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Por trabajos
inaplazables no pude
compartir los momentos
felices de la
celebración del
aniversario 45 de la
Organización de
Solidaridad con los
Pueblos de Asia, África
y América Latina, a los
que gentilmente fui
invitado.
Permítaseme entonces, ya
que esta presentación se
hace con motivo de la
efeméride, felicitar a
esta organización en
nombre de todos los
periodistas cubanos,
quienes desarrollan su
trabajo dentro de Cuba o
en otras tierras, como
los que transmiten cada
día desde Haití la dura
realidad en ese hermano,
sufrido y noble pueblo.
Quizá allí, como en
ninguna otra parte, se
expresan con gran
nitidez los anhelos de
liberación social y de
solidaridad
internacionalista que
dieron origen a la
OSPAAAL, y que han
quedado plasmados, como
prueba de eso, en las
páginas de la revista
Tricontinental y,
por supuesto, en los
carteles que nunca se le
han separado, y que son
objeto de análisis en
este número, por un
entrañable amigo suizo.
Porque un rasgo
respetado y enriquecido
en esta revista desde
que vio la luz, es esa
comprensión de la
necesidad de dotar a las
ideas revolucionarias de
una estética propia,
elaborada y defendida
por diseñadores y
cartelistas de gran
prestigio, cuyo discurso
visual encontró en este
colectivo una forma
eficaz de engarzarse con
la profundidad de los
textos.
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"Jornada de
Solidaridad con
el pueblo de
Laos", Rafael
Zarza González,
1969 |
En este tipo de
presentaciones, no
suelen detallarse los
contenidos; sin embargo,
es imposible reprimir
comentarios que me
motiva la lectura de
este número. Por
ejemplo, ingresé en el
diario Granma a
mediados de los 60,
cuando se vivía la
repercusión de la
Primera Conferencia
Tricontinental y la
indignación en todo el
mundo por el crimen de
Ben Barka.
La nota inicial “Al
Lector” y el artículo de
Reinaldo Morales me
hicieron recordar los
días del juicio a los
asesinos en París y las
palabras acusatorias
allí de Osmany
Cienfuegos, quien llevó
como intérprete a
Jacques Brouté, jefe del
departamento de Diseño
del diario Granma,
en el que trabajábamos
juntos. Brouté, quien
falleció hace solo unos
años, tuvo que sortear
importantes escollos
para ingresar a su país,
donde se le perseguía
por evadir el servicio
militar cuando la
sangrienta guerra de
Argelia por su
independencia.
El artículo de Stella
Calloni y las
conversaciones entre
Fidel y Michel
Chossudovsky guardan
tanta relación que
denotan una unidad de
análisis en el cual, la
guerra, el peligro de la
desaparición de la
especie humana, como
consecuencia del daño
colateral por el uso del
arma atómica, nos dan un
argumentación formidable
para la lucha de los
pueblos por la paz y el
desarme general y
completo.
¿Quién no conoce a
Stella? Nosotros los
periodistas
latinoamericanos que la
tenemos cerca en FELAP
como una incansable
luchadora en defensa de
las organizaciones de
los periodistas
comprometidos,
descubrimos poco a poco
los mil y un lugares en
los que ha estado
siempre al lado de las
causas justas.
