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Hace ya cuatro años
conocí a Yaíma Orozco en
el Centro Cultural El
Mejunje. Fue en una de
esas noches regidas por
la comunión entre el
espíritu de este
emblemático espacio y
del no menos emblemático
proyecto La
Trovuntivitis. En
aquella oportunidad
conquistó otra vez a los
espectadores con un
rosario de canciones que
crecían entre el amor,
la felicidad y la —a
veces delgada— línea de
las relaciones humanas.
Desde ese momento hasta
hoy, Yaíma ha mantenido
una obra de alto rigor
poético con la que viene
golpeando fuerte a las
puertas de la escena
trovadoresca cubana. Sus
atributos, en efecto, la
sitúan como una de las
voces femeninas
esenciales dentro de las
nuevas promociones de
juglares y le permiten,
a su vez, triunfar tanto
en los escenarios
santaclareños, como en
los de otras partes del
país. Incluso, en 2009,
tuvo la oportunidad de
presentarse en el
Festival Barnasants, en
Barcelona, España, junto
con su colega de La
Trovuntivitis, Diego
Gutiérrez.
Recientemente, Yaíma
Orozco, Licenciada en
Educación Musical,
volvió a repasar todas
las razones que la
llevaron a desandar los
caminos de la música de
verbo inteligente hasta
convertirse en otra
figura frontal del
proyecto La
Trovuntivitis. Esta vez
subió al Patio de
Baldovina, en la revista
cultural La Jiribilla,
donde acercó al público
casi 20 temas que
mantienen en pie la
tradición de la trova
femenina en Cuba y la
conducen hacia el
futuro.
¿Cómo fueron tus inicios
en las lides
trovadorescas?
A fines de 2004 y
principios de 2005
comencé a involucrarme
en La Trovuntivitis.
Ocurrió gracias a un
concierto que di en un
festival de la
Federación Estudiantil
Universitaria (FEU), en
el que el juglar
santaclareño Alain
Garrido era miembro del
jurado. Después él me
propuso hacer voces en
sus conciertos. Y esa
fue la primera vez que
me subí a un escenario
con un trovador.
¿Por qué elegiste la
trova?
Me identifiqué con la
trova porque tenía que
ver más con mi
personalidad. Aunque
antes había estado en un
grupo de música
tradicional cubana en el
pedagógico. Pero desde
aquel momento cantaba
canciones de Silvio,
Pablo… En la secundaria
conocí a Raúl Cabrera,
integrante del trío
Enserie. Él fue mi
maestro en Educación
Musical. La primera
canción de trova que
aprendí me la enseñó
Raúl; fue “Pequeña
serenata diurna”, de
Silvio Rodríguez.
Después de cursar el
preuniversitario comencé
a estudiar Educación
primaria en el
Pedagógico y luego me
cambié para la carrera
de Educación Musical. En
el desarrollo de mi
nuevo perfil tuve una
gran ayuda de Jesús
Bello, quien integra el
grupo Sierra Maestra.
¿Cómo lograste
integrarte a La
Trovuntivitis?
Me daba un poco de miedo
ser la primera mujer que
pertenecía a La
Trovuntivitis. Pero
pasar del público al
otro lado de los
micrófonos siempre fue
mi mayor deseo.
Representó un reto
grandísimo y es lo mejor
que ha pasado en mi vida
personal también. Son
muy buenos músicos y
trovadores y buenas
personas, este último es
otro ingrediente
fundamental para hacer
canciones que estén
realmente comprometidas.
¿Por dónde pasa el
compromiso de Yaíma?
Principalmente por la
vida, mi ciudad, mi país
y la música que
defiendo.
¿Qué particularidades
distingues en la trova
hecha por mujeres?
Noto que las mujeres a
la hora de escribir
somos más intimistas y
tiernas. Hablamos mucho
sobre el amor, la
amistad y las relaciones
humanas. Aunque
particularmente me
gustaría abordar temas
más sociales como la
emigración y las
experiencias de vida en
otros países.
¿Qué opinión te merece
la presencia de las
mujeres en la escena
trovadoresca cubana en
la actualidad?
No tengo la más mínima
idea de los motivos que
juegan en contra de que
no existan más mujeres
dentro de la trova
cubana contemporánea. En
cambio, hay mujeres
poetas, cantantes,
escritoras. Pero las
trovadoras que conozco
me parecen excelentes,
como la propia Irina,
Liliana Héctor y
Xóchitl Galán.
Desde hace algún tiempo
el público te ha podido
ver tocando junto con la
multiinstrumentista
y cantante Irina
González, la otra figura
femenina de La
Trovuntivitis. ¿Qué las
llevó a formar esta
dupla creativa?
La colaboración entre
ambas surge cuando ella
comenzó a componer y me
identifiqué con sus
canciones. Por eso es
que trabajamos en un dúo
ocasional. Nos gusta
mucho el resultado con
las voces y las
guitarras. Esta unión
con Irina me hace
prepararme más y estar
más pendiente de las
sonoridades
guitarrísticas.
En los medios de
difusión se potencia
habitualmente la imagen
de la artista por encima
de su talento.
¿Compartes esta opinión?
El principal culpable de
eso es la propia
artista. Si tienes un
estilo propio, una
manera de vivir y de
expresarte, no tienes
que hacer ese tipo de
concesiones. Cuando uno
sabe quién es y lo que
quiere, no necesita que
los medios lo promuevan
a partir de la imagen y
no del talento como
sucede lamentablemente.
¿Cómo es “trovar” desde
Santa Clara?
Lo mejor que le puede
pasar a un trovador es
nacer en Santa Clara. En
esta ciudad existe un
público mayoritariamente
joven que sigue ese tipo
de canciones y no deja
de ir a las
presentaciones de los
juglares. Es un público
muy bohemio que le gusta
trasnochar, ir a todos
los conciertos y a
cuanta actividad
cultural aparezca.
Nosotros tenemos un gran
apoyo de los medios de
difusión en la ciudad y
muchas instituciones nos
llaman habitualmente
para dar conciertos,
como el teatro La
Caridad, el Museo de
Artes Decorativas, La
sede de la Unión de
Escritores y Artistas de
Cuba, y El Centro de la
Música.
Los medios, en verdad,
promueven bastante
nuestra obra aunque
pocos de nosotros
tenemos grabados discos
como dios manda.
No son pocos los músicos
que dejan atrás su
ciudad de origen para
tratar de “triunfar” en
La Habana. ¿Elegirías
este camino alguna vez
para redimensionar tú
carrera?
Es cierto que me
gustaría presentarme
habitualmente en los
escenarios capitalinos y
divulgar mi obra a
través de los medios de
difusión nacionales.
Pero me siento la
persona más feliz del
mundo cantando en Santa
Clara. Eso tiene que ver
muchísimo con los amigos
que tengo al lado y el
ambiente que reina en
esa ciudad. Por ello,
venir a La Habana no es
algo que me quite el
sueño. Realmente soy muy
feliz allí.
Vea en La
Jiribilla
"Déjame ser"
de
Yaíma Orozco |