La Habana. Año IX.
15 al 21 de ENERO
de 2011

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

 
Con los ojos clavados al cielo
 Yonnier Torres Rodríguez (Villa Clara, 1981)

Julio Vázquez decidió cambiarse el nombre. A primera hora se presentó en las Oficinas Estatales de Inscripción. La recepcionista le indicó que esperara sentado en uno de los bancos, mientras ella ordenaba los papeles encima de la mesa y enumeraba el registro de turnos diarios. Esa mañana de lunes el cielo mostraba un azul intenso, tal parecía que aún no terminaba de amanecer. 

Al rato la recepcionista llamó al abogado por el intercomunicador y le dijo a Julio que podía pasar. El local era pequeño, solo estaba compuesto por una mesa, dos sillas y un archivo metálico adosado a una de las esquinas.  

—Quiero cambiarme el nombre— dijo Julio.

—¿Solo el nombre? — preguntó el abogado.

—Bueno, quizás también el primer apellido. ¿Cuánto cuesta el primer apellido?

—El precio incluye todo el paquete, como un tres en uno. Además, tiene usted mucha suerte. Estamos en la semana de descuentos.

—Entonces quiero cambiarme el nombre y el primer apellido— dijo 

Al abogado le resultó extraño, la mayoría de los clientes acudían a la oficina en la semana de descuentos para cambiar la nacionalidad, el sexo, el color de la piel, el nombre no tenía mucho sentido. Por supuesto, el abogado no podía imaginar que Julio estaba apuntalado por un sueño recurrente, donde un tipo delgado, de largas orejas y ojos saltones, le indicaba una importante misión, algo así como un acto heroico. 

¿Y quién ha visto que un superhéroe se llame Julio Vázquez? 

Todos los superhéroes tienen nombres atractivos, fáciles de recordar: Batman, Espartaco, el Zorro, Superman, Sherlock Holmes, Yuri Gagarin, Ulises, Jimmy Hendrix, Aquiles o Don Quijote.  

Julio Vázquez se llamaría a partir de ese momento: James Bond. 

Cuando James salió a la calle con su nuevo carné de identidad notó que la gente no hacía otra cosa que mirar al cielo. Las nubes habían adoptado una forma circular y dibujaban gruesos anillos concéntricos. Pensó por un momento que eso podría formar parte de su misión, pero luego desechó la idea, aún le faltaban varias cosas para convertirse en un verdadero superhéroe y el sujeto de las grandes orejas lo había aclarado muy bien: solo le daría las instrucciones cuando estuviera realmente preparado.

James regresó a casa y construyó una lista de las cosas que necesitaría a partir de ese momento. Encendió el televisor para ver el parte de noticias mientras ajustaba los últimos detalles. Varios reporteros se habían apostado frente al Instituto de Meteorología, donde los especialistas analizaban a puertas cerradas el extraño fenómeno de las nubes. Las personas habían dejado de trabajar usando el pánico social como pretexto, unos se escondían en casa, otros llenaban las calles, miraban hacia el cielo con binoculares para detallar los contornos de los anillos y los temerosos de Dios abarrotaban las Iglesias a la espera del Juicio Final. El Obispo les había orientado a todos los curas que repartieran botellas de agua y carne enlatada entre los feligreses, esa no era la primera vez que Dios daba una falsa alarma.  

James terminó la lista, la guardó en el bolsillo del pantalón y salió a la calle. Lo primero que necesitaba era un traje digno de un superhéroe. Visitó tiendas, sastrerías y bazares, pero todos estaban cerrados. No le quedó otro remedio que entrar a escondidas en los almacenes de vestuario de los estudios de televisión y apañarse lo primero que encontrara. De tal modo pudo hacerse de una boina negra, un chaleco a cuadros rojos y unas botas con espuelas que le quedaban un poco grandes. De momento eso era suficiente. Ya tendría tiempo, con el éxito de la primera misión, de encargar un traje a su medida. 

Tras las noticias el presidente dio un breve discurso, habló sobre la contaminación ambiental y las consecuencias nefastas del desarrollo tecnológico. Según los especialistas no había de qué preocuparse, los círculos desaparecerían de un momento a otro. Mientras tanto James desandaba los barrios bajos en busca de “Benedicto el vagabundo” para cumplir la segunda parte del plan. Todo superhéroe debe tener un ayudante a modo de escudero y Benedicto era el indicado, pero el hombre no aparecía por ninguna parte. Era como si la tierra, o la basura, se lo hubiera tragado. Por supuesto, James no podía imaginar que Benedicto tenía un sueño recurrente donde corría a través de un campo de trigo y al final lo esperaba Dios para bendecirlo con una vida llena de riquezas.  

Después del trigal: el valle. 

Después del valle: la montaña. 

En la cumbre de la montaña Dios blande una varita mágica con una estrella plateada en la punta. James no podía imaginar, ni por asomo, que “Benedicto el vagabundo” había decidido escapar de la ciudad, en busca de un campo de trigo.

