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Comienzo estas líneas
con una herejía, sobre
todo tratándose de que
escribo para una revista
digital en la que muchas
veces debemos recurrir a
esta práctica: desconfío
de las entrevistas
electrónicas. Con
Ernesto Pérez Chang he
hablado tres veces por
teléfono, solo puedo
decir que tiene una voz
en extremo educada. No
sé cómo luce, si tiene
una tendencia a la
introspección, como se
dice de la mayoría de
los escritores, o por el
contrario desata la
verborrea de un
Carpentier ante las
cámaras. Desconozco cómo
reaccionó ante mis
preguntas, si se aburrió
contestándolas, si es de
los que disfrutan
cualquier conversación o
está en el grupo de los
que asumen una postura
defensiva ante la
prensa.
De no saber que se trata
de un autor varias veces
publicado en Cuba, su
humildad y entusiasmo
por esta entrevista
recuerda al escritor
novísimo que todavía no
cree posible el haber
resultado merecedor en
un certamen literario.
Pero Ernesto ya ganó,
entre otros lauros, el
Premio David en 1999, y
el Iberoamericano de
Cuento Julio Cortázar en
2002. A estos galardones
se suma ahora el Premio
Alejo Carpentier, por su
libro de cuentos El
arte de morir a solas,
un libro que el jurado
ha prestigiado por “la
coincidencia entre el
absurdo y una irónica
inclinación a la
filosofía”.
Ironía y absurdo también
es el hecho de tener que
realizar una entrevista
“electrónica” a un
escritor con su
computadora rota: tuve
que dictar vía
telefónica las preguntas
a Ernesto, que en mala
racha tecnológica, está
estos días sin
comunicación por
e-mail. Sin otro
remedio que plegarme a
los dictados del mundo
digital, paso el
“teclado” a Ernesto,
quien tiene a su cargo
completar esta
“conversación”.
Dentro de
aproximadamente un año
estaremos presentando a
los lectores El arte
de morir a solas,
volumen de cuentos del
que el público
actualmente solo conoce
la sucinta declaración
del jurado al otorgarte
el premio. ¿Podrías
darnos como lectores
potenciales algunas
buenas razones para no
dejar de comprar tu
nueva obra en la Feria
del Libro de 2012?
No soy bueno dando
razones para que alguien
compre mis libros, ni
siquiera me gusta ir a
las presentaciones. Los
libros buscan a sus
lectores. Encuentran sus
caminos. Puedo sugerir
modos de leer mis
cuentos, pero prefiero
no contaminar las
lecturas de los demás.
El arte… es un
libro que, hasta el
momento, me satisface.
Vuelvo sobre los temas
que siempre me han
obsesionado: la soledad,
el miedo, la locura, el
absurdo cotidiano.
También, con él, dejo
atrás otras obsesiones:
el lenguaje y la
imposibilidad de
traducir un universo.
Ahora me he ocupado solo
de contar… el placer de
contar.
¿Cuáles son las
principales ideas-fuerza
que están detrás de las
narraciones que componen
el volumen?
A todos mis personajes
los guía un precepto: el
ser es y no puede ser
declinado. No se puede
luchar contra un
destino. Ellos saben que
están condenados al caos
y que no saldrán ilesos.
En este libro todos los
personajes están
condenados a la soledad
y, en algunos casos, al
silencio.
El manejo del absurdo es
un rasgo que identifica
tu obra. ¿Resulta para
ti este un modo de
interpretar el mundo que
te rodea? ¿Qué buscas
con la utilización de
este recurso?
Más que un modo de
interpretar el mundo, es
una manera de aceptarlo
sin juicios ni
reproches. Todos
nuestros actos están
guiados por el absurdo,
nuestras creencias,
nuestras esperanzas,
nuestra fe en lo que
sea. El odio y el amor
son absurdos; las
pasiones todas. No
encuentro otro modo de
aceptar al ser humano
con sus miserias y sus
pretensiones de
perfección.
