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Con el libro Fidel por el mundo,
otra vez el periodista Luis Báez
presenta un testimonio de primera
mano sobre el líder de la Revolución
Cubana. El abordaje de la memoria
histórica en la que constituye su
sexta entrega literaria de conjunto
con la Editorial Abril, versa sobre
las visitas a más de 50 países del
mundo en las cuales el escritor
acompañó al Comandante en Jefe. |
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Los intelectuales y los escritores,
en particular, tienen la
responsabilidad de asumir sus
deberes de ciudadanía. ¿Qué quiero
decir con esto? Asumir deberes que
tiene que ver con la ampliación de
las libertades democráticas, con la
construcción de sociedades más
justas, más solidarias. En otras
palabras, al asumir esos deberes,
los intelectuales de hoy se asumen
como parte de los procesos y no como
sus líderes, ni tampoco como mesías
de esos procesos. Esa función
mesiánica ya no es más propiedad de
los intelectuales. Ahora la función
de liderazgo de los procesos de
liberación está dada en los
movimientos populares. |
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La sala Nicolás Guillén acogió este
13 de febrero, entre emociones y
anécdotas, la entrega del Premio
Nacional de Edición a Silvana
Garriga Caballero por el
considerable trabajo de gestión,
evaluación y edición de títulos de
alta complejidad, durante sus más de
30 años de profesión en las
prestigiosas casas Letras Cubanas y
Boloña. Además, fue otorgado
oficialmente el Premio Nacional de
Diseño del Libro 2010 a Rolando
Estévez, artífice de las caprichosas
formas y hermosos ornamentos que
acompañan la lectura de cualquier
volumen de Ediciones Vigía. |
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“Que se premie al diseñador de
Ediciones Vigía es reconocer que lo
distinto también puede ser efectivo,
que lo que no es orgánicamente
compatible con el resto, también
tiene un lugar. Es un premio a la
unicidad que tiene que tener el
arte, eso es lo que ha querido ser
Vigía y eso es lo que yo he tratado
de aportarle con la imagen, por lo
tanto, es un premio a saber que lo
único y lo distinto, y lo variado
también, tienen un lugar en el
mundo.” |
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“Las enseñanzas de tantos y tan
valiosos compañeros y el clima
cultural de la editorial,
frecuentada por 'lo más granado' del
arte y la literatura del país,
fueron determinantes en mi formación
como editora, un oficio cuya
adquisición hay que ganársela con
'sangre, sudor y lágrimas' fuera de
las aulas universitarias, que
proporcionan la base imprescindible,
pero no, lógicamente, los tan
diversos saberes que debe reunir un
editor si aspira a desempeñarse
cabalmente.” |
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