|
|
“Deberíamos estar desempeñando una pesquisa de la verdad, y no una tergiversación”, dijo Teresinski evidentemente molesto. “Ayer el abogado Hernández dejó al jurado con la impresión de que el gobierno de los Estados Unidos emboscó a su cliente”, explicó. Teresinski alegó que Hernández en sus preguntas a la Oficial Bolaños utilizó ciertas palabras cargadas de emoción y prejuicios solamente para proyectarle al jurado la idea de que el gobierno había montado una gran conspiración para que su cliente mintiera y, posteriormente, acusarlo de perjurio.
¿UN
EQUIPO
SWAT DE
ABOGADOS?
Cuando
cuestionó
a
Bolaños
ayer por
la
tarde,
Hernández
le
preguntó
sobre la
“coerción”
que
utilizó
Inmigración
contra
Posada,
y de las
“abrumadoras
57 000
preguntas”
que le
hicieron.
Llamó a
Posada
“Mister
Pi” e
hizo
referencias
al hecho
de que
es un
anciano
de 78
años
(las
entrevistas
ocurrieron
hace
cuatro
años), y
que fue
emboscado
por una
unidad
especial
del
Departamento
de
Justicia
que, en
un
tropiezo
verbal
(no
sabemos
si a
propósito
o no) la
caracterizó
como “un
equipo
SWAT”.
Esas son
las
siglas
en
inglés
para un
grupo
militar
que
utiliza
armas de
fuego
tácticas
y
especiales
que en
los
Estados
Unidos
se
encarga
de
intervenciones
policiales
de gran
peligro.
Usualmente
vencen
al
enemigo
simplemente
por el
alto
poder de
fuego
que
poseen.
Después de haber dicho que los que interrogaron a Posada en el 2006 eran de “un equipo SWAT”, Hernández inmediatamente se corrigió e identificó al equipo especial por su nombre correcto: la División de Seguridad Nacional del Departamento de Justicia. Es un grupo de abogados e investigadores. No portan armas de fuego y no son peligrosos.
Sin embargo, lo dicho está dicho. El jurado lo escuchó y probablemente se llevará la impresión de que el poderoso gobierno de los Estados Unidos emboscó al cliente anciano del abogado Hernández.
La Fiscalía le pidió a la Jueza Cardone permiso para mostrar que Posada Carriles no fue emboscado y que en varias ocasiones durante la entrevista rehusó responder preguntas. Teresinski quería que el Jurado viera que las preguntas que respondió las contestó libremente. La Jueza no quiso que la fiscalía le revelara esa información al Jurado y rechazó la petición de Teresinski.
TERESINSKI:
EL
ABOGADO
HERNÁNDEZ
AYER
ATACÓ
SALVAJEMENTE
A EE.UU.
La jueza
invitó
al
jurado a
que
entrara
en la
sala
judicial
para
retomar
el caso
con el
testimonio
de la
Oficial
Susana
Bolaños.
Ahí fue
cuando
la cosa
se puso
ardiente. La
cólera
que
Teresinski
cargaba
por
dentro
le
brotaba
de los
poros.
Con el
cuello
rojo de
furia
contra
Hernández,
el
fiscal
se
acercó
al podio
y dijo:
“Buenos
días,
señora
Bolaños.
Ayer,
usted,
la
agencia
por la
cual
trabaja
y el
gobierno
de los
Estados
Unidos
de
América,
a quien
usted
representa,
fueron
atacados
salvajemente
por el
abogado
Hernández”.
“¡Objeción!”, exclamó Hernández, saltando de su asiento. No le dio tiempo ni para abotonarse el saco. Sin embargo, la Jueza no regañó a Teresinski y el caso procedió. Ahora estaban ambos abogados más furiosos que antes. Teresinski continuó sus preguntas a Bolaños. Estableció que el equipo legal del Departamento de Justicia no hace emboscadas, que es común consultar casos como el de Posada con el FBI, y que este respondió a las preguntas que le hizo Bolaños libremente y bajo juramento.
CANDELA
Le tocó
entonces
a
Hernández
el turno
para
hacerle
otro
contra-interrogatorio
a
Bolaños.
Todos
los que
estábamos
ahí
presentíamos
que lo
que
venía
era
candela.
Hernández
es
astuto y
furtivo.
Siempre
busca
como
colar
una
insinuación
en la
mente
del
jurado,
y ahora
aprovechó.
Soltó su
primera
pregunta
a la
mujer
con el
preámbulo:
“Ya que
su
testimonio
fue
impugnado
ayer…”
Teresinski
abrió la
boca,
asombrado
del
atrevimiento
de
Hernández.
Impugnar a un testigo quiere decir restarle credibilidad a su testimonio. Hernández le estaba diciendo a Bolaños, muy finamente, que es una mentirosa. Que el testimonio que brindó ayer no es creíble y que él lo desenmascaró. Dicho lo que quería decir, Hernández no necesitó más de la Oficial Bolaños y dijo que no tenía más preguntas para ella. Tenía una expresión de sorna en su cara cuando volvió a su asiento.
El Fiscal Teresinski a duras penas contenía la ira. Hizo esfuerzos para medir sus palabras y de hacer preguntas pausadas a Bolaños, pero su voz salía entrecortada. La cizaña sembrada por Hernández lograron descontrarlo.
LA
PUNTA
DEL
ICEBERG
Queriendo
mostrarle
al
jurado
que el
Departamento
de
Justicia
no
emboscó
a Posada
simplemente
porque
lo había
entrevistado
con
rigor,
Teresinski
disparó
tres
preguntas
rápidas:
“¿Cree
usted
que los
alegatos
que él
está
involucrado
en el
asunto
de las
bombas
en Cuba
es
relevante?”
