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Realizador de más de un
centenar de documentales
y una treintena de
largometrajes de ficción
dentro y fuera de Cuba
desde su ingreso al
Instituto Cubano de Arte
e Industria
Cinematográficos
(ICAIC), en 1961, la
historia de Adriano
Moreno en la dirección
de fotografía comenzó
con la película
Clandestinos, del
cineasta cubano Fernando
Pérez. Desde entonces,
múltiples proyectos han
contado con el lente
experimentado de Nano,
como mejor se le conoce
en los sets de
filmación, quien ha
compartido sus
conocimientos en la
Escuela Internacional de
Cine y Televisión de San
Antonio de los Baños, en
varias universidades de
Venezuela y productoras
de Colombia, Chile y
España. Sin embargo, uno
de los momentos más
importantes de su vida
se encuentra ligado al
maestro del documental
Santiago Álvarez.
“Formé parte durante un
tiempo de su equipo de
realización, primero
como asistente de
cámara, después como
fotógrafo y
posteriormente como
director de fotografía
de largometraje. Era
apenas un muchacho
entonces, tenía veinte y
tantos años, pero la
experiencia de trabajar
con él fue inmensa,
representó una escuela
que me formó y me dio
una luz larga con
respecto a la creación
cinematográfica. Aunque
soy fotógrafo en el
cine, tengo que saber un
poco de todo: de
edición, pensar en el
montaje cuando estás
grabando…”
¿Cuál era el sello de la
fotografía de Santiago
Álvarez?
Locura. Santiago era una
persona hiperquinética,
siempre estaba
inventando, creando. Les
daba mucha libertad a
los camarógrafos. Era un
fuera de liga rompiendo
los esquemas; de él
quizá aprendí que todas
las reglas se pueden
romper en el cine,
porque lo hizo con
todas. Hacía lo absurdo
y, sin embargo, después
el resultado era
impresionante. Una de
las habilidades más
grandes que tenía
Santiago ―y tal vez de
las que se hable menos―,
era su poder de resolver
los problemas en la mesa
de montaje: era un genio
de la edición.
A partir de esa
caracterización, ¿qué
requisititos deben tener
los documentales en
competencia en este
Festival para reconocer
en ellos el espíritu de
Santiago Álvarez?
Santiago era
sencillamente la esencia
de lo que no hay que
hacer. Todo lo viraba al
revés. Creó una escuela
de documentales por su
irreverencia; por su
agresividad en el
lenguaje
cinematográfico, cambió
los esquemas del
noticiero. Ya cuando el
noticiero de cine estaba
feneciendo, creo que el
último que quedó de la
época fue el cubano. Él
cambió la estructura y
comenzó a hacer
noticieros monotemáticos
o minidocumentales que
filmaba en una semana.
Lo importante de
Santiago era su audacia.
Hablaba como nadie habló
en el lenguaje
cinematográfico, en la
construcción dramática
de sus documentales, de
sus noticieros.
Lo que habría que buscar
en este Festival serían
obras como esas. Me
interesaría mucho
enfrentarme a obras
irreverentes, agresivas,
que rompan con los
esquemas, con la
academia.
¿Si lo dice un
fotógrafo, estamos
hablando de una ruptura
solo desde el punto de
vista estético?
Desde todo punto de
vista. La irreverencia y
la audacia, pero no al
punto de llegar a los
mensajes vacíos, a los
planteamientos que no
digan nada.
Now
fue el primer video clip
que se hizo en la
historia del cine, pero
tiene un mensaje, es
pura ideología. Si
buscas los antecedentes
del género tienes que ir
a Santiago Álvarez como
su génesis. Espero
sorprenderme. Voy
abierto sobre todo a las
propuestas de los
jóvenes. |