La Habana. Año IX.
19 al 25 de MARZO
de 2011

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Voces para Amelia
La Jiribilla

José Lezama Lima

“La hostilidad entre la carnalidad y la estructura ―manto que extiende su secreto o sequía de la pera desperezada en una eléctrica navidad― pudieran acaso resolverse en lo que Valéry ha denominado sobre sois de la limpidité. La nitidez anhelada con una persecución tan vigilante terminará enviando nubes de abejas que penetrarán en nuestro cuerpo llevándose nuestra más valiosa colección de terrones verdes. Pues una estructura que puede ser un reposo, se solazará trocándose, y muy rápidamente, en un martirio de los sentidos. De los sentidos obligados a resistir, a decapitar a los visitantes entretenidos en calcular el diámetro de una esfera o las franjas amarillas de la pereza ¿amarillas, grises? La más digna castidad de la pintura de Amelia Peláez quedará fijada porque en un momento en que los dedos parecían inundar la visión, obligándonos a repetidas comprobaciones o superficiales caricias, se apartó para entregarnos junto con la pasión por lo inmóvil ―absoluta legitimación de esa detención que es lo que más reclama la pintura de hoy, huyendo de todo tránsfuga sumergirse en el devenir―, se apartó para darnos la medida de esa casta inmovilidad…”



Alejo Carpentier

“La columna se hace árbol y la fruta casi escultura en un mundo plástico donde lo vegetal y lo arquitectónico se confunden, dándose empaque de palmera al capitel corintio, en tanto que la piña cobra la elocuencia del mascarón de proa en una columna rostral. El sol está detrás del cuadro ―como transparentándolo― a modo de los fuegos siempre encendidos, del alba al atardecer, tras de los medios puntos de las viejas ventanas criollas, con sus abaniquerías de cristales encarnados, azules y amarillos.”


Félix Pita Rodríguez

“[…] Es obra que pertenece ya al arte universal, ese que no cabe en las historias, ni puede ser calificado con un sello temporal. Desde todos los ángulos de la contemplación crítica, se le hallará la excelencia suma. Para mí, su calidad más insigne reposa en su fervor, en ese celo ardiente y afectuoso, con que la gran artista se enfrenta a su mundo y lo traduce, esa eficiencia suma que pone en la artesanía de su elaboración, a esa fidelidad a sí mismo del verdadero artista, que hace a la obra vital y permanente, para producir el hermoso milagro de que un poeta de nuestros días escriba una canción de amor, apasionada y melancólica, a la estatuilla milenaria de la dulce reina Karomana.”


Graziella Pogolotti

“[…] El bodegón deriva de una visión intimista del mundo ―es un refugio elaborado con elementos tomados de la vida cotidiana, pero el color límpido, brillante― los rojos, azules, amarillos, establecen la imperiosa comunicación con el exterior. La línea barroca se enrosca hasta el infinito, es la constante amenaza de una huida. Constituye el elemento estructural básico en cuadros de una solidez impresionante, que parecen haber sido edificados para la eternidad. Del derrumbe de un universo, surge otro, abierto hacia el porvenir. Lo cotidiano, la voluta de una silla, la reja, el ventanal, la chata columna del portal habanero, el jarrón, la flor y la fruta pierden su carácter accidental, efímero, para erigirse en monumento autónomo, válido de por sí, donde el cerco de la intimidad ha sido a un tiempo sobrepasado y trascendido. Así se restablece, precario en ocasiones, el equilibrio entre el pudor, la contención y el desbordamiento sensual.”


Emilio Ballagas  

 “[…] Amelia Peláez ha llegado a su seguridad artística por gracia y por obra. La gracia ―sensibilidad e intuición― es en ella nativa, huelga explicarla y se manifiesta siempre en la delicadeza de los asuntos o en la habilidad para traerlos siempre a una zona de delicadeza dentro del aura espiritual que la envuelve a ella misma. La obra, la labor, es de otra naturaleza menos simple, más explicable también y más susceptible a la controversia de opiniones. Amelia Peláez ha afirmado sagazmente sus cualidades nativas; ha convertido la facilidad en esfuerzo, ha llevado a la plástica eso que Valéry preconiza dentro de la literatura, estudiar, colocar sabiamente, calcular, crearse obstáculos que vencer, ordenar las cosas implacablemente.”


