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El teatro ha sido uno de
los protagonistas de la
Feria del Libro. Se han
realizado lanzamientos
de nuevos volúmenes,
presentaciones
teatrales, encuentro con
los autores; acciones
todas coordinadas por la
Editorial Tablas
Alarcos, empeñada en
promover la literatura
teatral.
Entre las novedades se
destaca Siempre la
danza, su paso breve,
del maestro Ramiro
Guerra, donde se recogen
artículos y ensayos que
versan sobre la
historia, la teoría y la
práctica de la danza en
Cuba y en el mundo. Este
es un libro destinado a
convertirse en material
de obligada consulta,
dados los
extraordinarios
conocimientos de Ramiro
en la materia.
Leyéndolo, el lector
encontrará momentos
relevantes de la danza y
figuras que han marcado
pauta en la cultura
universal.
Otro título que ha
generado muchas
expectativas es
Dramaturgia de la
Revolución,
compilado por Omar
Valiño, quien propone
textos dramáticos
devenidos en paradigmas
de la literatura
dramática cubana. Omar
Valiño explicó sus
propósitos al emprender
esta selección:
“Dramaturgia de la
Revolución es un
nombre que se presta a
la ambigüedad y, a la
vez, sugiere el
contenido del libro:
dramaturgia escrita
durante los 50 años de
la Revolución, es decir,
entre 1959 y 2009. Son
obras que guardan
relación con el curso
social de esta. De
alguna manera, en esos
textos está el tejido de
la Revolución con sus
alcances, sus
desgarramientos, sus
conflictos, sus
tragedias. En este
primer volumen se
incluyen los que hemos
dado en llamar textos
canónicos porque son
conocidos, ya
establecidos en la
dramaturgia cubana:
“Aire Frío”, de Virgilio
Piñera; “Santa Camila de
La Habana Vieja”, de
José Brene; “La casa
vieja”, de Abelardo
Estorino; “El premio
flaco”, de Héctor
Quintero; “La noche de
los asesinos”, de José
Triana; “Réquiem por
Yarini”, de Carlos
Felipe; “Los siete
contra Tebas”, de Antón
Arrufat y “La toma de La
Habana por los
ingleses”, de José
Milián. En los tres
tomos de Dramaturgia
de la Revolución no
aparecen las 30 mejores
obras porque ese es un
criterio muy difícil de
establecer. Estas fueron
seleccionadas para
revelar cómo la
dramaturgia escrita
durante la Revolución
ha reflejado estos
tiempos, para que se vea
el nexo entre el tejido
de la literatura
dramática y el tejido
social. Se prevé que el
segundo y el tercer
tomos sean más
polémicos, porque en
ellos nos vamos
acercando al presente.
Esos tomos ya están en
proceso editorial, ya se
hizo la selección, y en
ellos se reconoce la
dramaturgia escrita
fuera de la Isla como
parte de ese diálogo y
de ese conflicto con la
Revolución, sobre todo
en la selección de los
autores más jóvenes.”
La Editorial Tablas
Alarcos ha continuado la
publicación de las obras
de maestros como Eugenio
Barba, director del Odin
Teatro y Santiago
García, director de La
Candelaria. En esos
textos se recogen sus
experiencias en el
ejercicio del oficio
teatral, que son muy
útiles para los
teatristas pues
encuentran aquí
reflexiones éticas y
estéticas, revelaciones
técnicas, experiencias
de vida y un enorme
caudal de conocimientos.
El stand de la
Editorial Tablas Alarcos
acoge títulos
relacionados con el
teatro, publicados por
otras editoriales. Es el
caso de Repensar El
Puente, una
compilación de Inés
María Martiatu e
Icaros y otras piezas
míticas, de Norge
Espinosa; ambos
publicados por Letras
Cubanas. Sobre las
razones para publicar
la antología dedicada a
los dramaturgos del
grupo El Puente expresó
Gerardo Fulleda:
“Era un compromiso que
teníamos con nuestra
generación, con los
dramaturgos publicados
en El Puente y con los
que participamos en el
Seminario de
Dramaturgia. Ni Eugenio
Hernández Espinosa ni yo
teníamos la fuerza ni la
capacidad para discernir
sobre lo que —en su
momento— fue un boom.
