La Habana. Año IX.
19 al 25 de MARZO
de 2011

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En la muerte de Amelia Peláez
José Lezama Lima

Adquirió una forma dentro de la polémica contemporánea. Trabajó por gentiles aproximaciones un estilo criollo, que era también universal, donde lo criollo volvía a abrir los ojos de lince al lado de Argos. La cuenca mediterránea, en ella, como en los mejores, se abría como un Atlántico, que era el verdadero mar nuestro, de nuevo de lo criollo a lo universal, donde la levitación de las sirenas oscilaba en la línea del horizonte. Partía de una fruta, de una cornisa, de un mantel, y al situarlo en la lejanía, en la línea del horizonte, lo reconocíamos como lo mejor nuestro, distinto en lo semejante. Cada uno de sus elementos plásticos venía de una gran tradición, rindiéndole el áureo homenaje de crear otra tradición. Una voluptuosidad inteligente que comenzaba por ser una disciplina, una ascética, un ejercicio espiritual. Paradojalmente, era una ascética que levantaba un bodegón con frutas, donde la pulpa abría los ojos al ras de la corteza dorada.


"Las barcas", 1930

Amelia Peláez había sabido construir una recreación teresiana. Quien la vio trabajando en el primor de los dulces criollos, se dejaría convencer de esa secreta alegría teresiana que se abría en su vida de todos los días como la luz nuestra en su cuadrado de trabajo.

Mantener y avivar una tradición fue regalo concedido a muy pocos. Esa repostería criolla era en el fondo un avivamiento de los carbones, como en aquella doméstica y trascendental cocina de Velázquez, como los alquimistas, en los grandes transmutadores en los que se pusieron en marcha para darnos una substancia universal. Era la infinita prolongación de las formas, desde el pez hasta el pájaro, yo diría el brazo de un pez que se prolonga hasta obtener el rostro de un pájaro. Esta gran morfología estudiosa de las series y de las excepciones que iniciaban series, era en su dimensión más profunda una mística buscadora de la unidad.


"Peces", 1959

Su obra al paso del tiempo se había convertido en la más fascinante de las óperas. Era una piscina, un acuario, un inmenso desplegado de ópera, en cuyo centro ocurrían hechos, la voz concluía lo que había iniciado el pas de quatre de un primer término, el guante quedaba solo sobre el mantel, adquiriendo la incesante espaciosidad de un mar pacífico. Parece como si en ella la expresión recoger el guante, se llenase de un lentísimo crujido, de una vaporación inextinguible. Recogió un guante y con él penetraba por todos los espejos.
 

La Gaceta de Cuba. La Habana, abril-mayo, 1968

Imagen y posibilidad de José Lezama Lima. Pp. 80-81. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1981.

 
 
 
 


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Amelia Peláez
y la expresión del color

 


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Amelia y la cerámica
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.