|
La Casa del llamado
“pintor de las
Américas”, Oswaldo
Guayasamín, en La Habana
colonial, es el lugar
escogido: el próximo 4
de febrero, a las cinco
de la tarde, quedará
inaugurada la exposición
1 minuto de silencio,
que incluye obras de 30
reconocidos artistas de
la plástica cubana.
La muestra —bajo la
responsabilidad del
también pintor Maykel
Herrera, a quien se le
debe la idea original,
coordinación, curaduría
y producción— incluye
piezas de Adigio
Benítez, Agustín
Bejarano, Aisar Jalil,
Alex Castro, Alicia
Leal, Ángel Ramírez,
Carlos Guzmán, Cristhian
González-Téllez, Eduardo
Abela, Eduardo Roca
Salazar (Choco),
Ernesto García Peña,
Ernesto Rancaño, Ernesto
Villanueva, Esterio
Segura, Ever Fonseca,
Ileana Mulet, Flora Fong,
José Fúster, José Omar
Torres, Juan Moreira,
Nelson Domínguez, Pedro
Pablo Oliva, Ramón Casa,
Roberto Chile, Roberto
Diago, Roberto Fabelo,
Rubén Rodríguez, Vicente
Bonachea y Zaida del
Río.
|

Ernesto García
Peña |
Esa lista, aunque no
incluye a todos los más
representativos artistas
de la Isla, sí está
conformada por firmas de
gran reconocimiento en
el contexto cubano y en
otros circuitos
internacionales del
arte; pero, tal vez, lo
más sugerente de esta
exposición es una suerte
de “tres pies forzados”:
pintar en blanco y
negro, en gran formato y
—desde las personales
estéticas— reflejar en
cada pieza lo que para
cada uno de los artistas
es “lo más sagrado, ante
lo cual es
imprescindible hacer un
minuto de silencio, una
reverencia”, según dijo
en entrevista exclusiva
concedida a La
Jiribilla el
responsable de la
muestra.
“En los últimos cinco
meses me he dedicado
completamente a esta
proyecto y, por muchas
razones, será un hecho
cultural interesante;
aunque hubiera deseado
incluir a más artistas;
pero es imposible
tenerlos a todos porque
la plástica cubana es
tan vasta como
respetada, y yo ―en lo
particular― la venero.
“Quiero agradecer la
voluntad, el deseo y la
motivación que tuvieron
desde el inicio para
participar en este
proyecto que ‘se cocinó’
desde lo más profundo ―y
hablo de mi poética,
porque me siento un
artista muy involucrado
con los acontecimientos
sociales y no solo de
Cuba, sino de toda la
humanidad―. Siento que
hay un compromiso
notable entre la carrera
y la vida de un artista
con su propia sociedad,
y esa convicción me
llevó a involucrar a
otros. No me conformé
con hacerlo de una
manera individual.
“Podría —con esa misma
idea— hacer una muestra
personal; pero no fue
esa la pretensión, sino
sentí la necesidad de
unir las voces de un
grupo de creadores de lo
más representativo del
arte contemporáneo de mi
país y multiplicar ese
deseo. Me siento muy
contento con los
resultados.”
Como responsable de la
muestra, ¿con qué
argumentos llegaste a
cada uno de los
artistas?
Ante todo —y esto lo
creo firmemente— el
artista es hijo de su
época: se dice en apenas
cuatro o cinco palabras,
pero es un concepto muy
abarcador y profundo
porque entraña un
compromiso. No pienso
que nuestros artistas
estén, en su mayoría,
interesados en crear
obras lindas para
satisfacer la retina;
hay un sentimiento
marcado de poner acentos
en preocupaciones desde
el punto de vista
conceptual.
Esto hizo que, de
inmediato, todos los
artistas se enamoraran
del proyecto. Es decir,
hay un compromiso
palpable, muy fuerte y
consistente que sentimos
y, sinceramente, no tuve
que esforzarme demasiado
para que ellos se
involucraran, desde el
punto de vista
sentimental, con este
propósito.
También, 1 minuto de
silencio es una
exposición un tanto
luctuosa ―aunque no deja
de ser muy positiva,
lógica y coherente―;
pero es una especie de
homenaje que cada uno de
los artistas hace a lo
que entendió como
sagrado; y esto es muy
importante. Tratábamos
de reducir la paleta en
la gama de los grises
porque esta es una
convocatoria que propuso
la indagación o la
investigación dentro de
la paleta de cada uno de
los artistas.
Por ejemplo, Flora Fong,
que siempre ha trabajado
muy abierta, muy
colorida, o Pedro Pablo
Oliva, hicieron una
excepción para concebir
una obra que fuera
consecuente con 1
minuto de silencio.