Hace unos días, Martínez
Pírez me hizo llegar un
mensaje de Stella, a
raíz de un trabajo
publicado en La
Jornada sobre su
compañero y valeroso
combatiente panameño
Chucho Martínez. “Nunca
voy a olvidar algunas
cosas, ni ese momento
(se refiere a la
invasión yanqui a
Panamá) ni los otros
trágicos en El Salvador,
cuando nos quedamos
encerrados en la
Catedral con el ataúd de
Monseñor Romero y el
Ejército tirando desde
afuera. Si hubiera
decidido tirar un
morterazo a la Catedral
hubieran muerto varios
obispos y también el
canciller D´Escotto,
quien tuvo la capacidad
de reaccionar y buscar
una forma de salida a la
tragedia que podría
venir. En la Catedral
después que el ejército,
parapetado en edificios
de alrededor, atacó a la
multitud que en la plaza
despedía los restos de
Romero cuyo cajón debió
ser entrado en medio del
tiroteo brutal, todos
buscaron refugio, en esa
iglesia tan pequeña
donde se amontonó tanta
gente apretada de tal
manera que no se podía
mover un brazo. Algunos
muy pequeñitos se
asfixiaron porque nadie
se podía mover y eso fue
terrible. Bueno, todo
eso regresa, cada vez
que hablamos de esos
temas, como la muerte de Chuchú, nos lleva a la
historia
centroamericana, a la
invasión, al pecho roto
y a la inevitable
solidaridad. Yo la
encontré en Prensa
Latina, donde creo que
nunca olvidaremos los
sucesos terribles de
aquellos días”.
Les cuentos estas cosas
que no están recogidas
en el número de la
revista que ustedes
leerán, pero que dan
legitimidad a la autora,
que forman parte de la
larga marcha de nuestros
pueblos por su
liberación definitiva y
denuncian el
extraordinario poder
militar y la historia
sucia de los EE.UU., tan
interesado en borrar de
nuestra memoria su
historial sucio y
despiadado.
Haciendo un símil con el
rescate de los mineros
chilenos, Fidel Castro,
con la contundencia de
ese campeón peso
completo de las ideas,
exhorta a librar una
batalla impostergable en
la opinión pública para
salvar a casi siete mil
millones de habitantes
que están a 800 metros
de profundidad en
cuanto a la conciencia
imprescindible en todos,
sin exclusiones de
ningún tipo, para
conjurar el desastre
universal.
Este número de
Tricontinental no
puede reflejar, ni lo
pretende, todos los
problemas del mundo de
hoy que son cada vez más
numerosos, complejos y
serios, sin embargo,
trata los principales,
como la crisis económica
y los dilemas de Obama;
la persistente
indocilidad del pueblo
puertorriqueño en su
combate por sacudirse su
condición de colonia; la
no menos heroica
aspiración a su
territorio del pueblo
palestino, agredido y
engañado por la colusión
de las grandes potencias
capitalistas e Israel;
la inmensidad de la
lucha del pueblo
saharaui; un
valiosísimo análisis de
Evo Morales sobre las
pretensiones de los
países ricos de
convertir en mercancía
la naturaleza y los
pueblos indígenas; el
justo homenaje a Néstor
Kirchner, y un
argumentado análisis
sobre la situación de
nuestros cinco
compatriotas
antiterroristas presos
en EE.UU. y de la
libertad que disfruta
Luis Posada Carriles,
autor de abominables
asesinatos a sangre
fría.
Un hilo nada invisible
une casi todo el
contenido del número, y
es el papel de los
monopolios informativos,
articulados con las
industrias del
entretenimiento y de las
armas, para mantener un
orden de privilegios, en
función de los grandes
intereses económicos que
representan, para los
cuales la lucha de los
pueblos por la justicia
social y la defensa de
sus recursos naturales y
humanos, en cualquier
parte del planeta, son
obstáculos que deben ser
barridos mediante el
terrorismo mediático en
todas su vertientes y
manifestaciones.
En más de un trabajo, en
este número se recuerda
el proceso de Nuremberg,
como lo rememora Amy
Goodman en su trabajo
sobre los horribles
experimentos médicos de
EE.UU. en su propio
territorio y en
Guatemala. Ella escribe
sobre los médicos nazis
condenados a la pena de
muerte por los ensayos
macabros a los que
sometieron a miles de
prisioneros. Igualmente
el compañero Fidel
menciona el histórico
tribunal y nos recuerda
que declaró a la guerra
como el mayor de los
crímenes.