Al final de la tarde decidió poner en práctica el plan B y hacerle una visita a “Joaquín el carnicero”. Estaba seguro de convencerlo por una mísera suma de diez pesos diarios mientras durara la misión. Por supuesto, James no podía imaginar que Joaquín soñaba, desde niño, con hacer el papel de villano y solo lo habían colocado como figurante, tramoyista o miembro del coro, en las obras de teatro escolar.  

—Acepto la misión de escudero si puedo cumplir los dos roles a la vez.  

James estuvo de acuerdo. Joaquín debería, a ratos, cuidarle las espaldas o impedir el éxito de la misión, blandir un cuchillo con su experiencia de carnicero, ensuciarse un poco las manos en aquellos asuntos escabrosos y, por supuesto, cambiarse el nombre.  

¿Quién ha visto que el ayudante de un superhéroe se llame “Joaquín el carnicero”?.

¿Quién ha visto que el villano de una historia de superhéroes se llame “Joaquín el carnicero”? 

Todos los ayudantes tienen nombres atractivos, fáciles de recordar: Robin, Watson, Engels, Telémaco, Timón, Héctor, Obelix o Sancho Panza.  

Todos los villanos tienen nombres atractivos, fáciles de recordar: Dos caras, The Joker, La Reina de Corazones, el Capitán Garfio, el Hombre Lagarto, Osama Bin Laden, Shere Khan o el Sheriff de Nottingham.  

Antes que cayera la noche fueron a las Oficinas Estatales de Inscripción, pero como era de suponer, ya estaban cerradas. Para sortear la pérdida de tiempo James sugirió ir hasta su casa, abrir una botella de vino y renombrar a “Joaquín el carnicero” usando su cuchillo como si fuera la espada de un Rey:  

—A partir de ahora te llamarás Félix Leiter-Terminator, ya puedes ponerte de pie.  

James sirvió vino para los dos y Félix Leiter-Terminator arremetió contra la mesa servida.  

Esa noche el sueño de James duró un poco más de lo acostumbrado. El tipo flaco de las grandes orejas y los ojos saltones le dijo que todo marchaba según lo planeado y le dictó al oído varios objetos necesarios que debía reunir. Le concedió tres días como plazo máximo para la entrega y fin de la primera misión. Si no cometía ningún fallo sería ascendido y le encargarían misiones más importantes en regiones de ultramar. Despertó entusiasmado, le quitó las sábanas a su villano-ayudante y después de un frugal desayuno decidió sacar el auto del garaje y ponerlo en marcha. Recorrieron varias zonas de la ciudad. Los círculos concéntricos aún permanecían en el cielo, pero ya la gente no les prestaba atención, los niños dibujaban anillos en sus cuadernos con la misma naturalidad que pintaban la luna o el sol, los meteorólogos regresaban a sus informes de rutina, solo algunos feligreses muy temerosos y pobres por demás, se mantenían de rodillas frete al altar y solo interrumpían sus rezos cuando el cura repartía carne enlatada y botellas de agua. 

El tercer punto de la agenda era encontrar una doncella por la cual un superhéroe pudiera perder la cabeza. James revisó algunas revistas de moda, pero todas las chicas le parecieron demasiado superficiales. Su misión precisaba un compromiso serio, una real convicción. Pensó entonces en la mujer que friega las escaleras de su edificio y trazó un plan para hacerle la propuesta sin que pareciera un agravio contra la integridad moral. Por supuesto, James no podía imaginar que la mujer atravesaba una crisis económica y aceptaría sin titubeos ser doncella-femme-fatale, por diez pesos diarios.  

James tampoco podía imaginar, ni por asomo, que la mujer tenía un sueño recurrente muy parecido al de “Benedicto el vagabundo”, solo que en vez de correr por un campo de trigo, lo hacía por un boulevard y al término de la calle, la Virgen de la Caridad del Cobre la esperaba para bendecirla con una vida llena de riquezas. 

Después del boulevard: el parque. 

Después del parque: la boutique

En el departamento de cosméticos de la Boutique, la Virgen de la Caridad del Cobre blande una varita mágica con una estrella plateada en la punta. La mujer lleva tres meses haciendo el mismo recorrido pero aún no la ha encontrado. 

—Quizás en la semana de descuentos —piensa— cuando los productos bajen a la mitad del precio, tenga mejor suerte. 

—Tus tareas no resultarán complicadas— le dijo James.  

La mujer solo debía aparecer en los momentos de peligro para inspirar al superhéroe, lanzar, si acaso, algún que otro gritico de espanto ante un escenario tenebroso, dejarse raptar por el villano-ayudante y cambiarse el nombre.  

¿Dónde se ha visto que una doncella-femme-fatale se llame María de la Concepción Valdés?   

Todas las doncellas-femme-fatale tienen nombres atractivos, fáciles de recordar: la mujer Maravilla, Rebeca, Blancanieves, Lolita, Giselle, Gilda, Satine, Lucía, Greta Garbo o Dulcinea del Toboso.  

