Reardon
entonces
le pidió
a la
jueza
que
aceptara
las
fotos
como
evidencia
y que se
las
proyectaran
a los
monitores
de los
integrantes
del
jurado. La
Jueza
Kathleen
Cardone
accedió
y los
integrantes
del
jurado
las
estudiaron
cuidadosamente
en las
pantallas
individuales
que
tienen
al lado
de sus
asientos. ”Esas
excoriaciones
no
tuvieron
que ver
con la
muerte
del Sr.
Di Celmo”,
le contó
la
doctora
al
jurado.
El
fiscal
le
mostró
otra
foto a
la
doctora. Clasificada
por la
corte
como
116a. ”Esa
es una
foto del
cadáver
de Fabio
Di Celmo”,
le dijo
ella al
jurado. ”Las
heridas
están
suturadas”. Al
proyectarse
esta
última
imagen
en las
pantallas,
los
integrantes
del
jurado
acercaron
sus
miradas
a los
monitores
para ver
mejor el
cuello
del
difunto
con la
evidente
incisión
de la
autopsia.
Antes
del
comienzo
del
testimonio
de la
Dra.
Vizcaíno,
la
abogada
defensora
Rhonda
Anderson
había
pedido
que la
jueza no
permitiera
que el
jurado
viera
esa
última
foto,
porque
“la
incisión
de la
autopsia
aumentó
el
tamaño
de la
herida y
esa
imagen
puede
enardecer
al
jurado”,
argumentó. La
abogada
Anderson
tampoco
quiso
que el
jurado
leyera
el
reporte
de la
autopsia.
Dijo que
“la
médico
forense
cubana
no tiene
conocimiento
personal
de que
Di Celmo
murió
debido a
una
esquirla
de metal
lanzada
por una
explosión”. Añadió
que
“alguien
le
pudiera
haber
tirado
el
objeto
de
metal”.
REARDON:
EL SR DI
CELMO NO
ESTÁ
DISPONIBLE
El
fiscal
Reardon
respondió:
“lastimosamente
el Sr.
Di Celmo
no está
disponible
para
comentar
sobre la
causa de
su
propia
muerte,
y por
eso es
necesario
utilizar
el
reporte
de la
autopsia”. La
jueza
rechazó
los
argumentos
de la
abogada
Anderson
y
autorizó
el uso
de la
foto del
cadáver
de Fabio
y
también
el
reporte
de la
autopsia. Ambos
cautivaron
a todos
en la
sala
judicial. Los
integrantes
del
jurado
miraron
largo
rato las
heridas
en el
cuerpo
inerte
de Fabio
y
leyeron
atentamente
el
reporte
de la
autopsia.
“¿Quién
escribió
ese
reporte?”,
preguntó
Reardon. ”Yo
lo
escribí”,
contestó
con
firmeza
la
doctora
cubana.
Ahí
terminó
el
interrogatorio
de la
Doctora
Yleana
Vizcaíno
Dimé
ante el
fiscal
Timothy
J.
Reardon. La
jueza
anunció
el
receso
de
almuerzo
y nos
despidió
hasta
las 2 de
la
tarde.
LA
ABOGADA
RHONDA
ANDERSON
El
contra-interrogatorio
de la
doctora
no lo
condujo
el
abogado
Arturo
Hernández. La
tarea le
tocó a
la
abogada
defensora
Rhonda
Anderson. Durante
casi
todo
este
proceso
legal,
ella se
ha
mantenido
sentada
al lado
del
abogado
Arturo
Hernández
–detrás
de una
laptop
Mac-,
investigando,
escribiendo
y
administrando
los
cientos
de
escritos,
documentos
y fotos
que
sostiene
la
defensa
de
Posada
Carriles.
Ella
parece
estar
más
cómoda
ante una
laptop
que ante
otro ser
humano.
Una
mujer
pálida,
de pelo
corto,
Anderson
es
extremadamente
delgada. Como
el
consejero
brasileño
de uno
de los
cuentos
de Mario
Vargas
Llosa,
esta
abogada
siempre
parece
estar de
perfil. Su
mirada
es tan
severa
que da
la
impresión
de que
por su
rostro
no han
pasado
muchas
sonrisas.
Con
cierta
incomodidad,
se
acercó
al podio
para
enfrentarse
a la
testigo. Con
un
marcado
acento
del sur
de los
Estados
Unidos,
le dijo
a la
Dra.
Vizcaíno:
“Welcome
to the
United
States”. ”Gracias”,
respondió
escuetamente
la
Doctora
Vizcaíno.
Este
caso ha
marcado
una
histórica
colaboración
entre
los
gobiernos
de los
Estados
Unidos y
Cuba
para
enjuiciar
a Luis
Posada
Carriles,
un ex
agente
de la
CIA que
se ha
pasado
décadas
haciéndole
una
guerra
sucia al
pueblo
cubano. Su
largo
historial
delictivo
incluye
el
derribo
de un
avión
civil de
Cubana
de
Aviación
con 73
personas
a bordo,
atentados
contra
el
Presidente
de la
República
de Cuba
y otros
funcionarios
del
gobierno
cubano,
más una
campaña
de
bombas
para
aterrorizar
y así
socavar
la
industria
turística
cubana. No
creo que
la
bienvenida
que le
ofreció
la
abogada
defensora
a la
testigo
cubana
esta
tarde
sea del
agrado
de
Posada
Carriles.
