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A pesar de que se
encuentra entre las
canciones más conocidas,
mundialmente tarareadas
de los Beatles, “Yellow
Submarine” ha generado
también su mitología de
simbolismos, lecturas
aberradas y fantasías
impenetrables, gracias a
que posee un texto medio
surrealista en la línea
de “Strawberry Fields
Forever”, “Lucy in the
Sky with Diamonds” o
“Sargent Pepper Lonely
Heart Club Band”. Y
quienes insistieron en
escrutar el texto de la
canción más allá de su
contexto, apenas
tuvieron en cuenta que
se trataba de una
canción infantil,
escrita especialmente
por Paul McCartney
―aunque aparezca en los
discos firmada por el
binomio obligatorio de
Lennon-McCartney― para
que la cantara Ringo
Starr, el baterista del
grupo en aquella época
de enorme popularidad.
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McCartney ha dicho con
frecuencia, cuando le
preguntan sobre el
significado de “Yellow
Submarine”, que en la
canción se describe
solamente un lugar
radiante, donde la gente
se siente como niños
felices y cantan. “No se
puede buscar nada más en
ese texto, porque no
tiene nada más de
complicado o de
filosófico. Se trata de
los mismos versos y de
una letra parecida a la
de tantísimas canciones
para niños”. En decenas
de entrevistas y
biografías, McCartney ha
declarado también que
pensó en Ringo por la
indiscutible gracia que
tenía el baterista para
los niños: todos lo
adoraban, tal vez debido
a su físico y a su cara
de tío payaso, y por eso
le escribió esta canción
que se transformaría,
durante décadas, en la
puerta de entrada de
millones de pequeños al
universo de los Beatles.
Pegó muy rápidamente el
estribillo totalmente
disparatado, pero tan
fácil de cantar, con sus
referencias a una
existencia de fantasía,
guiada por un viejo
marinero que asegura
vivir en un submarino
amarillo… Aunque a
medida que avanza la
canción, los versos se
tornan un tanto más
oscuros e
incomprensibles, la
melodía transparente y
repetitiva crea una
especie de hechizo en
quien la escucha, y de
pronto todo el mundo la
canta, aunque no la
entienda a derechas.
Porque se trata de una
invitación al tarareo,
al juego, y a pasarla
bien, como certifica la
línea que dice “and the
band begins to play”,
después de la cual
comienza un breve pasaje
orquestal de
instrumentos de vientos,
que según dicen algunos
especialistas, se trata
de una transformación de
una obra compuesta por
Georges Krier y Charles
Helmer titulada “Le Rêve
Passe”, en una atmósfera
circense muy similar a
la que emplearían
episódicamente McCartney
en “Yellow Submarine” y
Chico Buarque en una
canción de esta misma
época titulada “La
banda”.
Grabada entre el 26 de
mayo y el 1ro. de junio
de 1966, y editada por
primera vez en un
single como cara B
de Eleanor Rugby,
y luego en el álbum
Revolver, de agosto
de 1966, junto con
“Tomorrow Never Knows”,
“Here”, “There
and Everywhere”, “Good
Day Sunshine”, “Got to
Get You into My Life” y
“Taxman”, entre otras,
“Yellow Submarine”
ofrece pruebas de la
experiencia del
productor George Martin
en la grabación de
comedias, pues él mismo
proveyó buena parte de
los extravagantes
sonidos que se escuchan
en esa atmósfera de
aquelarre “náutico”, y
sugirió los chapoteos en
la bañadera con agua, la
caja contadora, los
vasos que entrechocan…
Según se cuenta, Lennon
hacía sonidos que
simulaban el inflado de
burbujas mientras
McCartney le gritaba
órdenes, a través de un
filtro, a la falsa
tripulación del
submarino. Amigos de los
Beatles como Donovan,
Marianne Faithful y
Brian Jones, de los
Rolling Stone, se
sumaron al estudio de
grabación y dieron su
pequeño aporte en el
coro o creando ruidos
para esta obra barroca y
llena de efectos, que
confirmaba la tendencia
de los Beatles, en su
última etapa, a grabar
canciones que luego
difícilmente podrían
interpretar en vivo. Por
ejemplo, Brian Jones
hacía entrechocar unos
vasos de cristal cuyo
sonido se escucha con
nitidez, Lennon aportó
ciertas frases y algún
que otro verso a partir
de la inspiración de
Paul, según reconoció
siempre, y Donovan fue
el autor del verso que
dice “Sky of blue and
sea of green”, porque
“Yellow Submarine” solo
se propone presentar, al
igual que las canciones
mencionadas en el primer
párrafo, una suerte de
aventura colorida y
placentera.
