La Habana. Año IX.
15 al 21 de ENERO
de 2011

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

 
Vicentico Valdés
Personificación del bolero
Josefina Ortega • La Habana

Recuerdo aquellos días de la ya lejana infancia mía cuando en la bodega de la esquina ―la de Neptuno y Marqués González, en mi Cayo Hueso natal, donde, por cierto, también nació Vicentico― los parroquianos no se cansaban de escuchar en la victrola una y otra vez los más sonados éxitos del considerado hoy como uno de los más grandes cantantes cubanos de todos los tiempos: “Añorado encuentro”, “Envidia” y “Los aretes de la luna”.  

Sin embargo, recientemente conocí, gracias al volumen Añorado encuentro. Poemas cubanos sobre boleros y canciones (2001), del amigo Waldo González López que, justamente por el primero de aquellos hits, el reconocido artista mereció un Disco de Oro “cuya réplica desde entonces llevaba colgada al cuello, como otros escogen un crucifijo u otra imagen religiosa o de cualquier naturaleza”. Tal era su gusto por ese enorme bolero de los cubanos Piloto y Vera, así como también por los otros dos, igual de famosos en esa época.  

Así lo confesó el propio Vicentico Valdés (La Habana, 10 de enero de 1921-Nueva York, 26 de junio de 1995) al periodista panameño César Villalobos, en la que se supone fuera su última entrevista, y donde agregó: “El bolero no muere. […] Se aletarga un poco, pero está ahí en la obra de los compositores nuevos, y seguirá”. 

El público lo obligó a lo romántico 

Lo cierto es que en sus comienzos este consumado bolerista ―nacido dentro de una familia de notables músicos, como sus hermanos, el percusionista Oscar y el cantante Alfredito― interpretó sones, guarachas y danzones. Son los días en los que graba en México, por ejemplo, con el Conjunto Tropical de Humberto Cané “Un meneíto na´ ma”  y “Negro bonito”; y con Tito Puente, en los EE.UU., “Arrollando”, “Rankankán” y “Babaratíbiri”, números todos muy lejos del género que lo dio a conocer en medio mundo. 

Fue el público ―el mismo artista lo diría― quien lo obligó “a lo romántico. De ahí que siguiera esta línea ―como apunta el colega Waldo González López―, pues además en todos los escenarios en que se presentara, con sus juveniles setentitantos años y hasta su muerte, le solicitaban sus números preferidos, ya mencionados, y otros, interpretados incluso en versiones nuevas, a las que solo añadiría voces femeninas para su acompañamiento musical. 

“Su quehacer de vasto alcance ha sido definido como lo que fue: el de un artista completo. Iniciado durante tantas décadas atrás y nunca obsoleto, sino cada vez más actualizado con nuevas sonoridades bolerísticas hasta su desaparición física, gracias a su carisma y singular estilo, continúa siendo, aún hoy, un preferido e irremplazable, a pesar de sus pedestres imitadores que hemos sufrido […]. 

“Las grabaciones que fijaron su fama como bolerista en el gusto popular ―aunque con anterioridad había incursionado en el género― fueron, sin duda, las realizadas en La Habana, con el conjunto Sonora Matancera, en los 50, para el sello discográfico Secco, entre las que se encuentra una de su tríada favorita: ‘Los aretes de la luna’.”  

Después formó su propia orquesta en Nueva York y, finalmente, se dedicó a cantar como solista. 

Realizó giras por diferentes países como Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Venezuela, México, Nicaragua, Honduras, Costa Rica, Panamá, España, Francia, y en todos fue muy aplaudido. 

Su sonar único y cubano  

Durante mucho tiempo, Vicentico Valdés residió fuera de Cuba, mas su popularidad se mantuvo en la Isla desde que se situó en los primeros puestos del cancionero popular “con esa voz, esa cadencia y ese tiempo lentísimo que implantara su estilo en el bolero” ―al decir de la compositora y trovadora Marta Valdés, la que recreó números como “Llora” y “En la imaginación”. 

“¿Quién de los que ya peinamos canas no enamoramos en algún momento o añoramos al amor perdido o, tal vez, lo disfrutamos con aquellos bolerotes al estilo y forma de hacerlos de Vicentico Valdés? Y es que dentro de la historia de la música popular cubana, ocupa un importante espacio la obra de este grande.” 

Lo dice desde las páginas web de Habana Radio el psicólogo Raúl Fullerat, mientras Marta Valdés lo resume con estas palabras al amigo Waldo: “A base de sonar único y cubano, Vicentico atravesó varias décadas y permanece todavía como una de las señales sonoras innegables de nuestra música”. 

Buena parte de su éxito no radicaba solamente en sus condiciones vocales y en su muy personal estilo, sino también en la inteligente selección de sus números, entre los que señoreaban, en primer lugar, los cubanos; además, otros mexicanos y de Latinoamérica. 

“Me gusta satisfacer al público; por eso es que mis grabaciones de muchos años siempre a la gente le han gustado.”

 
 
 
 
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.