Sí,
respondió
Bolaños.
“¿Cree
usted
que el
uso de
pasaportes
falsos
es
relevante?”
Sí.
“¿Cree
usted
que la
entrada
ilegal a
los
Estados
Unidos
es
relevante?”
Sí.
Y, entonces, vino la pregunta que esperaba Hernández: “¿Y si esas preocupaciones fueran solamente la punta del iceberg…?” Teresinski no pudo terminar. Hernández se levantó como movido por un resorte. Había estado al acecho de esta oportunidad. Ahora sí se abotonó el saco. Se acomodó los espejuelos con montura de alambre en la punta de la nariz para poder ver a la Jueza y al Jurado por encima de los cristales, y anunció que tenía una moción que hacer.
HERNÁNDEZ
PIDE QUE
SE ANULE
EL
JUICIO
La Jueza
despidió
al
Jurado,
que se
encaminó
a una
sala
contigua,
y le
pidió a
Hernández
que
explicara
su
preocupación.
“El
comentario
sobre la
punta
del
iceberg
abre una
caja de
Pandora,
una
panoplia
de
posibilidades
para que
el
jurado
infiera
que mi
cliente
es un
monstruo”,
dijo
Hernández
fingiendo
indignación.
“La
diatriba
personal
de él
contra
mí es
inaceptable…
El
comentario
de la
punta
del
iceberg
me
obliga a
exigir
que se
declare
un
juicio
nulo,
porque
Teresinski
ha
prejuiciado
irremediablemente
al
jurado
con esa
declaración.”
Estoy seguro de que el guión del teatro que ha montado Hernández en este juicio incluye hacer múltiples declaraciones de nulidad del proceso contra Posada. Un juicio nulo obligaría al gobierno a decidir si desean seguir gastando dinero para comenzar de cero y volver a procesar a Posada Carriles por mentiroso. Eso es caro y engorroso. Posada tiene 82 años. Cumple 83 el 15 de febrero. La jugada es entorpecer el proceso para que los fiscales se rindan: porque el juicio es caro, complicado, toma mucho tiempo y “Mister Pi” -como llamó Hernández a su cliente en la sesión anterior, identificándolo con un simpático viejito de las historietas infantiles- no vale la pena. No sería una absolución, pero liquidaría el proceso contra Posada.
Los jueces son reacios a declarar nulo un juicio, salvo cuando el Jurado se ha contaminado de prejuicios contra el acusado. “El comentario de la punta del iceberg ha viciado a este jurado”, dijo Hernández. La Jueza discrepó con él. Reconoció que esos comentarios parcializan al jurado en forma cumulativa y que este fue un incidente aislado. Dijo que este jurado puede todavía, de manera imparcial, rendir un veredicto justo. En vez de declarar un juicio nulo, decidió instruir al Jurado para que ignorara el comentario del fiscal.
El jurado regresó sin haberse percatado de lo ocurrido esta mañana entre los abogados. Vieron a unos abogados muy bien portaditos y una jueza tranquila y decente. Posada Carriles, o como lo llama su abogado “Mister Pi”, con una sonrisa en la cara. Todo siguió como si nada. La controversia de la punta del iceberg parece haber sido una tempestad en un vaso de agua.
DAVID
CUDDIHY
Y EL
SUEÑO DE
MISTER
PI
Después
de
almuerzo,
la
fiscal
Bridget
Behling
le
presentó
al
jurado
el
próximo
testigo.
David
Cuddihy,
traductor
de una
compañía
llamada
General
Dynamics.
Tiene 40
años.
Estudió
español
en la
universidad
y lleva
más de 9
años
traduciendo.
Ha
trabajado
antes
como
intérprete
para el
Departamento
de
Justicia.
Habla
español
en su
casa,
porque,
contó,
su
suegra
es
dominicana
y no
entiende
el
inglés.
Cuddihy parece ser un hombre muy meticuloso. Vino muy bien arreglado a la corte. Un traje marrón, una camisa blanca y una corbata de tono levemente colorido. Es rechoncho y sonrosado. Contestó las preguntas de la fiscal Behling con seguridad. Ella estableció que Cuddihy es un experto traductor. Él opinó que las transcripciones que escuchamos ayer de las entrevistas de Posada con Inmigración en abril de 2006 están correctamente traducidas.
Para llegar a esa conclusión, sin embargo, nos pasamos casi dos horas. El testimonio fue preciso, pero después de los fuegos artificiales entre los abogados esta mañana las declaraciones de Cuddihy eran excesivamente técnicas. Además él hablaba muy bajito, con poca inflexión en la voz. Posada Carriles se durmió. Cerró los ojos, abrió la boca y cabeceó por hora y pico. No roncaba, pero su torso se balanceaba de cuando en cuando, como si tuviera una música en la cabeza. El testimonio de Cuddihy le dio sueño. Mucho sueño.
Despertó de su siesta casi al final de la tarde y pudo escuchar a Cuddihy evaluar la calidad de la interpretación simultánea del intérprete Granados que oímos ayer en las grabaciones de abril de 2006. “La interpretación del señor Granados no es exacta. La interpretaciones simultáneas nunca lo son. El intérprete nunca puede traducir cada palabra. El punto es traducir correctamente la idea”. Y este es el caso.
* José
Pertierra
es
abogado
y tiene
su
bufete
en
Washington
DC. Es
el
representante
legal
del
gobierno
de
Venezuela
para la
extradición
de Luis
Posada
Carriles.
Publicado
en
Cubadebate








