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Se muestra
ahora el ángel de la jiribilla |
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José Lezama Lima |
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El ángel de la
jiribilla, II
José Luis Fariñas,
2006
(realizado a raíz del V
Aniversario de La
Jiribilla, Revista
de Cultura cubana) |
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Asoma ahora el ángel
nuestro, el llamado para
la invocación final
ángel de la Jiribilla.
Igual, por lo menos, al
ángel de Bética;
superior a la lucha
entre el ángel y el
duende, en que este
riega con niebla y con
espíritu de lo errante
las alas intermedias.
Ángel nuestro de la
jiribilla, de topacio de
diciembre, verde de hoja
en su amanecer
lloviznado, gris tibio
del aliento del buey,
azul de casa pinareña,
olorosa a columna de
hojas de tabaco.
Ángel de la jiribilla,
en el asombro, en el
perplejo suave. No
asombro mofletudo del
Eolo. No perplejo en
cariátide entre la
guayaba amorosa y los
reflejos de la bandeja
de plata en la frente.
Asombro que encuentra el
círculo del cocuyo para
exorcizar la medianoche.
Perplejo que enarca la
cola del gallo, para no
confundirse en la manera
cegadora. Perplejo que
encuentra a la pluma
verde del gallo.
Jiribilla del paroxismo,
de la hondura del
frenesí frente a la
muerte. Jiribilla que
asusta a la muerte y la
obliga a la arrecida de
la hoja del barbero
clásico. Que le hace un
cuento a la muerte, que
le saca los dientes de
ajo para su secuestro en
caballo ligero. Rapto de
la muerte en caballo
pequeño sobre un tambor
que llora, que rota en
sentido contrario al de
las agujas de un reloj.
Ligereza, llamas, ángel
de la jiribilla.
Mostramos la mayor
cantidad de luz que
puede, hoy por hoy,
mostrar un pueblo en la
tierra. Luz que lleva en
sí misma su vitral y su
harnero. Luz que
encuentra siempre su ojo
de buey, para
descomponerse en la
potencia silenciosa de
la resaca lunar.
Jiribilla, diablillo de
la ubicuidad.
Simultaneidad en las
estaciones, que unen el
oro y el gris, como dos
brazos. Como dos brazos
que alzan la libertad en
el espacio medio en los
cuadrados de color y en
el tiempo del sueño.
Jiribilla inmóvil, la de
la tortuga nuestra, que
cuando se encoleriza le
arranca un jarrete al
toro. Tan venerable la
tortuga Pei Hei, en el
Pabellón de la armonía
suprema, en el palacio
imperial de Pekín, cuyo
rostro esboza un gesto
amenazador y terrible, a
pesar de que aspira a la
longevidad. Lección que
aprendemos de la
helénica luz, que la
tortuga llega al mismo
tiempo que Aquiles, el
de los pies veloces.
Pero hay que tener los
pies veloces como la
luz.
Jiribilla, hociquillo
simpático. Simpatía de
raíz estoica. Fabulosa
resistencia de la
familia cubana. Arca de
nuestra resistencia en
el tiempo, cinta de la
luz en el colibrí, que
asciende y desciende, a
la medida del hombre,
como un templo, como la
luz instrumentada por
Anfión, del linaje de
Orfeo.
Sal de la salamandra,
agujereando el fuego,
incansable, caída al mar
de la en la bahía de los
hielos. Ángel de la
jiribilla, que cambias
la salamandra en la
iguana del taino, de
lengua con los colores
de la llama larga como
un brazo, que lleva su
braza a los tinajones,
donde de noche se guarda
el sol.
Ángel de la jiribilla,
ruega por nosotros. Y
sonríe. Obliga a que
suceda. Enseña una de
tus alas, lee:
Realízate, cúmplete, sé
anterior a la muerte.
Vigila las cenizas que
retornan. Sé el guardián
del etrusco potens,
de la posibilidad
infinita. Repite: Lo
imposible al actuar
sobre lo posible
engendra un posible en
la infinidad. Ya la
imagen ha creado una
causalidad, es el alba
de la era poética entre
nosotros. Ahora podemos
penetrar, ángel de la
jiribilla, en la
sentencia de los
Evangelios:" Llevamos un
tesoro en un vaso de
barro". Ahora ya sabemos
que la única certeza se
engendra en lo que nos
rebasa. Y que el icárico
intento de lo imposible
es la única seguridad
que se puede alcanzar,
donde tú tienes que
estar ahora, ángel de la
jiribilla.
Fragmento del ensayo
“Lectura” leído en
Operación cultura.
Universidad de La
Habana, 1959.
Tomado de José Lezama
Lima, Imagen y
posibilidad. |
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