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El Premio Nacional de
Danza 2011 sorprendió a
Carlos Acosta en uno de
sus frecuentes viajes a
Cuba. Había venido por
una semana a celebrar el
cumpleaños 93 de su
padre cuando se hizo
público el fallo del
jurado. Con tantos
lauros que ha recibido
en su carrera debería
estar acostumbrado a los
reconocimientos, pero la
expresión de su cara
reflejaba auténtica
alegría.
“Fue una sorpresa muy
grata, estoy muy
contento —confesó en
exclusiva a La
Jiribilla—, decir
Premio Nacional de Danza
es pronunciar palabras
mayores. Es un logro de
la Escuela cubana de
ballet que me formó y
quisiera compartirlo con
mi pueblo, con mi gente,
con todos los artistas
que continúan haciendo
lo posible por que la
cultura de Cuba se
mantenga constantemente
en lo alto: Miguel
Iglesias, Lizt Alfonso y
sobre todo nuestros
padres: Alicia Alonso y
Fernando Alonso”.
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Integrante del Ballet
Nacional de Cuba entre
los años 1992 y 1994,
Acosta es miembro
permanente de The Royal
Ballet desde 1998 y,
luego de 2003, actor
principal invitado de
este. Su participación,
además, en otras
compañías como English
National Ballet, Houston
Ballet y American Ballet
Theatre en EE.UU., y Compagnia
Teatro Nuovo di Torino
en Italia, le ha
facilitado alcanzar un
mayor reconocimiento
internacional. Su
diálogo directo con
estas agrupaciones
danzarias le ha
permitido servir de
puente para la actuación
en nuestro país de
muchos de sus
integrantes.
“Es muy importante
que el público cubano
vea lo que se está
haciendo —afirma—, lo
más contemporáneo, que
vea un repertorio
extenso porque mientras
más se ve más se puede
comparar y evolucionar.
Sufro cada vez que estoy
en Londres bailando
obras de coreógrafos
impresionantes porque sé
que mi pueblo se lo está
perdiendo. Siempre fue
mi sueño venir con
Manón, por ejemplo,
que es una producción de
más de un millón de
libras esterlinas. Era
casi imposible soñar que
el público cubano
pudiera ver Manón
con el Royal Ballet…, y
se realizó; quiere decir
que si uno persiste, si
uno trabaja bien, los
sueños se vuelven
realidad.”
Los planes se agolpan en
la agenda del coreógrafo
de Tocororo: la
interpretación de El
Lago de los cisnes
en el Covent Garden y
una gira por el Reino
Unido con un espectáculo
llamado Premier Place,
en el cual incluirá
creaciones de
coreógrafos con los que
no había trabajado de
modo habitual, son
algunos de ellos. Sin
embargo, el regreso
periódico a la mayor de
las Antillas es para él
una necesidad
permanente: entre agosto
y diciembre Carlos
Acosta planea culminar
su gira nacional porque,
asevera, “hay muchos
lugares que no conozco,
y me gustaría ir, que me
vieran”.
Para este bailarín que
ha interpretado a
Albrecht en Giselle,
Basilio en Don
Quixote y el Prince
Siegfried en El lago
de los cisnes, por
solo citar algunos
ejemplos, “Cuba es una
nación de artistas” y a
su juicio “el futuro del
ballet en la Isla está
garantizado porque hay
una tradición muy
sólida, de 60 años, y en
esas seis décadas se ha
logrado un gran nivel,
una escuela con una
autenticidad muy
importante a nivel
mundial.
“En este continente nada
más existe la Escuela
Cubana de Ballet como
sello propio, y es un
logro de nuestro país.
Esa institución ha
lanzado millones de
artistas al mundo. Los
artistas que vivimos en
todas partes debemos en
algún momento regresar y
unificarnos para verter
esa información, los
conocimientos que hemos
aprendido en la raíz que
nos formó. Tenemos que
hacerlo para beneficiar
a todos los estudiantes,
a los bailarines
cubanos, para mantener
la tradición de formar
grandes artistas. Hay
que tratar de dejar las
ganancias personales en
un segundo plano, el
orgullo, el ego y tratar
de poner en primer plano
el bien comunitario.
“Tener mi propia
compañía aquí es un
sueño que veo cada vez
más cercano, es lo que
quisiera —confiesa—. Yo
pudiera hacer mi propia
compañía en cualquier
lugar del mundo, en
Londres por ejemplo;
pero mi corazón está en
Cuba, y si alguien se va
a beneficiar de mis energías y
mi talento tienen que
ser mi país y
la escuela que me
formó.”
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