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En diciembre de 1965, a
propósito de la
conmemoración del
séptimo aniversario del
triunfo de la Revolución
Cubana en La Habana, se
colocaron carteles
alusivos a la fecha,
también se engalanaron
calles y avenidas para
saludar a los delegados
e invitados a la
Conferencia
Tricontinental,
trascendental
acontecimiento de
significada relevancia
en la historia de la
solidaridad entre los
pueblos. Su convocatoria
y celebración en La
Habana del 3 al 15 de
enero de 1966 contó
entre sus objetivos
lograr la unidad de las
fuerzas revolucionarias
participantes en
la lucha por alcanzar la
liberación, la
independencia y la
soberanía nacionales de
los pueblos, frente al
imperialismo contra el
apartheid y la
segregación racial.
Acaecida en momentos de
la existencia de las
condiciones para la
unidad de las fuerzas
revolucionarias y la
solidaridad
antimperialista entre
los pueblos de los tres
continentes, la
convocatoria de la
Conferencia
Tricontinental estuvo
antecedida por diversos
hechos ocurridos entre
1960 y 1965 los cuales
inspiraron su
realización, tales como:
la notable influencia
que ejerció el triunfo
de la Revolución Cubana,
el rechazo internacional
a la guerra yanqui en
Vietnam, la existencia
de movimientos
revolucionarios armados
que mediante la guerra
de guerrilla y otras
formas de la lucha
revolucionaria se
enfrentaban en América
Latina a las dictaduras
militares y a la
opresión impuesta por
los gobernantes de
EE.UU. y la lucha en
África contra el dominio
colonial de las
potencias occidentales.
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De los carteles que nos
permiten evocar la
celebración de aquella
conferencia, se
distinguió el realizado
por la Comisión de
Orientación
Revolucionaria (COR),
que en su configuración
visual —en alusión a las
expresiones de unidad
tricontinental sugeridas
en diversos encuentros
por los líderes y
representantes de la
lucha de los pueblos de
África y Asia— destacaba
las imágenes de tres
combatientes acompañada
con el texto:
Conferencia
Tricontinental “esta
gran humanidad ha
dicho... ¡basta! y ha
echado andar”,
expresión proclamada
por el Che, que
centralizó la
convocatoria a
ese importante encuentro
entre los pueblos de los
tres continentes.
Entre los encuentros que
precedieron la
celebración de la
Conferencia
Tricontinental y que
urgieron la unidad entre
los tres continentes,
estuvo la Cuarta Sección
del Consejo de
Solidaridad de los
Pueblos Afroasiáticos
efectuada en Bandung,
Indonesia, en abril de
1961, coincidiendo con
la victoria cubana en
Playa Girón, donde por
primera vez se planteó
la solidaridad entre los
pueblos de los tres
continentes. En
diciembre de ese año en
Gaza, Palestina, el
Comité Ejecutivo de la
organización de los
pueblos afroasiáticos
aprobó la convocatoria
de una Conferencia de
los pueblos de los tres
continentes.
En 1963 durante la
Tercera Conferencia de
Solidaridad con los
Pueblos Afroasiáticos
realizada en Moshi,
Tanzania, se informó del
ofrecimiento por el
Primer Ministro del
Gobierno Revolucionario
de Cuba, Comandante
Fidel Castro, de La
Habana, como sede de la
Primera Conferencia de
Solidaridad de los
Pueblos de África, Asia
y América Latina.
En respuesta a la
invitación, se
constituyó el Comité
Preparatorio de la
Conferencia que presidió
el líder marroquí Ben
Barka y finalmente
durante
la Cuarta Conferencia de
Solidaridad de los
Pueblos Afroasiáticos
efectuada en Winneba,
Ghana, se acordó
celebrar en La Habana, a
principios de 1966,
coincidiendo con el
séptimo aniversario de
la Revolución Cubana, la
Conferencia
Tricontinental con los
pueblos de África, Asia
y América Latina.
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"Jornada de
Solidaridad con
el pueblo de la
Guinea-Bissau y
Cabo Verde",
Humberto
Echeverría, 1971 |
En
otro cartel del Consejo
Nacional de Cultura,
diseñado por Héctor
Villaverde con el
mensaje: “Saludamos el
VII aniversario de la
Revolución y la
Conferencia
Tricontinental”. En su
configuración visual, se
significaron tres
imágenes: la de
Patricio Lumumba, líder
de la lucha de la
independencia en el
Congo Leopolville
asesinado en 1961 por
mandato de la CIA y que
ejecutaron criminales
del dictador Joseph
Mobuto por su
contribución a la lucha
de los pueblos de África
sometidos a la
explotación neocolonial;
la de Nguyen Van Troi,
combatiente vietnamita,
en representación de
Asia, fusilado el 15 de
octubre de 1964, por las
hordas invasoras
norteamericanas, tras
cuatro meses de crueles
torturas quien antes de
morir gritó tres veces:
¡Viva Ho Chi Minh!,
¡Viva Vietnam!; y la del
desaparecido Camilo
Cienfuegos, audaz
Comandante del Ejército
Rebelde quien fue un
entrañable compañero del
Che, junto al cual
participó en la campaña
de la invasión de
Oriente a Occidente,
proeza que culminó con
el triunfo de la
Revolución Cubana.
