|
Como parte de la
representación
venezolana invitada al
Festival Internacional
de Documentales Santiago
Álvarez In Memoriam,
dedicada en su décimo
segunda edición a la
patria de El Libertador
Simón Bolívar, vuelve a
Cuba Carlos Azpúrua. Con
su filme Disparen a
matar, de 1991, se
alzó en La Habana con el
premio a la mejor Ópera
Prima en el Festival
Internacional del Nuevo
Cine Latinoamericano y
resultó película
finalista al premio Goya
como mejor producción
latinoamericana.
Azpúrua acompaña su
documental Amazonas,
el negocio de este mundo,
centrado en las
denuncias de sectores
militares, religiosos y
científicos con respecto
a los abusos cometidos
contra tribus indígenas
del Amazonas venezolano
por misiones evangélicas
norteamericanas. Esta
presentación especial se
incluye en la muestra
dedicada a Venezuela,
que cuenta con una
docena de relevantes
obras de la historia
documental de la nación
suramericana, marcadas
por la impronta de
Santiago Álvarez.
“Santiago es quizá la
escuela más
significativa del
documental
latinoamericano, es una
referencia del
documentalismo político.
Los realizadores veían
en él no solamente una
manera de entender la
confrontación
ideológica, sino de
entender la búsqueda
dentro del lenguaje
cinematográfico, del
rompimiento de ese
lenguaje. Su obra se
convierte en
antropología, en estudio
de la realidad. Al
revisar la
cinematografía de
Santiago, vemos la
historia no solamente
del proceso cubano, sino
la búsqueda de una
estética que no se
contradice con la
ideología, pero que está
ligada a ella.
“Arranca como
documentalista en el
momento en que estalla
la Revolución Cubana y
empieza con un noticiero
que se convierte en un
referente de la
contrainformación, es el
padre de la
contrainformación.”
Pero usted tuvo
oportunidad de darle
algunas lecciones al
maestro…
Sí, me di el gusto de
haberlo paseado por
Caracas en moto agarrado
detrás de mí. Le dije:
“tú quieres conocer los
barrios, pues ven
conmigo”; y me lo llevé
para Catia, Petare… Fue
un viaje bellísimo andar
con el maestro, un
hombre hermoso e
irreverente que entendía
el cine como un acto de
inmensa libertad,
libertad en el sentido
ideológico, de entender
la igualdad de los seres
humanos, de ahí su vida.
Hay que entender la vida
de Santiago, su manera
de ser, su irreverencia
en su manera personal de
relacionarse con los
seres, para poder
apreciarlo. Santiago me
marcó y marcó a toda una
generación desde el 58
hasta los 90.
¿Cómo se pueden
identificar en su obra
esas marcas?
Él habla del espíritu,
de la emoción; la
emoción sin espíritu no
tiene sentido y el
espíritu y la emoción no
tienen sentido sin la
ideología. Como él
decía: “yo soy un
animalón político”. A
veces digo: “soy un
animal político”, no me
pica un tema si no tiene
un contenido que
implique una reflexión
de la política, de la
percepción de irnos
adentro del alma de las
injusticias, de buscar
un mundo nuevo, una
proposición de mundo
distinto y, sobre todo,
desde el punto de vista
de romper esquemas en el
lenguaje del documental.
Si podemos hablar de un
documental fuerte,
vigoroso, que implique
el compromiso de un
cineasta, ese es
Santiago Álvarez. Cómo
no quererlo, cómo no en
vida darle tributo y
sentirnos orgullosos de
haberlo sentido cerca.
En Hanoi, martes 13,
estaba entre bombas y el
camarógrafo le decía:
“vamos a cambiar el
lente”, y él le
respondía: “no, quédate
con ese”, y al final era
el lente que debía
tener. Captó imágenes
que nos quedan para la
historia de lo que fue
el horror de haber
agredido a un país como
Vietnam. Santiago era un
gran cronista
cinematográfico, no
solamente de América
Latina, de Cuba, sino
del mundo.
¿De qué manera este
Festival contribuye a
perpetuar el legado de
Santiago Álvarez?
Santiago Álvarez
simboliza el maestro del
documental; pero Cuba,
la solidaridad hacia los
cineastas
latinoamericanos, los
que sufrieron las
grandes dictaduras.
Cuando la Caravana de la
Muerte en el Sur aquí se
refugiaron los chilenos,
los argentinos, vinieron
a terminar sus películas
los grandes directores,
porque era nuestro
refugio, era nuestra
posibilidad de poder
seguir haciendo cine. De
manera que no solo este
Festival celebra la
inmensa emoción que
Santiago nos dejó, la
gran referencia en la
que se convirtió, sino
también celebra a los
amigos que han
contribuido al
crecimiento de los
cineastas de América
Latina. Hay que ver a
los cubanos que han
trabajado en miles de
películas, ellos están
regados en nuestra
historia y en nuestro
amor, en nuestras
limitaciones. Hemos
podido hacer películas
gracias a lo que ha sido
el ICAIC y el Comité de
Cineastas
Latinoamericanos que
aquí encontró un refugio
extraordinario. No
solamente celebro estar
aquí con un inmenso
placer, sino también
celebro a Cuba como país
solidario de los
cineastas
latinoamericanos. |