“Mi
periodismo
me ha
metido
en el
medio de
un caso
con el
cual no
quiero
nada que
ver”,
dijo
Bardach
en un
artículo
publicado
ayer en
la
revista
Foreign
Policy.
“Siempre
he sido
una
persona
que ha
resguardado
mi
privacidad,
mi
familia,
mi
matrimonio,
mi salud
y mi
descanso.
Por eso,
lo que
tengo
que
hacer no
me será
placentero”,
añadió.
Bardach
también
se opone
a
brindar
testimonio,
porque
piensa
que la
constitución
ampara a
los
periodistas
para que
no
tengan
que
obedecer
citatorios
judiciales
sobre
sus
reportajes.
Sin
embargo,
el
tribunal
federal
discrepó
con su
interpretación
de la
Constitución
de los
Estados
Unidos. ”Los
periodistas
tendrán
que
destruir
sus
materiales
o
arriesgarse
a ser
obligados
a
testificar
contra
sus
fuentes”,
escribió
ella
ayer.
UN TE
VERDE
Para
aliviar
la
inquietud
de Ann
Louise,
su
esposo,
Bob, le
alcanzó
una taza
de té
verde
hasta
donde
estaba
sentada
en el
estrado.
Después
regresó
a su
asiento,
junto a
los
miembros
de la
prensa y
del
abogado
del New
York
Times,
Tom
Julen.
Mientras
esperábamos
la
entrada
del
jurado a
la sala
judicial,
Bob
intentaba
dar
fuerzas
a su
mujer.
Alzó la
cabeza
desde
donde
estaba
hasta
que ella
lo
alcanzó
con la
vista.
Él
levantó
su mano
derecha
enviándole
un
saludo
con un
gesto
cariñoso
de sus
dedos,
como si
estuviera
revolviéndole
el té.
Ann
Louise
sonrió
por
primera
vez.
¿QUIÉN
ES ANNE
LOUISE
BARDACH?
En
eso
entraron
los
integrantes
del
jurado y
comenzamos. ”¿Qué
tipo de
trabajo
hace
usted?”,
le
preguntó
el
fiscal
Reardon. ”Soy
una
escritora,
una
autora,
una
reportera
y una
periodista”,
contestó
Bardach. Explicó
que
estudió
en la
Facultad
de
Letras
de
Hunter
College,
en New
York,
donde se
graduó
con una
maestría.
Aunque
estudió
para el
doctorado
ahí,
especializándose
en
Literatura
inglesa,
no lo
terminó.
Inició
su
carrera
periodística
en la
revista
Vanity
Fair
a
principios
de los
80 como
reportera
policiaca,
pero
también
cubría
temas
políticos.
“No hay
tanta
diferencia
entre el
periodismo
del
crimen y
el de la
política”,
le dijo
al
jurado.
“Yo no
pertenezco
a ningún
partido
político.
No soy
ni
demócrata,
ni
republicana”,
añadió
Bardach.
“¿Usted
está a
favor o
en
contra
de Fidel
Castro?”,
inquirió
el
fiscal. Bardach
se
encogió
de
hombros
y le
respondió:
“Todo el
que ha
leído lo
que he
escrito
sabe que
he sido
muy
crítica
con los
abusos
en
Cuba.”
EL
INGLÉS
DE
POSADA
CARRILES
Sabiendo
que
ningún
periodista
en los
Estados
Unidos
ha
escrito
más que
ella
sobre el
tema,
Reardon
le
preguntó:
“¿Ha
tenido
usted
contacto
con Luis
Posada
Carriles?”
“En
junio de
1998,
pronuncié
una
ponencia
en la
University
of
California,
Santa
Barbara.
Poco
después,
entre
los
mensajes
de la
máquina
contestadora
de mi
teléfono,
escuché
la voz
de
alguien
que dijo
llamarse
Ramón
Medina”,
testificó
la
periodista.
Ese es
uno de
los
alias
favoritos
de Luis
Posada
Carriles.
Bardach
explicó
que
llamó a
uno de
los
números
de
teléfono
que
Posada
Carriles
le había
dejado.
“Me
pareció
un grato
conversador.
