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El escritor, sociólogo y
político, vicepresidente
del Estado Plurinacional
de Bolivia, Álvaro
García Linera, ofreció
este lunes una
conferencia en la Casa
de las Américas como
parte de la jornada de
apertura de la edición
52 del Premio Literario
que cada año convoca la
institución.
Formado como matemático
en la Universidad
Nacional Autónoma de
México y dedicado al
campo de las ciencias
sociales y políticas
luego de sufrir prisión
por su actividad
militante, el copiloto
de Evo Morales desde el
año 2005 es uno de los
intelectuales más
reconocidos de su país y
—al decir del escritor
cubano Roberto Fernández
Retamar, presidente de
Casa de las Américas—
resalta también entre
los pensadores de mayor
lucidez a nivel
continental.
Junto con otros
intelectuales agrupados
en torno al grupo Comuna
—entre ellos Luis Tapia
y Raquel Gutiérrez—,
Linera ha desarrollado
una producción teórica
que mucho le debe a sus
experiencias al interior
de los movimientos
sociales. Sus múltiples
ensayos, muchos de ellos
recogidos recientemente
en un volumen que el
Fondo Editorial Casa de
las Américas acaba de
publicar bajo el título
de La potencia
plebeya, dan cuenta
de numerosos aportes a
la sociología de los
movimientos y de un
serio abordaje crítico
de las nuevas luchas
indígenas en su país.
Su dualidad como
intérprete y actor de un
proceso político de
izquierda —quizá el más
inspirador de cuantos
acontecen hoy en el
continente—, así como de
su compromiso
intelectual y político
con los procesos de
emancipación
continental, resultó
visible tanto en la
conferencia como en el
breve encuentro que
luego sostuvo con la
prensa.
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“Cada país tiene su
propia textura social,
cultural —dijo a La
Jiribilla. Hay
países con una fuerte
presencia indígena:
Bolivia, Guatemala, en
parte Ecuador. Hay otros
con una fuerte presencia
obrera, proletaria, como
Brasil o México. Otros,
con un fuerte movimiento
urbano, cultural, como
Argentina. Ninguna
experiencia es imitable.
Lo que hace cada país es
ofrecer al mundo sus
caminos, sus búsquedas y
ya corresponde a otros
pueblos, otros países y
otras culturas utilizar
esas experiencias para
su propia creación. En
América Latina hay una
multiplicidad de rutas
revolucionarias que se
retroalimentan en base
al respeto y la
confianza; pero Bolivia,
¿qué le dice al mundo?:
que es posible cambiar
con lo que uno es, con
lo que uno tiene, con la
fuerza profunda de su
historia, esa que tienen
todos los pueblos.
Bolivia dice que más que
seguir una misma ruta en
cuanto a toma de poder o
discurso, la clave es
encontrar en su propia
historia las fuerzas
emancipativas que marcan
el destino propio. Hasta
ahí. Es un tiempo en que
no hay modelos a seguir,
sino que hay que dejar
que florezcan múltiples
iniciativas de todos los
pueblos, que nos iremos
encontrando más pronto o
más tarde en un mismo
torrente de emancipación
planetaria. Pero hay
tiempo para eso. Bolivia
dice que los pequeños
hilitos que bajan de las
cordilleras antes eran
goticas. Hoy bajan con
velocidad y forman
riachuelos; más tarde
serán torrentes. Que se
desplieguen mil hilos:
no es tiempo todavía de
un solo caudal”. |