Es decir, la intención
de trabajar en la clave
de los grises no es nada
festinado. Estamos
defendiendo y
homenajeando a todo
aquello que nos pudiera
lastimar en un momento
determinado.
|

Pedro Pablo
Oliva |
Aiser Jalil, con “Alma
pater”, rindió homenaje
a su padre que ya no
está entre nosotros.
Hubo una gran libertad y
esa fue ―creo― otra de
las razones que los
enganchó. Cuando uno
recorre cada una de las
obras creadas
especialmente para esta
exposición, se da cuenta
del compromiso asumido
por los artistas: son
creaciones muy sinceras
y en la medida en que
fui recibiendo las
obras, se me erizaban
los pelos porque me daba
cuenta de que el grupo
de artistas que
conforman 1 minuto de
silencio se estaba
desnudando: el maestrazo
Pedro Pablo Oliva hace
una reverencia a la
amistad; Nelson
Domínguez, a la
maternidad; Moreira, a
la figura del Che, y
creo que son cosas muy
sensibles para cada uno
de ellos.
¿Tamaños de las obras?
Esta convocatoria se
estableció a partir de
formatos un tanto
imponentes. Hubo
artistas como Zaida del
Río que hizo una obra de
2x2m y hay otros
trabajos que también se
destacan desde el punto
de vista visual. Algo de
lo que no hemos hablado
es del lugar: el hecho
de que esta exposición
se exhiba en la Casa
Oswaldo Guayasamín tiene
que ver con los
conceptos que abordó ese
importante pintor
ecuatoriano, quien fue
un artista muy sensible
y comprometido.
Entendimos que no había
lugar más propicio para
este proyecto que esa
institución. Estamos en
comunión con la creación
que inspiró y que hizo
durante todos los años
de su fructífera vida
creativa.
Y es que Guayasamín,
también, hizo su propio
minuto de silencio ante
el dolor del indio
americano…
La obra de Guayasamín es
de un total
comprometimiento social
y ese espíritu también
lo quisimos aprovechar.
Estamos intentando
continuar lo que él
comenzó y lo que quiso
que todos los artistas
de Cuba y del mundo
hiciéramos.
La obra tuya que forma
parte de esta
exposición, nuevamente,
asume al niño como
icono.
Tengo que volver a una
idea anterior y es el
gran compromiso personal
que siento con la
humanidad. La obra es
algo sagrado, es el
sentido de mi vida y me
la tomo muy en serio
desde que me levanto
hasta que me acuesto. Me
considero una persona
muy observadora; voy
construyendo mis
historias y mi poesía
visual a partir de todo
lo que voy viviendo y de
las experiencias diarias
que voy sintiendo.
La serie Príncipes y
enanos la comencé
hace unos siete años y
va tocando los puntos
más neurálgicos del ser
humano y componiendo las
cosas que van sucediendo
en el mundo, pero
siempre a partir de un
rejuego que hago con el
espectador, es decir, a
partir de una imagen
aparentemente bonita,
elaborada y bien
compuesta desde el punto
de vista formal.
Con Príncipes y
enanos siempre me
viene a la mente lo que
siento cuando en un
restaurante me proponen
un plato agridulce: el
primer impacto es muy
agradecido; voy jugando
con todas las
herramientas expresivas
aprendidas en la escuela
y compongo una obra que,
desde el punto de vista
retiniano, va
complaciendo la
necesidad del
espectador.
Formalmente, hay un
juego con las luces y
las sombras, con los
claros y oscuros, con el
ritmo, con las leyes de
oro de la composición,
con el tratamiento un
tanto académico, con la
soltura del
abstraccionismo, con la
expresividad e
influencia que tengo de
Jackson Pollock. Desde
mi punto de vista, es
una composición bastante
completa, pero detrás
siempre hay una historia
que me ha lastimado en
un momento determinado.
|

Maykel Herrera
|
En mi creación hago
alusión a aspectos muy
lindos de la vida; pero
no creo que pierda nada
con tratar de mejorarla:
¡al contrario,
en eso estamos! Todos
queremos que la vida
mejore para nosotros y
para el mundo entero y
eso es, en esencia, la
misión que me he
impuesto desde que
comencé mi carrera.
Detrás de todas estas
composiciones formales
que en muchos casos
pueden ser hermosas —y
esto lo digo entre
comillas— siempre hay
detrás una intención de
revisar la sociedad, de
tocar el hombro del ser
humano y decirle:
“¡cuidado, mira lo que
está sucediendo!”.
