La Habana. Año IX.
12 al 18 de MARZO
de 2011

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Revoluciones que se encuentran
Claudia Korol • Argentina

Medio siglo atrás, se reunía en La Habana la Primera Conferencia Tricontinental de los pueblos de Asia, África y América Latina. Apenas siete años habían pasado desde el triunfo de la Revolución Cubana: el hecho político-cultural más significativo en la historia de las resistencias y revoluciones en nuestro continente. América Latina estaba “en revolución”. Cuba era el “mal ejemplo” que enseñaba la posibilidad de superar las políticas dictatoriales e, incluso, las populistas. Cuba fue sigue siendo la rebelión frente al sentido común, la venganza moral de los oprimidos, de los “condenados de la tierra”. Era y es la prueba de que se puede desafiar el modo de producción y el modo de vida capitalistas, sus mitos y su sistema de creencias. Se puede imaginar y construir la opción socialista, uniendo las batallas contra las más diversas opresiones. Era y es la necia voluntad de desafiar al imperio en sus narices con la fuerza de un pueblo en revolución. Cuba también era sigue siendo el lugar donde se acunó y creció un nuevo tipo de internacionalismo. Un lugar de encuentro y de paso de revolucionarios, de diálogo y debate de las diferentes corrientes del pensamiento emancipatorio. Un lugar donde las revoluciones se encuentran, se piensan, se interrogan, se bailan, se cantan, se enamoran.


"Día de Solidaridad Mundial con la Revolución Cubana", Alberto Ortiz de Zárate, 1975

Fue este el escenario que permitió reunir entre los días 3 y 15 de enero de 1966 la Conferencia Tricontinental, en la que participaron cientos de dirigentes de distintas organizaciones revolucionarias. En ese marco, las delegaciones latinoamericanas acordaron la constitución de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), con sede en La Habana, que realizó su primera conferencia en julio de 1967.

Después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, se desarrollaba impetuoso el proceso de descolonización de África, Asia y los procesos de liberación en América Latina. La Organización de Solidaridad con los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL) había realizado su primera conferencia en Ghana en 1957, con 500 delegados de 35 países, representantes de los movimientos de liberación de esa región. Se planteaba, desde el triunfo cubano del 59, la posibilidad de la confluencia de estas batallas.

El Che fue un activo artífice de la unidad entre estos procesos. Vale recordar también que una de sus primeras misiones, luego de renunciar a su puesto en el gobierno cubano, fue participar durante 1965 en la lucha del pueblo del Congo por su liberación.

Otro de sus activos promotores fue el dirigente socialista marroquí Mehdi Ben Barka, presidente de la Comisión Organizadora de la Conferencia Tricontinental, asesinado el 29 de octubre de 1965 en París, cuando participaba de las actividades de impulso a esta conferencia. El líder marroquí, durante su estancia en Argel en 1964, había sido un promotor de la dimensión internacionalista de las luchas de liberación nacional; recuperando y promoviendo el pensamiento de teóricos de la descolonización como Franz Fanon, Aimé Césaire y Albert Memmi. “África es la América Latina de Europa”, repetía Ben Barka. En Cuba se entusiasmó con el éxito de la Campaña de alfabetización, que soñaba aplicar en Marruecos. Se dedicó a crear un Centro de estudios y documentación sobre los movimientos de liberación nacional y esbozó el proyecto de una Universidad Tricontinental. El 3 de octubre de 1965, en una conferencia de prensa preparatoria para el Congreso de La Habana, Ben Barka declaró que “las dos corrientes de la revolución mundial estarán allí representadas: la corriente surgida con la Revolución de Octubre y la de la Revolución Nacional Liberadora”.

La Conferencia Tricontinental era el intento de articular las luchas anticoloniales, anticapitalistas, de liberación nacional y socialistas que tenían su epicentro en el Tercer Mundo; pero que atravesaban también en esas décadas a EE.UU. y Europa. En el cierre de la Conferencia de la OLAS, Fidel Castro concluía su discurso afirmando: “La OLAS es el símbolo de otras olas, que son las olas revolucionarias de un mar que se encrespa entre nuestros pueblos de 250 millones de habitantes. Este continente trae en su vientre una revolución; tardará más o menos en nacer, tendrá un parto más o menos difícil, pero inevitable. Nosotros no tenemos la menor duda. Habrá victorias, habrá reveses, habrá avances, habrá retrocesos; pero el advenimiento de una nueva era, la victoria de los pueblos frente a la injusticia, frente a la explotación, frente a la oligarquía, frente al imperialismo, cualesquiera que sean los errores de los hombres, cualesquiera que sean las concepciones equivocadas que puedan tratar de entorpecer el camino, es inevitable”1

Las olas que se insinuaban rebeldes en la Conferencia Tricontinental y que mostraron su pujanza en la Conferencia de la OLAS, eran generadas por el movimiento subterráneo que conjugaba el cansancio de los pueblos en la segunda mitad del siglo XX —frente a un imperialismo yanqui fortalecido en la posguerra— con una insubordinación generacional que recorría el mundo.

