaje crónico con relación a las manifestaciones artísticas foráneas. Por fortuna, la plástica abstracta cubana de los 50 tuvo una respuesta a tiempo con los acontecimientos que la incrementaron en Europa, los EE.UU. y Latinoamérica. Alejados de toda mímesis, nuestros pintores y escultores supieron imprimir rasgos de peculiaridad e idiosincrasia a sus creaciones, como consecuencia de la atmósfera vital del espacio geográfico nacional. La de los 50 fue esa generación rebelde, laboriosa y transformadora que se opuso a la Escuela de La Habana y que halló en la abstracción un auténtico medio para canalizar sus inquietudes estéticas y los conflictos espirituales del hombre contemporáneo. Dos grupos polarizaron esta década: Los Once y Diez Pintores Concretos, defensores del expresionismo abstracto y la corriente geométrica, respectivamente. Junto a ellos advertimos otros notables artistas que trabajaron individualmente y no intentaron formar terceros grupos ni acogerse a los ya existentes como Mario Carreño, Zilia Sánchez, Julio Matilla o Agustín Fernández, en la pintura; Alfredo Lozano, Roberto Estopiñán y Rolando López Dirube, en la escultura.


"La joven parca", 1954, Roberto Estopiñán

A pesar de la descrita efervescencia experimentada en nuestro país por el arte abstracto a mediados del pasado siglo, su final sería públicamente diagnosticado a finales de esos  años. En la “conversación” sostenida con nuestros pintores abstractos, Juan Marinello afirmó: “...el arte abstracto está herido de muerte. No habrá que lamentar su desaparición física sino que haya vivido tanto”. A juicio del destacado intelectual cubano nuestros artistas debían ofrecer una obra que reivindicara el verdadero papel de la pintura; igualmente debía ser capaz de responder a las circunstancias del momento. 

El triunfo revolucionario de 1959 cambió radicalmente el paisaje político, social y cultural de nuestra nación. Las conocidas como “Palabras a los intelectuales” así como el Primer Congreso de Educación y Cultura celebrado diez años después en La Habana, trazaron las pautas a seguir en materia de política cultural:

...que cada cual se exprese en la forma que estime pertinente, y que exprese libremente el tema que desea expresar. Nosotros apreciaremos su creación siempre a través del prisma y del cristal revolucionario.3

Las nuevas exigencias contextuales motivaron cambios en el panorama plástico de aquellos tiempos. Si bien es cierto que en términos artísticos a partir de los 60 se inició un indetenible regreso a la figuración, la abstracción continuó discreta, pero felizmente, su itinerario de desarrollo. Una nueva hornada de pintores y escultores trabajaron desde entonces y de consuno con los representantes de la vanguardia anterior del arte abstracto, salvaguardando así la validez de todo un movimiento. 

Salvo la existencia del denominado Grupo Cubano de Arte Óptico, creado en 1979 e integrado por Ernesto Briel, Jorge Fornés, Helena Serrano y Armando Morales, entre 1960 y 1980 fue notorio el despunte de figuras aisladas sin asociaciones. Valga mencionar a Carlos Trillo, Raúl Santoserpa, Juan Vázquez Martín, Gilberto Frómeta, José Villa, Minerva López, Julia Valdés, Carlos Alberto García, Eduardo Rubén, Flavio Garciandía, Tomás Lara, Eliseo Valdés, Jorge William Cabrera, Ángel Rivero, Andy, y Rigoberto Mena.


S/T (Díptico), 1988, Eduardo Rubén García

Nuevas generaciones de creadores mantienen vivo el espíritu abstracto desde los 90 y hasta la actualidad, sumando así una larga lista de hacedores. Las obras de artistas muy jóvenes como Ronaldo Encarnación, Danilo Vinardell, Bárbaro Reyes, Pango, o Reynier Ferrer, nos hablan, precisamente, de esa compensación con los audaces tiempos de la primera vanguardia abstracta. Para mayor suerte, también nuestro panorama plástico se ha visto paulatinamente enriquecido en los últimos tiempos con la realización de algunas exposiciones colectivas que han intentado redimensionar, en mayor o menor medida, la presencia abstracta. 

Hoy día nuestros abstractos se enfrentan a los retos que supone la visualidad contemporánea. La aplicación de nuevas técnicas expresivas así como el uso de otros materiales y soportes menos tradicionales, hacen de la abstracción un universo infinitamente renovable. Aunque no siempre apreciados como merecen, los artistas abstractos cubanos, muchas veces incomprendidos, rechazados y hasta olvidados en determinados momentos, trabajaron y trabajan incesantemente por mantenerse, imponerse y actualizarse dentro de un medio que no resulta del todo condescendiente. Por supuesto, mucho queda aún por recorrer en este legítimo acto de justicia. La actual confluencia entre viejas y nuevas generaciones confirma la fuerza y vigencia que cobra la abstracción en nuestro país.

Es la eterna y apasionada lucha, la que este grupo de pintores y escultores […], ha tomado para sí, la de encontrarle sentido al mundo, a la vida, al espíritu, y sobre todo expresarse con la libertad que solo el arte ofrece, felizmente lejos de toda representación naturalista, lo que les permite ser y estar en su tiempo y en su futuro.4

Los abstractos cubanos han corrido con su propia suerte, pero creo que el tiempo les irá dando, poco a poco, su justo valor. “El que persiste, triunfa”, reza un viejo refrán. Así lo corrobora esta exposición con que el Museo Nacional de Bellas Artes rinde homenaje al movimiento abstracto a través de los artistas de ayer y de hoy. Pese a todo, con su obra, ellos afirman: “la abstracción cubana continúa viva”.

NOTAS

1. Citado por Hugo Consuegra en su libro Elapso Tempore, Ediciones Universal, Miami, Florida,  2001, p.138.

2. Marinello, Juan: “Conversación con nuestros pintores”, Comentarios al arte, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1983, p.69.

3. Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, entonces Primer Ministro del Gobierno Revolucionario y Secretario del PURSC, como conclusión de las reuniones con los intelectuales cubanos, efectuadas en la Biblioteca Nacional, los días 16, 23 y 30 de junio de 1961.

4. Texidor, Jorge: Palabras al catálogo de la muestra Once pintores y escultores, exhibida en la Galería La Rampa, Centro Comercial Infanta y 23, entre el 18 y el 28 de abril de 1953.

Palabras para el catálogo de la exposición La otra realidad. Una historia del arte abstracto cubano (septiembre de 2010 a enero de 2011, Museo Nacional de Bellas Artes).

 
 
 
 


GALERÍA de obras

La otra realidad:
una historia de arte abstracto cubano

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.