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Lamentablemente, el
desinterés que en los
años 80 la EGREM
manifestó por ciertas
zonas de la producción
musical cubana de por
entonces, como la
llevada a cabo por los
representantes de la
segunda generación de la
Nueva Trova o por
aquellos que
protagonizaron el
despertar del rock
nacional, resultó algo
que se traspoló a los
sellos discográficos que
fueron apareciendo entre
nosotros a partir de los
comienzos del siguiente
decenio.
Por lo anterior hay que
agradecerles a los
españoles de Nube Negra
que hayan puesto sus
ojos en un núcleo de
jóvenes cantautores que,
a partir de que
irrumpieran en la escena
local como protagonistas
de la hoy renombrada
peña de 13 y 8, trajeron
un aire renovador a la
cancionística nacional.
Justo es reconocer que
en tal decisión mucho
tuvo que ver el criterio
de Gema Corredera y
Pável Urquiza, que desde
su labor como
productores en la
mencionada disquera
madrileña, formularon la
propuesta de acometer un
CD como este que, a 15
años de haber sido
realizado, todavía
sorprende por la
vigencia y actualidad de
su discurso musical.
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Grabado durante el mes
de agosto de 1995 en
unos improvisados
estudios denominados El
Cuero, Habana oculta
recoge 16 cortes que
testimonian ocho
disímiles maneras de
asumir eso que en la
actualidad se reconoce
como Canción Cubana
Contemporánea, pero que
al propio tiempo
resultan complementarias
y marcadas por una misma
intención; es decir,
abrirse ―siempre desde
nuestras raíces― a otros
modos de expresar el
arte sonoro de nuestro
tiempo.
A tenor con dicho
principio, nos hallamos
ante un puñado de
canciones cuyo signo
predominante va a ser el
de la asimilación de
diversas influencias,
aunque también vale
reconocer que el rock
actúa como columna
vertebral en la mayoría
de los cortes del álbum,
con claras
reminiscencias del rock
argentino y del grunge
de Seattle (de uno u
otro modo, la huella de
Charly García y de
Nirvana se hace visible
a lo largo de toda la
grabación).
En ningún caso, lo
afirmado con
anterioridad significa
que Habana oculta
tenga que verse como un
disco de rock, porque el
espectro musical de los
creadores compilados en
la producción resulta
muy amplio. Así, podemos
encontrar un estilo de
canción en la que el
folk y el son conviven
en perfecta unión, como
sucede en el quehacer de
Pepe del Valle; una
propuesta que encaja a
la perfección en los
parámetros de
hibridación musical,
como ocurre con el dúo
Superávit; el legado de
la música brasileña en
las piezas de Andy
Villalón; el encanto de
las melodías de una
figura como Carlos
Santos; el eclecticismo
de Luis Alberto
Barbería, en el que los
aires afrocubanos
adquieren una dimensión
mucho más universal; el
rock de inspiración
latina y aproximación
“callejera” traslúcido
en los temas de Boris
Larramendi y el grupo
Debajo; el grunge ligado
a la clave cubana que
proyecta Kelvis Ochoa
con su grupo de aquellos
lejanos días, la banda
Cuatro Gatos o el
lenguaje puro del rock
que se da en la obra de
José Luis Medina.
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En este CD, igualmente
se destaca la
intervención de un
numeroso grupo de
músicos, todos de
primera línea y que
hacen lo suyo para el
destaque del material.
Entre ellos cabría
mencionar a los
guitarristas Jorge Luis
Valdés (Chicoy) y
Norberto Rodríguez, los
tecladistas José Ramón
Mestre y Ossiel Fleitas
(encargados además de
varios arreglos en el
fonograma), el
violinista Pedro Pablo
Pedroso y los bateristas
Jimmy Branly, Fernando
Fabier y Dafnis Prieto,
así como las voces de
Gema y Pável en los
coros. Con una nómina
tan excelente de
instrumentistas, es una
pena que la mezcla no
haya tenido un mejor
resultado. Por dicha
razón, en varios cortes
de la grabación se añora
una mayor presencia en
el volumen de la
guitarra de Norberto
Rodríguez.
Empero, al margen de sus
deficiencias, lo
importante es que la
salida al mercado de
Habana oculta marcó
la irrupción en el
ambiente sonoro local de
un grupo de creadores
que, herederos de lo que
un día fue la Nueva
Trova, en materia
musical representan el
espíritu apropiativo de
que siempre ha hecho
gala el arte nacional.
A 15 años de haber sido
grabado y editado este
disco, volverlo a
escuchar en el presente
hace afirmar que el
árbol de la cubanía
crece desde sus raíces,
pero para nada permanece
estático y que, como
dice José Luis Medina en
una de las más logradas
piezas del álbum, ¡está
este ritmo sabroso! |