La Habana. Año IX.
29 de ENERO al
4 de FEBRERO de 2011

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Nieto en el fuego del istmo
Pedro de la Hoz • La Habana

En enero de 1975, el jurado del Premio Casa de las Américas adjudicaba el lauro de poesía a un joven poeta panameño, Manuel Orestes Nieto. El cuaderno Dar la cara llamaba la atención sobre virtudes líricas manejadas con temprana madurez y urgente sentido de la comunicación.

La Casa reencontró a Nieto durante el examen de las propuestas para la obtención del Premio Honorífico José Lezama Lima 2010. Había reunido lo que consideró parte esencial de su producción poética entre 1968 y 2008 bajo el título El cristal entre la luz y el libro, de un grosor apreciable, venía bendecido por la aprobación de los medios intelectuales panameños. Pero no era una poesía constreñida a la “panameñidad”, aun cuando en primera instancia valga lo que apuntó el crítico Rodolfo de Gracia al decir que “en Manuel Orestes Nieto se encuentra uno con una conciencia patriótica que estremece al lector por la fuerza y la contundencia de su palabra y por la consabida situación contextual de la que nacen sus versos que demuestran el amor por el terruño”.

Saltaba por sobre el istmo sin abandonarlo, daba cuneta de las angustias, desvelos y esperanzas, sin grandilocuencia, con mesura, con tono y tino, de los seres de esta parte del mundo abocados a la lucha de querer ser unos y diversos. El Premio Lezama Lima honró a Nieto y el Fondo editorial de la Casa de las Américas, en ocasión de la 52 edición del Premio, acaba de poner en circulación esta obra necesaria y visceral.

El cristal entre la luz es como una especie de viaje a la semilla del poeta. Recorre la última estación —Ardor en la memoria (2008)— y desde esta nos lanza en una retrospectiva donde se acumulan estampas, elucubraciones, reflexiones, soliloquios y mucha vida vivida, contenida en casi una decena de cuadernos.

Estilísticamente se advierte en sus versos la impronta de un coloquialismo que deriva hacia una expresión lírica concentrada, desprovista de artificios, en la que unas veces bordea en lugar común con inteligencia y en otras paladea las palabras de uso cotidiano como si se acabaran de inventar.

Lo importante, ya lo he dicho antes, es el afán de comunicar, de colocar al lector ante el espejo de su propia experiencia. Los ecos de un modo de hacer poesía que empata al peruano César Vallejo con el salvadoreño Roque Dalton por un lado, y por otro las ganancias del exteriorismo nicaragüense que tiene en Ernesto Cardenal su más conspicuo representante, nutren las suaves ráfagas de los versos de Manuel Orestes Nieto.

Pero a medida que se avanza en el libro, el lector se percata de que estilo y oficio no son más que meras herramientas para el vuelo sostenido de un poeta que ha elegido el verso como opción para contarnos de sí y de su entorno, de sus raíces y de su gente, de la familia y la sociedad, del amor y los combates.

El cristal entre la luz puede ser leído como un libro de memorias de un hombre al que hemos visto en la primera línea de defensa de la sensibilidad y la dignidad humanas.

 
 
 
 


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Casa de las Américas

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Fin del capítulo 49
(Premios Casa de las Américas 2008)

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Un certamen que se rejuvenece
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ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.