La Habana. Año IX.
15 al 21 de ENERO
de 2011

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Las canciones de Dora
Rubén Darío Salazar • Matanzas
Foto: Cortesía del autor

I

Doralina, Lina y Dora:

Fiel arpegio, serenata

como un rumor de sinsonte

que no ha perdido sus alas.

 

Escucha muy atentamente

los penachos de las palmas,

el murmurar del arroyo,

y las estrellas más blancas.1

El 22 de diciembre de 2010 Matanzas se vistió de largo. Cantó, recitó y danzó en homenaje a su escritora para niños más conocida y amada. En la Sala Papalote se celebró el cumpleaños cien de Dora Alonso, una escritora nacida entre ríos y montes, con estatura de palma y perfume de picualas, origen idóneo para armar un guateque distinto, una fiesta tan especial como ella misma. Nacida en hogar próspero, Dora nunca blasonó de las posibilidades económicas de su familia, sino que luchó siempre a favor de los más desvalidos, los del color discriminado, los desclasados de aquella seudorrepública negadora de toda igualdad. Fue una muchacha llena de ilusión que se sumó a las organizaciones políticas que luchaban por una Cuba mejor. Hizo lo mismo desde sus radionovelas, sus piezas dramáticas y sus cuentos. Nunca perdió a la niña ni a la muchacha, las eternizó en su personalidad, convirtiéndose en un ente lleno de luz y sencillez, como las yerbas curativas del camino que alivian las dolencias y uno no sabe cómo ni por qué, solo intuye cuán necesarias son para vivir, cuán imprescindibles.

II

¿A dónde volver contigo

si no a la tierra de infancia?

¿Qué escondes entre susurros,

misterios, abracadabras?

     

¿En una mano? Los títeres.

¿Y en la otra? Una guitarra.

¿Quién no siente ese aletear

del pájaro que ya escapa?2

El concierto de poemas y canciones Matanzas canta a Dora Alonso, realizado en el marco del II Encuentro Itinerante El cochero azul, auspiciado por la UNEAC yumurina con el apoyo de diversas instituciones, comenzó con el homenaje a los artistas Miriam Sánchez y Juan Acosta, maestros titiriteros de larga y fecunda trayectoria, y a Mayra Navarro, figura vital de la narración oral escénica en la Isla, vinculada durante un período de su vida a la promoción y el desarrollo del teatro de títeres cubano. A ellos tres les fue entregada la condición de miembros de honor del Centro Cubano de la UNIMA. René Fernández, el destacado dramaturgo y director artístico y presidente de esta organización, fue el responsable de entregar un diploma original, creado por las manos maravillosas del diseñador Zenén Calero, autor también de la escenografía, vestuario y luces de la velada cultural. Fue entregado allí el Premio Extraordinario Dora Alonso, cuyo concursante ganador fue el narrador espirituano Julio Llanes, con el texto La princesa Doralina. Después llegó la entrada de la melodía unida a la lírica de la Alonso.

La periodista y escritora Soledad Cruz escribió: “Matanzas canta a Dora Alonso, cantata con versos musicalizados de la escritora, fue un gran regalo del talento artístico matancero, que al honrar a su notable compatriota honró a la cultura de la nación”. También el poeta colombino José Manuel Espino dejó escrita su apreciación del concierto: “Con imágenes de nuestra Dora se inició la Cantata por el cumpleaños cien. Música y poesía se entretejieron; actores y cantantes acompañados por el Quinteto Opus V, con arreglos realizados por la maestra Elvira Santiago nos reencontraron con una Dora hechizada y hechizante.”  Y la verdad es que la fiesta musical se convirtió en ofrenda merecida. Cada poema de los libros Palomar, La flauta de chocolate o Los payasos, fueron tocados con la musa personal de los compositores Raúl Valdés, Ernesto Perdomo, Nelson Maragotto, la propia Elvira Santiago y Reynaldo Montalvo, quien además, junto con el flautista Daniel Rodríguez, se unió a Opus V y dirigió su Coro Infantil-Juvenil Astro Rey, punto culminante en el desarrollo dramático-musical del espectáculo. Los actores de Teatro de Las Estaciones hicieron lo suyo, mi gente no se podía quedar fuera del jolgorio. Cada frase dicha por Fara Madrigal, Migdalia Seguí, Iván García, Aniel Horta o Luis Torres sirvió para apuntalar el universo de armonías y letras desatado desde el comienzo. Para no olvidar, fue la sensible participación de Danza Espiral a través del bailarín Yadier Durán, que interpretó una coreografía de Liliam Padrón. Cada poema de Dora fue graficado con imágenes de la festejada, hasta llegar a la fotografía con Pelusín del Monte, su títere-hijo, nuestro títere-hermano. La sonrisa del guajirito diseñado en 1956 por Pepe Camejo, activo aún sobre la escena se unió a la de Doralina para decir adiós y darle a su vez la bienvenida a 2011, en definitiva este es verdaderamente el año cien, que durará hasta el próximo 22 de diciembre. En ese mes, de seguro volveremos a escuchar los poemas, o mejor dicho las canciones, ya no se sabe, de nuestra Dora Alonso.

Te vamos adivinando

en las luciérnagas mansas,

en la tojosa, la lluvia,

los güijes, la bibijagua.

 

Desde la finca El recreo

despiertan…   ¡Ay, dulces aguas!

y algún suspiro de niña:

Cien años es casi nada.3

 

Notas 1, 2 y 3 fragmentos del poema “Serenata”, del poeta José Manuel Espino Ortega, leídos en el concierto Matanzas canta a Dora Alonso.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.