Igualmente convergieron
dos carteles del
Instituto Cubano
del Arte e
Industria
Cinematográficos
(ICAIC), con los textos:
“Saludamos Primera
Conferencia
Tricontinental” que
estuvo configurado por
una pintura del
destacado pintor cubano
René Portocarrero quien,
para manifestar la
integración de los
pueblos con su
proverbial
preponderancia del
barroquismo, plasmó
símbolos y signos
originarios del lenguaje
de las comunidades
autóctonas. En el otro
cartel, germinado de la
inspirada creación del
emblemático diseñador
Alfredo Rostgaart,
mediante una campana, en
evocación al inicio de
la lucha por la
independencia en Cuba,
transmuta el llamado de
la unión de los pueblos
de tres continentes, que
armónicamente logró
representar por
delineaciones de igual
cantidad de flechas que,
formando una composición
espiral, infundieron
exclamaciones de unidad
y libertad.
Atrozmente, cuando el
trabajo preparatorio se
encontraba en su fase
más avanzada —en que ya
era palpable la unidad
de las fuerzas
revolucionarias y
progresistas para
alcanzar los objetivos
planteados para el
trascendental encuentro
de los pueblos—, Ben
Barka, presidente de su
Comité Organizador, fue
secuestrado el 29 de
octubre de 1965, en
París y ejecutado por
orden del Primer
Ministro de la monarquía
de Marruecos, Mohamend
Oufkir, y la CIA.
No obstante, cuando
todavía existía la
expectativa por la
suerte del líder
marroquí Ben Barka,
porque la aparición de
su cadáver era una
incógnita, los trabajos
organizativos del
encuentro con los
representantes de los
tres continentes no se
interrumpieron y, a
pesar del duro golpe,
continuaron. Formó parte
del trabajo preparatorio
la ornamentación gráfica
de la sede donde
sesionaría aquel
histórico encuentro y
fue colocado un cartel
lumínico en el Hotel
Habana Libre, al tamaño
de su fachada principal,
con el logotipo de
identidad del magno
evento que poseía la
configuración de un
brazo empuñando un fusil
en evocación al que
empleó el líder Fidel
Castro en la Sierra
Maestra, durante la
lucha revolucionaria
símbolo de la victoria
de la Revolución Cubana
y el texto “Primera
Conferencia. Asia,
África y América Latina”.
La realización de la
Conferencia
Tricontinental fue todo
un éxito, concurrieron
512 delegados
provenientes de 82
países, así como de los
64 observadores, 24
invitados y la
representación de la
prensa extranjera
asistente.
Entre los
cientos de dirigentes de
organizaciones
revolucionarias,
políticas y sociales
de los pueblos de Asia,
África y América Latina
que en abierto desafío
al imperialismo y al
neocolonialismo acudieron
a la misma, estuvieron:
Salvador Allende, de
Chile;
Amílcar Cabral, de
Guinea Bissaau y Cabo
Verde;
Luis Augusto Turcios
Lima, de
Guatemala;
Cheddy Jagan, de Guyana;
Pedro Medina Silva,
de Venezuela;
Nguyen Van
Tien, de
Vietnam del Sur; y
Rodney Arismendi,
de Uruguay. También se
dieron a conocer los
trascendentales
mensajes de Ho Chi Minh,
Kim Il Sung, Chou En Lai,
Alexis Kosiguin, Gamal
Abdel Nasser, Houari
Boumedienne y Julius
Nyere.
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Foto: Archivo |
Uno de los acuerdos
adoptados en la Primera
Conferencia
Tricontinental
fue
el
referido a la creación
de la
Organización de
Solidaridad
con
los
Pueblos de África, Asia
y América Latina
(OSPAAAL), con
sede en La Habana, que
desde su fundación ha
apoyado su labor
solidaria a través de la
propaganda gráfica
política y, en
particular, sus
carteles, que han
servido para reflejar y
defender la lucha de los
pueblos del Tercer Mundo
contra el colonialismo y
el imperialismo.
Desde entonces, el apoyo
efectivo de la
Organización
Tricontinental se
fundamentó en lograr
oponerse a través de sus
medios de divulgación a
la acción de la
propaganda imperialista
que en ocasiones
grotesca y otras veces
enmascarada y sutil, ha
pretendido desacreditar
los valores del sistema
socialista, tergiversar
la lucha de los pueblos
contra todo tipo de
dominación o
sometimiento, dividir el
movimiento
revolucionario y
distorsionar las causas
que originan las
revoluciones resultado
de las condiciones de
vida y la conciencia de
cada país y no de su
exportación. |