La Habana. Año IX.
12 al 18 de MARZO
de 2011

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Entrevista con Carlos Varela

“Conectado con la memoria y los corazones de los cubanos”

Mabel Machado • La Habana

Fotos: Iván Soca (La Jiribilla)

Tengo casi la misma edad de la discografía de Carlos Varela. Su generación es la de mis padres. Pero mis “viejos” no se conocen a sí mismos tanto como Carlos ha podido conocerlos a ellos. Por eso me cautivaron sus canciones cuando las escuché de un disco pirata que una amiga “freaky” me prestó en el preuniversitario. Comencé a “mirar por el ojo de la aguja” mi “retrato de familia” y a entender la manera en que sus “pequeños sueños” se han ido realizando o diluyendo en el gran proyecto cotidiano de sostener la isla de Cuba. Pocos, como este Robinson moderno, amante de Grettel y juez de Guillermo Tell, han podido retratar a los hombres y mujeres cuya juventud transcurrió en la década del estruendoso “derrumbe”.

A pesar de que la música de Carlos ha sido para muchos el mejor pretexto o la mejor carta de amor, el arma más válida para la rebeldía, refugio, cuenca de las ilusiones y abismo de la verdad, en su voz la palabra “pasado” parece de plomo. No es el fin, el disco que el trovador acaba de estrenar con el sello SGAE, invita de nuevo a ver en sepia los años que se le fueron a su generación y a la de mis padres. Sin embargo, no hay pesimismos ni futuros negados en estas letras, sino la continuidad de su batalla contra los “delimitadores de las primaveras” y la voluntad de aportar a los nuevos comienzos.

Este fue también el espíritu de la gira que mantuvo por un mes a Varela y su banda recorriendo a Cuba, desde Bayamo hasta Pinar del Río. Es lo que dicen sus declaraciones a los periodistas[1], las frases entre un tema y otro de los conciertos, las fotos y las anécdotas del amigo Iván Soca, quien lo acompañó en el trayecto, y luego facilitó el contacto de La Jiribilla con el cantautor.

Carlos contaba con solo tres horas para recibir y contestar un par de preguntas por correo electrónico. Así lo hizo, “corriendo”. Tal vez en otro momento encontremos la oportunidad para conversar con reposo sobre las experiencias que lo llevan a escribir enamorada y desgarradoramente a la vez; para saber cómo se consigue la energía que transmiten cada una de sus notas y el acople impecable con que la banda logra trasladarnos al mundo real y paralelo de la música; para penetrar en su universo de contrastes, más allá del blanco y negro con que se visten a menudo él y sus imágenes… Siempre advertidos, claro está, de que “ni el sol ni el aire saben lo que sabe el viento…”.

“No pertenezco a ningún partido, no represento a ningún gobierno, solo represento al pueblo. Yo quiero vivir y morir en Cuba”. Esto lo dijo usted durante la gira, pero fue también la actitud que lo acompañó en su último viaje a los EE.UU. ¿Qué “sabores” dejó esta postura suya en ese país y en usted la propia visita?

Decir que represento al pueblo sería muy pretencioso. Lo que dije en  Washington, en el Congreso Norteamericano en diciembre de 2009, cuando los visité con una guitarra, fue: “No represento a ningún partido, a ningún gobierno, solo soy un ciudadano común que quiere vivir y morir tranquilamente en Cuba y que viene a preguntar por qué vivimos hace tanto tiempo tan cerca y tan lejos al mismo tiempo”.

Esto sucedió antes de cantar mi canción “Muros y puertas” delante de varios congresistas interesados en conversar sobre intercambios culturales entre Cuba y EE.UU. Conozco, además, a muchos músicos y artistas norteamericanos interesados en actuar para el pueblo de Cuba.

En 2004, durante el gobierno de Bush, me negaron la visa para entrar a EE.UU. El año pasado pude hacer dos giras importantes con mi banda. En la primera, dimos 14 conciertos en varias ciudades de EE.UU. y Puerto Rico; y en la segunda, participamos en dos festivales importantes en New York, entre ellos, el Lincoln Center Out of Doors, que organiza cada año la reconocida institución cultural neoyorkina. En todos los conciertos, conectamos muy bien con los norteamericanos, y con los cubanos y latinos que nos vienen a escuchar. Es un país inmenso y ávido de conocer más de nuestra música y nuestra cultura.