Me dijo
que
quería
reunirse
conmigo”,
contó.
Reardon
sabe que
Posada
Carriles
ha
declarado
anteriormente
ante un
juez de
inmigración
que no
habla
inglés y
que no
entendió
las
preguntas
de
Bardach
en
Aruba.
Por eso
le
preguntó
a
Bardach
sobre la
fluidez
del
acusado
en esa
lengua.
“Lo
habla
muy
bien”,
dijo
ella.
“Yo
sabía
que
hablaba
inglés,
porque
él había
trabajado
para la
empresa
Firestone
en Akron,
Ohio, y
también
había
ayudado
a
traducir
para
Eugene
Hasenfus”.
Hasenfus
era un
contratista
de la
CIA,
cuyo
avión
cayó en
territorio
nicaragüenze
en 1986
durante
una
operación
encubierta.
Trabajó
en la
operación
Iran-Contra
con
Posada
Carriles
en esa
época.
Fue
capturado
por los
sandinistas,
enjuiciado
y
condenado
a 25
años de
prisión.
Los
sandinistas
lo
liberaron
poco
después.
Posada
Carriles
escuchaba
el
testimonio
en
español
a través
de unos
audífonos
para la
traducción
simultánea.
Como un
eco
debió
oír las
palabras
de la
Bardach,
quien
sostenía
ante la
corte
que él
entendía
perfectamente
el
idioma
inglés.
¿Se dará
cuenta
el
jurado?
EL
ABOGADO
DEFENSOR
PIDE QUE
ANULEN
EL CASO
Posada
Carriles
y
Bardach
acordaron
que la
entrevista
se daría
en la
isla de
Aruba,
una isla
al
noroeste
de
Venezuela,
al sur
del mar
Caribe.
“Posada
me contó
que él
era un
fugitivo”,
dijo
Bardach,
refiriéndose
a los 73
cargos
de
asesinato
que
tiene
pendiente
ante los
tribunales
venezolanos
en
relación
con la
voladura
de un
avión de
pasajeros.
Al
escuchar
la
palabra
fugitivo,
el
abogado
defensor
brincó
de su
asiento
como un
canguro.
“Protesto,
Su
Señoría,
y
sostengo
una
moción
para
anular
el
proceso”,
dijo
Hernández.
Pidió
ventilar
su queja
en
privado,
sin que
el
jurado
pudiera
escuchar
sus
argumentos.
La
séptima
petición
para
desestimar
los
cargos
que ha
hecho el
abogado
de
Posada
Carriles
desde
que el
caso
comenzó
el 10 de
enero.
La
jueza no
le
concedió
la
moción,
pero le
pidió al
jurado
que
olvidara
que
escuchó
a
Bardach
decir
que
Posada
Carriles
había
sido un
fugitivo. Reardon
entonces
le
preguntó
a
Bardach
cómo
había
sido su
llegada
a Aruba.
“Posada
me dijo
que lo
encontrara
en el
aeropuerto.
También
llegó mi
colega
del New
York
Times,
Larry
Rohter,
más mi
esposo
Bob,
porque
estaba
preocupado
por mi
seguridad”,
testificó
Bardach.
Otra
vez, se
disparó
el
abogado
defensor
y pidió
que la
jueza
anule el
proceso
debido a
la
referencia
a la
seguridad.
La
octava
vez que
lo hace.
La Jueza
Cardone
le pidió
al
jurado
que
ignoraran
la
referencia,
pero se
rehusó a
desestimar
los
cargos
contra
el ex
agente
de la
CIA.
Bardach
continuó
con su
testimonio.
Dijo que
Posada
Carriles
la
recibió
en el
aeropuerto
y la
llevó en
una
camioneta
verde
hasta su
casa.
Durante
el
recorrido,
Bardach
sacó una
grabadora
que
había
comprado
en Radio
Shack,
una
tienda
electrónica
de
descuento
en los
Estados
Unidos,
y
comenzó
a
grabarlo.
Lo hizo
abiertamente,
le dijo
al
jurado,
sin
esconderlo.
