La Habana. Año IX.
29 de ENERO al
4 de FEBRERO de 2011

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El sueño del Casa
Amado del Pino • España

Entre los primeros libros que compré, allá en la esquinita de la tienda de ropa de Tamarindo, algunos eran Premios Casa de las Américas de los años 60 o primeros 70 del siglo pasado. Un amigo me acusa de demasiado imaginativo cuando afirmo que aquel rinconcito se ubicaba al lado de la sección de ropa interior femenina. Lo importante no es eso. Tal vez fueran calderos o alguna codiciada herramienta de trabajo, pero ahí, al lado, estaban los libros de Casa llenándome de apetencia literaria e ilusión.

Después, en muchos años habaneros y profesionales, he estado cerca del Premio.  Varias veces “lo cubrí” como periodista o acompañé a Tania en esa función.  Recuerdo hasta una propuesta (aceptada con gusto) de cambio de trabajo que me llegó de mi entrañable Elizabeth Díaz, directora de Revolución y Cultura por entonces, en plena festividad por la entrega del premio.

De otra ocasión, evoco la ansiedad en la escalera del dramaturgo matancero Jesús del Castillo, que me preguntaba si lo había visto en la lista de ganadores recién entregada a la prensa. No supe decirle, pero unos minutos después el laborioso Chuchy saltaba de alegría. Sí, porque ese momento de recibir el Casa es uno de los sueños de muchos escritores del continente americano y de los cubanos, en particular. Recuerdo el año de Reinaldo Montero con sus Donjuanes, un libro de cuentos que me sigue pareciendo formidable. O la merecida suerte que han tenido con este concurso creadoras que respeto y estimo: Reina María Rodríguez y Marilyn Bobes.

En la dramaturgia cubana, las menciones en Casa (en la arrancada de los 60) significaron un empujón en la carrera de autores esenciales como Héctor Quintero o Abelardo Estorino. Otro de los grandes, Eugenio Hernández Espinosa, obtuvo el premio con una de sus obras menos conocidas, La Simona. Dos viejos pánicos, de un autor tan esencial como Virgilio Piñera, sigue siendo uno de los mejores Casa de Teatro.

Como dramaturgo he tenido suerte con los concursos. No me puedo quejar. No copiaré del currículo como diría mi vieja, “ni es bonito ni viene al caso” —, pero he obtenido buenos galardones en Cuba y en España. El Casa, sin embargo, se me ha resistido. Y aunque los escritores no solemos confesar aquellos concursos (por supuesto, los más) a los que mandamos y no ganamos, yo sí lo haré. He mandado tres veces al Casa. Y lo seguiré haciendo.

Una vez hasta me hablaron de la posibilidad de formar parte del jurado y no pude aceptar tal honor, pues ya había entregado un texto para el concurso. Otros premios dan más dinero (de esos he ganado uno) o tienen otras ventajas, pero este que organiza La Habana en enero tiene mucho prestigio, resonancia continental, cuidadas ediciones y además, como se ha visto, se me vincula a recuerdos personales; rostros y cosas asociadas a su nombre. El Casa es el Casa.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.