La Habana. Año IX.
12 al 18 de MARZO
de 2011

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A coro cantaba el mundo: “We all live in a Yellow Submarine”

Joel del Río • La Habana

Fotos: R. A. Hdez. (La Jiribilla)

A pesar de que se encuentra entre las canciones más conocidas, mundialmente tarareadas de los Beatles, “Yellow Submarine” ha generado también su mitología de simbolismos, lecturas aberradas y fantasías impenetrables, gracias a que posee un texto medio surrealista en la línea de “Strawberry Fields Forever”, “Lucy in the Sky with Diamonds” o “Sargent Pepper Lonely Heart Club Band”. Y quienes insistieron en escrutar el texto de la canción más allá de su contexto, apenas tuvieron en cuenta que se trataba de una canción infantil, escrita especialmente por Paul McCartney ―aunque aparezca en los discos firmada por el binomio obligatorio de Lennon-McCartney― para que la cantara Ringo Starr, el baterista del grupo en aquella época de enorme popularidad.

McCartney ha dicho con frecuencia, cuando le preguntan sobre el significado de “Yellow Submarine”, que en la canción se describe solamente un lugar radiante, donde la gente se siente como niños felices y cantan. “No se puede buscar nada más en ese texto, porque no tiene nada más de complicado o de filosófico. Se trata de los mismos versos y de una letra parecida a la de tantísimas canciones para niños”. En decenas de entrevistas y biografías, McCartney ha declarado también que pensó en Ringo por la indiscutible gracia que tenía el baterista para los niños: todos lo adoraban, tal vez debido a su físico y a su cara de tío payaso, y por eso le escribió esta canción que se transformaría, durante décadas, en la puerta de entrada de millones de pequeños al universo de los Beatles.

Pegó muy rápidamente el estribillo totalmente disparatado, pero tan fácil de cantar, con sus referencias a una existencia de fantasía, guiada por un viejo marinero que asegura vivir en un submarino amarillo… Aunque a medida que avanza la canción, los versos se tornan un tanto más oscuros e incomprensibles, la melodía transparente y repetitiva crea una especie de hechizo en quien la escucha, y de pronto todo el mundo la canta, aunque no la entienda a derechas. Porque se trata de una invitación al tarareo, al juego, y a pasarla bien, como certifica la línea que dice “and the band begins to play”, después de la cual comienza un breve pasaje orquestal de instrumentos de vientos, que según dicen algunos especialistas, se trata de una transformación de una obra compuesta por Georges Krier y Charles Helmer titulada “Le Rêve Passe”, en una atmósfera circense muy similar a la que emplearían episódicamente McCartney en “Yellow Submarine” y Chico Buarque en una canción de esta misma época titulada “La banda”.

Grabada entre el 26 de mayo y el 1ro. de junio de 1966, y editada por primera vez en un single como cara B de Eleanor Rugby, y luego en el álbum Revolver, de agosto de 1966, junto con “Tomorrow Never Knows”, “Here”, “There and Everywhere”, “Good Day Sunshine”, “Got to Get You into My Life” y “Taxman”, entre otras, “Yellow Submarine” ofrece pruebas de la experiencia del productor George Martin en la grabación de comedias, pues él mismo proveyó buena parte de los extravagantes sonidos que se escuchan en esa atmósfera de aquelarre “náutico”, y sugirió los chapoteos en la bañadera con agua, la caja contadora, los vasos que entrechocan…  

Según se cuenta, Lennon hacía sonidos que simulaban el inflado de burbujas mientras McCartney le gritaba órdenes, a través de un filtro, a la falsa tripulación del submarino. Amigos de los Beatles como Donovan, Marianne Faithful y Brian Jones, de los Rolling Stone, se sumaron al estudio de grabación y dieron su pequeño aporte en el coro o creando ruidos para esta obra barroca y llena de efectos, que confirmaba la tendencia de los Beatles, en su última etapa, a grabar canciones que luego difícilmente podrían interpretar en vivo. Por ejemplo, Brian Jones hacía entrechocar unos vasos de cristal cuyo sonido se escucha con nitidez, Lennon aportó ciertas frases y algún que otro verso a partir de la inspiración de Paul, según reconoció siempre, y Donovan fue el autor del verso que dice “Sky of blue and sea of green”, porque “Yellow Submarine” solo se propone presentar, al igual que las canciones mencionadas en el primer párrafo, una suerte de aventura colorida y placentera.

