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Nunca resultará
demasiado bien ponderada
la idea de haber creado
―como parte del catálogo
general de la EGREM― la
colección titulada
Las voces del siglo.
Habrá que agradecerle a
Jorge Rodríguez haber
tenido semejante
iniciativa, que nos ha
permitido reencontrarnos
con una porción de la
mejor música hecha en
nuestro país durante
décadas y que, tras
circular en un primer
instante hace años, ha
recobrado un segundo
aire a partir de ser
digitalizada y editada
en formato de discos
compactos.
Gracias a la feliz idea
del productor Jorge
Rodríguez y al trabajo
del equipo encabezado
por él e integrado por
José Pérez Lerroy, Nancy
Hernández, Niurka A.
Lecusay, José Reyes y
Alberto Medina Peña, en
2007 pudimos volver a
disfrutar de la voz de
Pacho Alonso (Santiago
de Cuba, 22 de agosto de
1928 - La Habana, 27 de
agosto de 1982),
protagonista de un
fonograma contentivo de
16 cortes, que se mueven
entre la canción y el
bolero.
Si bien Pacho está
asociado a la
interpretación de la
música bailable por
contribuir con su
quehacer a la
popularidad de géneros
como el pilón, el simalé
y el upa upa, y haber
convertido en éxito
piezas como “Yo no
quiero piedra en mi
camino”, “A cualquiera
se le muere un tío” o
“¡Que me digan feo!”
―temas que
proporcionaron tanta
alegría a los cubanos en
los años 60 y 70 del
pasado siglo―, sin lugar
a duda, siempre será
recordado como una de
las figuras cumbre de
este país a la hora de
cantar boleros. No por
gusto vocalistas
internacionales del
ámbito de la salsa
―entre los que cabría
mencionar nombres como
los de Cheo Feliciano,
Andy Montañez y Gilberto
Santa Rosa― lo reconocen
como un modelo de
cantante estudiado e
imitado por ellos.
Ese dominio
interpretativo de Pacho
al asumir el repertorio
bolerístico, se pone de
manifiesto en este
álbum, donde encontramos
piezas grabadas en el
período transcurrido
desde 1960 hasta 1982.
Aunque se aprecian
elementos comunes en el
acompañamiento de los 16
temas compilados en el
fonograma, las
formaciones de respaldo
son diferentes y abarcan
desde la Orquesta de
Bebo Valdés, Los Bocucos,
Los Pachucos, hasta la
Orquesta de su hijo
Pachito Alonso.
El particular y singular
estilo que Pacho Alonso
impuso al cantar ―donde
los aires del filin se
hacen presentes de
manera recurrente―,
puede ser disfrutado a
plenitud en el álbum
producido por Jorge
Rodríguez para la
colección Las voces
del siglo. Entre las
interpretaciones a las
que recomiendo prestar
especial atención,
incluyo “Imágenes”, de
Frank Domínguez, “Tú no
sospechas”, de Marta
Valdés, “Persistiré”, de
Rubén Rodríguez, “En
nosotros”, de Tania
Castellanos y “Dame la
mano”, de Enrique Bonne.
Es verdaderamente
sorprendente el sentido
unitario que, en materia
de interpretación y de
orquestaciones, uno
siente en todas las
piezas incluidas en el
álbum, aspecto digno de
resaltar si meditamos en
el hecho de que son
temas registrados a lo
largo de 22 años,
grabados con el respaldo
de varias formaciones y
con arreglos de
distintos orquestadores.
Hay que añadir que, pese
a que las tomas para las
grabaciones no se
llevaron a cabo con la
misma tecnología, da
gusto escuchar cada
plano sonoro justo en el
sitio en que deben estar
situados. Todo es
gracias, primeramente, a
que los instrumentistas
de antaño sabían
respetar, al tocar, los
matices; y, en segundo
orden ―pero no menos
importante―, a la
paciente labor de
masterización de los
originales por parte de
la Ingeniera de sonido
Niurka A. Lecusay.
Al concluir la audición
de los 16 temas
recogidos en este
fonograma, se ratifica
el criterio de que el
santiaguero Pascasio
Alonso Fajardo o
sencilla y llanamente
Pacho Alonso ―nombre con
el que ha pasado a
figurar en la selecta
historia de la música
popular cubana―, como se
afirma en la nota de
presentación del álbum,
escrita por el
investigador José Reyes,
es “uno de los máximos
exponentes de nuestras
voces en el pasado
siglo”. |