La Habana. Año IX.
5 al 11 de FEBRERO
de 2011

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Debut para Gabriela
Carlos Díaz • La Habana
Fotos: Ignacio Barrios y Cortesía del ICAIC

La actriz Gabriela Griffith, de 21 años, parece tímida al margen de las cámaras. Sin embargo, la envuelve una seguridad que paraliza y encanta. La percibo muy seria, como si dispusiera de un número de sonrisas limitado que la conmina a no gastarlas… bajo ningún concepto. 

Su mirada es un exceso de sagacidad que me frena. Ella y Magda, papel que Griffith interpretara en Afinidades, se me confunden a ratos.

Sea la joven representada que experimenta la más apreciable conversión moral entre los personajes del filme, sea la veinteañera reservada que parece, el cine y la vida real son inconfundibles en algo: son incapaces de abdicar de la belleza física, al menos, mientras abriguen el propósito de seducir al hombre.

¿Qué movió en ti Afinidades?

Fue muy importante porque era la primera vez que trabajaba en cine y, como siempre, había sido algo inspirador, quería que todo saliera bien, buscaba dar lo mejor de mí. Había muchas cosas en juego durante el tiempo que estuvimos rodando, y me entregué para brindar lo mejor.

¿En qué se expresó el “dar lo mejor de mí”?

En el interés que mostraba, en las muchas veces que me leí el guion antes de empezar el trabajo de mesa, en todo el estudio que hice de los demás personajes. Se trataba de una película en la cual había que estar muy al tanto de lo que sucedía con los demás miembros del elenco. Afinidades es llevada solo por cuatro personajes, por lo que era vital que los actores estuviéramos muy conectados, que tuviéramos mucha compenetración. Sabíamos que el más mínimo altercado se iba a reflejar en pantalla.

¿Todo fue “color de rosa” durante el proceso de filmación?

“Color de rosa” pudo haber sido el que para mí aquello era como vivir un sueño, que se estaba materializando en ese momento y que disfruté enormemente; pero mi nerviosismo no lo fue; sentía inseguridades y dudas que después aprendí a dejar atrás. Aunque contaba con escasa experiencia dos meses de graduada de la Escuela de Arte, solo había hecho teatro nada más, no permití que ello me detuviese.

¿Qué insatisfacciones te quedan de tu propio papel en la película?

Todavía pienso que hay escenas donde pude hacerlo mejor; pero Vladimir Cruz ya está cansado de decirme que no, que lo entenderé cuando pueda ver la película desde un punto de vista más neutral.

¿Por ejemplo… cuáles escenas?

Cuando el personaje que interpreto se enfrenta a su esposo —encarnado por Vladimir Cruz— y le expresa todas sus inconformidades, sus tristezas.

También te enfrentaste a escenas de sexo…

Desde el día en que leí el guion, esas escenas me dieron miedo; pero Perugorría (Pichi) y Vladimir me ayudaron. Fue muy difícil, por supuesto, soy una persona —y creo que esto del pudor lo heredé de mi abuela— más bien reservada. Ambos directores demostraron lo que pocos creían. Ellos lo tenían todo planeado, todo claro, sabían la película que querían hacer en imágenes y música, y las escenas de nudismo eran parte del todo.

¿Qué importancia le atribuyes a la belleza física dentro del cine?

Lo que importa es tener algo que decir convincentemente. Aunque me parece un tema muy subjetivo, cada persona puede o no inspirar un personaje a partir de su apariencia. La cámara puede o no quererte, dicen por ahí. En ese sentido, lo más importante es la mirada.

¿Cómo te insertas en este mundo? ¿Por qué te atrapó?

La mía es la típica historia de la niña que en casa era la más inquieta, alguien que siempre estaba solicitando historias a su mamá y a su abuelo, para que ellos se las contaran como ella quería. Desde pequeña siempre me atrajeron las declaraciones ofrecidas por directores y actores acerca de cómo percibían su propio trabajo.

A los 13 años comencé en un grupo de actuación, y lo que más recuerdo de ese período es que uno podía escoger la historia que quisiera y desdoblarse en el rol que más lo motivase. Eso me encantó.

Después de intentarlo por segunda vez, logré entrar a la Escuela Nacional de Arte (ENA) y allí, con mi grupo que era fantástico, vivencié cuatro años de teatro que guardé como lo mejor que había sucedido en mi vida, pues ya había descubierto qué era lo que perseguía.

Luego de salir de la ENA me presenté al casting para Afinidades y bueno, el resultado ya se conoce.

¿De qué modo te involucras hoy con la actuación?

Me encuentro cumpliendo el servicio social en el grupo Gallateatro de la Habana, donde soy la actriz más joven. Es un espacio mágico, pues en él se hacen conciertos, exposiciones de fotografías e, incluso, he participado de no pocos performances, lo cual me place mucho.

Además, cursé por un año un taller con la compañía de danza Retazos, algo que necesito para perfeccionar mis cualidades como actriz.

Ahorita decías que de niña observabas con alguna devoción la gala de premiaciones de los Oscar. ¿Ser famosa te parece el gran fin?

No, en absoluto.

 
 
 
 


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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.