“¿Posada
Carriles
le dijo
por qué
quería
ser
entrevistado?”,
le
preguntó
el
fiscal
al
testigo. ”Quería
contar
cuál era
el papel
que
estaba
jugando
en lo
que él
piensa
es una
campaña
heroica
en
Cuba”,
respondió
Bardach.
“La
campaña
de
bombas
en
1997″,
aclaró.
Las
entrevistas
duraron
tres
días y
registró
aproximadamente
unas 13
horas
-la
mitad de
las
cuales
fueron
grabadas-,
relató
Bardach.
Explicó
que
Posada
Carriles,
con un
gesto de
la mano
parecido
a la de
un
metrónomo,
ordenó
apagar y
a
encender
la
grabadora
varias
veces.
“Cuando
no lo
estaba
grabando,
él era
más
abierto,
más
franco”,
dijo
Bardach.
“Es la
reacción
de la
mayoría
de la
gente”.
Cuando
Bardach
mencionó
la
palabra
fax,
Arturo
Hernández lanzó
su
novena
moción
para la
anulación
del
proceso.
Ella
trataba
de
recordar
los
momentos
en que
Posada
quiso
apagar
la
grabadora
y
parecía
querer
explicarle
al
jurado
sobre un
fax
inculpatorio
que la
jueza
dictaminó
la
semana
pasada
que el
jurado
no puede
leer.
La
jueza
volvió a
rechazar
la
moción
para
desestimar
los
cargos.
Le pidió
al
jurado
que
ignorara
la
referencia
a la
palabra
y los
despidió
para que
almorzaran.
“UNA
TÁCTICA
TONTA Y
DILATORIA”
Las
escaramuzas
legales
que han
marcado
este
caso
desde su
inicio
hace dos
meses y
medio
continuaron
después
de
almuerzo.
El
abogado
defensor
insistió
en que
en vez
de tocar
segmentos
de la
entrevista,
la
fiscalía
ponga la
entrevista
entera.
Aproximadamente
seis
horas.
El
fiscal,
Timothy
J.
Reardon,
respondió
que “el
argumento
de
Hernández
es
sencillamente
una
táctica
tonta y
dilatoria”.
Hernández
comparó
la
referencia
de
Reardon
a una
pelota
lanzada
contra
la
cabeza
de un
bateador.
“Me
siento
angustiado
por esas
palabras
del
fiscal y
pido que
el
tribunal
lo
regañe”,
dijo
enfurecido
Arturo
Hernández,
con las
orejas
coloradas
de la
cólera.
La
Jueza
Cardone
estaba
más
interesada
en
evitar
que el
jurado
no
escuchara
las
partes
de la
entrevista
que
tienen
que ver
con
asuntos
que el
jurado
no debe
escuchar,
e ignoró
la
pataleta
del
abogado
defensor. Acordó
permitir
que el
jurado
escuchara
ciertos
segmentos
de la
grabación,
y
Reardon
le pidió
a
Bardach
que
identificara
las
voces
que se
escuchaban.
“Es mi
voz y la
de
Posada
Carriles”,
dijo
Bardach
una y
otra
vez,
cada vez
que el
fiscal
tocaba
un nuevo
segmento.
LAS
NOTAS DE
DESPEDIDA
“Mi
último
día en
Aruba,
Posada
me trajo
unas
notas
que
había
escrito“,
dijo
Bardach. Las
notas
que
Posada
Carriles
le dio a
Bardach
en Aruba
incluyen
una
justificación
para el
uso de
la
violencia
contra
Cuba.
Después
de
detallar
una
lista de
quejas
sobre lo
que él
piensa
hace el
gobierno
de la
isla,
Posada
Carriles
escribe:
“Y sobre
todo sin
esperanzas
de
cambio
nos dan
el
derecho
a todos
los
cubanos
libre
(sic), a
rebelarse
en armas
contra
el
tirano
utilizando
la
violencia
y
cualquier
método a
nuestro
alcance
que
contribuya
al
derrocamiento
del
nefasto
sistema
y que
conduzca
a la
libertad
de
nuestra
patria”.
|

El documento de puño y letra de Luis Posada Carriles entregado a Ann Louise Bardach en Aruba.
|