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José Lezama
Lima
“La hostilidad entre la
carnalidad y la
estructura ―manto que
extiende su secreto o
sequía de la pera
desperezada en una
eléctrica navidad―
pudieran acaso
resolverse en lo que
Valéry ha denominado
sobre sois de la
limpidité. La
nitidez anhelada con una
persecución tan
vigilante terminará
enviando nubes de abejas
que penetrarán en
nuestro cuerpo
llevándose nuestra más
valiosa colección de
terrones verdes. Pues
una estructura que puede
ser un reposo, se
solazará trocándose, y
muy rápidamente, en un
martirio de los
sentidos. De los
sentidos obligados a
resistir, a decapitar a
los visitantes
entretenidos en calcular
el diámetro de una
esfera o las franjas
amarillas de la pereza
¿amarillas, grises? La
más digna castidad de la
pintura de Amelia Peláez
quedará fijada porque en
un momento en que los
dedos parecían inundar
la visión, obligándonos
a repetidas
comprobaciones o
superficiales caricias,
se apartó para
entregarnos junto con la
pasión por lo inmóvil
―absoluta legitimación
de esa detención que es
lo que más reclama la
pintura de hoy, huyendo
de todo tránsfuga
sumergirse en el
devenir―, se apartó para
darnos la medida de esa
casta inmovilidad…”
Alejo
Carpentier
“La columna se hace
árbol y la fruta casi
escultura en un mundo
plástico donde lo
vegetal y lo
arquitectónico se
confunden, dándose
empaque de palmera al
capitel corintio, en
tanto que la piña cobra
la elocuencia del
mascarón de proa en una
columna rostral. El sol
está detrás del cuadro
―como transparentándolo―
a modo de los fuegos
siempre encendidos, del
alba al atardecer, tras
de los medios puntos de
las viejas ventanas
criollas, con sus
abaniquerías de
cristales encarnados,
azules y amarillos.”
Félix
Pita Rodríguez
“[…] Es obra que
pertenece ya al arte
universal, ese que no
cabe en las historias,
ni puede ser calificado
con un sello temporal.
Desde todos los ángulos
de la contemplación
crítica, se le hallará
la excelencia suma. Para
mí, su calidad más
insigne reposa en su
fervor, en ese celo
ardiente y afectuoso,
con que la gran artista
se enfrenta a su mundo y
lo traduce, esa
eficiencia suma que pone
en la artesanía de su
elaboración, a esa
fidelidad a sí mismo del
verdadero artista, que
hace a la obra vital y
permanente, para
producir el hermoso
milagro de que un poeta
de nuestros días escriba
una canción de amor,
apasionada y
melancólica, a la
estatuilla milenaria de
la dulce reina Karomana.”
Graziella
Pogolotti
“[…] El bodegón deriva
de una visión intimista
del mundo ―es un refugio
elaborado con elementos
tomados de la vida
cotidiana, pero el color
límpido, brillante― los
rojos, azules,
amarillos, establecen la
imperiosa comunicación
con el exterior. La
línea barroca se enrosca
hasta el infinito, es la
constante amenaza de una
huida. Constituye el
elemento estructural
básico en cuadros de una
solidez impresionante,
que parecen haber sido
edificados para la
eternidad. Del derrumbe
de un universo, surge
otro, abierto hacia el
porvenir. Lo cotidiano,
la voluta de una silla,
la reja, el ventanal, la
chata columna del portal
habanero, el jarrón, la
flor y la fruta pierden
su carácter accidental,
efímero, para erigirse
en monumento autónomo,
válido de por sí, donde
el cerco de la intimidad
ha sido a un tiempo
sobrepasado y
trascendido. Así se
restablece, precario en
ocasiones, el equilibrio
entre el pudor, la
contención y el
desbordamiento sensual.”
Emilio
Ballagas
“[…] Amelia Peláez ha
llegado a su seguridad
artística por gracia y
por obra. La gracia
―sensibilidad e
intuición― es en ella
nativa, huelga
explicarla y se
manifiesta siempre en la
delicadeza de los
asuntos o en la
habilidad para traerlos
siempre a una zona de
delicadeza dentro del
aura espiritual que la
envuelve a ella misma.