EL
FALLIDO
ESFUERZO
DE LA
ABOGADA
DE
POSADA
Como
he visto
durante
todo el
juicio,
el guión
de la
defensa
de
Posada
Carriles
intenta
desprestigiar
a los
testigos
cubanos
e
impugnar
su
testimonio. Esa
era la
tarea
que le
correspondía
esta
tarde a
la
abogada
Rhonda
Anderson. No
le fue
muy
bien. Comenzó
tratando
de
establecer
que la
Doctora
Vizcaíno
no tiene
experiencia
en casos
de
lesiones
traumáticas
(y
consecuentemente
que la
doctora
no está
preparada
para
opinar
adecuadamente
sobre la
causa de
la
muerte
de Fabio
Di Celmo).
“Cuándo
usted
hizo su
servicio
social
en Cuba,
¿en qué
áreas de
la
Medicina
trabajó?”,
preguntó
Anderson. La
doctora
respondió
que
trabajó
en un
hospital
rural en
la
provincia
Granma,
y que se
encargó
de
partos,
asuntos
relacionados
con la
ginecología
y la
obstétrica. Ahí
se
aprovechó
Anderson
y le
preguntó
a la
doctora:
“Entonces
usted no
ejerció
en
asuntos
de
trauma
emergente,
¿cierto?”.
Pero
Anderson
se había
equivocado. La
Dra.
Vizcaíno
respondió
que sí
había
atendido
casos de
trauma.
Anderson
visiblemente
se
desinfló. Había
calculado
mal. Si
la
abogada
estuviera
al bate
en un
juego de
pelota,
el
árbitro
le
hubiera
cantado
ahí
mismo el
primer
strike. La
abogada
entonces
le
mostró a
la
doctora
una
fotografía,
evidentemente
tomada
hace
muchos
años, de
la
Clínica
Central
Cira
García
en la
Ciudad
de La
Habana. Le
preguntó
a la
Dra.
Vizcaíno
si
reconocía
a la
clínica
Circa
(sic)
García. La
foto era
tan
vieja y
solamente
captaba
parte
del
complejo
clínico
del
hospital
donde
falleció
Fabio Di
Celmo
que al
principio
le costó
trabajo
a la
doctora
reconocerlo.
“Creo
que es
el
edificio
de la
clínica”,
dijo
ella aún
no muy
convencida. ”Esa
clínica
no es
para la
población
cubana. ¿Cierto?”,
preguntó
la
abogada. Reardon
se
paró. Molesto,
le dijo
a la
jueza
que era
una
pregunta
inapropiada
e
impertinente. ”¿A
dónde
quiere
usted
llevarnos
con esa
pregunta?”,
le
preguntó
la Jueza
Cardone
a la
abogada
Anderson. ”Hasta
ahí”,
respondió
Anderson
titubeando. La
jueza
desestimó
la
pregunta,
dándole
la razón
al
fiscal. El
segundo
strike
contra
la
abogada
Anderson.
Visiblemente
consternada,
la
abogada
movió
los
papeles
que
tenía en
el podio
de un
lado a
otro. Miró
hacia
Arturo
Hernández,
y este
le pidió
que se
le
acercara. Consultaron
medio
minuto y
Anderson
regresó
al
bate. ”¿La
herida
de en el
cuello
de Di
Celmo es
un
inciso?”,
le
preguntó
a la
Dra.
Vizcaíno. ”Inciso-penetrante. Una
cortada
que le
penetró. Por
eso usé
la frase
inciso-penetrante
en el
reporte
de la
autopsia”,
respondió
con
precisión
la
médico
cubana. ”¿No
hubiera
sido
posible
detener
el
sangramiento
si en el
hospital
le
hubieran
aplicado
una
compresión
al
cuello?”,
disparó
la
abogada
de
Posada
Carriles.
“El
sangramiento
fue en
extremo
grave. Por
eso la
muerte
fue
inevitable. Era
una
herida
mortal
por
necesidad”,
respondió
la
doctora. ”No
tengo
más
preguntas”,
declaró
la
abogada
Anderson. ¿Tercer
strike?
Era
obvio
que
había
sido
ponchada
por una
testigo
profesional,
articulada
y
conocedora,
cuyo
testimonio
no pudo
ser
impugnado
por los
trucos
leguleyescos de
los
abogados
de
Posada
Carriles.
LO QUE
NOS DEJÓ
LA
DOCTORA
La
Doctora
Yleana
Vizcaíno
Dimé
concluyó
su
testimonio
y pronto
regresará
a La
Habana,
pero
deja en
El Paso
sus
declaraciones
como
evidencia
de que
la bomba
que
estalló
en el
Hotel
Copacabana
el 4 de
septiembre
de 1997,
lanzó
una
esquirla
de metal
que le
cortó la
yugular
a un
joven de
32 años
llamado
Fabio Di
Celmo.
Le causó
el
sangramiento
irreversible
que lo
mató. Pronto
el
jurado
escuchará
una
grabación
de Luis
Posada
Carriles,
durante
una
entrevista
al
periódico
The New
York
Times,
en la
cual
alardea
de ser
el autor
intelectual
de ese
asesinato.
POSADA:
NO PASÓ
NADA,
PERO LE
CORTÓ LA
YUGULAR
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Giustino di Celmo con una foto de su hijo Fabio durante una manifestación
frente a la sede la Oficina de Intereses de EEUU en La Habana. Foto: AFP
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