José M. Chacón y Calvo  

“[…] alguien ha escrito que es difícil comprender los cuadros de Amelia Peláez sin recorrer los caminos de la poesía. […] Y el nombre de Amelia Peláez del Casal […] nos estará diciendo que el silencio enigmático, que el ensueño misterioso, que las figuras aéreas, sutiles, primitivas que vemos en estos cuadros, son, en último término, una afirmación esencial de la vida del espíritu. La pura vida del espíritu, desasida, desprendida, desvinculada para siempre de las circunstancias y los modos transitorios. Con el arte de Amelia Peláez vivimos en un ambiente de pureza absoluta. Pintura con colores precisos. Pintura sin mancha.”


Robert Altmann 

“[…] La superposición de arabescos de diferentes colores y de diferente ejecución gráfica sugiere las mismas calidades que el efecto óptico delante de la realidad arquitectural. Amelia Peláez utiliza a propósito estas calidades en su disposición de líneas y de colores. Construye, con su ayuda, pantallas ornamentales paralelas al espectador. El color y el claroscuro sugieren la filtración de la luz. La superficie del cuadro parece pues el resultado óptico de la superposición de superficies espaciadas. Y de vez en cuando, los planos de color son perforados por el blanco puro, que es la luz directa desde la más remota lejanía. Hay entonces, en lugar del espacio dinámico e ilimitado del barroco, una adaptación de la idea del arte decorativo cubano, es decir, la de un espacio limitado, estático, definido por pantallas horadadas y paralelas al plano del cuadro. Resulta este carácter de frontalidad tan peculiar en las obras de Amelia Peláez. Resulta también esta impresión de calma y mesura que se desprende de ellas. La pintura de Amelia Peláez en conjunto se aparta del verdadero espíritu barroco. Pero sucede incidentalmente que intervienen líneas que rompen lo estático:  cornisas curvadas que huyen hasta un fondo ilusorio, volutas o salientes que siguen una perspectiva rebelde a la lógica de la composición. Además existen amplias formas de color, que rítmicamente repetidas podrían quizá sugerir un sistema ornamental perpendicular al plano del cuadro, y que se vería en corte, el color siendo su sustancia. En suma, la transformación según las exigencias de la técnica pictórica de los datos plásticos del arte decorativo, ha introducido en la pintura una nueva estética, una nueva escritura y una nueva idea del espacio…”   


David Alfaro Siqueiros 

“Amelia Peláez es el ejemplo más extraordinario de cómo debe aproximarse un artista vigoroso a las corrientes modernas de París. Ella fue a París y durante algún tiempo pintó pensando en Juan Gris, en Picasso, etc., etc., siempre en plan de magnífico esfuerzo profesional, siempre en acto de sólido oficio, siempre en ritmo de insuperable disciplina y, después, con muchos conocimientos, retornó a su país, se saturó de las cosas de su país, etc., las estudió con el mismo sólido método que había estudiado la pintura moderna en Francia… y, ahora desde hace algunos años, les está entregando a los pintores de Cuba algo que bien pudiera llamarse la base del próximo escalón de la pintura cubana, la base de un escalón en que la pintura cubana empezará a ser aporte creativo internacional.”


André Salmon 

“[…] La presentación de las obras de una joven artista habanera: Mlle. Amelia Peláez del Casal, pintora que, del primer golpe se coloca en el rango de los que hay que seguir. Dependiendo como principio de lo que permite la invención de Picasso, esta pintora ha encontrado ella misma la expresión de su personalidad.”


 
 
 
 


galerÍa de obras

Amelia Peláez
y la expresión del color

 


galerÍa de cerámicas

Amelia y la cerámica
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.