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Dar fe de una existencia
a la sombra, en una
ciudad casi anónima del
sur americano; desnudar
los conflictos comunes,
los sueños, las
frustraciones de una
mujer en su afán por
sobrevivir, una mujer
que escribe una novela
sobre su propia vida,
sobre su propio mundo al
margen: una novela
espejo, una mujer y su
entorno en el espejo,
descubriendo su
intimidad, mostrando los
resortes que la impelen,
los nexos que la atan,
las carencias que llenan
su tiempo. Eso es, en
cierto sentido,
Percusión y tomate,
de la autora venezolana
Sol Linares, que en 2010
obtuvo el Premio del
Concurso Latinoamericano
de Novela Alba Narrativa
en su primera
convocatoria.
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Pero en cierto otro
sentido, Percusión y
tomate es más que el
relato de las peripecias
y pulsiones de una
mujer. Con un estilo que
se distingue por su
fluidez y una mirada
aguda, mordaz e irónica
a ratos, que profundiza
hábilmente en la
psicología de sus
personajes, esta novela
es también una
radiografía del
laberinto de lo
cotidiano, con sus
contextos sociales
marcados por la
frustración, el hastío,
el lento e inevitable
envejecer; es, además,
una suerte de crítica a
los discursos dominantes
de nuestra época y a las
imágenes que esos
discursos construyen
sobre el ser femenino y
su lugar en el mundo.
Sol Linares exhibe en
esta novela una manera
propia de narrar y la
madurez de una
sensibilidad que sabe
moverse, sin caer en la
trampa de los
estereotipos, entre la
sordidez de lo marginal
y el glamour
publicitario, para
arrojar luz sobre la
vida en una ciudad del
interior venezolano.
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Verde Alicia,
del narrador y diseñador
argentino Juan Pablo
Fiorenza, que fue
distinguida con el
accésit del Premio Alba
Narrativa 2010, es un
relato que atrapa y
sorprende al lector
desde las primeras
páginas. Interesante, no
solo por el hábil manejo
de la fragmentación y
los cambios de punto de
vista que contribuyen a
crear esa atmósfera de
creciente inquietud en
que se desarrolla la
trama, sino también por
su capacidad para
delinear en breves
trazos, sin excesos
descriptivos, un
escenario donde oscuras
fuerzas imponen su orden
a través del control
excesivo y un terror que
no llega a ser
explícito; esta novela
vuelve con audacia sobre
uno de los temas que
obseden al hombre
contemporáneo: el abuso
de las tecnologías y el
poder, en especial,
sobre los avances en el
estudio genético de la
conducta y sus
implicaciones legales.
Es decir, sobre lo que
significa ser humanos y
libres.
La historia que nos
cuenta Verde Alicia
ocurre en un país
imaginario que, después
de todo, puede ser
cualquier país en un
futuro próximo. Su autor
juega con elementos de
la ciencia-ficción y el
policiaco, aunque elude
sus convencionalismos,
sus salidas fáciles y
previsibles, y esto hace
que el lector se
mantenga atento hasta el
final, incapaz de
anticipar el desenlace.
Algo que, sin duda,
siempre se agradece.
Son dos novelas
diferentes, como
diferentes son nuestras
realidades, como
diferentes son también
las miradas y las voces
que desde el sur de este
hemisferio tratan de
aprehender la naturaleza
y las complejidades
intrínsecas de la
misteriosa experiencia
de existir. Espero que
en sus sucesivas
entregas, el Premio Alba
Narrativa continúe
trayendo a manos del
lector esa diversidad
saludable de estilos y
circunstancias, de
tradiciones y proyectos
vitales, entre los que
fluye, como una savia
común, el ser de nuestra
América. |