Pero en Nuremberg se
juzgaron también a los
que utilizaron la
propaganda como
instrumento de la
agresión en la Segunda
Guerra Mundial. Y fue
precisamente el fiscal
estadounidense Drexel
Sprecher quien más se
detuvo en estos aspectos
de la acusación contra
los grandes criminales
de guerra. Ante el
tribuna, el propio
Sprecher dijo:
“El uso dado por los
conspiradores nazis de
la guerra sicológica es
bien conocido. Antes de
cada agresión, con
algunas pocas
excepciones basadas en
la conveniencia, ellos
comenzaron una campaña
de prensa calculada para
debilitar a sus víctimas
y preparar
sicológicamente al
pueblo alemán para el
ataque. Usaron la prensa
después de sus primeras
conquistas, como medio
para posterior
influencia política
externa y maniobra para
la siguiente agresión”.
El principal acusado por
este delito fue Hans
Fritzsche, quien dirigió
durante cuatro años la
División de Prensa
Alemana en el Ministerio
de Propaganda del Tercer
Reich. En su
comparecencia ante el
jurado, Fritzsche
declaró cómo la víspera
de la invasión a la
Unión Soviética, en
junio de 1941, Joachim
von Ribbentrop, ministro
hitheriano del Exterior,
le informó que: “La
guerra contra la Unión
Soviética empezaría ese
mismo día y pediría a la
prensa alemana
presentarla como una
guerra preventiva para
la defensa de la Patria,
como una guerra en la
cual fuimos forzados por
el peligro inmediato de
ataque de la Unión
Soviética (…) “La
pretensión de que esa
era una guerra
preventiva se repitió
después por los diarios
que recibieron mis
instrucciones (…) y yo
mismo he dado esa
presentación de la causa
de la guerra en mis
transmisiones radiales
regulares”.
Cuando vemos cómo se
repite el uso de la
mentira organizada, que
cae sin piedad sobre
las naciones para
justificar la rapiña, y
cuando se lanzan, unas
tras otras, las campañas
para demonizar los
procesos de
independencia y de
cambios a favor de los
intereses de las
mayorías, albergamos la
esperanza de que algún
día serán juzgados y
sancionados
ejemplarmente los que
tienden la cama al
agresor y los que
engañan miserablemente
al planeta para
favorecer el saqueo de
un orden injusto e
insostenible.
Mientras ese día no
llegue, el combate de
las ideas no puede
cesar. El propio Fidel
lo expresó un día: “El
desafío es muy grande
—nos dijo— y el enemigo
dispone de una fuerza
descomunal; pero si ante
ella nuestro pueblo
nunca ha temblado,
ahora, frente a su
sofisticado armamento
ideológico, ni nos
arrodillaremos ni nos
cruzaremos de brazos”.
Ese día soñado y que se
va haciendo realidad
concreta en muchas
partes, no sin avances
ni retrocesos, y con
resistencias y combates
de vida o muerte, será
también el día en que se
colocarán en justo lugar
las publicaciones
alternativas al sistema
dominante, cuyos
periodistas están
pagando un precio de
sangre muy alto por
decir la verdad.
Compañeras y compañeros:
Comparto el deseo de
todos los reunidos aquí
de que esta presentación
de hoy sea un homenaje a
la revista
Tricontinental, que
tanto ha hecho y hace
por dar a conocer las
luchas de nuestros
pueblos y por llamar a
la solidaridad con
ellas.
¡Felicidades por el
cumpleaños de la OSPAAAL
y por esta excepcional
edición que se presenta
hoy, la cual merece ser
atesorada como parte de
la riqueza política y
cultural que se
incrementa con el
combate heroico de
cientos de millones de
hermanas y hermanos de
todo el mundo!
Palabras del Presidente
de la Unión de
Periodistas de Cuba, en
la presentación del
número 170 de la revista
Tricontinental,
dedicada al aniversario
45 de la OSPAAAL. Sede
de la organización, en
La Habana, 8 de febrero
de 2011. |