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En la historia de los
Beatles, el single
que contenía “Yellow
Submarine” y “Eleanor
Rugby” es anterior y
menos ambicioso que el
mítico disco contentivo
de “Strawberry Fields
Forever” y “Penny Lane”,
publicado ese mismo año
de 1966. Sin embargo, el
estribillo del submarino
evasivo convirtió el
single en el mejor
vendido de ese año en
Gran Bretaña. Si bien la
canción había sido
concebida e interpretada
a manera de
divertimento, como un
juego de niños con
música ligera, devino
una especie de himno
para quienes buscaban la
diversión fantasiosa e
inteligente, y se
convertiría en uno de
los iconos culturalmente
más trascendentales
creados por los Beatles.
“Yellow Submarine” fue,
en su momento, solo la
cara B de un disco
sencillo, pensado con
excelente olfato
comercial, y una canción
más en el álbum
Revolver, su enorme
e inmediata popularidad
―estuvo nueve semanas en
la cima de las lista de
éxitos en el Reino
Unido― provocó que a la
vuelta de tres años se
eligiera esa canción
para darles nombre no
solo a uno de los
últimos álbumes de los
Beatles, sino también a
una famosísima película
de dibujos animados. A
pesar de que el álbum
Yellow Submarine
dista de la calidad de
los cuatro mejores
discos de larga duración
producidos por el
cuarteto de Liverpool
―en esta relación se
encuentran The
Beatles, de 1968;
Revolver, de 1966;
A Hard Day’s Night,
de 1964 y Rubber Soul,
de 1965―, contiene
canciones tan
espléndidas como la que
le da nombre al álbum y
“All Together Now”, “Hey
Bulldog”, “It's All Too
Much”, “Yellow Submarine
in Pepperland”, además
de algo así como una
trilogía marina que
integran “Sea of Time”,
“Sea of Holes” y “Sea of
Monsters”, porque el
álbum incluía, sobre
todo, las canciones que
se podían escuchar en el
prodigioso dibujo
animado estrenado ese
mismo año.
Inspirado por el
fenómeno de la
beatlemanía, pero en su
vertiente más bizarra,
surrealista y vinculada
a la imaginería
cromática de los
hippies, Yellow
Submarine fue el
primer largometraje de
dibujos animados
realizado en el Reino
Unido en un lapso de
tres lustros. Por eso,
el filme significa la
consagración de muchos
animadores y dibujantes
británicos de los años
60 que nunca pudieron
soñar con una
oportunidad como esta.
Tal es la razón que
explica la extrema
variedad de estilos
plásticos que se
entremezclan en esta
invitación a sumergirse
en un mundo idílico, en
esta historia de
fantásticas aventuras,
todas protagonizadas por
los cuatro Beatles ―o
más bien, por sus álter
egos dibujados― a través
de episodios o
fragmentos inspirados
muchas veces en las
metáforas y motivos de
las canciones. Por
ejemplo, el director
general del
largometraje, George
Dunning, se concentró
más que todo en recrear
“Lucy in the Sky with
Diamonds” y en orquestar
el talento de los
dibujantes en torno a
las principales
canciones que luego se
publicarían en el disco.
Como tributo a los
Beatles, una enorme
escultura amarilla, de
metal, fue construida
por los astilleros
Cammell Laird para ser
empleada en el Festival
Internacional de Garden
Liverpool en 1984.
Veinte años después fue
colocado en las afueras
del aeropuerto de esa
ciudad, que desde hace
algunos años lleva el
nombre de John Lennon. A
partir de ahora, muy
cerca de la
estatua que
le rinde homenaje, en el
corazón del Vedado
habanero, habrá también
un lugar llamado
Submarino amarillo, que
invita a cantar con el
corazón limpio y lleno
de alegría aquello de
“In the town, where I
was born, lived a man,
who sailed to sea…”.
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