Éramos 21 dramaturgos,
desde José Brene —que
era el mayor— hasta José
Milián y Nicolás Dorr
—que eran los más
jóvenes—, y se
desgajaron muchos por el
camino. Sin saber que
Jesús Barquet organizaba
una antología con los
poetas de El Puente, le
pedimos a Inés María
Martiatu que organizara
una selección de los
dramaturgos, le dijimos
que hiciera lo que
quisiera. Ella escogió a
12 autores, y fue
difícil porque algunas
obras se perdieron. Por
ejemplo, se me perdió la
primera obra que
escribí, que fue
premiada. A Mario
Balmaseda se le perdió
la última página de una
pieza suya que estrenó,
pero no tiene ánimo para
reescribirla; es una
lástima porque esa obra
merecía publicarse.
Espero que los lectores
perciban quiénes éramos
en ese entonces y cuánto
hemos cambiado.”
El dramaturgo Norge
Espinosa contó cómo
llegó a letra impresa el
volumen Icaros y
otras piezas míticas,
que ya circula en las
librerías:
“Fue una petición de
Letras Cubanas. Todo
comenzó cuando hice el
prólogo para el
Teatro Escogido, de
Nicolás Dorr. Las
editoras quedaron muy
contentas con ese
trabajo y aprovecharon
las circunstancias para
proponerme agrupar mis
obras. Empecé a revisar
las escritas para
adultos, y la editora,
Inés María Matienzo,
reparó en que todas eran
protagonizadas por
mujeres y que partían de
mitos o leyendas. Fue
una mezcla inconsciente
y un poco casual lo que
permitió que se hiciera
este libro. Ahora mismo
puedo imaginarlo como un
espejo donde todas estas
mujeres se miran, donde
los personajes femeninos
que me han seducido
están presentes como
máscaras de teatro. Casi
todas las obras se han
estrenado, salvo Carlota
Corday, personaje que ha
seducido a varios
dramaturgos cubanos,
entre ellos a Nara
Mansur. Ella tiene su
propia visión del
personaje. El suyo y el
mío aparecieron casi al
unísono, lo cual me
alegró mucho.”
La sede del grupo de
teatro El ciervo
encantado ha sido
también centro del
teatro en la Feria del
Libro. Ubicada en 5ta. y
D, muy cerca del Teatro
Auditorio Amadeo Roldán,
allí se presentó
Visiones de la
cubanosofía para
celebrar los 20 años del
anfitrión. También
Teatro El Público
representó Ay, mi
amor, un espectáculo
unipersonal
protagonizado por Léster
Martínez, con la
dirección de Carlos
Díaz, y el texto de
Norge Espinosa que
aparece en uno de los
números recientes de la
revista Tablas.
En el evento teórico que
tuvo lugar allí
intervinieron Yanisbel
Martínez y Enrique Lanz,
con una conferencia
sobre el montaje de
El retablo de Maese
Pedro, y la
dramaturga guadalupeña
Gerty Dambury, quien
disertó sobre su
escritura.
El teatro es el arte de
la representación, que
encuentra su definición
exacta cuando el actor
dialoga con el público.
Y el teatro también es
literatura. Bastaría
recordar a Shakespeare,
a Ibsen, Molière,
Strindberg, figuras que
han engrandecido las
letras universales. Tan
solo el dramaturgo
Abelardo Estorino ha
recibido el Premio
Nacional de Literatura.
Aún esperan Eugenio
Hernández Espinosa,
Héctor Quintero, José
Milián, por solo citar a
algunos. Este último ha
sido incluido en la
antología Repensar El
Puente y en
Dramaturgia de la
Revolución. Sobre su alegría por estos
hechos confesó:
“Francamente, me
sorprendió que me
incluyeran en el volumen
Dramaturgia de la
Revolución, y me
gustó que fueran con ‘La
toma de La Habana por
los ingleses’, porque es
una obra maldita, pero
es mi obra obligada. ‘Si
vas a comer, espera por
Virgilio’ pasó a primer
plano, y constantemente
recuerdo que ‘La toma…’
fue muy importante en su
momento porque resumió
lo que experimentábamos
los jóvenes de los 70;
constituye una síntesis
de lo que queríamos
hacer. Es una obra de
juventud —tenía 20 años
cuando la escribí—, pero
la salvaría del diluvio.
Sí, esperaba verme en la
antología de El Puente,
no era parte del grupo
sino del Seminario de
Dramaturgia, pero José
Mario se acercaba a los
del Seminario y nos
pedía obras. Esa
antología recoge un
pedacito de esa época, y
me gustó mucho estar
presente. Pero ya no
quiero aparecer en
antologías; y aunque
Abel González Melo dijo
que yo era un autor muy
publicado, quiero
presentar un libro con
mis obras inéditas.”
Los libros de teatro
forman parte de esos
volúmenes que los
lectores encontrarán en
las librerías de la
Isla. Espero les sean
muy útiles. |