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de 2011

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Entrevista con Adriano Moreno, Presidente del Jurado del Festival Internacional de Documentales Santiago Álvarez In Memoriam

Santiago Álvarez habló como nadie había hablado en el cine

M. A. Chiong • La Habana

Realizador de más de un centenar de documentales y una treintena de largometrajes de ficción dentro y fuera de Cuba desde su ingreso al Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), en 1961, la historia de Adriano Moreno en la dirección de fotografía comenzó con la película Clandestinos, del cineasta cubano Fernando Pérez. Desde entonces, múltiples proyectos han contado con el lente experimentado de Nano, como mejor se le conoce en los sets de filmación, quien ha compartido sus conocimientos en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en varias universidades de Venezuela y productoras de Colombia, Chile y España. Sin embargo, uno de los momentos más importantes de su vida se encuentra ligado al maestro del documental Santiago Álvarez.

“Formé parte durante un tiempo de su equipo de realización, primero como asistente de cámara, después como fotógrafo y posteriormente como director de fotografía de largometraje. Era apenas un muchacho entonces, tenía veinte y tantos años, pero la experiencia de trabajar con él fue inmensa, representó una escuela que me formó y me dio una luz larga con respecto a la creación cinematográfica. Aunque soy fotógrafo en el cine, tengo que saber un poco de todo: de edición, pensar en el montaje cuando estás grabando…” 

¿Cuál era el sello de la fotografía de Santiago Álvarez?

Locura. Santiago era una persona hiperquinética, siempre estaba inventando, creando. Les daba mucha libertad a los camarógrafos. Era un fuera de liga rompiendo los esquemas; de él quizá aprendí que todas las reglas se pueden romper en el cine, porque lo hizo con todas. Hacía lo absurdo y, sin embargo, después el resultado era impresionante. Una de las habilidades más grandes que tenía Santiago ―y tal vez de las que se hable menos―, era su poder de resolver los problemas en la mesa de montaje: era un genio de la edición.

A partir de esa caracterización, ¿qué requisititos deben tener los documentales en competencia en este Festival para reconocer en ellos el espíritu de Santiago Álvarez? 

Santiago era sencillamente la esencia de lo que no hay que hacer. Todo lo viraba al revés. Creó una escuela de documentales por su irreverencia; por su agresividad en el lenguaje cinematográfico, cambió los esquemas del noticiero. Ya cuando el noticiero de cine estaba feneciendo, creo que el último que quedó de la época fue el cubano. Él cambió la estructura y comenzó a hacer noticieros monotemáticos o minidocumentales que  filmaba en una semana. Lo importante de Santiago era su audacia. Hablaba como nadie habló en el lenguaje cinematográfico, en la construcción dramática de sus documentales, de sus noticieros.

Lo que habría que buscar en este Festival serían obras como esas. Me interesaría mucho enfrentarme a obras irreverentes, agresivas, que rompan con los esquemas, con la academia.

¿Si lo dice un fotógrafo, estamos hablando de una ruptura solo desde el punto de vista estético?

Desde todo punto de vista. La irreverencia y la audacia, pero no al punto de llegar a los mensajes vacíos, a los planteamientos que no digan nada.

Now fue el primer video clip que se hizo en la historia del cine, pero tiene un mensaje, es pura ideología. Si buscas los antecedentes del género tienes que ir a Santiago Álvarez como su génesis. Espero sorprenderme. Voy abierto sobre todo a las propuestas de los jóvenes.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.