En ese clima y en ese contexto, fueron numerosos los movimientos armados que se extendieron en América Latina. Los años 60 estuvieron recorridos no solo por levantamientos populares, guerrillas y revueltas sociales. Todos los planos de la vida fueron cuestionados y las rebeldías atravesaron desde las instituciones más conservadoras hasta los sistemas ideológicos más dogmáticos. La teología de la liberación conmovió a las iglesias. Se fundó en América Latina el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Nuevos movimientos sociales se desarrollaron impetuosos como las Ligas Agrarias, sindicatos clasistas, coordinadoras de trabajo barrial. Los estudiantes rompieron las barreras elitistas impuestas por las Universidades neocoloniales, para comprometerse en la transformación social. El 68 resonó en Francia, pero también en Tlatelolco. La primavera de Praga conmovió la burocratización del socialismo llamado “real”. Sublevaciones populares en Argentina, como el Rosariazo y el Cordobazo, sacudieron en el 69 a la dictadura.

La conmoción alcanzó a las Fuerzas Armadas. En Perú, en 1968, llegó al gobierno a través de un golpe de Estado nacionalista y populista Velasco Alvarado, quien nacionalizó el petróleo y realizó la reforma agraria. Omar Torrijos llegó al gobierno en Panamá, impulsando como bandera la nacionalización del Canal. En Chile, en 1970, triunfaba el gobierno socialista de Salvador Allende.

La teoría de la dependencia fue elaborada por intelectuales latinoamericanos como crítica a la economía política oficial de aquellos años (las ideas cepalinas). Fue cuestionada la sociología como disciplina. Pensadores como Charles Wright Mills enjuiciaron a la sociología norteamericana por ser cómplice de las guerras de rapiña de los EE.UU. En las clases de Filosofía, se discutía el tema de la alienación.

El feminismo ampliaba su influencia entre las mujeres, con el impacto de pensadoras como Simone de Beauvoire en Francia o Betty Friedan en EE.UU. Surgieron también corrientes significativas de feminismo radical, que intentaban reunir la crítica al patriarcado, con la lucha contra el capitalismo, el racismo y todas las opresiones. En EE.UU., movimientos de afrodescendientes desmitificaban el modelo de democracia norteamericana. También se desarrollaba una fuerte crítica a la sociedad de consumo y a las políticas guerreristas norteamericanas, desde el movimiento hippie. Fueron años de ascenso de todas las formas de rebeldía.


"Angela Davis", Alfredo G. Rostgaard, 1970

Para frenar esos procesos de transformación, el imperialismo acentuó su política intervencionista. Ahora, en tiempos en que el capitalismo se ha trasnacionalizado, globalizado, e intenta descargar su crisis sobre los países neocoloniales, es imprescindible tomar en cuenta estos antecedentes y proyectarlos hacia nuevas maneras de unidad antimperialista.

Medio siglo después de la primera Conferencia Tricontinental, el mapa del continente muestra otra configuración. Las organizaciones emergentes en los años 60 tuvieron diferentes derroteros, desde aquellas que fueron desarticuladas y violentamente reprimidas hasta otras que se reinsertaron en movimientos políticos amplios y son partes de gobiernos de distinto signo. Vale la pena reflexionar, sin embargo, sobre el concepto fundamental de la Conferencia Tricontinental y la posibilidad de iluminar nuestras prácticas desde el mismo: la unidad antimperialista de los pueblos de los tres continentes.

Hoy, cuando África vuelve a conmocionarse intentando asumir su propia historia, vuelven a resignificarse todas las luchas del pasado, y la memoria emergente busca llegar más lejos.

El asesinato de Ben Barka fue parte de una ola de crímenes políticos con los que el poder mundial intentó frenar las luchas revolucionarias de los años 60: Patricio Lumumba, líder de la liberación del Congo, fue asesinado en enero de 1961. El 21 de febrero de 1965 fue asesinado Malcolm X en EE.UU. El Che fue asesinado en Bolivia en octubre de 1967; Martin Luther King, en abril de 1968; Carlos Marighella, en noviembre de 1969; Amílcar Cabral, en enero de 1973; Salvador Allende, en septiembre de 1973; Miguel Enríquez, en octubre de 1974; Mario Roberto Santucho, en julio de 1979. Y tantos más. Y tantas más en América Latina y el mundo. La historia de la dominación está escrita bajo la sombra de los crímenes políticos más aberrantes; pero —como recordaba Roque Dalton— esos caídos son parte de la memoria rebelde del continente, que siguió librando batallas. Y esos muertos, como escribió el poeta salvadoreño, están cada día más indóciles.

La memoria fértil acompaña en América Latina el nacimiento del ALBA, como una nueva apuesta a la unidad antimperialista. Que sus OLAS lleguen más lejos, será tarea de los miles de hombres y mujeres que desde el corazón de nuestros pueblos y de sus organizaciones sigan empuñando razones, disparando corazones, multiplicando proyectos y haciendo caminos: preguntando, sembrando, floreciendo… Alcanzando las utopías con las olas que se levantan desde el centro del continente, desde cada una de sus rebeldías.

Nota:

1- http://www.cuba.cu/gobierno/discursos
 

Claudia Korol es editora de América Libre. Educadora Popular. Integrante de Pañuelos en Rebeldía. Autora del libro El Che y los argentinos.

 
 
 
 


galerÍa de carteles

45 años de luchas tricontinentales
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.