La Habana. Año IX.
12 al 18 de MARZO
de 2011

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Frómeta en su cabalgadura
Virginia Alberdi • La Habana

Cuando un creador lleva al lienzo con una técnica impecable la posibilidad de la emoción, nos queda el deseo de poseer la pieza para guardarla celosamente o sentir el placer de mostrarla a los que puedan apreciarla.

El mundo animal cuenta con ejemplares de fuerte seducción, entre ellos, el caballo es de los más relevantes. Presente en la historia de la humanidad como medio de transporte, compañero de alegrías y vicisitudes; en las batallas de antaño y la vida cotidiana actual; personaje mítico, histórico, mitológico, literario, deportivo, cinematográfico, en fin, personaje sempiterno en la vida y el arte.

Captar en un lienzo o un dibujo una y otra posibilidad expresiva en un ejemplar equino, es facultad exquisita que Gilberto Frómeta ha sabido mantener siempre con los mejores resultados. Los más hermosos corceles jamás vistos forman parte de la iconografía con la que este creador espléndido  ha dotado al arte. No es la reproducción fotográfica de uno de estos animales lo que se aprecia en estas obras; en cada una de estas telas, dotados de una expresión capaz de comunicar los más variados estados anímicos y poseedores de una imponente presencia, la fauna encantada trasmite un aliento especial que los identifica.

Tiernos, amorosos, elegantes, herederos de los corceles de los personajes más encumbrados de la leyenda, la historia y la literatura, todos de una raza que llega a través del código genético del que su creador les ha dotado, nos aguardan listos para correr a galope tendido en nuestra imaginación o a pastar en las más dulces ensoñaciones que sean capaces de recrear. El pintor no olvida en su imaginario las cabalgaduras de la infancia e incluye a los caballitos del tiovivo, al caballito balancín..., finalmente, a esos que también marcan con la tibia nostalgia del recuerdo.

Pero no solo apreciamos estas hermosas figuraciones, el mundo creado por Frómeta se adentra en el color más enérgico y en las formas indefinidas para presentar ese efecto de alucinación consciente que lleva a objetos y paisajes que solo podemos identificar en esas manchas iluminadas. En otra ocasión dije que “la abstracción en Frómeta es un reclamo visceral convertido en caprichosas formas y colores, es un caos generado por la fuerza de su talento e ingenio, la propuesta de una presencia que no necesita de una historia para atrapar la atención y fascinar con el goce ante la riqueza de tanto color y forma amalgamada”; y hoy no solo lo reitero, sino que en la medida en que se desarrolla su obra, este demiurgo fabulador logra las más sugerentes combinaciones en el variopinto mundo de la más pura abstracción.

Figurativo o abstracto, Frómeta es siempre fiel a su intención de comunicar ese estado de gracia que le identifica y nos hace admirar sus creaciones. En los últimos años ha desarrollado su carrera entre China y la Isla. Sí, China, donde ha logrado abrir un espacio significativo para la apreciación de las artes plásticas cubanas. Recientemente ha estado nuevamente entre nosotros con una vieja y nueva obsesión creativa: la fotografía. Le viene desde sus días de diseñador en la revista Cuba.

Sin embargo, ha seguido siendo leal a sus criaturas equinas, como se puede apreciar en la reproducción de la tela que acompaña esta nota. Los corceles son la marca más evidente de la existencia de Gilberto Frómeta.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.