Como ya era tarde y no podían perder tiempo, James bautizó a María de la Concepción Valdés con el mismo cuchillo de carnicero a modo de espada real. A partir de ese momento comenzó a llamarse: Bjork. 

Los entrenamientos fueron sencillos. En el sótano colocaron varias lámparas, una alfombra verde y un fondo que representaba una escena urbana apocalíptica. James trazó el guión de algunas posibles situaciones, le orientó a Félix Leiter-Terminator la posición que debía adoptar ante un peligro inminente de ataque y cómo debía usar el cuchillo para que sus estocadas resultaran creíbles, o más que creíbles, temibles. En la primera sesión todos cumplieron a cabalidad su papel, todos menos Bjork, que por mucho que ensayara, no lograba lanzar un grito decente. 

Al final del día James terminó tan cansado, que le confió a su escudero la tarea de rastrear en toda la ciudad los objetos que aún faltaban por reunir. Construyó un recuadro detallado y se fue a la cama, el sueño de esa noche sería decisivo.  

Félix Leiter-Terminator le pidió ayuda a Bjork. Entre los dos estudiaron el listado.

 

No

Objeto

Marca o Título

Procedencia o autor

1

Poster

World Tour 1981

The Rolling Stones

2

Libro

Fight Club

Chuck Palahniuk

3

DVD

The Birds

Alfred Hitchcok

3

CD

Californication

Red Hot Chili Peppers

4

Ropa de cuero

The Sex Machine

Central Sex-Shop

Un par de horas después regresaron. El villano le indicó a Bjork que era el momento de raptarla. Dejaron los objetos sobre una cesta en la sala y compartieron la sábana, el sofá y algún que otro orgasmo. Abrieron las ventanas para que corriera el fresco de la noche. Con la vista fija en los bordes de los círculos concéntricos se quedaron dormidos.

James despertó a las seis de la mañana con el sueño colgado en la retina. Anotó la dirección y dijo que no podían desayunar. Agarraron la cesta, encendieron el auto y salieron a toda velocidad. Durante el trayecto James les recordó a sus colaboradores que la misión específica le correspondía a él, ellos solo eran figurantes y a ese rol debían ajustarse. Asintieron un poco adormecidos y se recostaron a las ventanillas del auto. Cuando llegaron al descampando eran más de las siete, sin embargo aún no terminaba de amanecer. El cielo mostraba un azul intenso y las nubes circulares habían cambiado de posición, todas se concentraban sobre un punto de luz que dibujaba figuras entre las sombras del césped. James se acercó, levantó la cesta como si le ofreciera un tributo a los dioses y la nave, lentamente, comenzó a descender.  

Félix Leiter-Terminator quedó estupefacto y retrocedió unos metros olvidando sus obligaciones de escudero, también las de villano. Bjork quiso gritar, pero había gastado tanto la voz en los ensayos, que apenas pudo lanzar un gritico muy parecido al llanto de un cachorro.  

Cuando la nave tomó posición en el descampado se apagaron los motores, se abrió una compuerta y un tipo alto, muy alto, se acercó a James, lo miró con un par de ojos tristes, como suelen mirar las vacas, tomó la cesta y regresó a la nave. James quiso decir algo, pero solo atinó a cuadrarse y hacer un saludo militar cuando ya el tipo le daba la espalda. Por supuesto, James no podía imaginar que el sujeto alto cargaba un siglo de cansancio, ya estaba aburrido de recorrer todos los planetas, reuniendo material folclórico para la feria expositiva de su universidad. No veía el momento de que lo ascendieran a profesor de cátedra y había jurado que ese sería su último viaje. James no podía imaginar, ni por asomo, que el tipo tenía un sueño recurrente, donde se plantaba frente al rector para decirle: ¡o me pones a cargo de un departamento, o renuncio! 

La nave despegó y desaparecieron las nubes circulares. En la calle todos se detenían, clavaban los ojos en el cielo y se preguntaban dónde habían ido a parar las nubes. Ante la ausencia la gente usó el pánico como pretexto para regresar a sus casas, los temerosos de Dios se reunieron en la Iglesia a esperar el Juicio Final, el Obispo les orientó a todos sus curas que dejaran de repartir botellas de agua y carne enlatada, ya estaba cansado de tantos gastos para entrenamientos. 

James les pagó el sueldo a sus colaboradores y les dijo que podían retirarse, pero ellos se quedaron, al parecer, las tareas de villano-ayudante y doncella-femme-fatale, eran más rentables que picar carne o fregar el suelo.


Yonnier Torres Rodríguez (Placetas, 1981). Sociólogo. Narrador. Egresado del XI Curso de Técnicas Narrativas del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Ha obtenido entre otros premios: Primer Premio en el Concurso Latinoamericano de Narrativa Breve Tinta Fresca 2010; Mención de Narrativa en el Premio Calendario 2010; Premio Nacional de Narrativa El mar y la montaña 2010 y Premio Nacional de Narrativa Luis Rogelio Nogueras 2010. Cuentos suyos han sido publicados en revistas de España, Argentina, Bolivia, Colombia y Cuba. Es Miembro de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

 
 
 
 
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.