Estoy preparando un disco con la colaboración de varios músicos norteamericanos. Soy de los que piensa que los músicos y artistas de Cuba y EE.UU. podemos conseguir, quizá, lo que en 50 años no se ha podido conseguir en las relaciones entre ambas orillas.

Hace unos meses, su amigo René Francisco comentaba que los artistas que impulsaron su creación en los 80, no fueron, ni lo son todavía, totalmente comprendidos. ¿Cómo lo percibe usted?

Coincido con René Francisco. La nuestra es una generación que no solo no fue, ni ha sido totalmente comprendida, sino que además, a muy pocos les ha interesado contar con valor y con seriedad lo que verdaderamente nos pasó a todos los que vivimos entre mediados de los 80 y los 90. Años donde existieron tantos movimientos de arte en la ciudad y donde varios jóvenes artistas fuimos censurados, lo mismo en la plástica, en la música, en el cine, en la literatura y hasta en el teatro. ¿Qué sucedió con buena parte de esta generación que terminó en el extranjero? ¿Donde están ahora muchos de sus tantos delimitadores de primaveras que nos acusaron en aquellos años? ¿Quién entiende eso? En mi canción “La comedia silente”, del disco No es el fin, hay un verso que dice: “se perdieron nuestros dioses, ya no me queda casi generación”.

A raíz de lo que pudo experimentar durante la gira, ¿cómo se conecta No es el fin con la realidad cubana actual y qué momento marca en usted como artista y como ser humano?

No es el fin es un disco muy coherente con los anteriores a nivel de conexión con la realidad cubana actual, pero con un vuelo más universal, más elevado en lo musical y en lo poético.

Llevo 30 años escribiendo canciones. Al principio era como un fotógrafo contando historias de mi barrio. Con los años aprendes a conocer mejor el mundo y a tu país, y descubres que el amor, la desilusión, la rabia y la soledad son la misma cosa en Moscú, en New York o en La Habana; que solo cambian los telones de fondo.

En este disco, además, es donde por primera vez me divierto grabando con mis músicos. Hicimos varias versiones de cada tema. No solo soy un escritor de canciones o un cantor de textos, también soy músico, y la música muchas veces dice más que las palabras. Por eso, le doy rienda suelta.

Al inicio del disco con “Telón de fondo” y al final con “El viejo sueño acabó”, se escucha una cajita de música que tengo, y donde está Pierrot encerrado cantando y bailando dentro de un cristal. A veces me siento así, como Pierrot. Todavía creo en la dramaturgia de los discos, en el viaje por donde te pueden conducir esas 12 canciones, una detrás de la otra.         

Fue fantástico descubrir en esta gira por Cuba que la gente aún sigue durmiendo en los teatros para conseguir una entrada, que en tiempos como los que vivimos, todavía hay mucha gente que pelea durante días por poder escucharte por una noche. Podíamos sentir la respiración de los espectadores desde el escenario.

Ha sido verdaderamente increíble percatarnos de que puede haber tanta conexión, tanto agradecimiento y tanta catarsis en cada uno de los conciertos. Allí vuelves a percibir ese enorme silencio y respeto entre canción y canción, que difícilmente encuentras en La Habana de hoy. Más sorprendente aún fue escuchar cómo coreaban todos los temas de No es el fin, a pesar de que el disco aún no esté editado en el país. Eso te hace sentir vivo y con los pies en la tierra. 

Se puede vivir sin ser un artista de la radio y la televisión,  y estar profundamente conectado con la memoria y los corazones de varias generaciones de cubanos.


Nota:

[1] El autor de  Jalisco Park y Monedas al aire, que hizo al público desbordar cada uno de los teatros, comentó a una periodista de El Guerrillero: “No hago canciones para homenajear a nadie ni dedicadas a nadie, solo hago valoraciones honestas. Soy un hombre de fe, no practico ninguna religión, pero soy un hombre de fe y creo que en tiempos como estos, decirles a tus colegas que no tienes nada más que decir es erróneo; esto es solo el comienzo. Solo de nosotros depende una nueva Cuba, un nuevo mundo. Nadie dijo que era fácil, pero tengo fe”. 

 
 
 
 


galerÍa de imágenes

Gira por Cuba de
Carlos Varela y su banda

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.