En su Decálogo del
escritor, Augusto
Monterroso escribió, y
cito el Quinto
Mandamiento: “Aprovecha
todas las desventajas,
como el insomnio, la
prisión, o la pobreza;
el primero hizo a
Baudelaire, la segunda a
Pellico y la tercera a
todos tus amigos
escritores; evita, pues,
dormir como Homero, la
vida tranquila de un
Byron, o ganar tanto
como Bloy”. ¿Qué opinas
de esta recomendación?
¿Le debe algo tu
producción literaria a
la “desventaja”
de hacer literatura en
el espacio de un país
periférico?
Es posible, tal vez le
deba el ser un
desconocido o el
continuar siéndolo aun
más allá de la muerte.
Tal vez le deba el
ilusionarme con la
salvación por medio de
unos cuantos libros que
apenas leerán unos
cientos de lectores.
Ahora, aprovecho todo,
intento aprovecharlo
todo. Escribo sobre lo
que sé; y sobre lo que
no; invento, desvirtúo
―si es que en ese
momento me da placer.
Un escritor es un ser
dedicado a la producción
de sentidos, es alguien
que crea símbolos que
están mediados por un
contexto. Parafraseando
a Ortega y Gasset,
podríamos decir que el
escritor es él y su
circunstancia. ¿Cómo se
relaciona tu obra con el
mundo que te rodea?
¿Consideras que el
escritor, como
intelectual, debe
desempeñar un
determinado rol
ante la sociedad?
Mi obra, como la de
otros escritores,
intenta transcribir una
realidad. Es lo que
pienso, traducido en
palabras, sobre mis
realidades; pero no
intento juzgar ni
reportar. No soy juez ni
reportero, soy un ser
que escribe y que ve ese
acto a veces como un
medio de comprender, y
otras, simplemente, como
un juego duro que logra
sacarme risas y
lágrimas. El escritor no
debe imponerse un papel
ni social ni político,
tampoco debe
imponérsele… El
escritor, como cualquier
ser humano, actúa desde
su propio concepto de la
moral, de la ética, de
la política, de la
literatura, de modo que
tampoco está obligado a
ser coherente, nadie lo
es todo el tiempo de su
vida.
Este año cumplirás 40,
una edad sin lugar a
duda importante. Se dice
que en este período
todavía somos jóvenes
para hacer historia,
pero ya lo
suficientemente
“expertos” para realizar
un primer balance de lo
vivido. ¿Cómo llegas a
los 40? ¿Pudieras
realizar un breve
análisis de tu
producción literaria
hasta el momento?
¿Cuánto sientes que te
queda por hacer?
Una edad importante para
dejar de ser una
“promesa” y todavía no
caer junto con los
“consagrados”. Es decir,
es la edad de los
desahuciados. Ahora
camino hacia la del
silencio. Nadie me
perdonará un error,
nadie me pasará la mano
por nuevo o por eximirme
de una chochera. Ahora
debo batirme con el
sigilo de un experto,
caminar como un
acróbata; pero estoy
preparado para todo.
Hasta ahora he publicado
cuanto he querido; sin
embargo, me falta todo
por hacer: aún soy un
escritor a medias.
Siempre se pregunta a
quien gana un premio qué
significa este para él.
Aun con el temor de
estar imponiéndote un
lugar común, no me
resisto a esta última
interrogante. ¿Qué
representa ganarse un
premio Alejo Carpentier?
Es uno de los premios
más codiciados por los
escritores cubanos. No
creo que te consagre ni
que te eleve por encima
de nadie. Te da
reconocimiento y la
posibilidad de invitar a
unas cervezas sin que la
depresión de tu cartera
te conduzca a la
pesadilla o al insomnio
―al menos por un
“tiempito”―. Los premios
son una ruleta; no hay
que envanecerse. |