La obra, la labor, es de
otra naturaleza menos
simple, más explicable
también y más
susceptible a la
controversia de
opiniones. Amelia Peláez
ha afirmado sagazmente
sus cualidades nativas;
ha convertido la
facilidad en esfuerzo,
ha llevado a la plástica
eso que Valéry preconiza
dentro de la literatura,
estudiar, colocar
sabiamente, calcular,
crearse obstáculos que
vencer, ordenar las
cosas implacablemente.”
José M. Chacón y
Calvo
“[…] alguien ha escrito
que es difícil
comprender los cuadros
de Amelia Peláez sin
recorrer los caminos de
la poesía. […] Y el
nombre de Amelia Peláez
del Casal […] nos estará
diciendo que el silencio
enigmático, que el
ensueño misterioso, que
las figuras aéreas,
sutiles, primitivas que
vemos en estos cuadros,
son, en último término,
una afirmación esencial
de la vida del espíritu.
La pura vida del
espíritu, desasida,
desprendida,
desvinculada para
siempre de las
circunstancias y los
modos transitorios. Con
el arte de Amelia Peláez
vivimos en un ambiente
de pureza absoluta.
Pintura con colores
precisos. Pintura sin
mancha.”
Robert
Altmann
“[…] La superposición de
arabescos de diferentes
colores y de diferente
ejecución gráfica
sugiere las mismas
calidades que el efecto
óptico delante de la
realidad arquitectural.
Amelia Peláez utiliza a
propósito estas
calidades en su
disposición de líneas y
de colores. Construye,
con su ayuda, pantallas
ornamentales paralelas
al espectador. El color
y el claroscuro sugieren
la filtración de la luz.
La superficie del cuadro
parece pues el resultado
óptico de la
superposición de
superficies espaciadas.
Y de vez en cuando, los
planos de color son
perforados por el blanco
puro, que es la luz
directa desde la más
remota lejanía. Hay
entonces, en lugar del
espacio dinámico e
ilimitado del barroco,
una adaptación de la
idea del arte decorativo
cubano, es decir, la de
un espacio limitado,
estático, definido por
pantallas horadadas y
paralelas al plano del
cuadro. Resulta este
carácter de frontalidad
tan peculiar en las
obras de Amelia Peláez.
Resulta también esta
impresión de calma y
mesura que se desprende
de ellas. La pintura de
Amelia Peláez en
conjunto se aparta del
verdadero espíritu
barroco. Pero sucede
incidentalmente que
intervienen líneas que
rompen lo estático:
cornisas curvadas que
huyen hasta un fondo
ilusorio, volutas o
salientes que siguen una
perspectiva rebelde a la
lógica de la
composición. Además
existen amplias formas
de color, que
rítmicamente repetidas
podrían quizá sugerir un
sistema ornamental
perpendicular al plano
del cuadro, y que se
vería en corte, el color
siendo su sustancia. En
suma, la transformación
según las exigencias de
la técnica pictórica de
los datos plásticos del
arte decorativo, ha
introducido en la
pintura una nueva
estética, una nueva
escritura y una nueva
idea del espacio…”
David Alfaro
Siqueiros
“Amelia Peláez es el
ejemplo más
extraordinario de cómo
debe aproximarse un
artista vigoroso a las
corrientes modernas de
París. Ella fue a París
y durante algún tiempo
pintó pensando en Juan
Gris, en Picasso, etc.,
etc., siempre en plan de
magnífico esfuerzo
profesional, siempre en
acto de sólido oficio,
siempre en ritmo de
insuperable disciplina
y, después, con muchos
conocimientos, retornó a
su país, se saturó de
las cosas de su país,
etc., las estudió con el
mismo sólido método que
había estudiado la
pintura moderna en
Francia… y, ahora desde
hace algunos años, les
está entregando a los
pintores de Cuba algo
que bien pudiera
llamarse la base del
próximo escalón de la
pintura cubana, la base
de un escalón en que la
pintura cubana empezará
a ser aporte creativo
internacional.”
André
Salmon
“[…] La presentación de
las obras de una joven
artista habanera: Mlle.
Amelia Peláez del Casal,
pintora que, del primer
golpe se coloca en el
rango de los que hay que
seguir. Dependiendo como
principio de lo que
permite la invención de
Picasso, esta pintora ha
encontrado ella misma la
expresión de su
personalidad.”
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