En la historia de los Beatles, el single que contenía “Yellow Submarine” y “Eleanor Rugby” es anterior y menos ambicioso que el mítico disco contentivo de “Strawberry Fields Forever” y “Penny Lane”, publicado ese mismo año de 1966. Sin embargo, el estribillo del submarino evasivo convirtió el single en el mejor vendido de ese año en Gran Bretaña. Si bien la canción había sido concebida e interpretada a manera de divertimento, como un juego de niños con música ligera, devino una especie de himno para quienes buscaban la diversión fantasiosa e inteligente, y se convertiría en uno de los iconos culturalmente más trascendentales creados por los Beatles.

“Yellow Submarine” fue, en su momento, solo la cara B de un disco sencillo, pensado con excelente olfato comercial, y una canción más en el álbum Revolver, su enorme e inmediata popularidad ―estuvo nueve semanas en la cima de las lista de éxitos en el Reino Unido― provocó que a la vuelta de tres años se eligiera esa canción para darles nombre no solo a uno de los últimos álbumes de los Beatles, sino también a una famosísima película de dibujos animados. A pesar de que el álbum Yellow Submarine dista de la calidad de los cuatro mejores discos de larga duración producidos por el cuarteto de Liverpool ―en esta relación se encuentran The Beatles, de 1968; Revolver, de 1966; A Hard Day’s Night, de 1964 y Rubber Soul, de 1965―, contiene canciones tan espléndidas como la que le da nombre al álbum y “All Together Now”, “Hey Bulldog”, “It's All Too Much”, “Yellow Submarine in Pepperland”, además de algo así como una trilogía marina que integran “Sea of Time”, “Sea of Holes” y “Sea of Monsters”, porque el álbum incluía, sobre todo, las canciones que se podían escuchar en el prodigioso dibujo animado estrenado ese mismo año.

Inspirado por el fenómeno de la beatlemanía, pero en su vertiente más bizarra, surrealista y vinculada a la imaginería cromática de los hippies, Yellow Submarine fue el primer largometraje de dibujos animados realizado en el Reino Unido en un lapso de tres lustros. Por eso, el filme significa la consagración de muchos animadores y dibujantes británicos de los años 60 que nunca pudieron soñar con una oportunidad como esta. Tal es la razón que explica la extrema variedad de estilos plásticos que se entremezclan en esta invitación a sumergirse en un mundo idílico, en esta historia de fantásticas aventuras, todas protagonizadas por los cuatro Beatles ―o más bien, por sus álter egos dibujados― a través de episodios o fragmentos inspirados muchas veces en las metáforas y motivos de las canciones. Por ejemplo, el director general del largometraje, George Dunning, se concentró más que todo en recrear “Lucy in the Sky with Diamonds” y en orquestar el talento de los dibujantes en torno a las principales canciones que luego se publicarían en el disco.

Como tributo a los Beatles, una enorme escultura amarilla, de metal, fue construida por los astilleros Cammell Laird para ser empleada en el Festival Internacional de Garden Liverpool en 1984. Veinte años después fue colocado en las afueras del aeropuerto de esa ciudad, que desde hace algunos años lleva el nombre de John Lennon. A partir de ahora, muy cerca de la estatua que le rinde homenaje, en el corazón del Vedado habanero, habrá también un lugar llamado Submarino amarillo, que invita a cantar con el corazón limpio y lleno de alegría aquello de “In the town, where I was born, lived a man, who sailed to sea…”.

 
 
 
 


galerÍa de IMÁGENEs

Inauguración del  Submarino Amarillo
 

“No se puede decir que regresa la nostalgia,
regresa la historia”

Nirma Acosta y René Hernández

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.