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I
Doralina, Lina y Dora:
Fiel arpegio, serenata
como un rumor de
sinsonte
que no ha perdido sus
alas.
Escucha muy atentamente
los penachos de las
palmas,
el murmurar del arroyo,
y las estrellas más
blancas.1
El 22 de diciembre de
2010 Matanzas se vistió
de largo. Cantó, recitó
y danzó en homenaje a su
escritora para niños más
conocida y amada. En la
Sala Papalote se celebró
el cumpleaños cien de
Dora Alonso, una
escritora nacida entre
ríos y montes, con
estatura de palma y
perfume de picualas,
origen idóneo para armar
un guateque distinto,
una fiesta tan especial
como ella misma. Nacida
en hogar próspero, Dora
nunca blasonó de las
posibilidades económicas
de su familia, sino que
luchó siempre a favor de
los más desvalidos, los
del color discriminado,
los desclasados de
aquella seudorrepública
negadora de toda
igualdad. Fue una
muchacha llena de
ilusión que se sumó a
las organizaciones
políticas que luchaban
por una Cuba mejor. Hizo
lo mismo desde sus
radionovelas, sus piezas
dramáticas y sus
cuentos. Nunca perdió a
la niña ni a la
muchacha, las eternizó
en su personalidad,
convirtiéndose en un
ente lleno de luz y
sencillez, como las
yerbas curativas del
camino que alivian las
dolencias y uno no sabe
cómo ni por qué, solo
intuye cuán necesarias
son para vivir, cuán
imprescindibles.
II
¿A dónde volver contigo
si no a la tierra de
infancia?
¿Qué escondes entre
susurros,
misterios, abracadabras?
¿En una mano? Los
títeres.
¿Y en la otra? Una
guitarra.
¿Quién no siente ese
aletear
del pájaro que ya
escapa?2
El concierto de poemas y
canciones Matanzas canta
a Dora Alonso, realizado
en el marco del II
Encuentro Itinerante El
cochero azul, auspiciado
por la UNEAC yumurina
con el apoyo de diversas
instituciones, comenzó
con el homenaje a los
artistas Miriam Sánchez
y Juan Acosta, maestros
titiriteros de larga y
fecunda trayectoria, y a
Mayra Navarro, figura
vital de la narración
oral escénica en la
Isla, vinculada durante
un período de su vida a
la promoción y el
desarrollo del teatro de
títeres cubano. A ellos
tres les fue entregada
la condición de miembros
de honor del Centro
Cubano de la UNIMA. René
Fernández, el destacado
dramaturgo y director
artístico y presidente
de esta organización,
fue el responsable de
entregar un diploma
original, creado por las
manos maravillosas del
diseñador Zenén Calero,
autor también de la
escenografía, vestuario
y luces de la velada
cultural. Fue entregado
allí el Premio
Extraordinario Dora
Alonso, cuyo concursante
ganador fue el narrador
espirituano Julio
Llanes, con el texto
La princesa Doralina.
Después llegó la
entrada de la melodía
unida a la lírica de la
Alonso.
La periodista y
escritora Soledad Cruz
escribió: “Matanzas
canta a Dora Alonso,
cantata con versos
musicalizados de la
escritora, fue un gran
regalo del talento
artístico matancero, que
al honrar a su notable
compatriota honró a la
cultura de la nación”.
También el poeta
colombino José Manuel
Espino dejó escrita su
apreciación del
concierto: “Con imágenes
de nuestra Dora se
inició la Cantata
por el cumpleaños cien.
Música y poesía se
entretejieron; actores y
cantantes acompañados
por el Quinteto Opus V,
con arreglos realizados
por la maestra Elvira
Santiago nos
reencontraron con una
Dora hechizada y
hechizante.” Y
la verdad es que la
fiesta musical se
convirtió en ofrenda
merecida. Cada poema de
los libros Palomar,
La flauta de chocolate
o Los payasos,
fueron tocados con la
musa personal de los
compositores Raúl
Valdés, Ernesto Perdomo,
Nelson Maragotto, la
propia Elvira Santiago y
Reynaldo Montalvo, quien
además, junto con el
flautista Daniel
Rodríguez, se unió a
Opus V y dirigió su Coro
Infantil-Juvenil Astro
Rey, punto culminante en
el desarrollo
dramático-musical del
espectáculo. Los actores
de Teatro de Las
Estaciones hicieron lo
suyo, mi gente no se
podía quedar fuera del
jolgorio. Cada frase
dicha por Fara Madrigal,
Migdalia Seguí, Iván
García, Aniel Horta o
Luis Torres sirvió para
apuntalar el universo de
armonías y letras
desatado desde el
comienzo. Para no
olvidar, fue la sensible
participación de Danza
Espiral a través del
bailarín Yadier Durán,
que interpretó una
coreografía de Liliam
Padrón. Cada poema de
Dora fue graficado con
imágenes de la
festejada, hasta llegar
a la fotografía con
Pelusín del Monte, su
títere-hijo, nuestro
títere-hermano. La
sonrisa del guajirito
diseñado en 1956 por
Pepe Camejo, activo aún
sobre la escena se unió
a la de Doralina para
decir adiós y darle a su
vez la bienvenida a
2011, en definitiva este
es verdaderamente el año
cien, que durará hasta
el próximo 22 de
diciembre. En ese mes,
de seguro volveremos a
escuchar los poemas, o
mejor dicho las
canciones, ya no se
sabe, de nuestra Dora
Alonso.
Te vamos adivinando
en las luciérnagas
mansas,
en la tojosa, la lluvia,
los güijes, la
bibijagua.
Desde la finca El recreo
despiertan… ¡Ay,
dulces aguas!
y algún suspiro de niña:
─Cien
años es casi nada.3
Notas 1, 2 y 3
fragmentos del poema
“Serenata”, del poeta
José Manuel Espino
Ortega, leídos en el
concierto Matanzas canta
a Dora Alonso.
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