Tengo muchas obras que
parten de la belleza de
la vida y, precisamente,
representarla hace que
la revisemos
constantemente: es una
manera de provocar la
reflexión. Los niños han
venido a ocupar un lugar
protagónico porque
siempre transmiten
alegría —en muy pocas
ocasiones el niño puede
emitir un sentimiento de
dolor más común en el
adulto—, y voy jugando
con esa ironía. Por
ejemplo, en una obra
aparece un niño saltando
lleno de alegría, pero
en dos minutos el
espectador siente que
hay una alusión a algo
que no es tan lindo y
que deberíamos tener en
cuenta. No es la
representación del niño
como tal, sino una
escena cargada de
algunos códigos que
conducen a un
pensamiento, a una
reflexión. En la obra
realizada para 1
minuto de silencio,
aparece un micrófono muy
grande, que pudiéramos
decir es la esencia de
este cuadro, pero al
frente está un niño
convocando al silencio.
En este caso, el niño
está amplificando el
silencio; un silencio
que puede ser un punto
de partida para la
creación, un silencio
que puede ser el
descanso para comenzar
un gran trabajo. De todo
esto es de lo que
estamos tratando de
hablar en esta
exposición.
Me da la impresión de
que cada obra tuya es
como una puesta en
escena que tiene
principio, desarrollo,
clímax y fin…
Hay muchas maneras de
crear una obra; de
hecho, se estudia la
metodología de la
creación que viene muy
aparejada a la
psicología. Por ejemplo,
Picasso ―la mayoría de
las veces― hacía una
obra muy espontánea;
tenía un proceso de
trabajo muy libre —como
lo han tenido otros
genios de la plástica—:
hay muchas maneras de
concebir una propuesta
visual. En mi caso
particular, dejo muy
poco margen a la
espontaneidad. Puedo
crear una obra no frente
a un lienzo, sino
sentado en un bosque o
en un balcón; ahí es
donde acudo a esa
espontaneidad. Pero,
cuando llego a la tela,
ya se hizo un trabajo de
mesa —como decías—, ya
se armó ese teatro, esa
escenografía, ya tengo
la posibilidad de ver la
obra hecha antes de
llevarla al lienzo; voy
haciendo bocetos,
construyendo,
destruyendo ideas y
armándolas, pero fuera
del lienzo. En el camino
puedo encontrarme alguna
fórmula técnica que
mejore el resultado,
pero la esencia del
concepto ya va
compuesta.
Eres un pintor de paleta
descontrolada en el
sentido de que usas
colores muy vivos —sobre
todo la gama de amarillo
y rojo—. Supongo que
para ti, igualmente, ha
sido un reto ceñirte al
blanco y negro, a los
grises.
Tengo que confesar que a
este tamaño —en óleo
sobre lienzo— es la
primera vez en mi vida
que hago un cuadro en la
gama de los grises. En
arte es una comunión y
una cadena, y una cosa
te va llevando a la
otra. Confieso que a
partir de esta
experiencia y sin
habérmelo propuesto, ha
nacido un nuevo camino y
tal vez una nueva serie.
Si se cuadricula o
segmenta tu obra, uno
puede tener muchas
sorpresas y, por
ejemplo, las figuras de
los niños pueden ser,
perfectamente,
retratos.
Es cierto. Tengo una
influencia muy marcada
de la pintura más
agresiva y de la
gestualidad de Jackson
Pollock, y también me
encanta el
abstraccionismo. No
podría componer una obra
figurativa sin la
técnica de la
abstracción, pero tengo
una influencia muy
grande de la pintura
clásica, de la llamada
de caballete. También
siento que poseo
influencias de Romañach
y de Joaquín Sorolla.
Cuando llegó el momento
de buscar un camino
particular, contaba con
estas dos variantes: me
sentía muy bien
experimentando con la
abstracción, pero
contaba con un
conocimiento académico.
Acudí a la fusión —algo
que si revisamos la
historia de las artes
plásticas cubanas no es
nada nuevo— y por eso es
que en mi obra puedes
encontrar en un retrato
la fuerza de una pintura
más gestual. Ahora el
reto formal está en cómo
unir estas tendencias y
por eso, trato de llevar
con mucho control la
agresividad extrema con
la mesura en el
tratamiento del retrato;
ahí la dualidad que no
está solo en mi obra,
sino en mi vida y en
todos nosotros. Es
decir, esta lucha de los
contrarios, esta lucha
del bien contra el mal
forma parte de cada
paso que damos
diariamente.
|

Esterio Segura |
¿Planes?
Queremos que 1 minuto
de silencio se
convierta en un libro de
arte con todas las de la
ley, y también soñamos
con mostrarla en
importantes circuitos
internacionales de arte
porque siento que los
artistas cubanos tenemos
el deber de proponer el
mejoramiento de la raza
humana. Ya contamos con
una propuesta para un
museo de Londres y hemos
hecho algunos intentos
por llevarla a Nueva
York. |