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Recuerdo aquellos días
de la ya lejana infancia
mía cuando en la bodega
de la esquina ―la de
Neptuno y Marqués
González, en mi Cayo
Hueso natal, donde, por
cierto, también nació
Vicentico― los
parroquianos no se
cansaban de escuchar en
la victrola una y otra
vez los más sonados
éxitos del considerado
hoy como uno de los más
grandes cantantes
cubanos de todos los
tiempos: “Añorado
encuentro”, “Envidia” y
“Los aretes de la luna”.
Sin embargo,
recientemente conocí,
gracias al volumen
Añorado encuentro.
Poemas cubanos sobre
boleros y canciones
(2001), del amigo Waldo
González López que,
justamente por el
primero de aquellos
hits, el reconocido
artista mereció un Disco
de Oro “cuya réplica
desde entonces llevaba
colgada al cuello, como
otros escogen un
crucifijo u otra imagen
religiosa o de cualquier
naturaleza”. Tal era su
gusto por ese enorme
bolero de los cubanos
Piloto y Vera, así como
también por los otros
dos, igual de famosos en
esa época.
Así lo confesó el propio
Vicentico Valdés (La
Habana, 10 de enero de
1921-Nueva York, 26 de
junio de 1995) al
periodista panameño
César Villalobos, en la
que se supone fuera su
última entrevista, y
donde agregó: “El bolero
no muere. […] Se
aletarga un poco, pero
está ahí en la obra de
los compositores nuevos,
y seguirá”.
El público lo obligó a
lo romántico
Lo cierto es que en sus
comienzos este consumado
bolerista ―nacido dentro
de una familia de
notables músicos, como
sus hermanos, el
percusionista Oscar y el
cantante Alfredito―
interpretó sones,
guarachas y danzones.
Son los días en los que
graba en México, por
ejemplo, con el Conjunto
Tropical de Humberto
Cané “Un meneíto na´
ma” y “Negro bonito”; y
con Tito Puente, en los
EE.UU., “Arrollando”,
“Rankankán” y “Babaratíbiri”,
números todos muy lejos
del género que lo dio a
conocer en medio mundo.
Fue el público ―el mismo
artista lo diría― quien
lo obligó “a lo
romántico. De ahí que
siguiera esta línea
―como apunta el colega
Waldo González López―,
pues además en todos los
escenarios en que se
presentara, con sus
juveniles setentitantos años y hasta su
muerte, le solicitaban
sus números preferidos,
ya mencionados, y otros,
interpretados incluso en
versiones nuevas, a las
que solo añadiría voces
femeninas para su
acompañamiento musical.
“Su quehacer de vasto
alcance ha sido definido
como lo que fue: el de
un artista completo.
Iniciado durante tantas
décadas atrás y nunca
obsoleto, sino cada vez
más actualizado con
nuevas sonoridades
bolerísticas hasta su
desaparición física,
gracias a su carisma y
singular estilo,
continúa siendo, aún
hoy, un preferido e
irremplazable, a pesar
de sus pedestres
imitadores que hemos
sufrido […].
“Las grabaciones que
fijaron su fama como
bolerista en el gusto
popular ―aunque con
anterioridad había
incursionado en el
género― fueron, sin
duda, las realizadas en
La Habana, con el
conjunto Sonora
Matancera, en los 50,
para el sello
discográfico Secco,
entre las que se
encuentra una de su
tríada favorita: ‘Los
aretes de la luna’.”
Después formó su propia
orquesta en Nueva York
y, finalmente, se dedicó
a cantar como solista.
Realizó giras por
diferentes países como
Argentina, Brasil,
Chile, Colombia,
Venezuela, México,
Nicaragua, Honduras,
Costa Rica, Panamá,
España, Francia, y en
todos fue muy
aplaudido.
Su sonar único y cubano
Durante mucho tiempo,
Vicentico Valdés residió
fuera de Cuba, mas su
popularidad se mantuvo
en la Isla desde que se
situó en los primeros
puestos del cancionero
popular “con esa voz,
esa cadencia y ese
tiempo lentísimo que
implantara su estilo en
el bolero” ―al decir de
la compositora y
trovadora Marta Valdés,
la que recreó números
como “Llora” y “En la
imaginación”.
“¿Quién de los que ya
peinamos canas no
enamoramos en algún
momento o añoramos al
amor perdido o, tal vez,
lo disfrutamos con
aquellos bolerotes al
estilo y forma de
hacerlos de Vicentico
Valdés? Y es que dentro
de la historia de la
música popular cubana,
ocupa un importante
espacio la obra de este
grande.”
Lo dice desde las
páginas web de Habana
Radio el psicólogo Raúl
Fullerat, mientras Marta
Valdés lo resume con
estas palabras al amigo
Waldo: “A base de sonar
único y cubano,
Vicentico atravesó
varias décadas y
permanece todavía como
una de las señales
sonoras innegables de
nuestra música”.
Buena parte de su éxito
no radicaba solamente en
sus condiciones vocales
y en su muy personal
estilo, sino también en
la inteligente selección
de sus números, entre
los que señoreaban, en
primer lugar, los
cubanos; además, otros
mexicanos y de
Latinoamérica.
“Me gusta satisfacer al
público; por eso es que
mis grabaciones de
muchos años siempre a la
gente le han gustado.” |