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Ni el secuestro y
asesinato del
inolvidable luchador
marroquí Mehdi Ben Barka,
ni la campaña
propagandística desatada
contra la Conferencia
Tricontinental pudieron
impedir que se efectuara
la esperada reunión del
3 al 15 de febrero de
1966, hace 45 años.
De baja estatura,
corpulento, mirada
penetrante en sus ojos
negros, Mehdi poseía un
abundante pelo también
negro y en ondas casi rizadas. Lo conocimos, a
principios de 1964, el
embajador Jorge Serguera,
Oscar Oramas y este
periodista en Argel, a
través de Abdelazis
Bouteflika y otros
dirigentes
revolucionarios
argelinos. Ben Barka
nació en Rabat, capital
de Marruecos y cursó la
enseñanza primaria en
una escuela coránica de
esa ciudad. Estudiante
excepcional según Le
Monde Diplomatique,
fue el primer licenciado
en Matemáticas graduado
en Marruecos.
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"Desaparición de
Ben Barka",
Antonio
Fernández, 1971 |
Con él, Serguera y
Mohamed Yazid,
diplomático argelino,
volamos desde Argel a El
Cairo en tempranas
gestiones para tratar
de articular un frente
común del Tercer Mundo a
partir de la bien
estructurada
Organización de
Solidaridad con los
Pueblos de Asia y África
(OSPAA), a la cual
pertenecían ya 35
países. El carismático
dirigente marroquí era
un destacado líder en su
país, en África y en
Asia. Desde la
adolescencia,
frecuentaba el
movimiento nacionalista
en el Magreb y en 1944
fue uno de los primeros
firmantes del Manifiesto
por la independencia,
que dio lugar al
nacimiento del Partido
Istiglal. Sufrió prisión
y destierros por sus
ideas.
Las posiciones de Ben
Barka —partidario de la
lucha armada, de acabar
con el subdesarrollo, el
analfabetismo, las
estructuras feudales y
las desigualdades
sociales— lo llevaron no
solo a rechazar el
colonialismo, sino
también al
neocolonialismo; y a
romper en 1959 con el
monarca Mohamed V, que
lo había nombrado
presidente del primer
Parlamento marroquí.
Abandonó el Partido que
se mantenía en
posiciones
conservadoras, como el
rey, y fundó el Partido
Unión Nacional de las
Fuerzas Populares, junto
a Mohamed Basri y
Mohammed Bouabid.
Mehdi había ganado gran
prestigio entre los
dirigentes del Tercer
Mundo por la firmeza de
sus convicciones y su
dinamismo. Desde que
llegamos a El Cairo para
encontrar a Yousseff el
Sebai —presidente del
Comité Afroasiático— y a
otros dirigentes de
África y Asia, todavía
sin que nos hubiésemos
alojado en el hotel, ya
estaba llamando por
teléfono a sus contactos
en los medios políticos
y de prensa. Era de un
dinamismo contagioso. Le
llamaban, con justicia,
“el dinamo”.
La aprobación del
ingreso de América
Latina en la OSPAA, un
movimiento muy
heterogéneo, en el cual
coexisten tan diversas
alas ideológicas, se
debió en gran parte al
prestigio de Argelia y
Cuba, al apoyo de los
países progresistas
dentro de él, así como a
las figuras de Amílcar
Cabral, Sekou Toure,
Nasser, Nkruma y otros.
También fue
fundamental, para
hacerlo aprobar, la
labor incansable de Ben
Barka, por su prestigio
personal, la firmeza de
sus convicciones y esa
habilidad política que
lo caracterizaba.
Desde el principio,
contra la reunión se
orquestó una imagen de
cónclave subversivo.
EE.UU. llegó, incluso, a
promover acuerdos de la
Organización de Estados
Americanos (OEA) para
impedir su celebración.
No podían admitir esa
alianza incompatible con
el aislamiento de Cuba
que propugnaban.
Mehdi Ben Barka fue uno
de los más fervientes
creadores de aquella
idea: completar el
concepto de Tercer Mundo
extendiendo la
Organización de
Solidaridad Afroasiática
con la incorporación de
América Latina. Se le
confió, por tanto, la
presidencia del Comité
Organizador de la
Conferencia; pero el
destacado revolucionario
fue secuestrado,
torturado y asesinado el
29 de octubre de 1965,
en París, con la
intervención de Mohamed
Oufkir, ministro de
Interior de Marruecos;
Ahmed Dlimi, su jefe de
la seguridad y agentes
del Contraespionaje y
Seguridad Exterior de
Francia y la CIA. El
asesinato de Ben Barka
tuvo una doble
motivación: sacar una
piedra en el camino del
rey de Marruecos y el
último intento de
impedir la Conferencia
Tricontinental.
No obstante, la reunión
se efectuó exitosamente
y tributó un merecido
homenaje a Mehdi Ben
Barka. En ese marco, el
Che Guevara lanzó desde
su trinchera en el Congo
la idea de “crear dos,
tres, muchos Vietnam”.
Tras muchas altas y
bajas, aquellas luchas y
sacrificios tuvieron
fruto. En África y Asia
casi se ultimó por
completo el
colonialismo. La América
Latina ya no es más el
patio trasero de EE.UU.
Los mismos países que
—por mayoría—
proclamaron incompatible
al socialismo cubano con
la OEA, votaron de modo
unánime sin exclusiones
—a estos efectos, el
voto de EE.UU. no
importa— a favor de su
regreso. Naciones Unidas
ya no es más la misma.
Para injustas agresiones
tienen ahora que acudir
al Consejo de Seguridad,
pues no lo logran ya en
la Asamblea General. Con
frecuencia pierden.
El árbol que nació de la
semilla sembrada por Ben
Barka y cultivada por
los pueblos, ya nadie la
puede cortar. Por ahora
tienen que conformarse,
en todo caso, con
podarla. |