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La Habana, 19 de
febrero, 2011
Querido Alfonso:
Pocas veces he sido tan
feliz como cuando
Miguel, hace apenas unas
horas, me decía al oído:
"Le vamos a otorgar a
Alfonso Sastre el Premio
Raquel Revuelta". Es una
alegría inmensa que
cruzará el océano y se
apega a tu legendaria
historia personal,
civil, de artista. Esa
dicha trae su propio
rumor que el tiempo, en
su arbitrariedad
acostumbrada, no podrá
colocar en ningún sitio
que no sea el corazón de
muchos cubanos y
españoles que te saben
merecedor de tantas
cosas buenas como este
Premio que nos revelará
por fin que, en este
siglo XXI, hay un poeta,
un narrador y un
filósofo llamados todos
Alfonso Sastre, ocultos
todos por la notoriedad
que se ha ganado el
dramaturgo del mismo
nombre.
Quisiera ser sincera y
contarte un sueño de
ayer. En una neblina,
aparecía un actor
pequeñito; y, luego, la
sombra de Francois
Villon, junto a Eva,
acompañaban a Nicolás
Guillén en una simpática
ceremonia que consistía
en darse todos la mano
entonando una ronda
infantil. Es la justicia
y la transparencia de tu
vocación que hoy
reverenciamos como
ellos.
Con una ingenua balada
en los labios, entre
bambalinas y traspuntes,
has echado una larga
vida, enfrascada en "una
lucha bastante dura a
veces", una vida entera
apostando por la utopía,
por la justa nobleza de
acercar a los seres
humanos a esa extraña
belleza que tu escritura
y tu acción plantaron en
el siglo XX.
Alfonso Sastre, te hayas
reproducido
milagrosamente o por el
misterio de la creación,
has ido forjando la
magia del porvenir, la
razón de ser de
multitudes de rostro
nuevo, empeñadas en
mejorar al mundo. Lírica
y auténtica y doméstica,
tu obra nos alcanza y
nos hace mejores
también. Escribo estas
líneas cuando ahora, la
Unión de Escritores y
Artistas de Cuba, se
honra al distinguirte
con este Premio Raquel
Revuelta y quisiera
expresar, en nombre de
muchos, en especial en
el de Miguel Barnet, la
admiración, el respeto y
el profundo cariño que
hemos sentido por ti,
gran cazador de
primaveras.
Con toda la felicidad
posible, te manda
Mil amores,
Nancy Morejón |